Internacionales
15/9/2026
El mercado de la guerra y el auge del mercenariazgo
Qué indica el caso de los argentinos contratados para el conflicto en Ucrania.
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Presidente del Centro de Estudiantes del Joaquín V. González (CEJVG)
El caso de los mercenarios argentinos contratados para las filas otanistas en la guerra entre Ucrania y Rusia es solo un hecho dentro de un proceso mucho más profundo y arraigado en un contexto global de crisis y tendencias belicistas. El fenómeno de las Empresas Militares Privadas excede por mucho al conflicto en cuestión, pero sí su influencia y participación en distintos teatros de operaciones ha escalado en la última década.
Estas empresas, a las cuales les corresponde más la denominación grupos paramilitares, tienen sus grandes exponentes que actúan generalmente como brazo armado paralelo al servicio de su Nación de origen como es Constellis (ex Blackwater), en el caso norteamericano, o el Grupo Wagner, en el caso ruso. Aún así, las redes globales de mercenarios exceden las nomenclaturas oficiales/públicas.
Otra pestilencia de un sistema en descomposición
Al auge de este fenómeno se le pueden atribuir dos causas, que si bien no son las únicas, merecen particular atención. En primer lugar las dificultades de los Estados burgueses, ya no solo para costear las aventuras bélicas, sino para reclutar a su propia población, cada vez más reacia a ser carne de cañón en las guerras imperialistas. Este aparenta ser el motivo principal por el cual Ucrania y la Otan buscan reforzar sus filas en base a la población latinoamericana.
En segundo lugar, y estrechamente ligado a esto último, la precaria situación de los trabajadores, particularmente de la juventud, en América Latina. Esto ofrece un terreno permeable para la aparición del mercenariazgo, que se presenta como “salida laboral”.
A esto debe agregarse la cuestión de las Fuerzas Armadas, ya con formación marcial y que dado también su generalizada precarización ven más rentable o bien participar activamente en el conflicto en cuestión, o bien pasar a formar parte de las redes de reclutamiento locales, como es el caso de la ex sargento de la policía bonaerense Griselda Inés Ortiz.
Poco relevantes son para la comprensión real del problema que se les haya mentido en cuanto al pago o las tareas a realizar en el frente; lo que no se debe perder de vista son estas cuestiones estructurales, enraizadas e inherentes a un sistema capitalista en descomposición. Si bien merecerían un mayor desarrollo, cabe mencionar también dentro de los factores la plena complicidad estatal, como el silencio de la Cancillería argentina, o las cuestiones de género transversal a todo este fenómeno.
Abriendo el mapa
Si este caso tuvo relevancia en la prensa local es primero, porque los implicados son argentinos y segundo porque se encontraban en Europa. Pero el fenómeno se extiende a lo largo y ancho del planeta. Algunos casos a destacar:
Colombia: las características históricas de Colombia lo vuelven un caldo de cultivo propicio para ser una fuente de oferta de mano de obra bélica para un escenario global cada vez más demandante La militarización a partir del Plan Colombia y los años de actividad guerrillera y paramilitar dejaron a disposición de este mercado en auge una gran masa con experiencia bélica.
Sahel: en esta región subsahariana, con emergentes gobiernos nacionalistas, las empresas contratistas encontraron un enorme mercado en el cual ofrecer sus servicios para que estos Estados -debilitados por el histórico control del imperialismo galo- enfrenten a los grupos extremistas islámicos como Estado Islamico en el Gran Sahara o JNIM, asociada a Al Qaeda.
Emiratos Arabes Unidos: grandes financistas de la guerra, las monarquías del golfo se han valido de la mano de obra mercenaria para inclinar la balanza regional en favor de sus intereses, tanto contra los Hutíes o, cruzando el Mar Rojo, financiando y apoyando a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), perpetradoras del genocidio sudanes.
Por una superación de la etapa de crisis y guerras
Las tendencias belicistas son inherentes e indivisibles de un capitalismo putrefacto, que arrastra a la órbita mercantil de la forma más cruda a las grandes mayorías. El fenómeno del mercenariazgo es solo un aspecto de todo este entramado. Diría Milei: “es un mercado más”.
Los mercenarios capturados en el frente no son considerados prisioneros de guerra por el derecho internacional, lo cual libera a cualquiera de las partes de toda responsabilidad diplomática, y abre un camino directo a la barbarización absoluta.
Ante este escenario, es la clase obrera organizada a nivel internacional la única que puede provocar un cambio de rumbo. La lucha contra la guerra imperialista sólo puede desarrollarse consecuentemente en tanto sea una lucha contra el capital, sus Estados y sus gobiernos.
Ni guerra entre los pueblos, ni paz entre las clases.



