15 de diciembre de 2017

"La reconstrucción de una internacional socialista revolucionaria"

Intervención de Jorge Altamira en la mesa de cierre de las Jornadas a cien años de la Revolución Rusa
Por Jorge Altamira

La intervención de Jorge Altamira que compartimos a continuación se desarrolló en la mesa “La reconstrucción de una internacional socialista revolucionaria”, en la última jornada del Seminario a cien años de la Revolución Rusa, desarrollado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA (7 al 11 de noviembre). También participaron de esa mesa Armagan Tunulay (DIP, Partido Revolucionario de los Trabajadores de Turquía) y Rafael Fernández (PT, Partido de los Trabajadores de Uruguay).

En el aplauso a la compañera Armagan, vi que había no sólo un fervor por sus posiciones revolucionarias, sino un reconocimiento por su excelente castellano, algo que yo nunca conseguiré, de dirigirme a una audiencia turca en turco.

Es un momento importante, quiero resaltarlo, porque después de seis jornadas de debate, el auditorio, nosotros mismos, nos merecemos alguna conclusión, teórica, política, programática. He decidido encarar este final, no desde el punto de vista de la Revolución de Octubre o no yendo a los 100 de la conmemoración de la Revolución de Octubre, sino recordándole a todos que el año que viene se cumplen los 50 años de los levantamientos de 1968 y 1969. El famoso Mayo francés, el levantamiento del proletariado de Praga en Checoslovaquia, el Cordobazo, la Plaza de las Tres Culturas de México; porque, de golpe, pareciera que la revolución hubiera soplado fuerte hace 100 años y lo hubiera hecho con tanta energía que se quedó sin aliento. Hace sólo 50 años, y eso quiere decir -por lo menos en mi generación- que los trabajadores del mundo produjeron acciones que quebraron al capitalismo, y tenemos que retomar el hilo conductor, no sólo desde Octubre de 1917 sino desde 1968. En cierto modo, los sesentistas todavía estamos presentes en la lucha política actual, desde el punto de vista físico y en la conciencia de las nuevas generaciones. El Mayo francés y los levantamientos populares en América Latina, así como la peculiaridad de que el Mayo francés es seguido por el junio-julio checoslovaco, marca un fenómeno que en su momento pocas corrientes políticas advirtieron, y era que comenzaba la revolución europea y que se manifestaba la crisis conjunta del capital y de la burocracia de los Estados obreros; es decir, que se estaba engendrando un fenómeno explosivo que iba a integrar a las sociedades capitalistas y aquellos países donde se había expropiado al capitalismo, pero que habían caído bajo la dirección de una burocracia contrarrevolucionaria que formaba un régimen de coexistencia pacífica con el socialismo.

La importancia de estos acontecimientos del ’68 es que quiebran perspectivas políticas de enorme importancia; por ejemplo, la burocracia soviética, con su principal dirigente golpeando con el zapato en el pupitre de la ONU, aseguraba que la Unión Soviética iba a superar al imperialismo en el terreno económico, que su productividad del trabajo iba a superar a los países más desarrollados y que iríamos al socialismo por vía pacífica, y con esa perspectiva excluyó por completo cualquier tipo de salida revolucionaria, cualquier perspectiva de revolución mundial, y la consecuencia fue el hundimiento de la Unión Soviética. No se puede entender de otro modo porque la crisis mundial es el factor que más afecta a las fuerzas políticas en presencia, y si unas se quiebran y otras no es por cómo están entendiendo el proceso mundial. Y no se trata simplemente de tirar frases. El Mayo francés quebró un régimen político que nunca se levantó después, que era esencial para el capitalismo mundial, que era el régimen de la V República en Francia, que empezó a sumir a ese país en una suerte de crisis permanente y obligó a plantearse la estabilidad del capitalismo mundial, pero el problema es que el Mayo francés se desarrolló con un levantamiento en Checoslovaquia, que fue repudiado por grandes sectores de la izquierda, en primer lugar por el castrismo, que condenó la revolución política en desarrollo en Checoslovaquia con el pretexto de que restauran el capitalismo y saludó el ingreso de las tropas de la Unión Soviética y el aplastamiento de esa revolución, que en sus últimos días estaba desarrollando en una de las principales fábricas de Praga un congreso proletario para reorganizar a Checoslovaquia y también para enfrentar el ataque la URSS. Si alguien dudaba de la caracterización del trotskismo y de la IV Internacional acerca de la burocracia soviética, ese día se le fueron todas las dudas. Un hecho que terminó con lo que -cuando era yo casi un niño o un adolescente- era una pesadilla política: el dominio de los partidos comunistas.

A partir del Mayo francés, que fue un levantamiento contra de Gaulle y un levantamiento contra el Partido Comunista de Francia, y la intervención del proletariado checoslovaco que fue un levantamiento contra la burocracia soviética, se abrió una nueva perspectiva, un nuevo terreno de la revolución mundial. Hemos hablado de Octubre, teníamos que hacerlo, es muy rico, se cumplen los 100 años, pero no podemos omitir que la historia revolucionaria no terminó en Octubre o, por ejemplo, en la revolución china. La historia revolucionaria volvió a afectar a Europa y determinó un desarrollo político, porque lo del ’68 es lo que explica no sólo la convergencia creciente entre el imperialismo y la burocracia soviética, la creciente subordinación de los Estados satélites de la burocracia soviética y de la burocracia soviética al Fondo Monetario Internacional y al capitalismo, y lo que le plantea conjuntamente a la burocracia y al capitalismo es una reorganización mundial que sea capaz de frenar la revolución proletaria. Lo que parecía un choque entre dos sistemas, como consecuencia de la intervención de las masas, se transformó en la alianza de la burocracia y el imperialismo contra la revolución proletaria, y eso ocurrió hace 50 años. Hay que bajar a tierra. Y en Argentina se produce un levantamiento contra la dictadura militar bajo una consigna que no se escuchaba desde 1945, y pongo desde 1945 porque la consigna “luchar por un gobierno obrero y popular” en el Cordobazo no tenía un ápice de peronismo y hubo que recurrir a Perón para aplastar el proceso revolucionario proletario en Argentina -que nosotros hemos tenido un proceso revolucionario proletario, no tenemos que recurrir a la Semana Trágica, que también lo fue y es un gran antecedente, pero no tenemos que irnos tan atrás- y vuelve Perón, saludado por toda la izquierda, menos por el Partido Obrero que dice “Perón vuelve para aplastar el Cordobazo y crear la Triple A”. (Aplausos)

Esta es la explicación de porqué algunos partidos sobreviven y se desarrollan, y otros partidos no. Es necesario ver este fenómeno a fondo porque es como consecuencia de la tremenda crisis mundial que, por un lado, se manifiesta en el capitalismo y, por otro lado, se va a manifestar y se manifiesta en los Estados que habían expropiado al capitalismo, que se va a gestar la gran alianza Reagan-Gorbachov contra la revolución, porque Polonia era un país que tenía una deuda externa que superaba a la de De la Rúa en 2001, y todos hablaban de un Estado socialista que era un sucursal del capital financiero internacional, y lo mismo estaba ocurriendo con la URSS, que tenía, por primera vez, una deuda externa elevada. Y el imperialismo norteamericano, como consecuencia de su derrota en Vietnam y de todos estos desarrollos políticos, entra en una crisis muy profunda, y aquí quiero hacer un paréntesis. Las crisis mundiales tienen que ser estudiadas en sus relaciones recíprocas, no sólo la crisis mundial genera crisis políticas y, a veces, rebeliones y revoluciones, sino que las rebeliones y las revoluciones generan la crisis mundial.

La crisis mundial de 1973-74, la devaluación del dólar y la inconvertibilidad del dólar es un reflejo político de la desconfianza del capital en su propio desarrollo como consecuencia de estos movimientos y de estas luchas. Para ejemplificarlo en forma inversa, un día le preguntaron al presidente de la Reserva Federal norteamericana, Alan Greenspan, a qué atribuía el gran ascenso de la Bolsa y dijo “a la disolución de la Unión Soviética”, no dijo a la ganancia de Apple que, por otra parte, tampoco existía, o a la ganancia de la General Motors. ¡No! La disolución de la Unión Soviética era un factor político de una gran importancia en el sentido que le daba al capital mundial la confianza de que en el peor momento de una crisis económica, el Estado iba a poder rescatar al capital, algo que no iba a ocurrir si las masas en el mundo estaban levantadas y no iban a aceptar de ninguna manera pagar la cuenta del capital mundial y del capital mundial en una crisis. Entonces, Reagan y Gorbachov organizan la restauración del capitalismo en Rusia, organizan la disolución, y la burocracia entiende que ya no tiene posiciones firmes frente al proletariado de sus países y que tiene que entrelazarse con el imperialismo, y el imperialismo aceptar como socia a la burocracia en una lucha contra la revolución proletaria. Tomemos el caso de China: la revolución cultural, comandada por Mao Tsé Tung, para hacer frente a una tremenda crisis de poder genera una situación tan grave que la burocracia china entiende que tiene que ponerse de acuerdo con Nixon, primero, en términos internacionales y, después, en términos más generales, y organizar la restauración del capitalismo en China. Es decir que la revolución proletaria merodea el mundo todo el tiempo, y la reorganización o la reestructuración de los capitalistas, con nuevas alianzas, frentes y otras son respuestas estratégicas del capital para sobrevivir ante su propia crisis y la presión, a veces sorda, a veces invisible, pero siempre presente en las masas explotadas del mundo.

Eso es lo que nos tiene que llevar a una caracterización actual porque cuál es el problema. El problema es que se forma una mesa, discuten, a veces uno habla solo, otras veces hablan tres, lo que fuere, y toman el momento aislado del hilo conductor que lo explica; entonces, dicen todo tipo de divagaciones, que la crisis tiene esto, lo otro, que hay que tener en cuenta el factor financiero, esto y lo otro; a veces, se dicen cosas interesantes, no estoy haciendo una valoración despectiva, pero el error de método es que son instantáneas y no registran la transformación de una cosa en la otra, que naturalmente no cesa nunca ni en la Historia ni en la naturaleza, y cuya comprensión es la base de una estrategia revolucionaria. La misión de un partido revolucionario no es hacerse el autobombo de sus éxitos sino tratar de mejorar la comprensión política de lo que está ocurriendo, para tener la mejor orientación, de modo que la lucha de clases termine en una victoria del proletariado y no termine en una derrota, que generalmente son terriblemente dolorosas y sangrientas.

Les quiero llamar la atención: todos los diarios han elevado a Xi Jingping a la condición de bonapartista chino después de este último congreso. Este hombre ha tomado medidas extraordinarias que solamente ponen en evidencia la conciencia que tiene el Partido Comunista chino de que su país está al borde de una crisis inminente y de un estallido social, porque en China no se jode, una crisis inminente allí significa el hambre de centenares de millones de personas, en un país donde la clase obrera ha crecido mucho, y toma medidas que el capital mundial no acepta, pero frente a las cuales no abre el pico. No quiere tener un supervisor del Partido Comunista, Xi Jingping, que había desaparecido en el último tiempo, vigilando las cuentas de las empresas. Y ¿por qué no protesta? Y, porque por algo lo hace Xi Jingping, porque si no entramos a vigilar las cuentas de esas empresas, que son un agujero negro que chupa más que las que están en el espacio exterior, va a haber una revolución proletaria, y si hay una revolución proletaria ahora, en China, en los próximos tiempos, se terminó completamente todo.

Hay que mirar la política mundial concatenando en el hilo conductor en la totalidad de sus relaciones, lo que aquí, en otras mesas, se reivindicó como el método, el abordaje dialéctico de la realidad histórica y el abordaje de esa realidad dialécticamente por parte de un sujeto activo que, por su actividad, pone a prueba las tesis que ha sacado como conclusión y no filosofa.

Como ustedes ven, de alguna manera me he aproximado ya a un cuadro de la situación actual. Fidel Castro no sabía, el día que apoyó la invasión rusa en Checoslovaquia, que le iba a costar un ojo de la cara a Cuba, porque ese día se afirmó la tendencia a la disolución de la Unión Soviética y, por lo tanto, a las alianzas políticas y económicas que tenía Cuba con la Unión Soviética para resistir el bloqueo norteamericano. Esto es impresionante. No quiero decirles de que cuando Gorbachov empezó con la Perestroika, tanto el Partido Comunista de Argentina como Cuba la saludaron, y la Perestroika significaba la restauración del capitalismo. Si alguien quería que no vuelva el capitalismo en Cuba tenía que combatir la Perestroika y no defenderla. De paso, les quiero señalar, y es muy importante porque yo siempre lo digo en chiste, en los cumpleaños, con los amigos y cuando nos reunimos los compañeros para celebrar alguna cosa, que yo no soy setentista, sino que soy sesentista, porque el setentismo es el entierro del sesentismo; en los ’60 se produjo el Cordobazo y en los ’70, Montoneros, ERP y Perón, prevalece el foquismo sobre el movimiento revolucionario de las masas y la componenda con el populismo que va a aplastar el movimiento directo de las masas. Parece que hubiera una continuidad, pero se produce una sutil, pero cualitativa alteración del proceso histórico. Es fundamental señalar todo esto. Y esta crisis mundial de todos los sectores es lo que nos permite entender ahora el derrumbe del chavismo en América Latina, porque el derrumbe es la apuesta de que un país puede vivir, redistribuir ingresos y hacer felices a la gente, porque en la Argentina, como ustedes saben, nunca fue tan feliz como bajo un gobierno peronista, y hacer feliz a todo el mundo, confiando en el precio alto de la soja y del petróleo. Bueno, ya no existe más, ahora están obligados a pasar por Tribunales. Miren ustedes la relación, cae el precio de la soja y uno que estaba contento con ese proceso, ahora tiene que estar evitando a los jueces. ¡Lo que puede el precio de la soja! (aplausos). Es decir, lo que puede el proceso capitalista.

Cuando yo era un joven, las tendencias trotskistas adversarias a la que yo militaba en un momento, y después a lo que se llamó Política Obrera y el Partido Obrero, consideraban que la Unión Soviética era indisoluble, nadie la iba a disolver jamás, porque había llegado a tal nivel de desarrollo, que quién podría afectar su camino ulterior. Al decir esto, la consecuencia era que coincidían con Gorbachov, porque si uno es indisoluble, quiere decir que predomina sobre su adversario, porque si el adversario predomina sobre él, lo disuelve. Trotsky había advertido que no era indisoluble, y se ha había transformado en disoluble, por eso la restauración capitalista en la URRS y en China, y la disolución de la URSS, provocó una crisis demencial en la izquierda.

