Internacionales

28/10/2026

Estados Unidos a una semana de las elecciones legislativas

El desgaste de Trump abre una crisis cuyo desenlace dependerá de la intervención de los trabajadores.

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Trump en campaña

Trump llega al 3 de noviembre golpeado por la carestía y las guerras. Su ofensiva contra los trabajadores y otros pueblos no consigue restaurar la supremacía estadounidense. La posibilidad de perder el Congreso amenaza su tentativa de concentrar el poder y abre la disputa por la sucesión de 2028. Una derrota golpearía al ascenso derechista internacional y a Milei, sostenido por Washington. Que ese retroceso desemboque en una conquista popular dependerá de quién recoja sus frutos y de cómo intervengan las masas.

La aprobación presidencial cayó al 31% y apenas se recuperó al 32% en la última encuesta de Reuters/Ipsos. Los demócratas aventajan a los republicanos por 47% a 36% entre los votantes registrados (Reuters, 26/10). El desgaste alcanza distritos oscilantes y bastiones conservadores pero el diseño de los distritos y la distribución del voto limitan su traducción en bancas. Para recuperar el Senado, los demócratas necesitan conquistar 4 bancas más de las que poseen en la actualidad. Una de las tendencias que se constata en las encuestas es que el retroceso de Trump no devuelve automáticamente a sus adversarios los apoyos perdidos. El desencanto latino no se convierte en adhesión demócrata y lo mismo sucede entre los votantes negros donde el rechazo a Trump convive con la abstención. El descontento alcanza a un establishment demócrata divorciado de las aspiraciones populares.

Carestía y guerra: ¿cuál es el panorama general?

Trump está en su peor su momento. Por un lado, tenemos el desmadre inflacionario y la incertidumbre que existe respecto a la actividad económica, en la que cada vez asoma más un escenario de recesión con inflación ("stagflation"). El malestar que contribuyó a la derrota demócrata en 2024 se vuelve ahora contra los republicanos. En septiembre, los precios aumentaron 0,6% y acumularon un 3,7% interanual. La gasolina subió 9,1% en un mes y explicó más de la mitad del incremento mensual y paralelamente volvió a encarecerse la vivienda. Septiembre agregó apenas 29.000 puestos no agrícolas, con una desocupación del 4,2%. Lo cual se agrava pues las revisiones de los resultados restaron otros 60.000 empleos a julio y agosto (Bureau of Labor Statistics, 2/10).

La expansión apoyada en la inteligencia artificial convive con el freno de otros sectores. Las cotizaciones tecnológicas descansan en ganancias futuras inciertas: una frustración de esas expectativas golpearía al crédito y al empleo mientras las tasas elevadas encarecen las deudas familiares y el financiamiento de un Estado cuya deuda supera los 40 billones de dólares.

Por otro lado, tenemos el impacto de la escalada belicista, en particular, la guerra contra Irán que ha reducido el abastecimiento del petróleo y aumentado su precio, cuestión que se está trasladando al resto de la economía. El rechazo que suscita la guerra de Irán en la población se combina con la oposición al genocidio en Gaza y al respaldo al Estado sionista. Las necesidades electorales imponen pausas en la escalada, pero dejan abiertas las condiciones para nuevos ataques después de los comicios. La tregua con China, entretanto, aplaza los enfrentamientos por minerales críticos, semiconductores y compras agrícolas. Estamos simplemente ante una pausa de un conflicto que está abierto y escala. Las guerras y el proteccionismo agravan las contradicciones del declive estadounidense.

La encerrona demócrata

Uno de los elementos que se destaca en el actual escenario político de EEUU es el ascenso de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA) que viene canalizando parte de la radicalización de jóvenes, activistas sindicales e inquilinos. Su actividad electoral permanece entrelazada e integrada electoralmente al Partido Demócrata, aunque su Comisión Electoral Nacional declara el objetivo de un partido socialista independiente y reivindica candidaturas con boletas propias (DSA, 21/8/2025).

Esto provoca que los candidatos enrolados en esta corriente terminen atrapados en la estructura del partido demócrata y en su mecánica de funcionamiento. Los cargos que van acumulando presionan a los referentes electos y no electos del DSA para no sacar los pies del plato y que prevalezca una política conservadora. El aparato demócrata distribuye recursos y exige disciplina: sus compromisos burgueses condicionan a quienes pretenden transformarlo desde adentro.

La gestión de Mamdani en Nueva York muestra esos límites. La continuidad de Jessica Tischa al frente de la policía proveniente de la gestión anterior y el respaldo del alcalde a la gobernadora demócrata chocan con las expectativas de la campaña. Administrar el Estado capitalista enfrenta a quienes se reclaman socialistas con las demandas de sus votantes cuando la satisfacción de esa demanda entra en colisión con la propiedad capitalista y el aparato represivo.

En Los Ángeles, los defensores dentro del DSA de la candidatura de Nithya Raman reivindican, siguiendo al sociólogo marxista francés Nicos Poulantzas, una vía al socialismo mediante reformas estatales y organización desde abajo. Groundwork, uno de los grupos referentes del DSA, cuestiona los compromisos de Raman con las instituciones y la estructura tradicional del partido demócrata pero, de todos modos, propone un apoyo crítico. El desacuerdo permanece dentro de una estrategia reformista común que alienta una expectativa -que se ha revelado infundada- de transformación social en el marco del orden social vigente. Ganar una alcaldía no equivale a conquistar el poder de la clase obrera (Socialista Majority, 20/8; Groundwork, 25/8).

