Internacionales
10/1/2026
La guerra de Trump se desarrolla también dentro de Estados Unidos
Asesinato y represión en Minneapolis y Portland.
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Movilizaciones en Minneapolis con la ICE
El asesinato de una mujer de 37 años por parte de un agente del Servicio de Inmigración y control de Aduanas (ICE) Minneapolis, Minnesota, ha conmocionado el país. Apenas un día después, agentes fronterizos estadounidenses dispararon contra dos personas en un control de vehículo en Portland, dejando a ambos heridos. Las versiones oficiales sobre ambos episodios se revelaron como una pantalla para encubrir la verdad de lo ocurrido. Las evidencias contradicen esta narrativa, mostrando el accionar criminal de las fuerzas de seguridad, lo que ha desatado la indignación pública
Las protestas en Minneapolis se extendieron más allá de la ciudad, convocando manifestaciones solidarias en otras metrópolis como Nueva York, Seattle, Los Ángeles, Chicago y Filadelfia, entre otras, reflejando un descontento nacional frente a la política de Washington.
La administración Trump ha defendido estas acciones como parte de una estrategia más amplia de control migratorio, incluyendo operativos masivos y despliegue de fuerzas federales en ciudades con gobiernos demócratas. Funcionarios como la secretaria de Seguridad Nacional y el vicepresidente James David Vance han respaldado los operativos, describiendo a críticos como “radicales” y justificando el uso de la fuerza como respuesta a amenazas percibidas contra agentes federales.
Esta política ha intensificado las tensiones con gobernadores y alcaldes demócratas, que han denunciado la interferencia federal. En varios Estados, se ha solicitado que el gobierno federal retire a sus agentes y respete las competencias locales en materia de seguridad pública.
Una política de Estado
Estos acontecimientos no se limitan a incidentes aislados de violencia, sino que representan una política del Estado norteamericano. El gobierno de Trump busca consolidar una militarización de la seguridad interna, lo que no solo apunta a controlar a las masas de migrantes sino también a disciplinar a todas las clases sociales y en primer lugar a la clase obrera norteamericana.
Es necesario ver el hilo conductor que existe entre la política exterior en la está empeñado Trump y su política interna. La escalada militar en la que está empeñado el magnate responde a una tendencia de fondo del imperialismo yanqui dirigido a rediseñar el planeta a su medida y de acuerdo a sus necesidades, contrarrestar el declive que registra como principal potencia y afianzar su liderazgo en el concierto mundial que ha ido perdiendo terreno esta última década. Lo de Venezuela es prácticamente una declaración de guerra encubierta y está en correspondencia con la ofensiva que está desarrollando en todo el continente y que está en consonancia con la nueva estrategia de seguridad que acaba de publicar la Casa Blanca dirigida a provocar un salto en la tutela y control político de todos los países de la región, Cuba, Colombia, Groenlandia aparecen como blancos más próximos de esta escalada
Esta guerra en el exterior no se puede llevar adelante sin un régimen de guerra interno. El cercenamiento de las libertades democráticas, la represión interna y el auge de las tendencias facistoides, la persecución de quienes levantan una voz de discordia y protesta, incluidos los funcionarios públicos, la concentración del poder en manos de Trump, pasando por encima del Congreso y de todos los poderes del Estado, la transformación de la democracia norteamericana en un régimen de poder personal y en una suerte de dictadura civil es funcional a este objetivo.
No se trata solamente de migración o seguridad, sino de una reconfiguración del poder estatal y de clase en un momento donde el capitalismo enfrenta una crisis de fondo. Para comprender estos eventos en perspectiva, es clave situarlos dentro de la historia más amplia de la persecución de la inmigración y de la regimentación de la vida interna que se ha ido extendiendo. El ICE fue creado en marzo de 2003 como parte de la reorganización del gobierno tras los ataques de las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001. Las deportaciones masivas han sido un común denominador tanto de republicanos como de demócratas. Estamos en presencia de un patrón que ha contado con un consentimiento de la burguesía norteamericana de la cual todos los gobiernos de turno que se han alternado en el poder han sido tributarios
El año 2025 fue el más mortífero en más de dos décadas para personas en custodia de ICE. Durante el cierre del gobierno en otoño de 2025 como resultado de la crisis abierta en torno a los topes que autorizaba al Congreso para contraer deuda, más de 65.000 personas fueron arrestadas y decenas de miles deportadas, muchas sin antecedentes crimínales
El impulso a reforzar ICE y otras agencias durante periodos de crisis económica o política revela que la seguridad fronteriza y las políticas migratorias funcionan como mecanismos de control social, reduciendo no sólo la capacidad de organización de los trabajadores migrantes sino también siendo una suerte de “advertencia” para toda la clase obrera.
La existencia de una población migrante vulnerable permite a sectores empresariales reducir salarios y flexibilizar condiciones laborales. La intensificación de políticas represivas tiende a intensificarse en los momentos de crisis, incentivando a la clase dominante a contener derechos laborales y fragmentar la solidaridad de clase.