Una vez le preguntaron a Lenin qué pasaría si fracasaran y fueran derrotados, él dijo “no hay problema, pasamos a la clandestinidad y volvemos a preparar la revolución socialista”, porque el capitalismo -como dijo alguien aquí, creo que fue José Castillo- siendo la más rica inspiración de los revolucionarios; en cambio, aquí se transforma en una catástrofe, una catástrofe teórica, política, que afectó el curso del movimiento revolucionario, pero lo único que ha ocurrido -como bien creo que también se señaló aquí- es que todas las contradicciones que aparecían exteriores entre el socialismo y el capitalismo, es decir entre un bloque que había expropiado al capital o que se fundaba en la expropiación del capital, y un bloque capitalista, se transformaron en las contradicciones únicas de todo un nuevo bloque capitalista, por lo tanto, doscientas veces más explosivas. Esto, que marca un desarrollo para el futuro hubiera podido ser evitado o mejor direccionado por la victoria de una revolución proletaria en China, en la URSS, etcétera, y hubiéramos tenido un desarrollo extraordinario bajo la dirección de la clase obrera.

Como eso no sucedió, tenemos un desarrollo catastrófico bajo la dirección del capitalismo. Entonces, todo es un proceso único de contradicciones, no es un proceso idéntico; hay una cosa que es la continuidad y otra cosa que son las contradicciones que se desarrollan y explotan en esa continuidad, que hacen saltar esa continuidad y que abren nuevos desarrollos. Y, nosotros, lo único que tenemos que hacer es entender cuáles son esos nuevos desarrollos y no preguntarnos metafísicamente por qué no hubo más revoluciones en el pasado. Hay que estudiar el desarrollo político concreto. Además, el pasaje del capitalismo al socialismo no es un pasaje de décadas, no digamos de años, sino que es un pasaje extraordinario, que inclusive no podemos dimensionar. Entonces, ese análisis concreto es absolutamente fundamental, porque las crisis capitalistas no sólo provocan revoluciones, rebeliones y crisis políticas, sino que al provocarlas, colocan a la humanidad ante la posibilidad de adquirir una nueva experiencia, conclusiones más profundas y una conciencia de clase y una conciencia revolucionaria, que no se puede obtener al margen de eso. Es algo que quiero señalar porque el viejo socialismo consideraba que la conciencia de clase se desarrollaba por medio de la educación, y aunque la educación política es fundamental sólo ayuda cuando explica con procesos contradictorios y no lineales, y el que dice que uno desarrolla conciencia de clase por medio de la educación está proponiendo un método lineal. Para adquirir una conciencia de clase hay que hacer dos o tres ocupaciones de fábricas, lo más fuerte posible, hacer como se hacía en una época en Buenos Aires -¡yo vi tantas!-, juntar un montón de paja y poner bidones de nafta al lado, y defender la ocupación de fábrica, que no debe hacerse tampoco con métodos tan extremos, sino con la solidaridad y la intervención de todos los trabajadores, sólo que muchas veces estos métodos ayudan a que se promueva la solidaridad de los trabajadores y, por lo tanto, la victoria final.

Todo lo que se llama crisis de dirección hay que entenderlo a la luz de lo que está pasando, porque cuando uno no lo entiende a la luz de lo que está pasando, descubre que falta un mueble en la casa, y dice “no tenemos el partido”. ¿Qué hacemos? El problema es éste: si el partido no es un engendro de todo el proceso político concreto, ese mueble no va a aparecer nunca y, además, hay que preguntarse por qué desapareció si uno estuvo vigilando todo el tiempo los muebles en la casa, desapareció por un proceso político concreto que se lo llevó.

Les quiero hacer una observación de lo más importante: ¿cuál era la ilusión en el capitalismo, en la burguesía, en los medios académicos con la disolución de la URSS? “Ahora va a florecer la socialdemocracia y a Lenin lo vamos a cagar”, porque él hizo desaparecer a la socialdemocracia, a nivel histórico, al tomar el poder los bolcheviques, creyendo que iba a triunfar, fracasó, la historia se dio vuelta y con la restauración del capitalismo nos van a gobernar los reformistas que nunca debieron haber sido desalojados del poder en octubre. ¡Un error! Nos chupamos 70 años penando por un error y ahora viene el capitalismo y florece la socialdemocracia, y transitamos todos un camino reformista. ¿Ustedes vieron algún socialdemócrata gobernando en China? ¿Putin es un socialdemócrata? El criminal, antisemita, de Hungría, es natural que no recordemos sus nombres desde Buenos Aires, lo digo porque el tipo es un fascista. ¿Ustedes vieron un socialdemócrata? No. Como fracasaron en revivir a Kerensky con la disolución de la economía planificada, fracasaron en Occidente también; es decir: no hay lugar para el reformismo. Miren qué conclusión política tremenda, porque la victoria del capital contra un Estado construido por la revolución es la victoria de las reformas contra la revolución. Y no apareció ningún reformista. Y entonces viene gente y le dice al Partido Obrero: “Si ustedes reducen sus planteos, los achican, los restringen y todo lo demás, y se hacen un poco más reformistas van a tener éxito”. Como en Rusia, como en China, como en Vietnam, como en Bangladesh, como en Estados Unidos, que se dio el lujo de tener un presidente negro, en un país que atravesó una guerra civil, para terminar teniéndolo a Trump. Es un fracaso completo, porque para que venga Trump, primero tuvo que venir Obama; asustó a la bestia pero no la mató. Asustar es un exceso, pero con los cinco minutos que tengo, tengo que elegir la palabra que me venga.

Quiero entrar en la parte final y en los planteos. Este encadenamiento está desenvolviendo una crisis mundial de características fantasmagóricas, porque el sentido que tienen el bombardeo a Yugoslavia, la guerra del Golfo, la guerra siria, la guerra del Libia, la guerra de Yemen y lo que se está preparando ahora en una alianza entre Arabia Saudita e Israel, y a eso el ascenso de Trump en Estados Unidos, que abiertamente ha puesto la carta de la guerra en las negociaciones comerciales, significa que la capacidad de que la crisis la paguen los trabajadores incluya ahora la factura militar. La guerra ha pasado a formar parte, de nuevo, ya formó parte, en esta etapa del arma del capital, no es sólo la reforma laboral ni el voto en el Congreso. Ha habido un ataque abierto y, por ejemplo, en las negociaciones sobre Corea del Norte se negocia: “vos querés que te levante la protección Estados Unidos -dice Trump-, quedate conmigo para acabar con Corea del Norte”. Porque hay una cosa que es lógica, nadie va a la guerra como si fuera una salida dominguera, se va a la guerra con una implicancia de tal alcance que los que van a la guerra asociados, se tienen que repartir el botín y los resultados de la guerra de antemano, porque si no le van a ganar la guerra a Corea del Norte sólo para terminar matándose entre ellos. Entonces, hay alianzas políticas que van alimentando esa guerra. ¿Y desequilibrios? Hay una ruptura del equilibrio mundial que no puede restablecerse en una escala diferente sino por la vía de procedimientos violentos. La pregunta es: ¿tiene el capital los recursos políticos para ir a una guerra de esta amplitud? Entendiendo por recursos políticos la adhesión de sus poblaciones. ¿Bastará el chovinismo para que los yanquis digan “vamos a liberar el mundo de nuevo”?. No hay nada más incierto que eso. No han ido a la guerra porque les tienen miedo a sus propios pueblos, por lo tanto, el camino a la guerra va a estar atravesado antes por crisis políticas muy grandes.

A mí no me importa que alguien lo llame a esto “orgánico”, ponéle el nombre que quieras, pero un proceso orgánico es una cosa relativamente pacífica, basta con ir a la guardia, y esto no tiene un arreglo ni siquiera en una sala de operaciones. Entonces, estamos en una etapa en extremo agravada de la crisis mundial. Esto ha roto los pronósticos de todos y antes de hablar de crisis orgánica, hay compañeros que tienen que explicar por qué no previeron la crisis de 2007-08 y por qué acusaban a los que sí la previeron y se prepararon para ella, de catastrofistas; porque lo que está ocurriendo ahora supera el catastrofismo, esto es una supercatástrofe, por lo menos en toda la zona del Medio Oriente. ¡Y en América Latina!, y quiero advertirlo, porque los sucesos de Venezuela van en un camino tan violento que va a alterar al conjunto de América Latina. Es impresionante que no haya habido ninguna manifestación popular a Plaza de Mayo para repudiar el pedido de Macri de que Trump bloquee las exportaciones de petróleo de Venezuela a Estados Unidos, es decir que le hagan a Venezuela lo que Kennedy le hizo a Cuba. Va a ser un estallido o esa variante hay que considerarla seriamente. Y el presidente de Argentina pide el bloqueo, que, por un lado, es económico, pero que puede derivar en militar y, al mismo tiempo, hay una polémica -que no sé si habrán observado en los diarios- entre el gobierno, que estuvo a punto de hacer en el Atlántico sur un período de maniobras con la flota norteamericana, pero que la está haciendo Brasil en el Amazonas, en nombre de la lucha contra el narcotráfico, que impulsa el gobierno de Macri; es decir, la militarización de América Latina, para que los demás países de América Latina, y ahora hablemos de Argentina, se transformen en México, donde las mujeres no son acosadas por piropos, aunque aquí tampoco sólo por piropos, pero allá se las mata en serie, en la frontera de México con Estados Unidos. Entonces, tiene una implicancia sobre América Latina y el imperialismo norteamericano nunca ha ido a ninguna guerra sin ver primero si controlaba su patio trasero, y el patio trasero se va a rebelar; es decir que no están las relaciones, estamos en un período de transición, con el desarrollo de este período de transición podremos evitar una guerra.

La pregunta es: ¿en estas condiciones, puede prosperar el electoralismo? ¿Un partido revolucionario puede trazarse como perspectiva de desarrollo histórico las elecciones? ¡No! La respuesta tiene que ser contundente. La perspectiva tiene que ser organizar a los trabajadores e inculcarles la necesidad de la acción directa, de la huelga, de la lucha, de las ocupaciones de fábrica, de la pelea a fondo por sus derechos. Y cuando vamos a elecciones, que no debemos dejar de ir, que nos sirvan como herramienta, y lo mismo en el Parlamento, para inculcar esas ideas a los trabajadores, porque cuando uno va al Parlamento tiene más obligación de inculcar esas ideas a los trabajadores que cuando uno no está en el Parlamento, para que no se interprete que uno va al Parlamento como parlamentarista y no como cuartainternacionalista. En cambio, ustedes ven en la izquierda argentina que hay una proyección de tipo electoralista. En la última campaña electoral, ustedes habrán visto que hubo grandes divergencias entre nosotros, por ejemplo, con el PTS y con otros, porque tienen un carácter electoralista abusivo los del PTS, y después hubo una denuncia de corte de boletas, etcétera. Eso es una perspectiva, y el FIT tiene que ser defendido como instrumento de la lucha de clases. Ellos dicen: “No, como instrumento de lucha de clases no, porque para eso están los sindicatos”. Entonces, el FIT es un florero en la lucha de clases y es la reina del bulín en las elecciones. No, hay que invertir los términos. Como ustedes ven, tiene proyecciones políticas porque tenemos que tener una fuerte izquierda, obrera y revolucionaria, frente a acontecimientos de esta envergadura, si no todo este seminario y todo lo que estamos hablando acá quedará en el archivo de la biblioteca del Congreso. (aplausos)

Con esto culmino: la bandera y el norte en un período de estas características más que nunca tiene que ser la IV Internacional. ¿Cómo se hace? De la misma manera que los muebles que se sacan y se ponen, como consecuencia de la lucha de clases. Tranquilos, si vamos para arriba y avanzamos, la idea de la IV Internacional va a progresar, pero yendo para arriba, para que la idea de la IV Internacional progrese tiene que estar antes de subir el primer escalón, uno sube con un equipaje y sube al primero, segundo, tercero, con ese equipaje, capaz que sube rápido, si se olvidó el equipaje cuando llega a su destino se pregunta a qué vine acá, porque me dejé todo el equipaje en la calle. La IV Internacional es el punto de partida y una manifestación de la desubicación en relación con la crisis es que la izquierda mundial ya no habla más de la IV Internacional, todos proponen alguna cosa internacional, pero no es la IV Internacional. La diferencia entre la IV Internacional y otras propuestas es que no se trata de la estrategia de la revolución mundial, sino se trata de coordinaciones o de distintos tipos de propuestas. Por ejemplo, hay una propuesta de impulsar un movimiento por una internacional socialista revolucionaria… cuatro palabras; la otra tiene dos (aplausos). Si alguien, en lugar de abreviar una categoría, la alarga… ¿Con qué programa?, ¿con el de los franceses del NPA? En cambio, la IV Internacional tiene un programa. Uno dirá que es viejo, pero quién, en algún día de frío, habiendo mandado toda la ropa a lavar, no se acuerda de que hay algo viejo que tiene, se lo pone y dejó de tener frío. ¡Pero hay algo concreto, lo demás es evanescente! Y cambia todos los días, cambian las consignas, se descubren nuevas cosas, que se abandonan poco tiempo después. Tiene que ser la IV Internacional; es decir, nosotros tenemos que fijar un objetivo. Naturalmente, para llegar a ese objetivo, como compañeros que somos los trabajadores, de lucha y de tantas cosas, discutimos los medios. Por ejemplo, los compañeros de los partidos Revolucionario de los Trabajadores de Turquía (DIP) y de Grecia (EEK) convocaron una Conferencia Euro-Mediterránea, que es una forma de luchar por esos objetivos, siempre que éstos estén presentes en los que convocan a esa conferencia, como efectivamente ocurre con estas dos organizaciones; entonces, se hacen conferencias, debates, frentes, unidad de acción.

