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Perfil de Rosa Luxemburgo, a 99 años de su asesinato

Digitalizada por primera vez, una semblanza de 1959 de "una de las más heroicas y brillantes militantes del marxismo mundial"

A 99 años del asesinato de Rosa Luxemburgo, compartimos el extracto final (y el facsímil completo) de un suplemento especial publicado en Política Obrera n° 44 (20/1/1969), cuando se cumplía el 50° aniversario del hecho.

El autor del material es A. Sáenz, quien había publicado este trabajo por vez primera por Ediciones Masas de La Paz, Bolivia, en noviembre de 1959.

Su personalidad

La burguesía mundial tuvo en Rosa Luxemburgo a una de sus más encarnizadas adversarias, aunque la lucha revolucionaria alemana no había logrado estructurar un partido que expresase fielmente esta lucha y significase la real vanguardia del proletariado. La prensa y los intelectuales al servicio de la burguesía la llamaban "Rosa la sanguinaria", queriendo con este adjetivo expresar su odio y su menosprecio. En las caricaturas se la hacía aparecer como a una mujer exaltada en una locura furiosa, sin más sentimientos que la violencia sangrienta.

La verdadera personalidad de esta brillante teórica y magnífica revolucionaria, era de una sensibilidad profundamente humana y delicada, de sentimientos generosos y de una infinita ternura. Amaba apasionadamente a las flores, las aves y toda la belleza que tiene la naturaleza. "El mundo es hermoso, sólo nosotros somos desgarbados" ("Cartas"). El alma infantil la conmovía dulcemente. La rama de hierba asomada a la ventana de su prisión la regocijaba como a una niña. Amaba todo expresión de belleza: la música, la poesía, un paisaje. Sus cartas de la prisión revelan su exquisita personalidad femenina y la nobleza sin límites de sus sentimientos unidas a una entereza excepcional. La lealtad para sus principios políticos y para sus afectos de amistad era inconmovible. Esta conjunción maravillosa hacía de Rosa una luchadora múltiple que encarnaba fielmente los anhelos de liberación de los explotados. Su coraje indomable y su profunda fe en la revolución la mantuvieron firmemente en las primeras trincheras de la lucha. Dominaba al destino y jamás se mostró abatida. En la prisión, en una celda oscura y estrecha, enferma y con los nervios exasperados, supo conservar su notable optimismo y nunca desfallecer. Las condiciones subhumanas en las que tuvo que vivir en la cárcel jamás mellaron su convicción revolucionaria. Al contrario, desde allí continuó luchando y dando ejemplo de valor y de fe. Frecuentemente repitió a sus amigos: "En la vida social, como en la vida privada, es necesario aceptar todo con la misma tranquilidad, con el espíritu elevado, con una dulce sonrisa." Su espíritu heroico y su fuerza de voluntad nunca decayeron; el abatimiento y el cansancio jamás quebraron su fortaleza. Rosa fue la amiga incomparable que mitiga los sufrimientos de los demás, dándoles en todo momento el tesoro de su nobleza y de su generosidad.

La lucha contra la guerra

La socialdemocracia alemana organizó una escuela socialista a la que asistían obreros, militantes, dirigentes sindicales e intelectuales. Rosa colaboró como profesora de Economía Política y fue el mejor elemento con el que contó dicha escuela. Su auditorio la escuchaba con admiración y respeto, subyugados por su fuerte personalidad.

Sus lecciones de Economía Política han sido reunidas en dos obras: “Introducción a la economía política” y “La acumulación del capital”. Esta última contiene un análisis del imperialismo, como una política que permite la realización total de la plusvalía, y afirma que es la iniciación de la revolución socialista: "a la coalición del capitalismo mundial debe corresponder la unidad del frente proletario".

En 1914 la socialdemocracia alemana capitula y pasa al campo imperialista. Sus parlamentarios votan por los empréstitos de guerra, colocándose así en una posición antimarxista y reaccionaria. Se asiste al hundimiento total de la Segunda Internacional.

