Internacionales
21/10/2026
Brasil: derrotemos a Bolsonaro y Trump en las calles y en las urnas
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El triunfo de Flávio Bolsonaro sobre Lula da Silva por una diferencia de 1,78 puntos porcentuales en la primera vuelta de la elección presidencial brasileña abre un balotaje entre ambos candidatos el próximo 25 de octubre. La posibilidad de una victoria bolsonarista, con el apoyo directo de Trump, Marco Rubio, Milei y la derecha internacional, ha provocado una gran preocupación entre los trabajadores, los estudiantes y la izquierda de Brasil y de América Latina.
1-Las elecciones brasileñas forman parte de la ofensiva fascistoide y guerrerista internacional. Trump y Marco Rubio han relanzado una doctrina Monroe reforzada: la invasión de Venezuela, el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa y la imposición de un gobierno que administra un protectorado norteamericano; el fraude electoral que llevó a Keiko Fujimori a la presidencia peruana, mediante el cómputo del voto exterior en las embajadas; el apoyo, incluso con armas y municiones, a Rodrigo Paz contra el levantamiento indígena, campesino y obrero en Bolivia; y el respaldo a Kast en Chile y a De la Espriella en Colombia. El pacto del Escudo de las Américas habilita la intervención militar y policial bajo el pretexto de combatir el “narcoterrorismo”, mientras Washington procura instalar bases en la Patagonia argentina, Ecuador y otros países.
Esta ofensiva busca alinear al continente detrás del imperialismo norteamericano en su confrontación con China y con las potencias rivales, en medio de la profundización de la crisis capitalista mundial. El control de los minerales estratégicos y de los recursos de la región integra esa preparación guerrerista. Tiene un antecedente en la política desplegada por Washington alrededor de la Declaración de La Habana de 1940, cuando se preparaba para intervenir en la Segunda Guerra Mundial. La conquista del gobierno brasileño por el bolsonarismo reforzaría este bloque derechista y la presión por un cambio de régimen en Cuba, incluida la amenaza de una intervención militar.
2-Trump viene interviniendo abiertamente para desplazar a Lula y favorecer a Flávio Bolsonaro, quien anunció que, si llega al gobierno, adherirá al Escudo de las Américas. Las presiones diplomáticas, los aranceles discriminatorios, la injerencia contra las condenas de Jair Bolsonaro y de los golpistas de enero de 2023, las amenazas de intervención contra el narcotráfico y el cierre de la embajada y los consulados norteamericanos en vísperas de la elección, constituyen instrumentos de esa política. Junto al de Trump, Bolsonaro ha recibido también el apoyo del genocida sionista Netanyahu. Milei ha actuado como un promotor de esta orientación en la región. Tampoco puede descartarse que una derrota electoral de Flávio Bolsonaro dé lugar a nuevas tentativas de desconocimiento del resultado y desestabilización, como ocurrió después de la derrota de su padre.
Una victoria bolsonarista reforzaría el ataque contra las conquistas obreras y las libertades democráticas, apoyado en las posiciones de la derecha en el Congreso y las gobernaciones. La masacre policial de octubre de 2025 en las favelas de Río, que dejó 122 muertos, anticipa el alcance de esa orientación represiva. La elección de un inspector de policía aliado al bolsonarismo al frente de esa gobernación refuerza este peligro. A la ofensiva contra las condiciones de vida se sumaría un nuevo impulso a la injerencia imperialista en América Latina (Folha de S.Paulo, 12 /10).
3-La amenaza de un triunfo de Bolsonaro ha impulsado grandes manifestaciones, con una participación destacada del movimiento estudiantil y de la juventud. El 11 de octubre, una multitud ocupó la avenida Paulista de San Pablo; la campaña de Lula estimó la concurrencia en un millón de personas. Al día siguiente se realizaron movilizaciones en Copacabana y un festival en Lapa, en Río de Janeiro, junto con acciones en otras ciudades.
Estas movilizaciones tienen como centro la disputa electoral y el voto a Lula para impedir el triunfo de Bolsonaro. Aunque recogen una disposición a ganar las calles e incluyen iniciativas surgidas de los propios participantes, siguen condicionadas política y organizativamente por el aparato del lulismo, que procura encauzarlas hacia la campaña y sujetarlas a sus acuerdos con la burguesía. Su masividad no permite afirmar que hayan superado esa dirección ni que constituyan ya una intervención independiente de la clase obrera. La posibilidad de avanzar en ese sentido depende de una lucha política dentro del movimiento, por una organización y un programa propios de los trabajadores.