Entonces, la IV Internacional, voy a resumir para que luego de estas explicaciones y para luego se hagan la elaboración se haga donde corresponde, con tiempo, con documentos y análisis, que nos planteemos cuatro consignas: “abajo las guerras imperialistas”, impulsando todas las acciones contra las guerras imperialistas, como fue la Conferencia Euro-Mediterránea, que precisamente en los textos que hemos escrito le hemos dado un gran valor por esa finalidad; “que la crisis la paguen los capitalistas”, entendiendo por pagar la crisis no sólo desocupación, desempleo, flexibilización, tercerización y salarios bajos, sino guerras, femicidios, eso también quiere decir que los trabajadores están pagando la crisis, no quiere decir que alguien odia a las mujeres, puede haber alguien, pero aquí tenemos un problema colectivo, social, en el marco del capitalismo; “por la formación de partidos obreros socialistas y revolucionarios”, “por la IV Internacional”. Es un planeo sencillo por la revolución mundial. ¿Qué quiere decir desarrollarlos? Cuando hice una caracterización para América Latina y esta cuestión tiene que estar presente aquí.

Y añado esto, con lo que tuve una confrontación en twitter: hace un par de horas, parece que tuvo lugar una manifestación tremenda en Barcelona; entonces, los compañeros de allá, que mandaron las fotos, impresionantes, yo por twitter saludé esta acción y recibí “Jorgito, te transformaste en nacionalista”. ¿Qué es lo que me gusta de esta manifestación?, sobre la cual mucho no sé, nadie sabe nada, lo que pasa es que cuando yo veo mucha gente peleando contra una monarquía me seduce con velocidad. Lo interesante ahora es que a lo mejor tenemos en Barcelona centenares de miles de personas en la calle con un nacionalismo que se viene abajo, porque Puigdemont se fue a Bélgica, los nacionalistas se rompieron y van cada uno separado; es decir, ya no tenemos un movimiento nacionalista encabezado por adorados nacionalistas. Suponiendo que fuera un movimiento nacionalista, ahora tenemos un movimiento nacionalista cuyos dirigentes son execrados y repudiados. ¡Es una transición política fantástica! Un trosko ahí se tiene que hacer un picnic (aplausos), porque le va a insuflar al movimiento, a partir de los límites que tenían Kerensky, que tenían los gobiernos de coalición, que hicieron que los obreros se fueran al bolchevismo, a partir de los límites, de la experiencia con esos límites, plantear por la unidad socialista y republicana de las naciones y de los pueblos de toda Iberia, porque ahora van a pensar más lejos y, a su vez, en otras partes de España van a sentir el impacto de esta movilización, vamos a salir de los marcos nacionalistas y vamos a entrar en los marcos estatales españoles y, por lo tanto, vamos a entrar en los marcos socialistas.

Quiero ofrecer esto como una conclusión porque he escuchado debates y aportes y, de ese enjambre total, especialmente de muchos compañeros que intervinieron pero que pertenecen al Partido Obrero, decidí hacer esta contribución final corriendo un poquito el calendario, porque, en realidad, los que se levantaron en el ’68 eran los que todavía reivindicaban la Revolución de Octubre, y los que la enfrentaron eran los que habían dicho que el ciclo de la Revolución de Octubre había terminado. Entonces, el año que viene, a lo mejor, hacemos un seminario por el ’68.

Buenas noches. ¡Adelante!

 

Sobre el Autor

Jorge Altamira

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- Vamos a comenzar hablando de historia, y nos vamos a ir a 1818. Un día como hoy, hace 200 años, nacía Carlos Marx: filósofo, político, un hombre de referencia ineludible en el mundo de las ideas de los últimos 200 años. Y para hablar de Carlos Marx, para pensar el marxismo, es un placer saludar, a esta hora de la noche, al señor Jorge Altamira. Jorge, ¿cómo le va?

- ¿Qué tal, cómo están ustedes? Buenas noches.

- Jorge, la primera pregunta que tengo para usted, agradeciéndole este momento, es: ¿por qué sigue siendo importante, hoy, a 200 años del nacimiento de Carlos Marx, leer el marxismo?

- Ocurre lo siguiente: Marx tuvo la oportunidad de estudiar el capitalismo antes que se hubiera desarrollado con el alcance que tiene hoy. Es decir, es como si en un mapa genético él hubiera podido estudiar sus células básicas, en la época en que la economía política estaba en el despertar; en la época en que había otros pensadores, como Adam Smith, David Ricardo... Y él –con una metodología científica, muy profunda, que es la dialéctica– pudo desenvolver muy lejos las conclusiones sobre lo que deparaba el nacimiento y desarrollo de este sistema social. Y en su obra principal, 'El Capital', traza ese desarrollo y muestra que es un sistema históricamente condicionado –es decir que corresponde a una etapa de la historia de la humanidad–, qué es lo que contribuye en esa historia, sus contradicciones, y –como es un sistema transitorio– en qué condiciones va a desaparecer y va a dejar un sistema superior. El acierto de éste análisis, el acierto de éste pronóstico, se va a manifestar en el desarrollo del movimiento obrero –por un lado– pero por sobre todo de unas tendencias en el movimiento obrero en la dirección prevista por Marx; es decir que no es una especulación filosófica: porque una especulación filosófica no necesariamente tiene una traducción en la vida concreta. En el caso de Marx no es así. Y él, a partir de esta comprensión de las cosas, se transforma también en un militante político. Él organiza las primeras organizaciones obreras, luego va a colaborar con la clase obrera de Inglaterra y de Francia en la fundación de la primera gran organización internacional de trabajadores que es conocida como la Primera Internacional.

- La Primera Internacional, sí.

- Es decir, hay una correspondencia entre las conclusiones que él establece y el desarrollo concreto de la Historia misma.

- Jorge, es muy importante esta charla para nosotros en términos de filosofía y de historia, y yo repasaba algunos postulados del marxismo, y el que más me sigue llamando la atención es aquel que dice que 'la base material determina la consciencia', eso lo aprendimos en la facultad; y eso ¿qué vigencia tiene hoy?

- Mire, ocurre lo siguiente: las palabras 'base material' no expresan con toda claridad la idea de Marx... Es correcto lo que usted dice, pero permítame que lo desarrolle un poco.

- Por favor.

- El punto de partida de la historia humana es la relación del hombre con la naturaleza. Él lo que dice es que esa relación, que es una relación contradictoria –porque el hombre es parte de la naturaleza, pero por el desarrollo de su consciencia y de su capacidad de trabajo establece con ella una relación única: esa relación es el trabajo; porque el trabajo no es otra cosa que el trabajo del hombre sobre la naturaleza –, bueno, para Marx, muy acertadamente, ese es el punto de partida de todo el desarrollo de la personalidad humana. Hasta que el mismo trabajo quede relativamente abolido como consecuencia de un desarrollo extraordinario de la fuerza de producción. Por ejemplo, con el nivel tecnológico que tenemos hoy, el trabajo para subsistir, el trabajo para vivir, el trabajo para proveerse de las cosas fundamentales –y entiendo por cosas fundamentales no sólo el pan y la comida sino el desarrollo de la educación, el conocimiento de otros países, etc.–, hoy, con esa tecnología, si uno se sacara de encima el sistema capitalista de producción, se requeriría muy poco tiempo de trabajo para producir todo eso, y por lo tanto la persona –o el ser humano– gozaría de un tiempo libre suficientemente amplio como para desarrollar los aspectos vocacionales de su existencia. Es decir que al mismo tiempo que él dice que la base material determina la súper-estructura, Marx estudia la abolición –hasta cierto punto– de esa misma base material. Como consecuencia de un trabajo que es potencialmente superior a cualquier cosa que se hubiera conocido en el desarrollo pasado.

- ¿Por eso él dice que la condición anterior a lo que es el comunismo es la dictadura del proletariado?

- No, eso se refiere a la transición política. En realidad la expresión 'dictadura del proletariado' lo único que demuestra es el rigor con que Marx estudia los temas. ¿Por qué? Lo que nosotros conocemos como 'democracia', para Marx –y ahora se lo voy a señalar mejor– es la dictadura de la burguesía. En qué sentido: en el sentido de que bajo una forma aparentemente democrática (en el sentido de que votamos y aparentemente decidimos), como lo demuestran los acontecimientos de estos días: el que maneja el bacalao es el capital financiero, ¿no es cierto? Se han producido conmociones con el dólar, etc., en las que el ciudadano común –es decir el 99% de los argentinos– no pincha ni corta. Y eso condiciona toda nuestra existencia. Para el marxismo, el Estado ya supone la dictadura de una clase sobre otra. Porque es una potencia política. Que tiene el monopolio de la violencia y de la fuerza. ¿Por qué entre los seres humanos tiene que haber alguien con el monopolio de la violencia y de la fuerza? Porque hay antagonismos sociales. Porque de lo contrario no tendría que haber ningún tipo de violencia entre las personas, y por lo tanto no tendría que haber monopolio de la violencia de parte de nadie. ¿Me explico?

- Por supuesto.

- Pero, como vivimos en un sistema social antagónico, el monopolio de la violencia regula las relaciones entre las clases sociales. Entonces Marx dice lo siguiente: transitoriamente, cuando el proletariado tome el poder, todavía va a existir un Estado, todavía va a haber un monopolio de la violencia; pero en la medida en que se superen los antagonismos de clases, el Estado va a desaparecer, la violencia va a desaparecer, y la necesidad del monopolio de la violencia va a desaparecer. A esa fase la llama 'dictadura del proletariado' porque el mero hecho de que todavía exista un Estado supone una suerte de dictadura, supone una suerte de violencia, supone una suerte de arbitraje político entre factores antagónicos.

- Claro. Yo le quería preguntar otra cosa: repasaba parte de las notas que hemos hecho en este programa desde hace muchos años, y hace varios años también, charlando con Tomás Abraham, él me dijo una cosa que quiero preguntarle. Tomás Abraham me dijo, en este mismo micrófono, que 'el marxismo fue la única filosofía que se hizo aparato de Estado', y hablaba de la Unión Soviética. ¿Usted coincide con eso?

- No, de ninguna manera. Porque, como el marxismo es el que desarrolla científicamente la abolición del Estado, el hecho de que alguien usurpe el título de marxista para establecer una dictadura de Estado, una dictadura burocrática –no un Estado que tiende a disolverse sino un Estado que se transforma en mucho más poderoso de lo que era en el pasado–, eso corresponde a una desnaturalización del proceso revolucionario, algo comprensible dado que ese proceso revolucionario no tuvo el alcance universal que prometía. Qué quiero decir con 'alcance universal': que fuera un fenómeno internacional. Quedó aislado, quedó confinado, a las esferas de un país muy atrasado. En las condiciones de un país muy atrasado, donde éste trabajo del cual hablábamos hace un rato era productivamente inferior a cualquier trabajo en otro país del mundo –Estados Unidos, Alemania, etc.–, las premisas de una construcción socialista estaban ausentes. Y por lo tanto, confinado y aislado, no podía desarrollar eso. Lo que hace Tomás Abraham es simplemente desnaturalizar lo que es el marxismo. Él tendría que también explicar por qué el liberalismo en la Argentina apoyó la dictadura militar, que provocó 30.000 desaparecidos, y sin embargo no dice que fue 'la usurpación totalitaria' o 'el liberalismo la filosofía totalitaria de Videla'. Pero Videla se rodeó de todos personajes que se consideraban liberales.

- Claro. Yo le quiero preguntar otra cosa que tiene que ver con pensar a Marx también respecto de los pensadores de su tiempo, ¿no? Uno dice 'Marx' e inevitablemente aparece la figura de Engels... Digo, ¿por qué la famosa frase 'un fantasma azota Europa' es la frase inicial de quizá una de sus obras más conocidas, como es el Manifiesto Comunista?

- Porque ocurre lo siguiente: cuando Marx redacta el Manifiesto del Partido Comunista, Europa vive la inminencia de una revolución. Que se va a manifestar rápidamente en el mes de febrero en Francia, en marzo en Alemania, luego en Austria..., es decir, lo que se conoció después como 'La Primavera de los Pueblos'. Un proceso revolucionario de enorme alcance democrático. Y él advertía que la burguesía de esos países no tenía la audacia para operar una transformación democrática, por el temor a los trabajadores: por el temor a que un proceso revolucionario –por la intervención de los trabajadores– culminara en lo que sería un proceso comunista. Él lo que estaba advirtiendo es que la idea del comunismo, la idea de la abolición de las clases sociales y del antagonismo entre las clases, había comenzado a penetrar efectivamente en la sociedad, y no era simplemente una especulación filosófica de algunos pensadores alemanes, o la especulación política de algunos pensadores franceses: que había un movimiento social real que comenzaba a configurarse. Por eso dice 'fantasma', como algo que acecha pero que nadie todavía lo ve definitivamente estructurado, o que comienza a estructurarse. Es una imagen muy poderosa... El Manifiesto del Partido Comunista es uno de los documentos literarios más impresionantes que haya producido el ser humano.

- ¿Sigue teniendo vigencia pensar la ideología como falsa consciencia?

- Sí, la ideología es una falsa consciencia; porque la palabra 'ideología' vendría a ser como "la adoración de la idea", y la idea por la idea misma siempre constituye una representación desnaturalizada de la realidad: lo que es válido hoy, como consecuencia del desarrollo, deja de ser válido mañana. Y por lo tanto: el pensamiento debe ser el desarrollo de la crítica a lo existente. Y no la consagración de una idea definitiva. En ese sentido el marxismo es el pensamiento más libertario que se pueda imaginar, porque dice de sí mismo que no es una idea definitiva, sino que a través del desarrollo histórico la humanidad va a ir avanzando en nuevas ideas, en nuevos conceptos, nuevas revoluciones, y usted esto lo ve hoy muy claramente con los desarrollos científicos y tecnológicos.

- Jorge, ¿quiénes son los verdaderos marxistas argentinos hoy?

- Bueno, es un tema que hay que tener cuidado en manejarlo, porque proclamar algo nos lleva a la ideología: decir "este es el verdadero marxista, porque este tiene el pensamiento adecuado". El verdadero marxista en la Argentina va a ser el que construya un gran partido de los trabajadores, que realmente gane la mayoría de la masa de los trabajadores, y que muestre una salida eficaz a la crisis por medio de un gobierno de los trabajadores. Creo que el reconocimiento acerca del marxismo de este o de aquel tiene que ser el resultado de lo que haya hecho realmente, y no tiene que ser la proclamación anticipada de un objetivo que todavía no se alcanzó. Yo entiendo que el Partido Obrero es un partido marxista porque se esfuerza en aplicar estas ideas en el proceso real y es un partido en constante transformación: nosotros no somos hoy lo que éramos en un pasado reciente o en un pasado, digamos, más lejano. Y el futuro del Partido Obrero dependerá de que sea capaz de mantener esta metodología de trabajo que consiste en una observación crítica de la realidad y una crítica de las propias acciones del Partido Obrero.