El 4 de agosto, el día en que el bloque parlamentario socialdemócrata vota por los créditos de guerra, Luxemburgo se reúne con algunos camaradas, entre ellos: Franz Mehring, Clara Zetkin, K. Liebknecht y da nacimiento al grupo "Espartaco". Inmediatamente en todos los confines, en Saxe, en Wurtemberg, en el Rhur las mujeres y los jóvenes se organizan clandestinamente para luchar contra la guerra. Rosa considera una tarea inmediata la organización de una fuerte resistencia a la política guerrera de la socialdemocracia. En 1916 publica "La internacional", toma su dirección juntamente con Mehring, contando con la colaboración de Paul Lange Trobel, Clara Zetkin, Thalheimer. Este periódico fue prohibido después de su primer número. Luxemburgo, Mehring y la Zetkin son acusados y procesados por el “crimen” de alta traición.

El 19 de febrero de 1916 es apresada, cuando se preparaba a partir hacia Holanda, donde debía concurrir a una conferencia internacional de mujeres. Al poco tiempo sale en libertad, oportunidad en que los obreros le demuestran su adhesión ofreciéndole un caluroso recibimiento. En la prisión escribió su famoso folleto sobre "La crisis de la Socialdemocracia", donde se pone de manifiesto la importancia del internacionalismo proletario.

El 1° de mayo de 1916 el grupo Espartaco convoca a los obreros de Berlín a manifestarse en la plaza de Postdam. Miles de manifestantes saludaron con gritos a R.Luxemburgo y a K. Liebknecht.

"¡Abajo la guerra!" "¡Abajo el gobierno! ", grita Liebknecht que está con uniforme de soldado, siendo inmediatamente arrestado. Con todo, el movimiento contra la guerra marcha con las velas desplegadas. Después del arresto de Liebknecht, el grupo Espartaco, bajo la dirección de Rosa, despliega una intensa actividad para demostrar el admirable gesto del diputado-soldado Karl Liebknecht.

El 28 de junio Liebknecht fue condenado a un año y medio de prisión. Cincuenta y cinco mil obreros de una fábrica de municiones de Berlín se declararon en huelga el día del proceso. En Stuttgart y Brenner se realizaron grandes manifestaciones protestando por las medidas represivas.

El 19 de julio R. Luxemburgo es nuevamente arrestada por su actividad revolucionaria; igualmente Mehring, que en ese entonces contaba con 70 años de edad. Es en tales circunstancias que Leo Jogiches se pone a la cabeza del movimiento. "Las cartas de Espartaco”, que cuenta en Rosa con una de sus más fieles colaboradoras, continúan apareciendo regularmente. Encerrada en la prisión de mujeres de Berlín, cae nuevamente enferma. En octubre es trasladada a la cárcel de Wronke y en julio de 1917 es llevada a la prisión de Breslau. Después de dos años, o sea en 1918, la revolución alemana es la que recién logra libertarla.

Entonces el objeto de sus preocupaciones es la revolución rusa. En "Cartas de Espartaco" hace un brillante análisis de este fenómeno histórico. Antes de producirse los sucesos decisivos de Octubre ella sostuvo la inevitabilidad de la dictadura del proletariado: "O la contrarrevolución o la dictadura del proletariado" "O Kaledin o Lenin".

A pesar de las diferencias que la distancian de Lenin y Trotsky, les rinde su caluroso homenaje, por considerar que son los conductores auténticos de la revolución rusa. Sus reparos al régimen bolchevique los sintetiza en su folleto "La revolución rusa".

Cuando estalla la revolución rusa en 1917 se encontraba R. Luxemburgo en prisión. Indudablemente que estos acontecimientos le causan una sincera alegría y le reconfortan su ánimo. Esa revolución significaba el triunfo de la táctica política que ella había preconizado para la lucha socialista en caso de guerra. Personalmente para ella esos hechos tuvieron resultados adversos y por eso escribió a Diefenbach: "Mis posibilidades de libertad disminuyen con los acontecimientos de Rusia. Pero mis amigos al fin se encuentran en libertad. Esto me llena de optimismo sin paralelo”.