Aunque estas protestas a menudo se articulan en términos de derechos humanos, civiles y libertades democráticas, son también manifestaciones de resistencia de los trabajadores y capas sociales más postergadas contra las políticas del capital que buscan descargar el peso de la crisis capitalista sobre los hombros de la población laboriosa. Desde este punto de vista, la lucha por derechos migratorios se entrelaza con la lucha de clases más amplia. Trump tuiteó, solo unas horas después del asesinato de Minneapolis, que quiere aumentar el presupuesto militar en un 50% este año, hasta alcanzar los 1,5 billones de dólares. Eso requerirá recortes aún más drásticos en las prestaciones sociales, desde la educación y la sanidad hasta la Seguridad Social.
Una crisis política en regla
La situación está escalando y amenaza abrir una crisis política de grandes dimensiones. Incluso, un escenario de guerra civil no es algo descabellado.
El gobernador de Minnesota, Tim Walz, reconoció el peligro de una intervención militar federal a gran escala en el Estado. Dijo que había notificado a la Guardia Nacional de Minnesota que estuviera lista para una orden de despliegue en caso de que los más de 2.000 agentes federales enviados a su Estado no fueran retirados. Pero al mismo tiempo ha tratado de desactivar la movilización popular, diciendo que “los habitantes de Minnesota no muerdan el anzuelo... No les permitan invocar la Ley de Insurrección. No les permitan declarar la ley marcial” (SWS, 7/1).
Los demócratas aconsejan “moderación” ante una ofensiva que no se detiene por parte de la Casa Blanca. Las chances de derrotar esta escalada no va provenir del Partido Demócrata que se limita a pedir que el magnate rectifique su política, lo cual es una vía muerta y destinada al fracaso. La conducta de los demócratas se ha caracterizado desde la asunción de Trump en su segundo mandato por una adaptación a las medidas tomadas por el magnate. Aunque han tratado de disimularlo con alguna declaración simbólica han dejado hacer a la Casa Blanca, dándole una suerte de guiño al ataque militar contra Venezuela. No olvidemos que los demócratas son responsables del manto de impunidad que logró Trump frente a su intento de golpe de Estado el 6 de enero de 2021, abriéndole la oportunidad de retornar al poder cuatro años después.
Lo que puede cambiar la situación es la acción popular, que se está abriendo paso. Todavía las movilizaciones son minoritarias pero pueden ir escalando. Entre las consignas escuchadas en las protestas están: “No ICE, No KKK(Ku Klux Klan), No Fascista USA” que combina rechazo al ICE con una crítica al fascismo y la política reaccionaria y opresiva que está llevando el gobierno federal. Viene al caso señalar que el capital político de Trump se está erosionado con rapidez. Sus índices de popularidad y de apoyo a su mandato han llegado a menos del 40 por ciento. Va creciendo el descontento de la población que ve que el gobierno va a los tumbos, aumenta la inflación y el crecimiento económico débil, incierto e inestable no se condice con la recuperación económica que prometía el magnate. Las condiciones políticas y sociales empiezan a tornarse más favorables para una reacción popular y para que se produzca un giro político en el país. Un antecedente muy cercano son las marchas multitudinarias “No Kings” (Ningún rey) iniciada en junio de 2025 contra un régimen cada vez más militarizado y represivo. En este contexto, dentro del riñón republicano crece el temor de que pierdan las elecciones intermedias, lo cual convertiría a Trump en un “pato rengo” los dos últimos años de su mandato. Un indicador que esto podría suceder es el revés electoral sufrido por el partido gobernante no solo en Nueva York sino en otros estados, incluido el de Florida.
La conclusión que vuelve a ratificar la historia reciente, es que la lucha contra la derecha y la amenaza fascista está reservada para los trabajadores. De ningún modo se la puede delegar a Partido Demócrata. La primera tarea que está planteada es impulsar la movilización en curso, masificarla y extenderla a nivel nacional. Establecer mecanismos de deliberación y coordinación popular para derrotar la escalada en curso.
Las organizaciones obreras deben involucrarse en este proceso, lo cual pone sobre el tapete la necesidad de romper con las ataduras de los sindicatos con la burguesía y sus partidos. Un pliego de reclamos plantea: el arresto y el enjuiciamiento de todos los responsables del asesinato de Minneapolis y de la represión en Portland; la retirada de todas las fuerzas del ICE y fuerzas de seguridad federales de Minneapolis y de todas las ciudades; la liberación inmediata de todos los detenidos bajo custodia del ICE y el fin de todas las redadas y deportaciones; plenos derechos legales para todos los trabajadores migrantes y sus familias. Y en ese marco, incorporar las reivindicaciones por el salario, la defensa de los puestos de trabajo y las condiciones laborales que hoy siguen insatisfechas.
Al calor de la organización de esta lucha, adquiere una renovada actualidad la construcción de una fuerza política independiente, sin ataduras con los demócratas y demás partidos tradicionales, que son pilares y bases de sustentación del sistema. El desafío político que se presenta a la izquierda y las tendencias combativas dela clase obrera es ser un motor y factor activo de esta perspectiva.
Para los trabajadores y explotados de América Latina (que están sufriendo la ofensiva derechista de Trump y la derecha) sus principales aliados son los trabajadores y la juventud que se moviliza en los Estados Unidos contra la fascistización del régimen.