- Dígame, la última, y le agradezco mucho su tiempo: usted dice que el marxismo es básicamente tener la capacidad de adecuar la idea a los contextos, o sea, no enamorarse de la idea; ahora, cuando uno piensa, usted me dice, 'el marxismo..., el verdadero marxista va a ser el que logre un gobierno de los trabajadores con base de..., un partido de los trabajadores con base en los trabajadores': quedarse en esa idea, ¿no es también enamorarse de la idea?

- Bueno, eso es inevitable. Digamos... Imagínese que cuando uno lucha por la emancipación social, si no tiene pasión en esa lucha y –para usar sus palabras– no se enamora, no veo dónde está el resorte que lo puede llevar adelante. Una cosa es la fuerza emocional que suscita una idea revolucionaria, y otra cosa es la fijación ideológica de esa idea. Porque no es que el mundo termina con un gobierno de los trabajadores. El trabajador tiene una posición subordinada en la sociedad. El objetivo final de un gobierno de los trabajadores es que los trabajadores se transformen en ciudadanos libres, que puedan desarrollar sus propias actividades, y que consigan –a nivel mundial– que nunca haga falta ninguna clase de gobierno, ni de los trabajadores ni de nadie; porque como le señalé en un comienzo, la existencia del Estado ya supone una dictadura, un régimen de tipo dictatorial en la sociedad. ¿Por qué se produce? Bueno, por los antagonismos sociales. La posibilidad de abolir esos antagonismos sociales va a permitir el desarrollo de una sociedad libre. Hay que entender una cosa que es muy clara al día de hoy: el ser humano no está para vivir bajo un sistema de trabajo esclavo. Mire usted, fíjese, la contradicción de la sociedad moderna: a medida que el dominio sobre la naturaleza ha crecido y la productividad del trabajo es enorme, el trabajador ha perdido el derecho a la jornada de ocho horas y trabaja doce. Ha perdido el derecho a un salario mínimo que le cubra la canasta familiar, y el 35% de los argentinos se encuentra en un nivel de pobreza. Es decir, usted mire esta contradicción fenomenal: en la medida en que la sociedad tiene una mayor capacidad de transformación de la naturaleza, esa sociedad se empobrece con relación a la mayoría de sus miembros; cuando debiera ser exactamente lo contrario. Por lo tanto, si nos emancipamos de la tutela capitalista, éste dominio de la naturaleza va a redundar en una capacidad de desarrollo para todo el mundo.

- Jorge, le quiero agradecer infinitamente. Era una nota muy importante para la radio, para este programa, para mí en lo personal, poder charlar con usted, y salir un poco del fardo de todos los días, y pensar a uno de los pensadores y a uno de los intelectuales más importantes que dieron estos 200 años. Gracias por ayudarnos a pensar, y explicarnos a Carlos Marx.

- Yo les agradezco infinitamente también.

- Gracias.

- Chau.

Publicado el 8 de mayo de 2018.
 

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Un cinco de mayo de 1818, hace doscientos años, en Tréveris (Alemania), nacía Karl Marx. Engels lo describió como “el más grande pensador de nuestros tiempos”[1]. No es para menos, las ideas de Marx dieron vuelta el planeta, inspirando y acelerando los procesos de lucha consciente del proletariado mundial.

Una mirada de Marx nos lleva a su obra, pero también muchas veces a pensarlo en vida. El padre del socialismo científico, era un ser extraordinario, y no podemos ocultar la admiración. No es para menos. Quien pusiera al capital bajo el dominio del pensamiento y quien desarrollara la teoría de la revolución, tiene que ser un hombre por demás extraordinario entre los ya extraordinarios personajes de los que se nutrió el proletariado. Podía leer en todos los idiomas europeos y escribía tres (el alemán, el francés y el inglés) “para admiración de los expertos lingüistas” relataba su secretario devenido en yerno Paul Lafargue.

Los que lo conocieron en la vida íntima, relatan a un Marx amante de los niños, “rebosante de buen humor… (el) más bondadoso, gentil y generoso de los compañeros” [2]. Y si bien se conmovía en lo más profundo con los sufrimientos de la clase obrera “no fueron las consideraciones sentimentales sino el estudio de la historia y la economía política lo que lo acercó a las ideas comunistas”[3].

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Wilhem Liebnecht, su gran camarada y amigo, aseguró que si bien fue el hombre más odiado por los opresores y explotadores, fue el más amado por los oprimidos y explotados. Marx “fue grande tanto en su amor como en su odio. Su odio tenía al amor como su fuente”[4]. Y es que los intereses y sentimientos de Marx podían ser resumidos en su afirmación “nada de lo humano me es ajeno”. Por eso se orientó a estudiar los más diversos temas.

Sin, lugar a dudas Marx era un hombre de ciencia. Siempre pendiente de los descubrimientos científicos de las más diversas áreas, y con un interés especial por las matemáticas. Pero, ante todo, fue un revolucionario, cuya pasión arrolladora sólo podía provenir de la comprensión científica, cabal y objetiva del mundo y de la necesidad de transformarlo.

“La revolución encarnada”, “un soñador que piensa, un pensador que sueña” lo había descrito un periodista inglés en la única entrevista que Marx dio en su vida. Y es que su identificación con la lucha del proletariado era completa. Este “ciudadano del mundo”, como solía autonombrarse, participó e intervino activamente en todas las luchas obreras de los países en los que le tocó refugiarse, víctima de la persecución política de sus adversarios.

Sus esfuerzos no sólo se centraron en dejar una teoría que develó el origen de la explotación y el desarrollo de la sociedad en torno a la producción. También puso sus mayores esfuerzos en poner en pie la Internacional Comunista de los trabajadores, un partido de la clase obrera mundial, cuya finalidad era “la emancipación económica de la clase trabajadora mediante la conquista del poder político” –como dijera en sus propias palabras. Con el Manifiesto Comunista, dotó al movimiento obrero de un programa revolucionario, que permitió a la clase obrera avanzar hacia sus objetivos, logrando una delimitación tajante con anarquistas, socialistas utópicos y otras sectas que se convirtieron en trabas para el desarrollo político de la clase. Forjó así, una organización llamada a decidir los destinos de la humanidad.

Satanizado; tergiversadas sus ideas; intentaron en algún momento encerrarlo en el ámbito académico y convertirlo en inofensivo. Pero el hombre más odiado y calumniado de su tiempo (según su camarada Engels) se mantiene vigente después de doscientos años. Porque su obra de ciencia no fue para encerrarse en el ámbito de la pedantería académica, que él despreciaba, sino que fue concebida para ser el instrumento de lucha y emancipación del proletariado y de las clases oprimidas. 

 

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“Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quién él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento”, concluiría Engels, el 14 de marzo de 1883, ante la tumba del incansable revolucionario como fue Marx.

Publicado en socialismorevolucionariobolivia.wordpress.com.

Notas:
[1] En su discurso ante la tumba de Marx.
[2] Relatos de Eleonora Marx en “¿Cómo era Carlos Marx, según quienes lo conocieron?”
[3] Paul Lafargue, Recuerdos de Marx, 1890-1891.
[4] Discurso de Wilhelm Liebknecht en el funeral de Marx, traducido por Prensa Obrera.


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El 5 de mayo de 1818 nació en Treveris, Alemania, Carlos Marx. 

El 200° aniversario de su natalicio ha disparado una serie de ‘homenajes’ y recordatorios que, en su mayoría,  apuntan a negar o limar la esencia revolucionaria de su pensamiento y acción.

En China, el secretario general del PC, Xi Jinping, que está impulsando la restauración capitalista en alianza con el imperialismo mundial a fuerza de opresión y superexplotación feroces sobre el proletariado y campesinado chinos, acaba de dedicarle a Marx un ‘homenaje’, asimilando su régimen dictatorial explotador a las enseñanzas del revolucionario socialista. Esta maniobra política cínica es ya figurita repetida en la historia. La Internacional Comunista denunciaba a los burgueses que se disfrazaban de socialistas para bloquear la evolución política de la clase obrera hacia posiciones revolucionarias.

Tras la caída del muro de Berlín y la disolución de la URSS en los medios de la burguesía corrieron ríos de tinta sobre el fin del marxismo y del socialismo y el triunfo del capitalismo. Pero la bancarrota del 2008, poco menos de veinte años después, ha reavivado la publicación de las obras de Marx, que son nuevamente best seller. Los mismos economistas burgueses buscan respuestas en los textos de Marx a la evolución catastrófica del capitalismo. 

Junto a su fiel amigo y camarada, Federico Engels, Marx escribió en 1848, a los 30 años de edad, el famoso Manifiesto del Partido Comunista, que constituye un programa (caracterización y propuestas) del socialismo científico, especialmente escrito para influir en la vanguardia de las revoluciones que iban a producirse en Francia y en toda Europa. 

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En ese texto Marx expone una caracterización-concepción de la historia de la humanidad en términos materialistas dialecticos. “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases”, dice en el inicio de su primer capítulo, “Burgueses y Proletarios”. Pero Marx, en una carta de 1852 dirigida al revolucionario alemán-yanqui Weydemeyer, señala que “...por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases...”. Esta es la parte que los ‘homenajes’ burgueses ocultan: su papel como político socialista revolucionario de la clase obrera. 

Su otra obra cumbre fue El Capital, cuyo primer tomo se publicó en 1867, luego de un duro trabajo de investigación de casi una década, en la que desarrolló una gran actividad militante y las privaciones golpearon duramente a su familia (de los siete hijos que tuvo sólo tres llegaron a la edad adulta). Marx solamente llegó a ver publicado el primer tomo. Los tomos II y III de El Capital no los pudo terminar totalmente a pesar de los años de investigaciones y trabajo que les dedicó. Estos salieron a luz después de su muerte gracias al trabajo de recopilación final que hizo Engels. 

El Capital describe científicamente el funcionamiento de la sociedad capitalista. Paso a paso, Marx disecciona y somete al bisturí del materialismo histórico la mercancía, el valor, la plusvalía, la ganancia y la acumulación del capital, el ejército de desocupados de reserva, las crisis capitalistas de sobreproducción, la competencia capitalista, la tendencia a la monopolización, etc.- y demuestra la tendencia inevitable de crecientes crisis y el hundimiento del régimen capitalista sobre la base de su propia dinámica histórica, que crea las premisas para la revolución social y el socialismo, es decir la expropiación de los expropiadores capitalistas. El Capital fue leído y estudiado con devoción por decenas de miles de obreros e intelectuales revolucionarios, fue la base granítica sobre la que se construyeron los grandes partidos obreros socialistas de masas de fines del siglo XIX.

Marx contribuyó activamente al desarrollo de la teoría de Estado. Concluyó que la clase obrera debe tomar el poder, destruir la maquinaria estatal capitalista e instaurar una dictadura revolucionaria, la dictadura del proletariado, para abrir el curso al socialismo y a una sociedad sin clases y sin Estado. Por eso se destacó también como militante y organizador revolucionario del proletariado. No sólo en la Liga de los Comunistas, durante la ola revolucionaria de 1848, aportando el Manifiesto Comunista y las famosas “Circulares”,sino también como organizador y motor principal de la constitución de la primera Internacional obrera, la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), inaugurada en Londres en 1864. La Alocución Inaugural con la que se abrieron las sesiones fue encargada a Marx. Consignas fundamentales que han guiado al movimiento obrero mundial hasta el día de hoy han sido formuladas por Carlos Marx.

 

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Marx se interesaba por todo aspecto de la evolución de la ciencia. Admirador de Darwin por su estudio sobre las leyes del desarrollo de la naturaleza orgánica, le quiso dedicar El Capital, para lo cual le mandó un ejemplar. Darwin rechazó amable y deferentemente el ofrecieminto, probablemente para no verse ligado en su condición de creyente a un consumado ateo.

En el entierro de Marx (17/3/1883), Engels hizo un breve discurso en el cual lo comparó, precisamente, con Darwin. “Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana”. Y culminó vaticinando que “su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra”. 

A dos siglos de su nacimiento, las nuevas generaciones abrevan en su lucha por el socialismo de la obra del gran Carlos Marx.

 

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Hace 200 años, el 5 de mayo, nacía en Treveris, Alemania, el pensador más formidable de la era moderna. En el día de ayer, su número opuesto, The Wall Street Journal, tuvo que admitir, con motivo de la inauguración de un monumento en la ciudad de su nacimiento, que “el espectro de Marx aún acosa a Europa”. La obra fue financiada por la República Popular China, en un esfuerzo hipócrita por espantar a un fantasma que ya ha dado varias vueltas al mundo entero, y tiene sus ojos puestos de nuevo en el país de la Gran Muralla.

La gran crisis mundial que asola al capitalismo desde 2007, devolvió a Marx una centralidad en los círculos académicos y de poder, que parecía en ocaso desde la declinación de la gran revuelta internacional que se inicia en 1968 y, más tarde, la disolución de la Unión Soviética. La ciencia oficial podía, a lo sumo, describir los ciclos de la economía capitalista, de ningún modo poner de manifiesto su decadencia histórica y su tendencia al derrumbe. Cuando creía haber aprendido todas las lecciones del colapso de los años 30 del siglo pasado, se encontró de nuevo impotente para hacer frente, no digamos superar, una explosión de un alcance muy superior. En un editorial muy comentado, el mismo diario norteamericano había destacado la relación entre la crisis y la ‘resurgencia’ de Marx, en un inadvertido reconocimiento de la vigencia de sus conclusiones revolucionarias. Hace pocas semanas, Patrick Artus, jefe del fondo francés Natixis, le dijo a un sorprendido Le Monde, que la crisis mundial solamente podía ser entendida a la luz de El Capital.