La incorporación del reclamo contra el régimen laboral de seis días de trabajo por uno de descanso muestra, sin embargo, que la movilización puede abrir un terreno para las reivindicaciones obreras. La sustitución de esa jornada de 44 horas por otra de 40 horas, distribuidas en cinco días de trabajo y dos de descanso, sin reducción salarial, alcanza a unos 15 millones de trabajadores. Bolsonaro y el Partido Liberal pretendían postergar la votación hasta la asunción del nuevo Congreso, en enero de 2027, y reemplazar la reducción de jornada por horarios “libres” pactados entre patrones y trabajadores. La presión popular y el costo electoral de esa posición los obligaron a votar favorablemente. Flávio Bolsonaro también retrocedió en su decisión de no participar en los debates televisivos que comienzan el 18 de octubre.
Ese retroceso no modifica los compromisos patronales del bolsonarismo ni garantiza la aplicación efectiva de la conquista. Es necesario defenderla frente a los intentos de vaciarla mediante la flexibilización y el pago por horas, y convertirla en un punto de apoyo para recuperar los derechos arrebatados por las reformas anteriores.
4-En este cuadro, el Partido Obrero llama a profundizar las movilizaciones y a votar críticamente a Lula en el balotaje del 25 de octubre, para contribuir a la derrota electoral del bolsonarismo. Acompañamos a los trabajadores y jóvenes que recurren a ese voto para cerrarle el paso a la derecha y buscamos desarrollar su disposición a la lucha. Esta decisión no otorga apoyo político a Lula, a su fórmula con Geraldo Alckmin ni a su coalición con partidos patronales; tampoco compromete respaldo a un próximo gobierno. Mantenemos nuestra oposición al frente popular y a su política de colaboración de clases.
El gobierno del PT ha contribuido a la recomposición del bolsonarismo al frustrar las expectativas de recuperación de las conquistas perdidas. Mantuvo la reforma laboral de Temer y la previsional de Bolsonaro, preservó los compromisos con los acreedores de la deuda pública y subordinó las necesidades populares a la “estabilidad económica” reclamada por el gran capital. La burocracia de la CUT y de las demás centrales contuvo las luchas para sostener al gobierno. Esa política desmoralizó y desmovilizó a sectores de los explotados y dejó el descontento de los trabajadores precarizados, endeudados y agobiados por el costo de vida expuesto a la demagogia derechista.
En la primera vuelta del 4 de octubre llamamos a no votar ni al bolsonarismo, ni al frente de Lula y Alckmin, representante este último de la burguesía liberal. Promovimos el voto al PSTU, pese a nuestras profundas diferencias políticas, como un paso hacia el reagrupamiento de una vanguardia obrera y de izquierda independiente de las alternativas burguesas. Ese objetivo conserva toda su vigencia. En el balotaje, donde no existe una candidatura de independencia de clase, el voto crítico a Lula constituye una decisión para esta confrontación electoral. La lucha por una organización política independiente de los trabajadores debe continuar dentro de esta intervención.
Llamamos a impulsar asambleas en fábricas, lugares de trabajo y sindicatos para resolver la participación colectiva en las movilizaciones y votar pliegos de reivindicaciones. Reclamamos a la CUT y a las demás centrales la convocatoria de un Congreso Nacional de Trabajadores que resuelva un programa y un plan de lucha, frente a la ofensiva de los gobernadores y de las mayorías parlamentarias y a la política lulista de negociar a costa de las demandas populares. Impulsamos comités de acción y coordinaciones con el movimiento estudiantil y las organizaciones populares, con delegados elegidos y mandatos de asamblea, y planteamos el frente único a todas las organizaciones obreras.
El programa debe recoger los reclamos que Lula dejó insatisfechos: recuperación de salarios y jubilaciones, aumento de emergencia frente al costo de vida, fin de la precarización y los despidos, derogación de las reformas laboral y previsional y defensa de la educación y la salud públicas. Su realización exige enfrentar el ajuste fiscal y el pago de la deuda a costa de las necesidades sociales. Ninguna reivindicación debe postergarse para ofrecer garantías al empresariado durante la campaña o facilitar los acuerdos de un futuro gobierno.
La continuidad de la organización después del balotaje será decisiva, cualquiera sea el resultado. Si gana Lula, los trabajadores deberán enfrentar los ajustes y las concesiones de su gobierno a la derecha y al trumpismo; si vence Bolsonaro, deberán organizar la resistencia a su ofensiva. La fuerza reunida durante la campaña solo podrá sostener esa lucha si conquista su independencia política y organizativa frente al gobierno y los partidos patronales.
El Partido Obrero llama a la izquierda que defiende la independencia de clase a intervenir con esta orientación y a reforzar la solidaridad de los trabajadores argentinos con sus hermanos brasileños. Una derrota de Bolsonaro golpearía a Trump y a Milei. Tonificaría la resistencia a Milei en la Argentina y contra la derecha en toda América Latina. La tarea de la izquierda es contribuir a esa derrota y disputar al lulismo la dirección de los trabajadores movilizados, para que puedan enfrentar al gobierno que surja de las urnas y abrir una salida política propia de la clase obrera.
Comité Nacional del Partido Obrero (20/10/26)