Los socialistas de derecha de la socialdemocracia alemana sostenían que el internacionalismo de Luxemburgo se debía a su origen judío. Las persecuciones sangrientas contra los judíos polacos y los progroms que había visto en su niñez podían haber influido en la formación de esa convicción. Con todo, sus adversarios estaban equivocados; su internacionalismo se basaba en el socialismo científico, en la convicción de que “el interés de los trabajadores es para todos el muro frente a los intereses capitalistas”, de que “la sola defensa verdadera de las libertades nacionales es la lucha de clases internacional contra el imperialismo". Ella era una apasionada luchadora por el internacionalismo, creía que uno de los pilares en que debía descansar la fortaleza de la revolución socialista era la solidaridad internacional obrera. Tal vez sobre estimó la importancia de la espontánea solidaridad internacional de los trabajadores, pasando por encima de la importancia que tiene la estructuración de una vanguardia política del proletariado.

La Revolución Alemana

El 1° de octubre de 1918 H. Hindenburg y Ludendorff  (1) exigen a la Entente una paz inmediata. En estas circunstancias el grupo Espartaco convoca a una reunión nacional. Hay agitación entre los soldados; los soviets de soldados y obreros se constituyen por todas partes. Se establece un gobierno parlamentario del que forma parte Scheidemann (2). El 28 de octubre se dicta una amnistía general y son puestos en libertad R. Luxemburgo y K. Liebknech.

Rosa había envejecido. Sus hermosos caballos negros encanecieron. El 10 de noviembre los soviets de obreros y soldados llevaron a la cabeza del poder a Ebert (2).

El 18 de noviembre aparece el primer número de "Bandera Roja", bajo la dirección de R. Luxemburgo, y en sus páginas se esbozó el programa de la revolución: "Confiscación de los bienes de la vieja dinastía y de los grandes latifundistas”. “Formación de una guardia roja para la protección permanente de la revolución y formación de milicias obreras”. Al mismo tiempo, denuncia la actitud pusilánime del gobierno Ebert, que burla los fines de la revolución.

Mientras tanto la contrarrevolución se organiza y se apresta al ataque. Se descubren complots reaccionarios en importantes ciudades. En Berlín la dirección de los soviets y los redactores de "Bandera Roja" son arrestados. Los soldados que forman parte del grupo Espartaco aparecen asesinados en las calles.

El 7 de diciembre de 1918 Karl Liebknecht es arrestado nuevamente. La caza de los jefes espartaquistas estaba en marcha. La casa de Luxemburgo es asaltada por la policía y tiene que buscar muchos refugios para no ser arrestada. A pesar de todo, su espíritu de lucha no decae y se muestra más enérgica y firme. Vive a salto de mata.

Del 12 al 20 de diciembre se realiza el primer congreso de soviets de obreros y soldados. Con este motivo miles de obreros desfilan por las calles de Berlín en vibrantes manifestaciones. Las masas se encaminan a luchar por el poder obrero y  por la socialización de los medios de producción.

El grupo Espartaco se propone conquistar el ala izquierda del movimiento obrero y convoca a un congreso nacional, de donde nace el Partido Comunista Alemán.

La contrarrevolución emprende la lucha decisiva. Después del 27 de diciembre, Berlín es invadida por las tropas y el intento de destrozar el movimiento Espartaco es una realidad. A partir de esta fecha el movimiento revolucionario es duramente golpeado. Los socialistas, guiados por Luxemburgo, dan la consigna de unidad de acción revolucionaria, de desarme de la reacción y de armamento de los obreros.