Los propagandistas del capitalismo han hecho, por cierto, por sus mejores esfuerzos por enterrar a Marx junto con el derrumbe del llamado “socialismo real” (stalinismo), en especial con aquel famoso “fin de la historia” de Francis Fukuyama. La tesis entró en descrédito a toda velocidad, cuando quedó en claro que había confundido el comienzo de “la era de la libertad” con una escalada de guerras y masacres de un alcance desconocido desde el fin de la segunda guerra. La refutación del ‘socialismo real’ sólo se puede leer a través de Carlos Marx, quien ya desde El Manifiesto del Partido Comunista señaló que en la época del mercado y la economía mundial, el socialismo no podía triunfar en un solo país. La simple lectura de los diarios es suficiente para advertir que la restauración del capitalismo allí donde fuera expropiado por enormes revoluciones sociales, ha alcanzado límites insalvables y desatados contradicciones catastróficas a nivel mundial.

 

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El militante

Carlos Marx pudo desarrollar la crítica a la economía y a la política del capital, porque había asumido una posición de militancia activa contra el orden existente. Más adelante consagraría esta postura en la famosísima Tesis XI: no se trata de interpretar al mundo sino de transformarlo. Lo demostró con su labor política preparatoria y su participación en la Revolución Alemana de 1848 y, en general, en la revolución europea de ese año – “la primavera de los pueblos”. La crítica a la filosofía alemana debe ser leída en esta clave. Marx militó en la revolución europea desde la posición de un comunista; sin embargo lo hizo desde el ala izquierda de una revolución burguesa. Consecuente con su posición de que el proletariado debe ser un crítico constante de su propio movimiento, modificó este punto de vista, al constatar la cobardía de la burguesía frente a sus propias tareas históricas. En una célebre circular (de marzo de 1850) señaló que la clase obrera debía intervenir en la revolución burguesa desde una posición de independencia política y con un partido político propio. De esta evaluación emerge su teoría de la Revolución Permanente – el pasaje de la revolución burguesa a la proletaria. La vigencia de este planteo quedó demostrada en el siglo y medio posterior, de un lado con terribles derrotas allí donde prevaleció el seguidismo a los partidos ‘nacionales y populares’ de la burguesía, y de otro con victorias históricas, como ocurrió, manifiestamente, con la Revolución de Octubre, y con la China y la Revolución Cubana.

De nuevo, en su condición de militante, Marx rechazó la construcción política sectaria, enseguida después de la derrota de la revolución europea, advirtiendo que la cohesión y la victoria en un próximo ascenso del proletariado requerían dotarlo de las armas teóricas necesarias. Es así que aportó en forma decisiva al programa y a la organización de la I° Internacional, que reunió a las principales organizaciones obreras de Inglaterra y Francia, principalmente. La Internacional no se propuso solamente organizar a la clase obrera contra la atomización que promovían las grandes patronales, sino que asumió la tarea política de defender la independencia de Polonia contra la Rusia zarista, y promover una guerra revolucionaria contra el zarismo. Lo mismo ocurrió con la guerra revolucionaria que desató en Estados Unidos la secesión del sur esclavista.

La I° Internacional, por la intervención de Marx, dio su apoyo explícito al Norte, encabezado por Lincoln. Marx, de nuevo, se orientó en esta guerra de alcance histórico, no como un demócrata burgués sino como un comunista, pues apostó a que la guerra contra la esclavitud desembocara en una gran revolución agraria que pondría en la agenda la propiedad colectiva y la unidad, por un lado, de los agricultores negros y blancos, y por el otro, la unidad de la población agraria del sur con la clase obrera norteña (el slogan de los Radical Republicans era “40 acres y una mula”, para los negros, o sea el reparto agrario). Marx pone en evidencia aquí el método político que evita el esquematismo histórico y entrevé saltos en la historia a partir de los esfuerzos de los explotados para acabar con su condición social. La condición de posibilidad de estas variantes ‘excepcionales’, si se pueden llamar así, es el empalme con la crisis mundial del capital. Es lo que mucho más tarde pondrá en evidencia la Revolución de Octubre. Algo similar se puede decir de la observación de Marx, acerca de que Rusia podía, potencialmente, evitar un tránsito por el capitalismo, si la comuna agraria rusa empalmaba con una revolución del proletariado europeo.

 

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La Comuna de París

La tendencia del proletariado hacia una reorganización comunista de la sociedad, va a quedar de manifiesto en la Comuna de París, cuando la clase obrera de la capital de Francia se hace del poder político, ante la traición nacional de la burguesía francesa ante el ascendente estado alemán, en la guerra de 1870/71. Marx advierte que los trabajadores fueron forzados a hacerse cargo de París sin la preparación política adecuada, pero precisamente por esto, junto a la I° Internacional le da un apoyo total e irrestricto. Como balance de esta experiencia histórica, que opera como una escuela política para las generaciones posteriores, Marx vuelve sobre su conclusión acerca de la necesidad de un fuerte partido de la clase obrera. Pero la Comuna es, por sobre todo, una gigantesca enseñanza para el propio Marx, que ve cómo la clase obrera organiza su propio poder, no en el campo de las especulaciones, sino de la práctica. Apunta así al armamento de la clase obrera – la única forma democrática del manejo transitorio de la defensa nacional y de la violencia política –, la elegibilidad y revocabilidad de los cargos públicos, el tope de la remuneración de los funcionarios a la del salario del obrero calificado – o sea, la desburocratización del Estado, que va dejando de ser tal como consecuencia de estos cambios.

 

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Partido Obrero, Internacional obrera y socialista, gobierno de trabajadores: ¿alguna de estas tareas ha perdido actualidad? Las derrotas que Marx señalaba como necesarias para una maduración definitiva, la clase obrera las ha sufrido en gran escala, incluidos la desnaturalización social-demócrata y la degeneración staliniana, luego de todas sus tentativas extraordinarias de proceder a la revolución social. Es el balance histórico que deben hacer los obreros y las organizaciones obreras políticamente más avanzadas para reemprender un camino que es más necesario que nunca, y que no será una repetición del pasado. Está a la vista la enorme descomposición capitalista – pobreza, super-explotación, guerras, masacres, crisis incesante de los regímenes políticos en presencia, colapsos económicos y una tendencia hacia el autoritarismo político y el fascismo.

Rosa Luxemburgo, asesinada hace cien años, por su condición de revolucionaria socialista, sintetizó el dilema de la humanidad con el siguiente concepto: Socialismo o Barbarie.

Publicado en Infobae 6 de mayo de 2018

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A 99 años del asesinato de Rosa Luxemburgo, compartimos el extracto final (y el facsímil completo) de un suplemento especial publicado en Política Obrera n° 44 (20/1/1969), cuando se cumplía el 50° aniversario del hecho.

El autor del material es A. Sáenz, quien había publicado este trabajo por vez primera por Ediciones Masas de La Paz, Bolivia, en noviembre de 1959.

Su personalidad

La burguesía mundial tuvo en Rosa Luxemburgo a una de sus más encarnizadas adversarias, aunque la lucha revolucionaria alemana no había logrado estructurar un partido que expresase fielmente esta lucha y significase la real vanguardia del proletariado. La prensa y los intelectuales al servicio de la burguesía la llamaban "Rosa la sanguinaria", queriendo con este adjetivo expresar su odio y su menosprecio. En las caricaturas se la hacía aparecer como a una mujer exaltada en una locura furiosa, sin más sentimientos que la violencia sangrienta.

La verdadera personalidad de esta brillante teórica y magnífica revolucionaria, era de una sensibilidad profundamente humana y delicada, de sentimientos generosos y de una infinita ternura. Amaba apasionadamente a las flores, las aves y toda la belleza que tiene la naturaleza. "El mundo es hermoso, sólo nosotros somos desgarbados" ("Cartas"). El alma infantil la conmovía dulcemente. La rama de hierba asomada a la ventana de su prisión la regocijaba como a una niña. Amaba todo expresión de belleza: la música, la poesía, un paisaje. Sus cartas de la prisión revelan su exquisita personalidad femenina y la nobleza sin límites de sus sentimientos unidas a una entereza excepcional. La lealtad para sus principios políticos y para sus afectos de amistad era inconmovible. Esta conjunción maravillosa hacía de Rosa una luchadora múltiple que encarnaba fielmente los anhelos de liberación de los explotados. Su coraje indomable y su profunda fe en la revolución la mantuvieron firmemente en las primeras trincheras de la lucha. Dominaba al destino y jamás se mostró abatida. En la prisión, en una celda oscura y estrecha, enferma y con los nervios exasperados, supo conservar su notable optimismo y nunca desfallecer. Las condiciones subhumanas en las que tuvo que vivir en la cárcel jamás mellaron su convicción revolucionaria. Al contrario, desde allí continuó luchando y dando ejemplo de valor y de fe. Frecuentemente repitió a sus amigos: "En la vida social, como en la vida privada, es necesario aceptar todo con la misma tranquilidad, con el espíritu elevado, con una dulce sonrisa." Su espíritu heroico y su fuerza de voluntad nunca decayeron; el abatimiento y el cansancio jamás quebraron su fortaleza. Rosa fue la amiga incomparable que mitiga los sufrimientos de los demás, dándoles en todo momento el tesoro de su nobleza y de su generosidad.

La lucha contra la guerra

La socialdemocracia alemana organizó una escuela socialista a la que asistían obreros, militantes, dirigentes sindicales e intelectuales. Rosa colaboró como profesora de Economía Política y fue el mejor elemento con el que contó dicha escuela. Su auditorio la escuchaba con admiración y respeto, subyugados por su fuerte personalidad.

Sus lecciones de Economía Política han sido reunidas en dos obras: “Introducción a la economía política” y “La acumulación del capital”. Esta última contiene un análisis del imperialismo, como una política que permite la realización total de la plusvalía, y afirma que es la iniciación de la revolución socialista: "a la coalición del capitalismo mundial debe corresponder la unidad del frente proletario".

En 1914 la socialdemocracia alemana capitula y pasa al campo imperialista. Sus parlamentarios votan por los empréstitos de guerra, colocándose así en una posición antimarxista y reaccionaria. Se asiste al hundimiento total de la Segunda Internacional.

El 4 de agosto, el día en que el bloque parlamentario socialdemócrata vota por los créditos de guerra, Luxemburgo se reúne con algunos camaradas, entre ellos: Franz Mehring, Clara Zetkin, K. Liebknecht y da nacimiento al grupo "Espartaco". Inmediatamente en todos los confines, en Saxe, en Wurtemberg, en el Rhur las mujeres y los jóvenes se organizan clandestinamente para luchar contra la guerra. Rosa considera una tarea inmediata la organización de una fuerte resistencia a la política guerrera de la socialdemocracia. En 1916 publica "La internacional", toma su dirección juntamente con Mehring, contando con la colaboración de Paul Lange Trobel, Clara Zetkin, Thalheimer. Este periódico fue prohibido después de su primer número. Luxemburgo, Mehring y la Zetkin son acusados y procesados por el “crimen” de alta traición.

El 19 de febrero de 1916 es apresada, cuando se preparaba a partir hacia Holanda, donde debía concurrir a una conferencia internacional de mujeres. Al poco tiempo sale en libertad, oportunidad en que los obreros le demuestran su adhesión ofreciéndole un caluroso recibimiento. En la prisión escribió su famoso folleto sobre "La crisis de la Socialdemocracia", donde se pone de manifiesto la importancia del internacionalismo proletario.

El 1° de mayo de 1916 el grupo Espartaco convoca a los obreros de Berlín a manifestarse en la plaza de Postdam. Miles de manifestantes saludaron con gritos a R.Luxemburgo y a K. Liebknecht.

"¡Abajo la guerra!" "¡Abajo el gobierno! ", grita Liebknecht que está con uniforme de soldado, siendo inmediatamente arrestado. Con todo, el movimiento contra la guerra marcha con las velas desplegadas. Después del arresto de Liebknecht, el grupo Espartaco, bajo la dirección de Rosa, despliega una intensa actividad para demostrar el admirable gesto del diputado-soldado Karl Liebknecht.

El 28 de junio Liebknecht fue condenado a un año y medio de prisión. Cincuenta y cinco mil obreros de una fábrica de municiones de Berlín se declararon en huelga el día del proceso. En Stuttgart y Brenner se realizaron grandes manifestaciones protestando por las medidas represivas.

El 19 de julio R. Luxemburgo es nuevamente arrestada por su actividad revolucionaria; igualmente Mehring, que en ese entonces contaba con 70 años de edad. Es en tales circunstancias que Leo Jogiches se pone a la cabeza del movimiento. "Las cartas de Espartaco”, que cuenta en Rosa con una de sus más fieles colaboradoras, continúan apareciendo regularmente. Encerrada en la prisión de mujeres de Berlín, cae nuevamente enferma. En octubre es trasladada a la cárcel de Wronke y en julio de 1917 es llevada a la prisión de Breslau. Después de dos años, o sea en 1918, la revolución alemana es la que recién logra libertarla.

Entonces el objeto de sus preocupaciones es la revolución rusa. En "Cartas de Espartaco" hace un brillante análisis de este fenómeno histórico. Antes de producirse los sucesos decisivos de Octubre ella sostuvo la inevitabilidad de la dictadura del proletariado: "O la contrarrevolución o la dictadura del proletariado" "O Kaledin o Lenin".

A pesar de las diferencias que la distancian de Lenin y Trotsky, les rinde su caluroso homenaje, por considerar que son los conductores auténticos de la revolución rusa. Sus reparos al régimen bolchevique los sintetiza en su folleto "La revolución rusa".

Cuando estalla la revolución rusa en 1917 se encontraba R. Luxemburgo en prisión. Indudablemente que estos acontecimientos le causan una sincera alegría y le reconfortan su ánimo. Esa revolución significaba el triunfo de la táctica política que ella había preconizado para la lucha socialista en caso de guerra. Personalmente para ella esos hechos tuvieron resultados adversos y por eso escribió a Diefenbach: "Mis posibilidades de libertad disminuyen con los acontecimientos de Rusia. Pero mis amigos al fin se encuentran en libertad. Esto me llena de optimismo sin paralelo”.

