Internacionales
23/10/2026
Derrotar a Bolsonaro en las calles y en las urnas
Brasil, a 48 horas de las elecciones

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A menos de 48 horas de la segunda vuelta electoral presidencial en Brasil, las encuestas dan que habrían levantado un poco las intenciones de voto a Lula y descendido, también un poco, las de Bolsonaro. Algunas encuestas, la mayoría, siguen dando ganador a Bolsonaro; pero han aparecido algunas que le otorgan el triunfo a Lula. Todas por escaso margen: lo que se llama un “empate técnico”.
Bolsonaro ganó en la primera vuelta, realizada el 4 de octubre, por un escaso 1,87% de diferencia, cuando las encuestas previas daban que Lula se impondría por pocos votos. Esta reversión que se estaría produciendo, vendría a caballo de la semi espontánea movilización de masas que surgió, fundamentalmente, a partir de la juventud estudiantil (que ya hemos descripto en notas anteriores). La juventud ganó las calles apretada por el temor de que la lista fascistoide, reaccionaria y abiertamente pro-Trump de Bolsonaro, pudiera terminar ganando la elección presidencial. Los resultados de la primera vuelta dieron un amplio margen a las listas derechistas que conquistaron mayorías de diputados y senadores y en las gobernaciones provinciales.
Uno de los factores que más influyó en la movilización juvenil/popular, fue que trascendió que Bolsonaro estaba haciendo todos las maniobras posibles para que la votación de la ley que eliminaba el régimen laboral del 6 x 1 (44 horas semanales en 6 días de trabajo y 1 de descanso) por otro de 5 x 2 (4 horas menos de trabajo semanal, sin reducción salarial, en 5 días de trabajo y 2 de descanso) fuera postergada. Fue una de las consignas centrales coreada en las masivas manifestaciones realizadas. La gran radicalización juvenil/popular y su masividad, obligó al propio Bolsonaro a cambiar de posición y llamar a su bancada a votar a favor. Ha trascendido, sin embargo, que Flávio Bolsonaro, bajo cuerda, hizo llegar a las cámaras patronales la promesa de que si gana y con el nuevo parlamento que asumiría el 1° de enero, modificaría la ley votada, limitando sus alcances. Bolsonaro y los senadores derechistas se vieron obligados a votar la derogación de aspectos del régimen laboral superexplotador.
Pero… Lula le ha puesto un freno objetivo a la movilización social. El planteamiento político de la alianza frentepopulista (Frente Amplio de la Esperanza) giró en torno a la lucha contra la “corrupción” y en defensa de las instituciones constitucionales. Varios dirigentes de su alianza han planteado la necesidad de extender y profundizar la movilización por reclamos sociales postergados de las masas, para mantener e incrementar la lucha popular. Pero las nuevas medidas que adoptó Lula (presentar un proyecto de ley para imponer la gratuidad del transporte público los fines de semana y feriados) son aspirinas. El problema central de las masas es que con sus salarios (los que están en blanco) y sus ingresos (más del 40% de los informales) no llegan a fin de mes. Esto está siendo obviado por el lulismo. En su lugar Lula vuelve a competir con Bolsonaro en materia de “seguridad”. Anuncia la creación de un nuevo ministerio de Seguridad y envía un proyecto para bajar la edad de imputabilidad para la aplicación de la legislación penal de 18 a 16 años (Bolsonaro a su vez la baja de 16 a 14 años).
El debate presidencial entre Lula y Bolsonaro, realizado el viernes 16/10 por la red Bandeirantes fue anodino. Lula no pudo ofrecer ninguna perspectiva real de cambio social, porque no la tiene. Representa un frente de colaboración de clases dirigido por la burguesía liberal, al cual se han subordinado las burocracias de las organizaciones obreras y de masas, borrando a las masas del escenario nacional. Hecho que ha sido aprovechado por la derecha fascistoide para avanzar. Este viernes 23 se realizará el último debate presidencial por la red nacional de O Globo, que en las condiciones de empate técnico puede, quizás, ayudar a definir tendencias.
Para las masas trabajadoras y explotadas aparece como fundamental impedir que el Bolsonaro de Trump y la derecha fascitoide mundial, apoyado por los Milei, llegue al poder. La oposición inicial de la derecha a la derogación del 6 x 1 superexplotador, evidencia -igual que su adaptación y promesa de hacer retroceder aspectos de la misma cuando Bolsonaro, eventualmente, asuma el poder- el rumbo que adoptará.
En la elección del 2022, Lula fue apoyado abiertamente por el imperialismo yanqui, representado por Biden. Este fue quien frenó el conato golpista de Bolsonaro para impedir que asumiera Lula el gobierno, disciplinando a las Fuerzas Armadas en ese momento. Ahora la situación cambió, el ascenso de Trump y su política de intervención militar en Latinoamérica lo ha colocado en forma ofensiva y provocativa del lado de Bolsonaro.
Tanto Lula/Alckmin, como Bolsonaro/Marco Rubio, representan a dos variantes burguesas patronales que no solo quieren mantener la explotación capitalista del pueblo, sino que pretenden descargar la crisis capitalista sobre las condiciones de vida de las masas. Bolsonaro se ha subordinado directamente al imperialismo trumpista en la ofensiva que este desarrolla en América Latina para encolumnarla bajo el Escudo de las Américas. Y amenaza con una acentuación de la represión y reacción política con tintes fascistoideos.
En una elección de balotaje solo se puede optar entre dos candidaturas. No hay en la elección del domingo 25/10, ninguna lista que represente algún tipo de posición obrera independiente. En estas condiciones es necesario llevar adelante lo que plantea la Resolución del Comité Nacional del PO: “Derrotemos a Bolsonaro y Trump en las calles y en las urnas”. Votemos contra Bolsonaro usando la boleta de Lula, sin dar ningún apoyo político al pasado, al presente y al futuro del lulismo frentepopulista. Los frentes de colaboración de clases se transforman en un freno de la lucha de las masas subordinándolas a la burguesía “nacional” y “liberal” y alientan las provocaciones y el crecimiento de la derecha y el fascismo. Tampoco se presenta en lo inmediato un ascenso revolucionario que plantee la huelga general y que a través del boicot electoral acelere las condiciones para una insurrección obrera/popular.
Por el contrario, el ascenso que se está protagonizando en Brasil gira, justamente, en la comprensión de las masas de reagruparse votando contra el bolsonarismo. Es más, Milei como portavoz del trumpismo-bolsonarismo, ha salido a despotricar de que si Bolsonaro pierde la elección, sería una demostración de fraude. Justificando, por adelantado, la posibilidad de un golpe. Si hubiera un golpe derechista contra el resultado electoral habría que movilizarse, apelando a la huelga general. Las actuales manifestaciones masivas de repudio a Bolsonaro, plantean un cuadro complejo para el golpe, que podría transformarse en una guerra civil. Pero si vamos a enfrentar el golpe, con más razón debemos llamar a votar contra Bolsonaro para que este no llegue al poder ni a través de la elección, ni a través del golpe. Una derrota de Bolsonaro el domingo 25 será un aliciente para la lucha de los trabajadores latinoamericanos y del mundo. Gane quien gane la elección, las masas deberán enfrentar los ataques e intentos de ajuste: el actual proceso de manifestaciones de masas crean un mejor cuadro para poder desarrollarlas. Para lo cual es prioritario, trabajar para producir un reagrupamiento independiente del frentepopulismo lulista, un reagrupamiento político socialista independiente.

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