Muerte de Rosa Luxemburgo

El triunfo de la contrarrevolución es un hecho. El 11 de enero de 1919 R. Luxemburgo y K. Liebknecht se ven obligados a buscar asilo en el seno de una familia obrera. Allí escribe un artículo póstumo: "El orden reina en Berlín". El 15 de enero se ocultan en la casa 53 de la calle Mannheim. A las 9 de la noche una tropa de soldados los arresta, siendo conducidos al hotel Edén, donde los oficiales monarquistas habían organizado el crimen. Liebknecht fue trasladado en automóvil al jardín zoológico y allí es asesinado. Luego le tocó el turno a Rosa Luxemburgo, el teniente Vogel la mató de un balazo en la cabeza y su cadáver fue arrojado a un canal. Así se cumplió su deseo de morir en el puesto de combate: "A pesar de todo moriré, como espero, en mi puesto: en una huelga callejera o en el presidio" (Carta a Sonia Liebknecht del 2 de mayo de 1917).

De esta manera trágica y salvaje sucumbe, a los 49 años, la vida de una de las más heroicas y brillantes militantes del marxismo mundial. La contrarrevolución alentó la esperanza de que con la muerte de R. Luxemburgo y K. Liebknecht y muchos otros héroes de la clase obrera aplastaría definitivamente la revolución.

La derrota de la revolución alemana de 1918 fue originada, indudablemente, por no haberse estructurado debidamente el partido político de la clase obrera, capaz de tomar el poder en sus manos. Se subestimaron las fuerzas de la reacción y se sobreestimó el empuje de las masas. R. Luxemburgo y los socialistas alemanes confiaron más en el coraje instintivo de los obreros que en la fortaleza organizativa del partido revolucionario. La vanguardia política del proletariado alemán no se había convertido aún en el caudillo del país y la revolución empujada por los obreros desorganizados quedó aislada y rápidamente destruida. Este gravísimo error costó la vida de miles de combatientes sacrificados y de la más grande revolucionaria de nuestra época.

R. Luxemburgo y los socialistas alemanes pensaron que convirtiendo al grupo Espartaco en un partido político por simple resolución de un congreso, este partido, nacido así, sin antes haberse enraizado en las masas mayoritarias, podía cumplir el papel de dirigente de la revolución. La madurez política de los obreros alemanes había llegado a un nivel importante; aún más, ese proletariado tenía una legendaria tradición y era considerado el más avanzado de la avanzada Europa. Sin embargo, esa madurez política, esa tradición revolucionaria, no se había integrado en el partido político disciplinado y férreo, semejante al de los bolcheviques.

La carencia de un partido fuertemente organizado no sólo privó al movimiento revolucionario de una clara inteligencia, de una admirable marxista, de una heroica combatiente de la revolución socialista, que todo eso y mucho más fue Rosa Luxemburgo, sino que causó el retroceso de las masas y, por tanto, el aplastamiento de la revolución y cuyas consecuencias aún no ha superado el proletariado alemán.

Rosa Luxemburgo consagró su vida íntegra a la revolución, nos dejó su ejemplo de militancia y firmeza, junto a sus escritos de inestimable valor. Entre sus trabajos teóricos se destaca “¿Reforma social o revolución?", que ha sido escrito como réplica a los revisionistas de todos los tiempos, desde Bernstein hasta Stalin. Este folleto constituye un valiosísimo instrumento de capacitación política y de lucha revolucionaria. Luxemburgo expone brillantemente que el reformismo es una posición oportunista se que pone al servicio de la burguesía. El proletariado tiene la misión histórica y vital de hacer su revolución, como el único camino de la total emancipación de los explotados. "¿Reforma social o revolución?" es la expresión palpitante de la personalidad de Rosa Luxemburgo.

Notas

(1) Líderes militares del gobierno imperialista alemán durante la Primera Guerra Mundial. Hindenburg ejercería luego, desde 1925 a 1934, el cargo de presidente de Alemania.

(2) Philipp Scheidemann y Friedrich Ebert, dirigentes del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD).
 

Para seguir leyendo:

Rosa Luxemburgo y la Revolución Rusa

El Partido Socialdemócrata Alemán de 1918 a 1921

Política Obrera- Suplemento Especial a 50 años del asesinato de Rosa Luxemburgo - Documento completo en PDF

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