Los socialistas de derecha de la socialdemocracia alemana sostenían que el internacionalismo de Luxemburgo se debía a su origen judío. Las persecuciones sangrientas contra los judíos polacos y los progroms que había visto en su niñez podían haber influido en la formación de esa convicción. Con todo, sus adversarios estaban equivocados; su internacionalismo se basaba en el socialismo científico, en la convicción de que “el interés de los trabajadores es para todos el muro frente a los intereses capitalistas”, de que “la sola defensa verdadera de las libertades nacionales es la lucha de clases internacional contra el imperialismo". Ella era una apasionada luchadora por el internacionalismo, creía que uno de los pilares en que debía descansar la fortaleza de la revolución socialista era la solidaridad internacional obrera. Tal vez sobre estimó la importancia de la espontánea solidaridad internacional de los trabajadores, pasando por encima de la importancia que tiene la estructuración de una vanguardia política del proletariado.

La Revolución Alemana

El 1° de octubre de 1918 H. Hindenburg y Ludendorff  (1) exigen a la Entente una paz inmediata. En estas circunstancias el grupo Espartaco convoca a una reunión nacional. Hay agitación entre los soldados; los soviets de soldados y obreros se constituyen por todas partes. Se establece un gobierno parlamentario del que forma parte Scheidemann (2). El 28 de octubre se dicta una amnistía general y son puestos en libertad R. Luxemburgo y K. Liebknech.

Rosa había envejecido. Sus hermosos caballos negros encanecieron. El 10 de noviembre los soviets de obreros y soldados llevaron a la cabeza del poder a Ebert (2).

El 18 de noviembre aparece el primer número de "Bandera Roja", bajo la dirección de R. Luxemburgo, y en sus páginas se esbozó el programa de la revolución: "Confiscación de los bienes de la vieja dinastía y de los grandes latifundistas”. “Formación de una guardia roja para la protección permanente de la revolución y formación de milicias obreras”. Al mismo tiempo, denuncia la actitud pusilánime del gobierno Ebert, que burla los fines de la revolución.

Mientras tanto la contrarrevolución se organiza y se apresta al ataque. Se descubren complots reaccionarios en importantes ciudades. En Berlín la dirección de los soviets y los redactores de "Bandera Roja" son arrestados. Los soldados que forman parte del grupo Espartaco aparecen asesinados en las calles.

El 7 de diciembre de 1918 Karl Liebknecht es arrestado nuevamente. La caza de los jefes espartaquistas estaba en marcha. La casa de Luxemburgo es asaltada por la policía y tiene que buscar muchos refugios para no ser arrestada. A pesar de todo, su espíritu de lucha no decae y se muestra más enérgica y firme. Vive a salto de mata.

Del 12 al 20 de diciembre se realiza el primer congreso de soviets de obreros y soldados. Con este motivo miles de obreros desfilan por las calles de Berlín en vibrantes manifestaciones. Las masas se encaminan a luchar por el poder obrero y  por la socialización de los medios de producción.

El grupo Espartaco se propone conquistar el ala izquierda del movimiento obrero y convoca a un congreso nacional, de donde nace el Partido Comunista Alemán.

La contrarrevolución emprende la lucha decisiva. Después del 27 de diciembre, Berlín es invadida por las tropas y el intento de destrozar el movimiento Espartaco es una realidad. A partir de esta fecha el movimiento revolucionario es duramente golpeado. Los socialistas, guiados por Luxemburgo, dan la consigna de unidad de acción revolucionaria, de desarme de la reacción y de armamento de los obreros.

Muerte de Rosa Luxemburgo

El triunfo de la contrarrevolución es un hecho. El 11 de enero de 1919 R. Luxemburgo y K. Liebknecht se ven obligados a buscar asilo en el seno de una familia obrera. Allí escribe un artículo póstumo: "El orden reina en Berlín". El 15 de enero se ocultan en la casa 53 de la calle Mannheim. A las 9 de la noche una tropa de soldados los arresta, siendo conducidos al hotel Edén, donde los oficiales monarquistas habían organizado el crimen. Liebknecht fue trasladado en automóvil al jardín zoológico y allí es asesinado. Luego le tocó el turno a Rosa Luxemburgo, el teniente Vogel la mató de un balazo en la cabeza y su cadáver fue arrojado a un canal. Así se cumplió su deseo de morir en el puesto de combate: "A pesar de todo moriré, como espero, en mi puesto: en una huelga callejera o en el presidio" (Carta a Sonia Liebknecht del 2 de mayo de 1917).

De esta manera trágica y salvaje sucumbe, a los 49 años, la vida de una de las más heroicas y brillantes militantes del marxismo mundial. La contrarrevolución alentó la esperanza de que con la muerte de R. Luxemburgo y K. Liebknecht y muchos otros héroes de la clase obrera aplastaría definitivamente la revolución.

La derrota de la revolución alemana de 1918 fue originada, indudablemente, por no haberse estructurado debidamente el partido político de la clase obrera, capaz de tomar el poder en sus manos. Se subestimaron las fuerzas de la reacción y se sobreestimó el empuje de las masas. R. Luxemburgo y los socialistas alemanes confiaron más en el coraje instintivo de los obreros que en la fortaleza organizativa del partido revolucionario. La vanguardia política del proletariado alemán no se había convertido aún en el caudillo del país y la revolución empujada por los obreros desorganizados quedó aislada y rápidamente destruida. Este gravísimo error costó la vida de miles de combatientes sacrificados y de la más grande revolucionaria de nuestra época.

R. Luxemburgo y los socialistas alemanes pensaron que convirtiendo al grupo Espartaco en un partido político por simple resolución de un congreso, este partido, nacido así, sin antes haberse enraizado en las masas mayoritarias, podía cumplir el papel de dirigente de la revolución. La madurez política de los obreros alemanes había llegado a un nivel importante; aún más, ese proletariado tenía una legendaria tradición y era considerado el más avanzado de la avanzada Europa. Sin embargo, esa madurez política, esa tradición revolucionaria, no se había integrado en el partido político disciplinado y férreo, semejante al de los bolcheviques.

La carencia de un partido fuertemente organizado no sólo privó al movimiento revolucionario de una clara inteligencia, de una admirable marxista, de una heroica combatiente de la revolución socialista, que todo eso y mucho más fue Rosa Luxemburgo, sino que causó el retroceso de las masas y, por tanto, el aplastamiento de la revolución y cuyas consecuencias aún no ha superado el proletariado alemán.

Rosa Luxemburgo consagró su vida íntegra a la revolución, nos dejó su ejemplo de militancia y firmeza, junto a sus escritos de inestimable valor. Entre sus trabajos teóricos se destaca “¿Reforma social o revolución?", que ha sido escrito como réplica a los revisionistas de todos los tiempos, desde Bernstein hasta Stalin. Este folleto constituye un valiosísimo instrumento de capacitación política y de lucha revolucionaria. Luxemburgo expone brillantemente que el reformismo es una posición oportunista se que pone al servicio de la burguesía. El proletariado tiene la misión histórica y vital de hacer su revolución, como el único camino de la total emancipación de los explotados. "¿Reforma social o revolución?" es la expresión palpitante de la personalidad de Rosa Luxemburgo.

Notas

(1) Líderes militares del gobierno imperialista alemán durante la Primera Guerra Mundial. Hindenburg ejercería luego, desde 1925 a 1934, el cargo de presidente de Alemania.

(2) Philipp Scheidemann y Friedrich Ebert, dirigentes del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD).
 

Para seguir leyendo:

Rosa Luxemburgo y la Revolución Rusa

El Partido Socialdemócrata Alemán de 1918 a 1921

Política Obrera- Suplemento Especial a 50 años del asesinato de Rosa Luxemburgo - Documento completo en PDF

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Para un vasto sector de investigadores e historiadores, el levantamiento de Kronstadt marcó el fin de la Revolución de Octubre. La campaña en torno de este hecho ha recrudecido a sus cien años. Se vuelve a apelar a François Furet, para quien la revolución terminó en el invierno ruso de 1920/21, en lo que habría sido una verdadera paradoja histórica: “En 1921 terminó la intervención extranjera, los viejos adversarios de los bolcheviques partieron hacia el exterior, la revuelta de Kronstadt fue ahogada en sangre, se devolvió a los campesinos la libertad de comprar y vender. En el momento en que la dictadura del terror parecía tornarse menos necesaria, vuelve a reafirmarse con toda su fuerza en el X Congreso del partido en 1921”(1). Desde un lugar distinto, de defensa de la Revolución, Víctor Serge sostuvo que el alzamiento no tenía un carácter antiproletario y sólo quería poner fin a las trabas que impedían a la hambrienta población urbana conseguir provisiones. Si se hubiera adoptado antes la Nueva Política Económica -sostuvo Sorge-, Kronstadt no habría tenido lugar(2).

Trotsky destacó en su momento la extraña confluencia de los cuestionadores de Kronstadt, en la que en torno de la consigna soviets libres se agrupaba la burguesía mundial, enemiga irreconciliable de Octubre; los anarquistas, defensores de un comunismo antiestatal y los mencheviques -reformistas, partidarios de la restauración capitalista desde la victoria de la Revolución.

¿Qué fue Kronstadt? El alzamiento en marzo de 1921 de la base militar más importante del naciente Estado, instalada en una isla que constituía la sede de la flota marítima, la llave de acceso al Mar Báltico y a la comunicación comercial de Rusia con el mundo. Estaba a un paso de los ejércitos blancos instalados en Finlandia, lo que la convertía en un objetivo apreciado de la contrarrevolución. Kronstadt había sido un bastión revolucionario en 1905 y 1917, pero su composición había variado enormemente en 1921, por el desangre de la guerra civil y el aislamiento de la vanguardia revolucionaria. La mayoría de los marinos (viejos o jóvenes) eran de origen campesino.

¿Qué planteaban los insurrectos de Kronstadt?

El sistema provocado por la escasez, basado en la requisa de alimentos del campo y el racionamiento estricto por categorías sociales en las ciudades, chocaba con los campesinos y la población urbana. El mercado negro y el trueque eran severamente reprimidos, dando paso a las revueltas campesinas y las huelgas obreras, incluso en San Petersburgo. Kronstadt se alzó en solidaridad con los huelguistas y reclamó el fin de las restricciones en el aprovisionamiento individual de alimentos, nuevo trato a los campesinos, libertad de comercio, elecciones libres a los soviets. Con el correr de los días, el llamado a una Tercera Revolución que habría de derrocar a los bolcheviques y reimplantar la democracia soviética comenzó a dominar las asambleas.

La protesta de los marinos era popular. El programa del levantamiento fue aprobado en una asamblea multitudinaria (15.000, 1º de marzo) que fue en paralelo a la expulsión de los bolcheviques de los soviets renovados. Las movilizaciones de masas se convirtieron en insurrección en la asamblea de delegados del 2 de marzo, que nombró un Comité Revolucionario Provisorio, de predominio anarquista. Los comisarios bolcheviques fueron destituidos y encarcelados.

¿Fue Kronstadt el centro de una provocación de origen contrarrevolucionario, con un plan político que engarzaba con los generales blancos, o una improvisación? Los bolcheviques denunciaron a los insurrectos como amotinados encabezados por un general blanco. Para Serge Deutscher como para J. J. Marie, esta acusación fue infundada. Para este último primó “el carácter espontáneo de la insurrección y la ausencia de organización política en su cabeza”(3). Para otros, el análisis riguroso de los archivos secretos abiertos por Yeltsin en 1999 probaría lo contrario.

La población obrera de San Petersburgo no apoyó la insurrección de Kronstadt, pero tampoco la represión ordenada por los bolcheviques. Los rebeldes fueron sofocados luego de una sangrientísima batalla a través del hielo que dejó casi 11.000 bajas, en su inmensa mayoría, bolcheviques.

Para León Trotsky, Kronstadt se diferenció de otras insurrecciones y levantamientos sólo por su “mayor efecto externo” (a partir de la propaganda imperialista)(4). No parece haber sido así. Para recuperar Kronstadt, el partido bolchevique debió hacer un esfuerzo político y militar mayúsculo, convirtiendo en soldados a los delegados al X Congreso, que se realizaba a esas horas. Regimientos enteros convocados para el asalto se negaron a marchar. Lenin adoptó otro punto de vista. Planteó que el levantamiento era una “contrarrevolución pequeño burguesa, un movimiento del elemento anarquista pequeño burgués”. Bien que asociado a los guardias blancos, era un movimiento “nuevo”, que enarbolada la consigna de la libertad de comercio y estaba dirigido contra la dictadura del proletariado. Pero, advertía, “este estado de ánimo se ha dejado sentir mucho en el proletariado”, por lo que se estaba en presencia de una “contrarrevolución pequeño burguesa que es, sin duda, de mayor peligro de Denikin, Yúdenich y Kolchak juntos porque nos la vemos con un país donde el proletariado constituye la minoría y la ruina abarca a la propiedad campesina. Además… la desmovilización del ejército ha proporcionado elementos sediciosos en cantidad increíble”(5). En materia de programa, planteó Lenin, la libertad de comercio, incluso si fuese planteada por movimientos que no estuviesen imbricados con los guardias blancos, llevaba inevitablemente a la victoria del capital, a su restauración completa. Los elementos que lideraban este regreso al viejo orden se cubrían con el manto de la igualdad, la libertad y la democracia soviética, pero eran, la más de las veces, “simple escalón y puente para dar paso al poder de los guardias blancos”.

Naturaleza social y política

Los comunicados de los insurrectos de Kronstadt son un alegato a favor del poder soviético y la revolución social. Pero es imposible juzgar un movimiento por lo que éste dice de sí mismo, máxime en tiempos de guerra civil.

A partir de la Revolución de Octubre, los bolcheviques dirigieron a las masas campesinas de la flota y de toda Rusia, en base a la entrega y el reparto de la tierra. Pero los años de guerra mundial, revolución, guerra civil e intervención blanca provocaron la quiebra de la economía y la desintegración de la organización social a niveles exasperantes. La retirada de la intervención imperialista se hizo a tierra arrasada: las minas fueron inundadas, los puentes dinamitados, los transportes destruidos (ésta fue una de las razones de la derrota del Ejército Rojo en Polonia). El sur de Rusia, centro del suministro de combustibles, hierro, acero y materias primas fue literalmente devastado. Privados de estos elementos, los centros industriales del resto quedaron inactivos. El gobierno soviético forzó el control más estricto de los recursos, dando lugar al Comunismo de Guerra. Nacionalizó la totalidad de la industria, prohibió el comercio privado, ordenó la requisa de alimentos para el ejército y las ciudades, pagó los salarios en especie, extremó la igualdad, pero llevando hacia abajo los niveles de vida y universalizando la pobreza.

