La cumbre mundial progresista no es una alternativa a Trump y la guerra imperialista

Sobre el encuentro en Barcelona

La cumbre en Barcelona

El pasado fin de semana sesionaron en Barcelona dos cumbres relacionadas del llamado progresismo internacional. La primera de ellas, la Movilización Global Progresista, es una iniciativa que surgió en el último congreso del Partido de los Socialistas Europeos (PES), avalada después por la Internacional Socialista y la Alianza Progresista. Participaron jefes de Estado, partidos políticos, economistas, etc. La segunda, llamada Cumbre por la Democracia, estuvo restringida a jefes de Estado, como el español Pedro Sánchez, Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia), Claudia Sheinbaum (México) y Cyril Ramaphosa (Sudáfrica), entre otros. También estuvieron en Barcelona el gobernador de Minnesota, el demócrata Tim Walz, y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof.

El sitio de la Movilización Global Progresista no ha colgado resoluciones específicas de estos encuentros, por lo que dependemos de la información difundida por los medios de comunicación.

En términos generales, el espacio se presenta como una referencia global alternativa a la ultraderecha. Sin embargo, lo primero que llama la atención es la cautela con que se trató al principal exponente de ella, es decir, a Donald Trump. Los cronistas de los medios coinciden en señalar que casi no hubo referencias explícitas al mandatario yanqui. Apenas Lula lo aludió tácitamente en su discurso cuando se refirió a gobernantes que declaran guerras por sus redes sociales. El presidente colombiano, Gustavo Petro, quien, en los últimos meses, buscó un canal de entendimiento con el magnate, ante las amenazas de un ataque militar, dijo a la prensa, en vísperas del encuentro, que el mismo no era en contra de nadie, sino a favor de una política más justa.

A la hora de referirse a las expresiones concretas de la ofensiva del imperialismo yanqui, en el encuentro de presidentes hubo algunas referencias a Cuba. La mexicana Claudia Sheinbaum propuso una resolución contra una intervención militar a la isla, y Lula condenó el bloqueo. Posteriormente, México, España y Brasil emitieron un comunicado conjunto en el que señalan que mantendrán su ayuda humanitaria. Sin embargo, se trata de una resolución pérfida, ya que México, cediendo a la campaña de Trump, cortó el suministro de petróleo a la isla, en el preciso momento en que Cuba más lo necesitaba. Y Brasil, que ha sobrepasado, en materia de exportación de petróleo, en este último año, a las exportaciones de soja, no dirige una solo gota de hidrocarburos a la isla asediada. Este solo ejemplo práctico muestra ya una cosa: los gobiernos progresistas y “nacionales y populares” no son una vía para derrotar la ofensiva imperialista y a la ultraderecha.

Fuera de esto, los discursos de la cumbre no fueron mucho más allá de una crítica al funcionamiento de las Naciones Unidas (en cuyo Consejo de Seguridad, cinco naciones disponen de poder de veto) y el reclamo de una ONU más activa y más democrática, preferentemente con una mujer a la cabeza, según la propuesta de Sánchez. Lo demás fueron referencias genéricas al multilateralismo, a la regulación de las empresas tecnológicas, de las redes sociales, a la justicia social y la igualdad de género. Puro palabrerío.

El talón de Aquiles de la cumbre, sin embargo, es que se dedicó a hablar sobre la paz y contra la guerra mientras su principal impulsor, la socialdemocracia europea, apoya a Ucrania en la guerra contra Rusia, así como el aumento de los presupuestos militares y la Otan. No plantean el cierre de las bases de la alianza militar imperialista, utilizadas para las aventuras guerreristas imperialistas contra los países semicoloniales. En este marco, todo lo que se pueda decir contra la guerra es una impostura.

En general, se trata de posturas electoralistas para constituir frentes de apoyo a los gobiernos que enfrentan oposiciones derechistas, como Brasil o España, que afrontan comicios presidenciales y autonómicos este año. Es un intento de subordinar a los trabajadores y sus organizaciones detrás de frentes populares de colaboración de clases, atándolos de manos para que no encaren luchas por sus reivindicaciones.

Una verdadera alternativa a la ultraderecha y la guerra imperialista sólo puede provenir de la organización y movilización mundial de los trabajadores. En esa perspectiva, una reciente reunión virtual de organizaciones de Argentina, México, Estados Unidos, Italia, Grecia, Turquía e Irán resolvió impulsar una conferencia internacionalista para el mes de julio en Atenas. Luchemos contra la ofensiva imperialista de Trump, contra el genocidio en Gaza, por la derrota de la agresión a Irán y Líbano, contra la guerra imperialista y los gobiernos del hambre, y por una internacional revolucionaria. En Latinoamérica sería fundamental -para romper el bloqueo sobre Cuba y la intervención militar yanqui, bajo la excusa de la lucha contra el “narcotráfico”- la realización de una conferencia antiimperialista latinoamericana de la izquierda, propuesta hecha por el Partido Obrero a la mesa del Frente de Izquierda Unidad.