Cultura

20/3/2026

Cuando River fue punk

A 30 años de la despedida de los Ramones en Argentina

La identificación entre los Ramones y el público argentino no fue casual ni inmediata

Más de 45 mil personas colmaron en marzo de 1996 el estadio de River Plate  para despedir a los Ramones. Aquella noche no fue solamente un recital masivo: fue la culminación de una relación singular entre una banda fundamental del punk y una generación que había hecho de sus canciones una forma de identidad. En el marco de la gira Adiós Amigos! —titulada como su último disco— el grupo neoyorquino se despedía definitivamente de los escenarios ante un público que lo había adoptado como propio a lo largo de más de una década de visitas.

La jornada reunió a distintas expresiones de la escena punk de la época. Sobre el mismo escenario pasaron figuras como Iggy Pop, Die Toten Hosen y bandas locales como Attaque 77 y 2 Minutos, evidenciando la magnitud cultural del evento. Guitarra y bajo acelerados, los coros multitudinarios y el pogo interminable transformaron la despedida en una experiencia física compartida. Miles de gargantas coreaban el “hey ho, let’s go” de “Blitzkrieg Bop”, mientras la energía se sostenía hasta los últimos acordes de “Have You Ever Seen the Rain?”, el emotivo cover de Creedence Clearwater Revival con el que la banda selló su adiós. Más de 30 canciones, varios temas interpretados por C.J. Ramone,  reforzaron la sensación compartida de estar asistiendo al final de una época.

Era además la séptima visita de los Ramones al país (entre otros hitos, tocaron en Vélez junto a Motorhead e hicieron seis presentaciones en Obras en una semana), un dato que habla de la intensidad de un vínculo poco frecuente entre una banda internacional y su público. Aquella despedida no solo marcaba el cierre de una trayectoria musical clave para la historia del punk, sino también el final de una forma de vivir el rock y de encontrarse colectivamente en los recitales.

Un dato pintoresco de aquellas jornadas fue la promoción fallida de Coca-Cola, que ofreció un canje de tapitas por entradas. Más de 3 mil personas se presentaron en Florida y Lavalle, pero las entradas no aparecieron, lo que derivó en enfrentamientos entre los fans defraudados de la banda y la policía.

Punk barrial y cultura juvenil

La identificación entre los Ramones y el público argentino no fue casual ni inmediata, sino el resultado de años de circulación cultural, discos grabados en cassette y apropiaciones que transformaron al punk en una expresión profundamente local. En un país donde el rock funcionó históricamente como espacio de construcción identitaria juvenil, la simpleza musical, la velocidad y la actitud directa de la banda encontraron una resonancia particular entre sectores populares y franjas de clase media golpeadas por las transformaciones económicas de la década.

Bandas como Attaque 77, 2 Minutos o Flema tradujeron esa influencia al paisaje urbano argentino, llevando el punk desde los circuitos underground hacia una masividad impensada pocos años antes. Recitales en espacios emblemáticos como Cemento o en clubes de barrio se convirtieron en puntos de encuentro donde miles de jóvenes intercambiaban fanzines, grabaciones y experiencias en común.

La cultura de la autogestión de materiales y la apropiación estética del punk configuraban una sociabilidad propia de la juventud. Para muchos pibes y pibas, los recitales no eran únicamente momentos de entretenimiento: eran espacios donde afirmar identidad y pertenencia frente a una realidad social cada vez más incierta. Para miles de jóvenes que crecieron en los noventa, el punk no fue una moda sino una forma de atravesar una época.

Juventud bajo el neoliberalismo

La despedida de 1996 tuvo lugar en plena consolidación del modelo neoliberal impulsado por el gobierno menemista. Privatizaciones, desocupación creciente y precarización laboral impactaron con fuerza sobre las condiciones de vida de amplios sectores populares, especialmente entre los jóvenes, que veían reducirse sus perspectivas de futuro. A esto se sumaba un endurecimiento de las políticas de control social que tenía como blanco frecuente a las tribus urbanas, objeto de razzias policiales, detenciones arbitrarias y persecuciones en el espacio público.

En ese escenario, el punk y los recitales funcionaron como formas de resistencia cultural y de catarsis colectiva. La masividad del show despedida de los Ramones evidenció hasta qué punto existía un tejido juvenil dispuesto a apropiarse de la cultura para expresar su malestar y construir identidad en medio del ajuste y la desigualdad.

Treinta años después, las condiciones que atravesaban a aquella generación resuenan en la experiencia de muchos jóvenes que vuelven a enfrentar precarización, incertidumbre económica y falta de perspectivas. Recordar aquella noche en que el punk llenó la cancha de River no implica solo mirar con nostalgia el pasado del rock, sino recuperar una experiencia colectiva que mostró cómo la cultura juvenil puede transformarse en un terreno de organización simbólica y resistencia frente a las políticas que buscan disciplinar el presente.

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