El sistema entró en colapso. El campesino se dedicó a cultivar sólo la porción de tierra que permitía sostener viva su familia. Se negó a producir los excedentes que los escuadrones de requisa buscaban. “La ciudad no dio prácticamente nada a la aldea y tomó casi todo de ésta, principalmente para las necesidades de la guerra”, dirá Trotsky. Así se planteó “la lucha del pequeño propietario furioso contra la dictadura del proletariado”. La pequeña burguesía campesina deseaba liberarse del capital pero, a la vez, no aceptaba subordinarse a un gobierno de trabajadores. Por su naturaleza no sabe exactamente lo que quiere y por su lugar social no puede saberlo, lo que explica que se cubra hoy con la bandera anarquista, mañana con la menchevique.

La naturaleza contrarrevolucionaria surge de la propia consigna de Kronstadt, “soviets sin bolcheviques”, que hicieron suya no sólo los protagonistas del alzamiento sino la burguesía liberal. Liberar a los soviets de la dirección bolchevique equivalía a la destrucción misma de los soviets. Si alguna duda pudiera haber, la experiencia de los soviets rusos bajo la dominación menchevique y social revolucionaria -una larga espera que equivalía al desangre de la revolución- es prueba suficiente.


(Informe Ramiro Tissera)

Notas
1. François Furet: El pasado de una ilusión…, FCE, México, 1995.
2. Víctor Serge: The Serge-Trotsky papers, Pluto Press, Londres, 1994.
3. J.J. Marie: Kronstadt, Fayard, París, 2005.
4. León Trotsky: Un frente popular de delatores, Writings 1937/38, Pathfinder, Nueva York, 1975.
5. V.I. Lenin: Obras Completas, Discurso ante el X Congreso, 1921, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1958.

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La constitución del nuevo gobierno soviético el 25 de octubre dio curso al primer episodio de la guerra civil y a un fuerte debate en las organizaciones del movimiento obrero.

El gobierno era, en ese momento, exclusivamente bolchevique. Apenas formado, cumplió sus compromisos: aprobó un programa de paz, abolió la pena de muerte, decretó la nacionalización de los bancos, instauró el control obrero y la jornada de 8 horas, declaró la igualdad de todos los pueblos de Rusia y el derecho a la autodeterminación, dispuso la separación de la Iglesia del Estado, convocó a elecciones de Asamblea Constituyente. El decreto sobre la tierra entregó a los comités campesinos y a los soviets locales la tarea de repartir las tierras expropiadas.

El enfrentamiento militar

La derecha intentó oponerse al gobierno con los métodos de la guerra civil, que duraría hasta 1922. Se reagrupó alrededor del Comité Panruso por la salud de la patria y de la revolución; llamó a los funcionarios y ciudadanos a desconocer al nuevo gobierno y organizó un levantamiento militar en San Petersburgo, con el anuncio de la llegada inminente de los cosacos contrarrevolucionarios del general Krasnov. El 29 de octubre, los cadetes de las escuelas militares ocuparon varios edificios públicos sin esperar a los cosacos. El Comité Militar Revolucionario liquidó esta aventura sin dificultades. El 30, los cosacos fueron derrotados en las alturas de Pulkovo, en la batalla llamada “el Valmy de la Revolución Rusa”.

El primer enfrentamiento terminó en un verdadero fiasco. Lejos todavía del salvajismo de la guerra civil, la revuelta estaba sostenida por una coalición que incluía desde los cosacos reaccionarios hasta los mencheviques y los socialistas revolucionarios de derecha, pasando por los supuestos “demócratas” de la Duma Municipal, con la neutralidad benevolente de los mencheviques internacionalistas y los socialistas revolucionarios de izquierda. La “inteligentzia” de San Petersburgo observó también con benevolencia a la contrarrevolución en nombre de una “restauración democrática”. Se constituyó así un frente muy amplio de las fuerzas opuestas al poder obrero.

El debate en el movimiento obrero

El gobierno fue recibido con entusiasmo por el movimiento obrero de San Petersburgo, de los metalúrgicos de Vyborg a los textiles de Nevski. Centenares de asambleas obreras discutieron las conclusiones del Congreso de los Soviets. La resolución de la asamblea de la metalúrgica Rosenkrantz es paradigmática: “Saludamos al Congreso de los Soviets, que ha tomado el camino de la lucha y no de la conciliación con la burguesía”.(1) Puede decirse que la población de la ciudad, a través de sus estructuras de clase, apoyó al gobierno a través de una deliberación política masiva.

En el resto del país, la popularidad del gobierno se ganó gracias a los comités agrarios y los soviets campesinos, en apoyo al decreto sobre la tierra. El Congreso extraordinario de diputados campesinos, del 10 al 25 de noviembre, sancionó este apoyo y confirmó un gobierno de mayoría bolchevique, con ministros socialistas revolucionarios de izquierda.

Una parte de los funcionarios y de los sindicatos de obreros calificados rechazaban al gobierno soviético, con las posiciones mencheviques. No obstante, el ataque más peligroso provino de un ala conservadora de las direcciones sindicales. El Comité Ejecutivo  (CE) del sindicato ferroviario (Vijkel) tomó la iniciativa de un gobierno socialista amplio. Convocó una conferencia para el 29 de octubre y amenazó con una huelga ferroviaria si el gobierno no cedía.

El Vijkel jugaba con un elemento de confusión política, tratando de capitalizar la aspiración unitaria de las masas. El apoyo al gobierno soviético era aplastante pero, al mismo tiempo, desde distintos sectores y organismos obreros se planteaba la necesidad de un gobierno que incluya a los mencheviques internacionalistas y a los socialistas revolucionarios de izquierda, con la inteligentzia democrática, la pequeño burguesía urbana y rural. A la postre, un gobierno de conciliación con la burguesía, con una minoría bolchevique y sin Lenin y Trotsky. Lo fundamental era romper la cadena que unía al gobierno y los soviets. El gobierno socialista no tenía que ser responsable ante el congreso de los soviets y su CE, sino ante una entidad fantasmal “democrática” a constituir por todos los socialistas, con las organizaciones obreras, las cooperativas, las Dumas; un cuadro parlamentario para dar curso a un gobierno de sometimiento a la burguesía.

Para los bolcheviques, la responsabilidad del gobierno ante los soviets era una cuestión política y programática de primer orden porque los soviets eran la representación del impulso revolucionario de la clase obrera y la configuración de los organismos del nuevo poder. Los esfuerzos de Trotsky para que la insurrección fuera organizada por el Comité Militar Revolucionario y sancionada por el Congreso de los Soviets confirman toda su validez en estas semanas de debate sobre el nuevo gobierno.

El debate en el partido bolchevique

El Comité Central (CC) bolchevique aceptó la participación en la conferencia del Vijkel. Estaban en juego las dificultades de la insurrección en Moscú y la suerte incierta del levantamiento de Krasnov, pero es ante todo el ala conciliadora de la dirección la que levantó cabeza. Aprovechando que Lenin y Trotsky no participaban en las reuniones, ocupados por sus tareas, la dirección se orientó a un entendimiento con la propuesta de gobierno socialista y Kamenev lo anunció en la sesión del CC del 1° de noviembre.

Los organismos de base del partido y los agitadores bolcheviques en las asambleas siguieron proclamando el apoyo al gobierno de los soviets. Lenin y Trotsky retomaron sus puestos en la dirección. El debate fue furioso. El triunfo de la insurrección en Moscú y la derrota aplastante de Krasnov ayudaron a invertir la tendencia. El 2 de noviembre, el CC adoptó una resolución histórica, redactada por Lenin, que en sus puntos fundamentales dice: “El CC reconoce que la oposición que se formó en el seno del CC se aparta completamente de todas las posiciones fundamentales del bolchevismo...”.

El CC confirmó que no es posible, sin traicionar la consigna del poder a los soviets, repudiar un gobierno puramente bolchevique, cuando la mayoría del II Congreso confió el poder a ese gobierno sin excluir a nadie del Congreso.

El CC expresó su voluntad de completar los soviets haciendo entrar en los mismos a los soldados de las trincheras y los campesinos de los pueblos y aldeas; en consecuencia las afirmaciones según las cuales el gobierno bolchevique sería hostil a una coalición con los campesinos, son completamente falsas(2).

Kamenev y Zinoviev agudizaron la polémica y expresaron su oposición fuera del partido, al punto de lograr que el CE de los soviets adoptara una resolución favorable a un gobierno socialista amplio. Lenin renovó entonces una resolución de exclusión, que ya había presentado durante la insurrección. Fue aprobada pero no implementada porque los dirigentes conciliadores terminaron adaptándose a la política del Partido(3).

Según las orientaciones decididas por el Partido e indicadas por Lenin en su discurso a los soviets del 4 de noviembre (en el que planteó estar abierto a los socialistas revolucionarios de izquierda; en tanto los internacionalistas y los socialistas revolucionarios de derecha se habían autoexcluido de los soviets), el gobierno se amplió con la entrada de ministros socialistas revolucionarios de izquierda. Era un gobierno de carácter bolchevique, formado y responsable ante los soviets, con un programa sancionado por éstos. La dictadura del proletariado tomó forma en Rusia en noviembre de 1917, con el poder de los soviets y el gobierno obrero y de los campesinos pobres.

 

Bibliografía

1. David Mandel: Les Soviets de Petrogrado. Paris-Lausanne, 2017.
2. V. I. Lenin: Oeuvres, Tomo 26. Resolución del CC sobre la cuestión de la oposición al interior del CC. Publicada parcialmente en 1917 y en su totalidad en 1932.
3. Jean-Jacques Marie: Lénine. La révolution permanente. Paris, 2011.

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Reproducimos el comunicado publicado por Política Obrera, organización antecesora del Partido Obrero el 16/12/1974, tras el asesinato de Jorge Fischer y Miguel Ángel Bufano.

Ante el asesinato de los compañeros Jorge Fischer y Miguel Angel Bufano, Política Obrera llama a Organizar la respuesta obrera y democrática a la represión asesina.

La barbarie criminal desatada por el accionar terrorista de las bandas armadas de la ultraderecha ha cobrado la vida de dos jóvenes trabajadores, dirigentes de nuestro partido, POLITICA OBRERA. El domingo aparecieron en Avellaneda los cadáveres acribillados de JORGE FISCHER y MIGUEL ANGEL BUFANO, que habían sido secuestrados el viernes al mediodía en las inmediaciones de la fábrica donde trabajaban (MILUZ), por un comando que actuó impunemente delante de numerosos testigos, y prácticamente en las narices de la policía de la provincia.

Los asesinos no actuaron improvisadamente ni eligieron al azar a sus víctimas. Con los métodos del terror estas organizaciones gangsteriles actúan con el propósito definido de liquidar a lo mejor de la juventud obrera y antiimperialista de nuestro país.

JORGE FISCHER era el delegado general de la Comisión interna de Miluz (gremio de la Pintura), militante de POLITICA OBRERA, miembro de nuestro comité Central y dirigente del Comité de la Zona Norte. Con sus jóvenes 25 años era un verdadero luchador del proletariado, dirigente de su clase. MIGUEL ANGEL BUFANO era un reconocido activista de la misma fábrica, también militante de POLITICA OBRERA y miembro del Comité de la Zona Norte. Con sólo 22 años tenía ya una tradición en el movimiento obrero, y era indudablemente un organizador de la clase obrera.

Nuestros compañeros Bufano y Fischer eran la expresión más alta de la disposición combativa y de la conciencia revolucionaria de la juventud argentina. Estaban todavía en la flor de la vida pero sumaban ya varios años de militancia, de abnegada lucha cotidiana contra toda forma de opresión, contra la miseria y degradación del capitalismo, por una sociedad sin explotadores ni explotados. Militantes de la clase obrera por la construcción de su partido revolucionario, nuestros jóvenes compañeros abrazaron hasta la muerte la causa del proletariado, el combate por la revolución socialista y por el porvenir de la humanidad, liberada de la explotación del hombre por el hombre.

Compañeros: estos asesinatos, que se suman a la ya muy larga lista de víctimas de los comandos terroristas de la ultra-derecha revelan el esfuerzo de una fracción del gran capital por imponer un verdadero Estado policial en nuestro país que ahogue en sangre la radicalización, la lucha y las conquistas de los trabajadores y la juventud combativa. Los secuestros, atentados y crímenes que se suceden diariamente son la punta de lanza de este intento por instaurar una dictadura capitalista sangrienta. Mientras el gobierno proclama su fidelidad a la Constitución y la democracia, las bandas asesinas constituyen un verdadero poder armado que comete sus brutales atropellos con absoluta impunidad, sin sufrir ningún tipo de represión. Está perfectamente claro que los asesinatos indiscriminados que desarrolla la ultraizquierda, que pretende justificar sus provocaciones arrogándose la representación de los intereses de los trabajadores, son sólo un pretexto para la escalada criminal dirigida contra la clase obrera y la juventud y contra sus organizaciones.

POLITICA OBRERA, declara que estos alevosos asesinatos constituyen una evidencia más de la existencia de una campaña especial para ilegalizar a nuestra organización y tratar de destruida. Hace pocos días fue puesta una bomba en el local de la UNION DE JUVENTUDES POR EL SOCIALISMO; el expediente judicial, supuestamente contra los autores del atentado se dedica a detallar los "materiales subversivos" encontrados por la Policía en el lugar, que no son otra cosa que periódicos y materiales de propaganda de nuestro partido y que circulan con la autorización legal correspondiente. A esto debemos sumar los atentados contra nuestros locales en el Gran Buenos Aires y el Interior del país y el reciente secuestro y tortura de la compañera Gabriela Cedinas de la UJS.

Frente a esta situación, que amenaza la vida misma de la juventud y los trabajadores de nuestro país, nos dirigimos a todas las organizaciones y partidos que se reclaman de la democracia y por la defensa de las libertades públicas. Lamentablemente, muchas organizaciones que se han pronunciado contra la escalada de las bandas derechistas se han preocupado más por defender el "diálogo" con el gobierno, que por organizar la movilización y el combate real contra la labor criminal del terrorismo antiobrero. La pasividad frente al accionar terrorista sólo puede alentar sus bestialidades y atropellos. Para aplastar a las organizaciones independientes de la clase obrera, la represión asesina necesita liquidar toda manifestación democrática. Por eso –comenzando por los obreros y militantes comunistas, trotskistas, socialistas y de la izquierda peronista– el desarrollo de la actividad gangsteril de la ultraderecha se dirige también contra los propios partidos parlamentarios y sectores que defienden al gobierno y que no enfrentan la represión con el único método posible: la movilización y la acción directa de las masas. POLITICA OBRERA hace un llamado a todas las organizaciones democráticas y antiimperialistas para encarar una movilización nacional y de masas que barra con la prepotencia asesina de la derecha y los comandos terroristas.

