Aniversarios

23/3/2026

La complicidad de Mercedes-Benz y el Smata con la dictadura cívico-militar

Tuvieron un rol fundamental en la desaparición de delegados y activistas obreros. 

Planta de la automotriz en Virrey del Pino.

En el periodo más oscuro de la historia de nuestro país, durante la dictadura genocida que siguió al golpe del '76, las automotrices y el gremio metalmecánico tuvieron un rol fundamental en la desaparición de activistas obreros. 

Mercedes-Benz Argentina había sido la primera filial de la marca en radicarse fuera de Alemania. En 1951 la automotriz se instaló en Virrey del Pino, González Catán. Desde sus comienzos la empresa empleó a más de 4.000 operarios. 

En la década del ‘70 el ascenso del movimiento obrero lograba cambiar los “aires internos” de la fábrica, mejorando las condiciones laborales y los salarios de los trabajadores, con luchas y organización.  

Esta situación empezó a preocupar a la patronal y a José Rodríguez, secretario general de Smata, quien puso al servicio de la empresa alemana su fuerza de choque para intentar controlar a una comisión interna integrada en su mayoría por delegados combativos denominados: “el grupo de los 9”. 

Eran los “cuestionadores” de las directivas verticalistas de la burocracia sindical. Los “cuestionamientos” empezaron a escalar y en octubre de 1975, con la complicidad del por entonces ministro de Trabajo Carlos Ruckauf que declaró ilegal una acción gremial de cese de tareas por reclamos de mejoras laborales, la patronal avanzó en el despido de 115 operarios, entre ellos toda la comisión interna y activistas en su mayoría “influenciados por la izquierda”, como se encargó de comunicar Rodríguez.

El despido masivo precipitó una huelga de 22 días con asambleas diarias, que planteaban los 4.000 adentro o los 4.000 afuera. Esta posición clasista por parte de los obreros logró un triunfo para los trabajadores, quienes fueron incorporados nuevamente a la automotriz, sin imaginarse que esta experiencia sería el comienzo de una persecución sistemática por parte de la patronal y del gremio. 

La dictadura llegó para “ordenar” la “indisciplina obrera” 

El 24 de  marzo de 1976 la dictadura militar llegaba para “poner orden” y “terminar con la sublevación guerrillera” como reclamaba la burguesía, pero especialmente lo que llamaron la “guerrilla fabril”, es decir ponerle un coto a la organización de las y los trabajadores, persiguiendo, matando y desapareciendo a gran parte del activismo obrero. Para esta tarea no solo fue necesaria la complicidad de los patrones, sino también la participación de algunos burócratas sindicales. 

La persecución dentro de las terminales automotrices fue sistemática. Los militares intervinieron las gerencias fabriles, contaron con el apoyo de gerentes y personal del gremio metalmecánico cuya tarea era realizar “listas negras” con nombres de trabajadores que eran “mala influencia” o “alborotadores”. Durante el transcurso de 1976 en Mercedes-Benz fueron secuestrados 17 obreros, muchos desde sus puestos de trabajo y otros arrebatados de sus hogares hacia centros clandestinos de detención. Sólo 3 compañeros sobrevivieron, los 14 restantes siguen desaparecidos. 

El año anterior el secretario general del gremio, Rodríguez, declaró que alguien debía poner en marcha el ordenamiento, pero que necesitaban “recursos” para dicha tarea. Con ese fin se firmaba el 1 de junio de 1975 un nuevo convenio donde se acordaba la participación en las ganancias empresariales recibiendo el gremio el 1% del valor de cada unidad terminada.

Tanto Mercedes-Benz como Ford fueron los máximos proveedores de vehículos para la dictadura militar, desde los Falcon verdes utilizados para secuestrar personas hasta los camiones Unimog utilizados para el desplazamiento de tropas.  

Esto agigantó las ganancias patronales, financiando a los burócratas del Smata, como consta en el acta de Contribución Empresarial para el Cumplimiento y Desarrollo de los Fines Culturales, Gremiales y Sociales del sindicato: “Los aportes resultantes deberán depositarse en la cuenta del S.M.A.T.A. en el Banco Nación Argentina Casa Central. Los fondos aportados serán objeto de una administración y contabilización especial, que se llevará y documentará separada e independientemente de los demás bienes y fondos de la organización sindical, y la administración será ejercida exclusivamente por el Consejo Directivo Nacional del S.M.A.T.A.”

Los registros existen, pero la Justicia no… 

En el documental de la periodista alemana Gaby Weber, titulado “Milagros no hay” (que fue reeditado en 2017), se muestra claramente la intervención de los máximos gerentes de producción y de seguridad de la empresa Mercedes-Benz para “restablecer el orden”, ya que los obreros se habían “pasado de la raya”. Uno de los gerentes declaró que para eso se habían empleado “métodos eficaces”, cerrando su testimonio en los “juicios por la verdad” diciendo: señor juez, milagros no hay. 

Durante el mismo juicio se demostró cómo los gerentes de la más alta esferas de la marca alemana, en su mayoría exmilitares germanos asociados a grupos nazis, se apropiaron de hijos de trabajadores desaparecidos. Incluso el jefe de seguridad de Mercedes-Benz, el excomisario Rubén Lavallen, participó personalmente de la detención de los trabajadores dentro de planta y fue quien se apropió ilegalmente de Paula Logares, cuyos padres fueron desaparecidos por la dictadura, pero tiempo después fue recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo y restituida a su familia. 

Tan fluida era la relación de la automotriz con la junta militar que a comienzos del proceso Mercedes-Benz “donó” un equipo de neonatología al hospital militar de Campo de Mayo, donde funcionó la maternidad clandestina más grande del país durante la dictadura, dando lugar al nacimiento de más de 200 niñas y niños que aún hoy siguen con su identidad apropiada. 

La Justicia miró hacia otro lado durante años, sobreseyendo a los máximos responsables de la automotriz y dejando de investigar incluso la “adopción” dudosa de hijos e hijas por parte de los gerentes de dicha empresa. A las familias de los 14 trabajadores desaparecidos y a los 3 compañeros sobrevivientes nunca se les dio explicación de lo sucedido. 

Como cada 24 de marzo, seguiremos luchando por memoria, verdad y justicia. 

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