Internacionales
21/10/2026
La rebelión albanesa en una Europa en llamas
Desde el martes 13, la juventud se levantó contra el gobierno de Edi Rama, títere de Estados Unidos
El 13 de octubre fue solo el comienzo de una rebelión que, en los días siguientes, quemó el Ministerio de Educación, bancos importantes, el mobiliario del Ministerio de Finanzas, el correo, un tribunal y una comisaría de Tirana, la capital albanesa. A la juventud universitaria se sumaron, días después, los estudiantes secundarios, los docentes universitarios convocaron a un paro por tiempo indeterminado y la rebelión se extendió a las ciudades de Lezha, Elbasan, Shkodra, Korça y Durrës.
Lo resume la declaración de una estudiante albanesa a France 24: "Estamos cansados de las protestas pacíficas. No pararemos hasta que Rama renuncie".
De dónde viene Albania…
En mayo de 2026 comenzó un proceso de movilización constante que hoy se conoce como la “Revolución Flamenco”: un movimiento de la población albanesa contra la venta de tierras a capitales extranjeros, en este caso a Jared Kushner, yerno de Donald Trump, y su empresa Affinity Partners. El proyecto apunta a depredar el humedal de Zvërnec, junto a la laguna de Narta, un área protegida del sur del país, y la isla de Sazan, una ex base militar, para levantar complejos de turismo de lujo.
El negocio no cayó del cielo. El gobierno de Edi Rama le abrió la puerta: en diciembre de 2025 lo declaró “inversión estratégica” y modificó la ley de áreas protegidas para exceptuar a los hoteles cinco estrellas. Solo por Sazan se habla de unos 1.400 millones de dólares, y en Zvërnec el proyecto abarca 437 hectáreas. No es un caso aislado: hasta 2023, el Estado ya había entregado 5,8 millones de metros cuadrados a “inversores estratégicos”, en un país donde el turismo representa cerca de una cuarta parte del PIB.
Cuando la empresa alambró la costa, el alambre de púas se volvió el símbolo de la entrega. Las protestas empezaron en mayo en la zona de la obra y en junio llegaron a Tirana con movilizaciones masivas, cortes de autopista y, el 20 de junio, más de 250.000 personas según medios albaneses. En julio hubo enfrentamientos frente al Parlamento. El movimiento formuló sus demandas, con la renuncia de Rama a la cabeza, y el gobierno respondió con represión y causas penales.
La entrega de la tierra y el ajuste en la educación son dos caras del mismo modelo: un país al servicio de los negocios de unos pocos, mientras la juventud no tiene futuro. Por eso, cuando los estudiantes salieron en octubre contra el costo de estudiar y la corrupción, no lo hicieron de cero: venían de meses de lucha en defensa de la tierra.
La rebelión de octubre
El martes 13 estalla la rebelión comandada por estudiantes que reclamaban por los altos precios y la baja calidad del sistema educativo albanés, así como también de las becas. Pero desde el principio estas reivindicaciones gremiales se mezclaban con consignas políticas pidiendo la renuncia de Edi Rama y contra la corrupción imperante.
Entrando en el noveno día, las movilizaciones no se detienen. El gobierno desplegó un operativo represivo descomunal que, a pesar de dejar cientos de heridos y detenidos, no logró frenar la movilización que mantiene un cuerpo importante y gana apoyo en otros sectores. Hoy (miércoles 21) las noticias son las sillas volando hacia adentro de la oficina del primer ministro y el rechazo de los estudiantes y docentes a la convocatoria de diálogo de Edi Rama. “No hay diálogo posible con un criminal”, sentenció un padre movilizado.
Los números explican la rebelión. Albania invierte en educación alrededor del 3% de su PIB, el nivel más bajo de Europa, frente a un promedio de 4,7% en la Unión Europea: está por debajo incluso de todos sus vecinos de los Balcanes, y en la última década ese gasto no se movió. Por cada estudiante universitario, el Estado albanés pone apenas unos 900 dólares al año. Mientras tanto, la Ley de Educación Superior de 2015 subió los aranceles mercantilizando la universidad pública. La juventud ya había salido a la calle en 2018 contra los aranceles, por mejores residencias y por llevar el presupuesto educativo al 5% del PIB, la misma cifra que Rama había prometido en su campaña de 2017. Aquel movimiento le arrancó becas y la caída de varios ministros, pero la ley de 2015 sigue en pie y el 5% nunca llegó. Al terminar la carrera, el panorama no mejora: el desempleo juvenil ronda el 15%, el doble que el general, y los salarios de entrada muchas veces no alcanzan para pagar un alquiler. Por eso, el 47% de los albaneses que emigran son universitarios. El resultado de todo esto es una juventud sin horizonte, en la que uno de cada cinco jóvenes no estudia ni trabaja.
En Albania, donde gobiernan alternativamente el partido socialista, heredero del régimen previo al 91, y el partido demócrata, las condiciones de vida para la juventud son desastrosas. En las últimas décadas Albania perdió el 40% de su población en migraciones masivas, huyendo de una situación donde el empleo escasea hasta para quienes tienen títulos, hay una crisis educativa y los alquileres y productos básicos se encuentran en un proceso inflacionario que golpea las ya duras condiciones de vida de los trabajadores del país.
Las protestas son, en esencia, contra el “narcoshtet”: el régimen político albanés que está marcado por una creciente privatización de los recursos y la tierra del país, la corrupción generalizada y los indisociables vínculos entre los principales partidos del Estado con las redes de narcotráfico que actúan en el país balcánico. Albania se ha convertido en un mega circuito de lavado de dinero que tiene la industria turística y la especulación inmobiliaria como principales destinos del capital narco: 50 mil viviendas vacías en una capital envejecida por el éxodo de jóvenes y profesionales del país. Los que se quedan incendian edificios públicos y bancos con la intención de incendiar los cimientos de un régimen que les arrebata el futuro.
“Lo que está en juego no es mi poder, sino la mesa de negociación con la Unión Europea”. Esa es la preocupación del primer ministro, que jura y rejura que no va a renunciar al cargo. Para 2030 espera que Albania se sume a una Unión que atraviesa una decadencia histórica, y necesita hacer buena letra. No lo está logrando, y su pulseada contra la movilización popular todavía no está resuelta.
La rebelión albanesa se suma a las movilizaciones y huelgas en Francia, España, Portugal, Grecia, Italia, Bélgica. En todos lados la juventud y los trabajadores salen a las calles, mostrando que no se trata solamente de crisis dentro de fronteras nacionales. Estamos ante una respuesta a regímenes de hambre y saqueo en toda Europa. De fondo, la tendencia a la guerra y la crisis económica. Saludamos la rebelión europea y nos preparamos para la conferencia de jóvenes contra la guerra este 25 de octubre, que contará con delegaciones de varios países protagonistas de esta lucha.