Saludamos la iniciativa de las Juventudes Políticas de organizar una movilización por las libertades, saludamos la constitución de un comité unitario de las organizares estudiantiles (FUA-FULNBA), para combatir contra la represión y los ataques a la juventud estudiosa. Necesitamos hechos v no palabras, necesitamos ganar la calle de a miles para golpear, derrotar y liquidar la represión asesina. Llamamos a la JPA a abrir sus filas a todas las organizaciones combativas de la juventud tras un programa mínimo de acción en defensa de la vida de la juventud estudiosa y trabajadora.

La movilización y la unidad en el combate es el único camino para acabar definitivamente con el terrorismo fascista y la represión antiobrera.

Nuestro Partido no olvidará a sus jóvenes mártires Fischer y Bufano. Por el contrario, tenemos la absoluta convicción de que el proletariado, con los métodos que le son propios, vengará a nuestros compañeros asesinados, como parte del ajuste de cuentas con los explotadores, torturadores y asesinos.

Los compañeros Fischer y Bufano fueron constructores de su clase, y nuestro partido con el proletariado llevarán sus nombres hasta el triunfo de la causa por la que ayer dieran sus vidas: la abolición de la explotación del hombre por el hombre y la construcción del Socialismo en todo el mundo.

POLITICA OBRERA

COMITÉ EJECUTIVO NACIONAL 16/12/74

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El 2 (15) de noviembre de 1917, el gobierno de los soviets proclamó la Declaración de los Derechos de los Pueblos de Rusia. El Decreto estableció la igualdad y soberanía de los pueblos, el derecho de éstos a disponer de sus propios destinos, hasta el punto de poder separarse para formar estados independientes. Finalmente, la abolición de todos los privilegios nacionales y religiosos, y el libre desarrollo de todas las minorías nacionales o étnicas. 

Rusia era una cárcel de pueblos. Bajo el zarismo vivía un conjunto de nacionalidades oprimidas cuya magnitud revelan dos cifras: la nacionalidad dominante -grandes rusos- constituía el 43% de la población, mientras el 57 correspondía a nacionalidades oprimidas de distinta forma (de ese 57%, un 17% eran ucranianos, un 6% polacos, un 4,5% rusos blancos, entre otros) (Censo de 1897).

En las Tesis de Abril -punto 14-, Lenin planteó de modo tajante que “todas las promesas que no lleven aparejada la realización efectiva de la libertad de separación, no son más que mentiras burguesas para engañar al pueblo”. Concretamente: “plena libertad de separación, la más amplia autonomía local (y) garantías perfiladas hasta en sus más mínimos detalles para los derechos de las minorías nacionales”. A la vez, las Tesis sostenían que la “aspiración” del partido bolchevique era la creación de un Estado lo más grande posible, basado en el acercamiento y la fusión con las nacionalidades oprimidas.

Esta confluencia debía ser voluntaria y llevar a una vinculación estrecha cuyo contenido era la ruptura con el imperialismo, el derrocamiento de la burguesía de las nacionalidades oprimidas, la toma del poder por las masas trabajadoras -el gobierno de los trabajadores apoyado en los campesinos. Una unión de repúblicas socialistas que no se fundaba en el interés nacional, sino en el desarrollo de la revolución liderada por el proletariado. “Por esta razón -dirá Trotsky- (el bolchevismo) se negaba en forma terminante a organizarse como una federación de secciones nacionales”.

Este programa chocó con la política del Gobierno Provisional y con las coaliciones que le sucedieron junto a mencheviques y socialistas revolucionarios. La democracia oficial fue incapaz de evitar la continuidad de la opresión heredada del zarismo, se limitó a disfrazar el continuismo planteando la necesidad de sostener la unidad del proceso revolucionario. No pasó de la abolición de leyes discriminatorias que establecieron una igualdad aparente de todas las nacionalidades ante la burocracia del Estado gran ruso. Aún esta mínima concesión vino a resaltar la desigualdad de derechos jurídicos entre las naciones, pues casi todas estaban en situación de sometimiento frente a ese Estado. El Gobierno Provisional llegó al extremo de decretar la disolución del Parlamento de Finlandia, cuando la socialdemocracia se erigió en mayoría.

La Revolución exacerbó la lucha por la libertad

El desarrollo de la revolución luego de febrero fue un disparador de la lucha de las nacionalidades oprimidas. Finalmente, la exacción fiscal, el desconocimiento de sus lenguas, la falta de escuelas, tribunales y funcionarios propios eran la medida de su postergación cultural y de poder. El Gobierno Provisional y sus continuadores, frente a los reclamos, no tuvieron otra política que remitir los conflictos a una Asamblea Constituyente sin fecha. Esto significó acrecentar la exasperación por partida doble: por la indeterminación en torno de la Constituyente y por la percepción de que esta asamblea, en caso de concretarse, estaría dominada por los mismos partidos que formaban el Gobierno Provisional, que no estaban dispuestos a cruzar los límites fijados por las clases dominantes.

Por si esto fuera poco, la coalición en el poder presentaba los esfuerzos de emancipación de las nacionalidades oprimidas como fruto de la acción intrigante y provocadora del Estado Mayor austro alemán.

A fines de septiembre, en un texto a días de la Revolución de Octubre -“La crisis ha madurado”-, Lenin sostuvo que “después del problema agrario, lo más importante en la vida de todo el Estado ruso, sobre todo para las masas pequeño burguesas de la población, es el problema nacional”. En la Conferencia Democrática convocada en este período, “la curia nacional (en Rusia el sistema electoral era por curias, sobre la base de las diferencias sociales) ocupa, en cuanto a radicalismo, el segundo lugar -cediendo sólo a los sindicatos, y con mayor porcentaje de votos contrarios a la coalición (de gobierno) que los delegados de los soviets”.

Rosa Luxemburgo se opuso al derecho de autodeterminación de las nacionalidades oprimidas. Apuntó que fue una concesión estéril desde el momento que una tras otra, estas nacionalidades se aliaron con el imperialismo alemán, como enemigos mortales de la Revolución de Octubre. Para ella, “el carácter pequeño burgués de esta fraseología nacionalista está precisamente en su conversión… en un simple instrumento del dominio de clase burgués”. Desconoció la fuerza revolucionaria latente en las nacionalidades oprimidas, no sólo en Rusia, y el papel de las guerras de emancipación nacional como nuevas formas de revolución nacional y engranajes en la lucha del proletariado mundial por la revolución socialista. La política bolchevique frente a las nacionalidades produjo una delimitación con el impotente nacionalismo burgués y creó las condiciones para que emergiera el movimiento de obreros y campesinos revolucionarios, dirigido contra toda opresión, en primer lugar la nacional.

Stalin

La política que llevó a la derrota la Revolución China (1925/27) marcó la ruptura de la política bolchevique en relación con la cuestión nacional. Stalin y la burocracia del Kremlin dedujeron un papel revolucionario de las burguesías coloniales, para justificar su maridaje político y fraternidad de armas con Chiang Kai-shek, la cabeza del nacionalismo burgués. Adulteraron el planteo de Lenin, que marcó la progresividad histórica de la lucha de las naciones oprimidas, pero jamás atribuyó posibilidades revolucionarias a las burguesías de los países atrasados.

Durante quince años, los bolcheviques batallaron por el derecho de las naciones oprimidas a romper con el Imperio de los zares. “Esa audaz definición revolucionaria de la cuestión nacional creó entre los pueblos oprimidos… una confianza inquebrantable hacia el Partido Bolchevique… la política nacional de Lenin es ya un elemento indestructible en el acervo de la humanidad”, sintetizará Trotsky, años después.

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Una de las primeras medidas del naciente gobierno soviético fue el “Decreto sobre la tierra”. Allí se estableció la abolición, sin indemnización, de la propiedad terrateniente y el traslado a los comités agrarios y los soviets de diputados campesinos de distrito de las fincas de los terratenientes, las tierras de la Iglesia y de los monasterios, con todos sus bienes. El Decreto hizo hincapié en la responsabilidad de los soviets para asegurar “el orden más riguroso” en la confiscación.

Los bolcheviques refirieron como antecedente de la medida al “decreto modelo” elaborado por los socialistas revolucionarios  a partir de las 242 demandas presentadas por los delegados campesinos al Comité Ejecutivo Central del Soviet de diputados campesinos, en agosto de 1917. Estas demandas planteaban la distribución de la tierra en base a la igualdad, la prohibición de comprar y vender tierras y, a la vez, de emplear mano de obra asalariada.

Dos meses antes de la Revolución de Octubre, Lenin produjo un giro político en la cuestión de la tierra que fue determinante para la toma del poder y fue la adopción en la práctica de la Revolución Permanente. Declaró que este “decreto modelo” era aceptable como programa y que el gran autoengaño de los socialistas revolucionarios era considerar que este programa se podía llevar adelante sin derrocar al régimen capitalista. Lenin pasó a considerar que, como gran parte de la tierra estaba hipotecada a los bancos, por el endeudamiento de la masa campesina, la confiscación sólo era concebible cuando “la clase revolucionaria haya vencido la resistencia de los capitalistas con el empleo de medidas revolucionarias”. Más en concreto, las 242 demandas campesinas sólo podían realizarse bajo la dirección del proletariado en alianza con los campesinos y en guerra contra el capitalismo.

Este giro político estuvo dictado por la percepción de Lenin sobre la maduración de las condiciones para la toma del poder y por el inexorable avance de la revolución en el campo. Las estadísticas oficiales revelaron mes a mes este desarrollo: en mayo hubo 152 casos de apoderamiento de fincas por la fuerza, en junio, 112; en julio 387; en agosto 440; en septiembre 958. Hacia el otoño ruso la rebelión es creciente y no deja rincón de Rusia sin recorrer (sobre 624 distritos, en 482 crecía la marea campesina en territorios en los que las decisiones de las asambleas campesinas tendían a ser tomadas como leyes. Para una investigadora, “irónicamente, esa orden (el “Decreto sobre la tierra”) mostró la impotencia del gobierno central (Gobierno Provisorio encabezado por Kerensky) puesto que los campesinos habían tomado casi todas las tierras privadas antes de octubre”. Cierto que fue el gobierno soviético el que confirmó esa apropiación y fue la llave maestra del apoyo campesino al gobierno soviético en las aciagas horas por venir, en la Guerra Civil frente a los ejércitos blancos organizados por las potencias imperialistas.

Lenin dio a conocer su nueva política desde su escondite en Finlandia a través de un artículo en el periódico del partido que había reemplazado al suspendido Pravda. Pero pocos advirtieron el giro y el “Decreto sobre la tierra”, presentado junto al de la Paz al Segundo Congreso de Soviets de toda Rusia el 26 de octubre (8 de noviembre) fue “una sorpresa para sus enemigos y muchos de sus partidarios” (Carr). Lenin definió al “decreto modelo” de los socialistas revolucionarios en su discurso de presentación como “la expresión de la voluntad incondicional de la vasta mayoría de los campesinos conscientes de toda Rusia”. El Decreto determinó, además, que las pequeñas posesiones de los campesinos, que labraban directamente sus tierras, quedaban fuera de la confiscación.

En sus escritos sobre la Revolución Rusa, elaborados en la cárcel en 1918, Rosa Luxemburgo criticó el giro de los bolcheviques sobre la cuestión agraria. “La toma de las grandes propiedades agrarias por los campesinos, siguiendo la consigna breve y precisa de Lenin y sus amigos: ‘vayan y aprópiense de la tierra’, llevó simplemente a la transformación súbita y caótica de la gran propiedad agraria en propiedad campesina. No se creó la propiedad social sino una nueva forma de propiedad privada, es decir, la división de grandes propiedades en propiedades medianas o pequeñas, o de unidades de producción grandes relativamente avanzadas en primitivas unidades pequeñas que utilizan técnicas del tiempo de los faraones… la diferenciación creada por la propiedad de la tierra, lejos de eliminarse, se profundizó”.

Sin embargo, ésta fue la llave mayor, junto al “Decreto sobre la paz”, de la victoria de la Revolución de Octubre -sobre esta base se produjo el ingreso de una fracción de los socialistas revolucionarios al primer gobierno bolchevique. La ausencia de un liderazgo obrero había hecho fracasar, siete años antes, la enorme revolución agraria en México, una revolución que había tenido la condena inmisericorde de la II Internacional: “Una revolución campesina plebeya, cuando lo que estaba a la orden del día en México era muy otra cosa, culminar una revolución burguesa”.

León Trotsky, en la Historia de la Revolución Rusa planteó: “Si la cuestión agraria, herencia de barbarie de la vieja historia rusa, hubiera sido o hubiera podido ser resuelta por la burguesía, el proletariado ruso no habría podido subir al poder, en modo alguno, en el año 1917. Para que naciera el Estado soviético fue necesario que coordinasen y se compenetrasen históricamente dos factores de naturaleza histórica completamente distintos: la guerra campesina, movimiento característico de los albores del desarrollo burgués, y el alzamiento proletario, el movimiento que señala el ocaso de la sociedad burguesa. Fruto de esta unión fue el año 1917”.

Por primera vez en la historia, el campesino encontró su guía en el obrero. En esto, la Revolución de Octubre se distingue totalmente de todas las revoluciones que le precedieron y abrió una experiencia histórica.

Vale para hoy, a los 100 años.

 

Referencias

L. Trotsky: Historia de la Revolución Rusa, Galerna, Buenos Aires, 1972.
E.H. Carr: La Revolución Bolchevique, Tomo II, Alianza, Madrid, 1982.
S. Badcock: “Las revoluciones campesinas de 1917”, Jacobin, 23/8/17, www.marxists,org
R. Luxemburgo: La Revolución Rusa, Akal, Madrid, 2017.
C. Rath: “La más importante revolución agraria de la historia” (I) Prensa Obrera N° 1.470.

 

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