16 de mayo de 2018

Christian Rath, una vida entera dedicada a la revolución

Por Jacyn

Tras una dura lucha contra la enfermedad, a la que enfrentó con la entereza propia de un revolucionario, nuestro compañero Christian Rath, "el Colo", falleció esta madrugada. Estuvo internado durante 70 días en terapia intensiva. Los médicos destacaron la resistencia y vitalidad que lo animaban y que le permitieron salir adelante muchas veces, cuando el desenlace parecía inminente. El Colo se fue como vivió. Luchando.

Fue un constructor infatigable del Partido Obrero, uno de los “viejos”, exponente de una generación inolvidable. Transitó más de cinco décadas de actividad política en todos los escenarios de la lucha de clases.

Nació el 1 de septiembre de 1945 en la ciudad de General Roca, provincia de Río Negro. En 1963, se traslada para estudiar en la universidad de Bahía Blanca. Allí entra en contacto con la juventud católica y se integra a la Liga de Estudiantes Humanistas, nacida a instancias del clero en apoyo a la creación de “universidades libres” (confesionales), durante el gobierno de Frondizi. Pero bajo el impulso de la efervescencia política de aquellos años y el impacto de la Revolución Cubana, el Colo junto a otros jóvenes provenientes de Acción Católica y del movimiento “socialcristiano” inician su tránsito a las filas del marxismo revolucionario. Entre ellos se encuentra Ernesto Foix (Marcelo Martín), dirigente de aquel primer núcleo que, entre los años 1964-65 –tras un efímero contacto con el morenismo– se incorpora a Política Obrera. Ernesto fue una gran influencia política y personal para el Colo (“En la vieja residencia para estudiantes en que vivíamos, dos enormes altoparlantes de cara a la Avenida Colón difundieron la Segunda Declaración de La Habana, proclamada por Fidel Castro en febrero del '62, durante días y días”). Juntos se trasladaron luego a Córdoba, donde tuvieron una intensa participación en la preparación de lo que sería el Cordobazo, inicio de un ascenso revolucionario del proletariado industrial que se prolongaría hasta el golpe de 1976. Apenas unos días después del levantamiento obrero, Ernesto moriría en un dudoso accidente, nunca esclarecido. Ese mismo año nace Lisa, primera hija del Colo.

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En ese período, el Colo Rath y sus compañeros fundaron Vanguardia Obrera Mecánica (VOM), una gran agrupación clasista. El Colo fue delegado del SMATA Córdoba y miembro del Comité de Acción y Lucha de la huelga general del SMATA en 1970; poco después participó como delegado por las agrupaciones clasistas del SMATA y la UOM en el Congreso Nacional de Sindicatos y Agrupaciones convocado por los sindicatos clasistas del Sitrac y Sitram, también en Córdoba, en agosto de 1971.

Con la aparición en escena de la Triple A, el Colo tuvo que abandonar la provincia. Recaló en Buenos Aires en plena dictadura, en el año 1977, integrando la dirección del partido en las condiciones más duras de clandestinidad. En 1980 nace Alejandro, su segundo hijo.

 

En 1982, durante el III Congreso del PO, realizado también en la clandestinidad, el Colo (“Juan Carlos Crespo”) tuvo a su cargo el informe político que caracterizaría a Alfonsín como la candidatura apoyada por el imperialismo, con base en la pequeño burguesía, y establecería un pronóstico político que se revelaría completamente acertado (“El fenómeno ´alfonsinista´ es un intento relativamente audaz de explotar la declinación del peronismo y su aguda división interna. Se daría la posibilidad inédita de una derrota electoral del peronismo”). En esos mismos años –o meses–, el Colo reclutó a Gregorio Flores, histórico dirigente del Sitrac-Sitram (“En el ’82, o el ’81, por ahí, no me acuerdo bien las fechas, pero por esa época me vine a Buenos Aires, porque recibimos la amenaza de la Triple A. Y un día lo encontré al Colo, que yo lo conocía de Córdoba, y bueno, charlamos en el subte y me pasó el periódico”). El “Goyo” Flores fue el primer candidato a presidente por el Partido Obrero, en fórmula con Catalina Guagnini. Con ambos, Colo mantendría una amistad entrañable durante muchos años. En aquel debut electoral, fue candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. En 1989, el Colo sería detenido junto al resto del Comité Central del Partido Obrero, acusados por el gobierno de Alfonsín –envuelto en una crisis irrevocable– de haber organizado el saqueo a los supermercados.

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En la segunda mitad de la década del 90, el Colo jugaría un papel de primer orden en la organización del movimiento piquetero. Fue autor de los 21 puntos que aprobó el Congreso Nacional de Trabajadores y Desocupados del Norte de Salta (2000) y organizador de la Primera Asamblea Nacional Piquetera (2001) y de la Asamblea Nacional de Trabajadores (2002-2006). En el Argentinazo del 20 de diciembre de 2001, una vez consumada la caída del gobierno de De la Rúa, el Colo dio un discurso de barricada en la plaza del Congreso, megáfono en mano, tras varias horas de choques con la policía, para la columna del Partido Obrero: "Compañeros, ha empezado la rebelión popular en la Argentina. Ahora volvamos a cada barrio para organizar las asambleas populares”.
 

 

 

El Colo dedicó al estudio de las cuestiones históricas y teóricas un gran rigor. Dictó una cantidad incalculable de cursos y conferencias. En los últimos años, dirigió la Comisión de Educación y Propaganda, una tarea que lo apasionaba. Integró, además, los consejos de redacción de Prensa Obrera y En defensa del marxismo. Entre los centenares de artículos que redactó, probablemente se destaque la serie sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo, publicada en En Defensa del Marxismo (2010). Publicó además los libros Trabajadores, tercerización y burocracia sindical. El caso Mariano Ferreyra (2011) y La revolución clausurada (2013), éste último en coautoría con Andrés Roldán.

En noviembre de 2017, tuvo a su cargo la organización del seminario por los 100 años de la Revolución de Octubre. Por calidad y convocatoria, sin duda se trató de la actividad más importante realizada en Argentina con motivo del centenario de la insurrección bolchevique y probablemente también una de las más relevantes a nivel internacional.

En febrero pasado, fue sometido a una intervención quirúrgica por una grave afección en su columna. Desde entonces, batalló mucho contra este desenlace y logró posponerlo varias veces, hasta que en la madrugada del 16 de mayo su cuerpo dijo basta. Le gustaba citar un verso de Dylan Thomas, que había adoptado prácticamente como una declaración de principios: “No entres dócilmente en esa noche quieta. / La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día; / rabia, rabia contra la agonía de la luz”. Así fue.

En el trato personal, el Colo se caracterizó por su calidez y paciencia infinitas. Disfrutaba de la compañía y la conversación, de los paseos en bicicleta, el asado y el vino; de la música clásica, los libros, el mate y de sus gatos, Vincent y Evo. Lo acompañaron hasta el final los afectos de su familia y compañeros.

Su nombre y legado quedarán inscriptos en la historia de la Revolución, a la cual le dedicó la vida entera.
 

 

 

 


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Christian Rath y el ascenso piquetero del 2001
 

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