La integración del DSA dentro de la estructura del partido demócrata retiene en un partido imperialista a sectores de los trabajadores y la juventud que podrían construir una organización propia. Sanders llamó a votar por Hillary Clinton y después por Biden. Las expectativas en una candidatura de Alexandria Ocasio-Cortez para 2028, todavía no formalizada, amenazan con repetir esa experiencia. La misma encrucijada se presenta para el movimiento obrero.

El movimiento sindical tiene una presencia gravitante en el país, pero sus direcciones colocan la capacidad de acción obrera al servicio de candidatos comprometidos con el capital. En las protestas contra Trump, los trabajadores quedan diluidos como ciudadanos, sin actuar como clase con su propio programa. El hecho de que en listas demócratas haya dirigentes sindicales no cambia esta situación en la que lo que prevalece es la subordinación a la cúpula del partido. Shaw Fin, dirigente del sindicato automotriz UAW, a su turno, combina la confrontación con las empresas con el respaldo a aranceles y a la renegociación del acuerdo comercial norteamericano. Ese nacionalismo apoya aspectos de la política de Trump y divide a los trabajadores. La protección comercial no impide a las automotrices exigir flexibilización y despidos. Defender el empleo reclama una acción común con los trabajadores mexicanos y canadienses, independiente de la nacionalidad de los accionistas.

Fuera del bipartidismo que domina el escenario electoral, está el Partido Verde que se presenta en forma independiente. Su plataforma política combina un anticapitalismo de palabra con la convivencia de empresas privadas, cooperativas y estatales y un planteo de reforma de las corporaciones. Una boleta independiente no resuelve por sí sola la independencia de clase. Corresponde defender su derecho a competir frente a las trabas proscriptivas que el régimen promueve, pero, al mismo tiempo es necesario diferenciar ese reformismo, que se mueve dentro del orden social capitalista vigente, de una política y un programa propio de la clase obrera que dispute el poder y apunte a una transformación socialista de la sociedad.

En este contexto, es necesario valorizar la candidatura obrera y socialista de Kshama Sawant en Washington quien vinculó los reclamos de vivienda, salud e inmigración con la intervención obrera y el socialismo y logró cosechar en las primarias el 17 por ciento de los votos y específicamente en la ciudad de Seattle reunió el 35%. Aunque quedó fuera de la elección general, muestra que hay un terreno para abrirse paso fuera del aparato demócrata y conquistar un respaldo importante en franjas de los trabajadores y la juventud. El argumento del voto útil, en cambio, condena a los trabajadores a renunciar indefinidamente a una representación propia.

La disputa por el resultado y la intervención obrera

Ante un escenario adverso, Trump intensifica las maniobras para restringir el voto opositor. Las impugnaciones al voto postal y los padrones se combinan con la intimidación que generan los operativos contra inmigrantes. La Corte Suprema ha puesto límites a las medidas dispuestas por el magnate en materia electoral y arancelaria. El hecho de que haya una mayoría conservadora no significa que el máximo tribunal actúe en piloto automático en función de las apetencias de Trump; está obligado a velar por los intereses generales de la clase capitalista de modo de evitar una fractura del régimen.

El antecedente del asalto al Capitolio impide, sin embargo, descartar un desconocimiento de resultados. Esta vez no habrá una transferencia presidencial que bloquear, sino numerosas elecciones legislativas y estatales. Una impugnación local puede adquirir alcance nacional si define el control del Congreso. Las presiones sobre recuentos y certificaciones permiten intervenir sin una operación centralizada.

La depuración de la cúpula militar busca subordinarla a la Casa Blanca. Eso no convierte automáticamente a las Fuerzas Armadas en una correa de transmisión presidencial, pero no garantiza su neutralidad. Las agencias federales, las policías y las autoridades estatales también pueden ejercer coerción. El alcance de una tentativa de desconocer el voto dependerá de las divisiones burguesas, los apoyos estatales y la resistencia popular.

Una victoria demócrata abriría choques sobre presupuestos, investigaciones y nombramientos y hasta de pedidos de juicio político mientras Trump conservaría la presidencia. Los demócratas procurarían contener esos conflictos dentro de la gobernabilidad capitalista. No olvidemos que la ofensiva contra los trabajadores, en especial de los migrantes y el militarismo cuentan con el respaldo de ambos partidos.

Las protestas No Kings del 17 de octubre pasado mostraron la extensión del rechazo a Trump, aunque su orientación se concentró en la participación electoral. El problema es desarrollar esa energía mediante una intervención obrera con sus propias reivindicaciones. Esperar hasta 2028 dejaría avanzar los despidos, la represión y la militarización, para apostar luego por otro presidente imperialista.

Unir a trabajadores documentados e indocumentados, enfrentar la persecución contra los migrantes y organizar la lucha contra la carestía puede preparar una acción nacional y poner en discusión la huelga general. Ese camino exige combatir la subordinación sindical a los partidos patronales. Una clase obrera que enfrente y paralice a las corporaciones que financian a ambos partidos y sostienen la guerra golpearía al centro imperialista y a sus aliados, incluido Milei. Transformar el desgaste de Trump en una conquista duradera exige construir, desde las luchas presentes, una alternativa obrera y socialista que dispute el poder.

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