Los terremotos en Turquía y Siria

La solidaridad del pueblo y la mezquindad de los gobiernos frente al desastre.

Los sismos fueron de 7.5 y 7.8 en la escala Richter.

Los terremotos del lunes 6 en Turquía y Siria dejaron al menos 17 mil muertos y cientos de miles de desplazados a ambos lados de la frontera. Miles de personas permanecen atrapadas bajo los escombros y a medida que corre el reloj se desvanecen las posibilidades de hallarlas con vida. El frío extremo aumenta los riesgos de hipotermia y las tareas de salvataje se complican por el daño que han sufrido las carreteras y las telecomunicaciones.

La catástrofe trajo inmediatamente a la memoria el sismo de 1999, con epicentro en las inmediaciones de Estambul, que dejó alrededor de 20 mil muertos.

La región es proclive a estos eventos naturales, pero la situación se vuelve mucho más calamitosa debido al accionar de los Estados.

En Turquía, el gobierno de Recep Tayiip Erdogan ha sido criticado por las fuerzas de la oposición porque la ayuda no llegó a numerosos distritos. El mandatario, que este año se juega su reelección, admitió deficiencias en las tareas de rescate, pero reivindicó en líneas generales el operativo oficial.

Desde el HDP (Partido Democrático de los Pueblos), una formación con gran influencia en las áreas de mayoría kurda, que son las más afectadas por el terremoto, se denunció que el gobierno sabotea el accionar humanitario de algunas de las alcaldías que gobierna, buscando monopolizar el auxilio a través del Afad, un organismo estatal de emergencias.

Al mismo tiempo, la Cámara de Ingenieros Geológicos señaló que venía advirtiendo sobre la posibilidad de un temblor de esta magnitud, pero que el gobierno ignoró el informe y el plan presentado. También circulan denuncias sobre la opacidad del manejo de los fondos recaudados por un impuesto frente a los terremotos y críticas a la industria de la construcción, concentrada en la gentrificación y la especulación inmobiliaria, en detrimento de la preparación frente a los sismos.

Las especulaciones sobre el impacto político del temblor ya empezaron. Muchos medios recuerdan que el AKP de Erdogan llegó al poder en 2002, en cierta medida, por la mala respuesta del gobierno anterior frente al terremoto de 1999. Y se preguntan si, sumado el desastre de estos días a la elevada inflación y el desgaste de Erdogan, puede haber este año una derrota electoral del oficialismo. Pero es muy temprano para tales conjeturas.

Del lado sirio, el terremoto constituye una catástrofe dentro de otra, al estilo de las muñecas rusas, porque el país se encuentra devastado desde 2011 por la guerra imperialista. Cientos de miles han muerto y millones fueron desplazados por el conflicto.

La asistencia internacional se complica debido a las sanciones internacionales vigentes contra el régimen de Bashar al-Assad, que acaba de reclamar su levantamiento. La ayuda humanitaria frente al sismo, por lo pronto, ya ha desatado una disputa entre las partes. El régimen sirio no quiere que quede bajo control de los grupos rebeldes, y las potencias capitalistas, en cambio, preferirían esquivar a Damasco.

En contraste con las mezquindades de los gobiernos y el imperialismo, las organizaciones sociales, obreras y populares están en la primera línea de las tareas de rescate.

Toda la solidaridad con los pueblos de Turquía y Siria.

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