15 de mayo de 2018

El Mundial de 1978 (primera nota): la pelea por la organización

Sólo para hinchas
Por Juan Ferro

Se han escrito ríos de tinta sobre el Mundial 78. Hay, para los amantes del fútbol y la historia, centenares de artículos, varios folletos y varios libros sobre ese torneo, pero la mayoría de lo escrito es a prudencial distancia de la fecha en que se produjo y la inmensa mayoría de los que escribieron, tenían otra posición en el Mundial mismo.

En líneas generales se piensa que fue un Mundial armado e instrumentado por la dictadura de Videla para tapar el terror y blanquear internacionalmente a un gobierno genocida, lo que es cierto, pero, como veremos, hay una historia anterior.

Lo primero que corresponde decir es que la Argentina vivió su propio campeonato interno por el título de quién sería el que se beneficiaría políticamente con la Copa del Mundo.

La sede de esta Copa del Mundo fue elegida en el 35º Congreso de la FIFA realizado en Londres en 1966. El otro candidato era México pero, al ser elegido para organizar el mundial de 1970, retiró su candidatura. En ese mismo congreso se determinaron, además, las sedes de los mundiales de 1974 y 1982, los cuales se disputaron en Alemania y España respectivamente.

Lo increíble, lo raro, el único caso, creo que irrepetible, en el planeta, es que entre la fecha en que se designó a la Argentina como sede del mundial y la realización del mismo, el país tuvo la friolera de ocho presidentes: Onganía, Levingston, Lanusse, Cámpora, Lastiri, Perón, Isabel Perón y Videla y todos, absolutamente todos, quisieron sacar beneficios políticos de ello.

La organización del Mundial 78 estuvo a cargo de una dictadura con tres presidentes, luego de un gobierno constitucional y finalmente de otra dictadura.

Onganía fue el primero que soñó con ser él quien recibiría los beneficios de la organización del Mundial en la Argentina, entonces  se metió en el mundo del fútbol, recibió a la selección argentina de pobre actuación en el ´66, encabezada por el recordado Roberto Perfumo, como “los campeones morales” del torneo. Onganía, que creía que se mantendría muchos años en el poder (“Esta revolución es un proceso muy largo, no se puede reestructurar la sociedad en 10 o 20 años”) quería llevarse los beneficios políticos que podía darle el fútbol a su dictadura.

Lamentablemente para él, en 1969 estalló el impresionante movimiento de masas que fue el  “Cordobazo” que liquidó su proyecto.  El “Cordobazo” selló su suerte con las masas, después  el propio Onganía “derrapó” con el fútbol definitivamente, haciendo detener por un mes a tres jugadores de Estudiantes de La Plata que jugaron la final de la copa intercontinental de clubes con el Milan, en un intento vano de “blanquear” la imagen de Argentina.

Poletti, uno de los detenidos, contó años después que, en la previa, un capellán del Ejército los había incitado a obtener la victoria a cualquier precio.  El golero indicó que Onganía pretendía la victoria argentina para tapar la crisis que le había desatado el “Cordobazo”. La misma preocupación que después tendría Videla.

Agotado el onganiato se da comienzo al retorno a un régimen constitucional y recae en el gobierno peronista la organización del mundial. En el ´74 Perón nombra al Ministerio de Bienestar Social como el organizador del Mundial y López Rega quedó entonces a cargo de su organización. Éste rápidamente formó la “Comisión de apoyo al Mundial”, conformada por el comisario Domingo Tesone, el mismísimo Lorenzo Miguel en representación de la CGT y, por la Armada, el vicealmirante Carlos Alberto Lacoste.

López Rega, al igual que Onganía, siempre pensó en el inmenso rédito político que le podía acarrear al peronismo y a él mismo ser el responsable político de la organización del Mundial. Esta comisión armada por “Lopecito” funcionó hasta el golpe de estado a Isabel Martínez de Perón, el 24 de marzo de 1976.

Tras el golpe tomó el mando de la organización la dictadura de Videla. Los milicos reemplazaron la Comisión de Apoyo al Mundial por el Ente Autárquico Mundial (que quedó en la historia como el EAM 78) y nombraron al general Omar Actis y al almirante Carlos Lacoste, como presidente y vice. En el mismo ´76 muere asesinado Actis y finalmente queda a cargo Lacoste, quien, por otra parte, ya estaba en la comisión que había formado López Rega.

La dictadura no puso reparo en los gastos millonarios que se hicieron para el Mundial. Esta vez sí había certeza de que serían ellos los que finalmente lo organizarían y querían obtener también el rédito político de esa organización.

Nunca se explicitaron los gastos previos al Mundial en materia de los nuevos estadios que se hicieron en Mendoza, en Córdoba y en Mar del Plata, ni de las reformas a los estadios de River, Vélez y Rosario Central, las nuevas carreteras, las nuevas tecnologías para la televisación del mundial. La dictadura tampoco dio cuenta de los resultados económicos del mismo, que nunca fueron presentados públicamente, ni nadie los pidió en aquellos tiempos por razones obvias. Eran los tiempos de la amenaza velada bajo la propaganda “el silencio es salud”.  

Los milicos tenían canilla libre para gastar lo que fuera necesario para blanquear una imagen que estaba siendo cuestionada entre  las organizaciones de derechos humanos de Europa, que luego hicieron una campaña de boicot al mundial.

Aunque esto será motivo de la segunda nota.

Hasta la próxima. 

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