¿Trump avanza hacia un capitalismo de Estado?

La guerra de los semiconductores

Trump evalúa la compra del 10 por ciento de Intel

El gobierno de Trump anunció estar evaluando la compra del 10% de Intel. Es, de hecho, una nacionalización, si sumamos los subsidios ya recibidos por la “ley de chips” a una empresa que en 2024 anunció pérdidas de 13 mil millones de dólares. La empresa está en serias dificultades al haber reducido sus inversiones y quedado relegada en innovación del diseño, incapaz para enfrentar la competencia. Ya es un indicio del fracaso de los planes de subsidios del Estado de la “ley de chips” votada en 2022 por el gobierno de Biden.

Las ganancias de Intel se gastaron en recomprar sus acciones…

Intel no ha podido despegar en su producción. Luego de tres años de la “Ley de chips” y sus incentivos y subsidios, los resultados son decepcionantes. Los chips de Intel tienen problemas de calidad, la enorme inversión no ha logrado producir chips de inteligencia artificial que compitan con Nvidia y otras empresas que los producen en Taiwán o Corea del Sur (Wall Street Journal, 18/8).

Intel fue uno de los mayores diseñadores de chips del mundo, dominó durante décadas el mercado de los chips de CPU, utilizados en prácticamente todos los ordenadores y portátiles. En 2006, controlaba entre el 60% y el 80% del mercado de CPU. Actualmente está entre el 3er y 4to lugar; nuevos actores como NVIDIA, TSMC (Taiwán) y Samsung (Corea del Sur) son los que lideran en diferentes franjas del mercado. Perdió participación de mercado por falta de inversión en desarrollo de productos y por tercerizar la producción.

Las ganancias de Intel fueron destinadas a la recompra de sus propias acciones para beneficio de sus directivos y  accionistas mayoritarios. Intel, en su página, menciona que fueron autorizados a recomprar 110.000 mil millones de dólares desde 2005, de los cuales ya gastaron 102.400 millones de dólares. Han borrado el historial de las recompras.

Se llama “recompra de acciones” (buybacks) cuando una empresa compra sus propias acciones para reducir su oferta en el mercado, aumentando artificialmente el precio sin ningún aumento en el valor producido por la empresa; es una creación de capital ficticio. Los beneficiarios son los directores y grandes accionistas -por el aumento de la capitalización de la empresa, a costa de una menor inversión. Esto lo realizan las empresas masivamente: entre las que participan en el Indice S&P 500 las recompras alcanzaron un record de $942.5 mil millones de dólares solo en 2024.

El avance de Huawei en 5G, un alerta del avance de China en tecnología

Todo se inició con la feroz disputa iniciada por Trump contra Huawei. Cuando la empresa Huawei anunció la innovación del 5G, prohibió su uso en Estados Unidos y se le impuso una severa limitación de venta de semiconductores a Huawei, la que sintió el impacto al no tener alternativas para sus móviles; fue un beneficio extraordinario para Apple que avanzó en ventas debido a la caída de su principal competidor. El ataque contra Huawei tenía un claro beneficiario: Apple.

Luego el gobierno de Biden en octubre de 2022 implementó una política de prohibiciones de venta a China de chips, suministros y maquinaria para fabricar semiconductores de vanguardia, con el objetivo de anular la capacidad de producción china de chips. Esto involucró a empresas de todo el mundo, a las que se prohibió abastecer de sus productos a China. China, uno de los clientes más importantes, consume el 50 por ciento de los chips producidos globalmente. Varias empresas fueron afectadas reduciendo sus beneficios por las limitaciones. Applied Materiales, Nividia y AMD de Estados Unidos, Samsung de Corea del Sur, y TSMC, entre otras.

Traer la producción de chips a Estados Unidos

El gobierno de Biden se propuso fabricar los semiconductores en el país por ser un tema de seguridad nacional y para quebrar la dependencia de una fábrica (TSMC) en la isla de Taiwán cuya soberanía está en disputa con China. Los mandos militares evaluaron la creciente importancia de chips avanzados usados en inteligencia artificial, utilizados en la fabricación de armamento de vanguardia, garantizando una cadena de suministro nacional segura para la microelectrónica avanzada necesaria en los sistemas militares.

A tres años de implementado, crecientes dificultades fueron postergando su realización debido a que el papel de Intel desarrolló productos poco confiables y a las crecientes pérdidas que le impidieron financiar nuevos desarrollos.  

La división de fundición no es “económicamente viable”, dicen analistas. Y concluyen: “No creemos que ninguna inversión gubernamental cambie el destino de su división de fundición si no logran conseguir suficientes clientes”.

El fabricante de chips, que en su día fue sinónimo de la destreza estadounidense en la fabricación de chips, ha tropezado debido a años de errores de gestión y falta de inversión, cediendo su liderazgo en la fabricación a la taiwanesa TSMC  y perdiendo la carrera por los chips de inteligencia artificial ante Nvidia (Reuters, 23/8).

Las sanciones, prohibiciones de ventas de suministros y aranceles no han trabado el desarrollo de chips avanzados de China, que ya los pueda producir

El plan de “traer la producción a casa” con la “Ley de Chips y Ciencia de 2022” incluyó 39 mil millones de dólares en subvenciones para instalaciones de fabricación y exenciones impositivas por varios años para de esta manera poder competir con TSMC y Samsung. Por ahora ese objetivo se ve distante.

China logró con el apoyo del Estado un avance de varias empresas que producen chips para inteligencia artificial (Huawei; Ascend -910B/910C-; CloudMatrix; Cambricon Tech; MetaX; etc. Las acciones Cambricon Technologies subieron el 20 por ciento ante el éxito de sus productos utilizados por Deep Seek en su nueva versión V3 de inteligencia artificial, destaca Financial Times (21/8).

Como se puede comprobar, las sanciones, restricciones, prohibiciones y trabas de Estados y sus aliados occidentales no han logrado frenar el desarrollo de la industria de chips ni de la inteligencia artificial.

Nvidia, el caso de las fábricas sin fábricas (fabless)

Nvidia, la “productora” estrella de chips para inteligencia artificial, la mayor empresa por capitalización de Wall Street, vende productos que no fabrica; los producen empresas como TSMC (Taiwán), Samsung (Corea del Sur), y fábricas chinas los ensamblan.

Su capitalización en Wall Street ha superado los 4,2 billones de dólares, superando a Microsoft (3,7 billones), Apple (3,3 billones); Google (Alphabet, 2,4 billones); Amazon (2,3 billones), Meta (Facebook, 1,8 billones), y Tesla (1,02 billones). Las llamadas “siete magníficas”, que -con excepción de Tesla, que tiene varias plantas de producción de automóviles eléctricos- no producen bienes; sólo los diseñan y los hacen producir por encargo a otras empresas, en particular a TSMC en Taiwán. Son representativas del capital financiero, no tienen gastos en fábricas o instalaciones, son monopolios en cada ámbito de su actividad; esas siete empresas tienen una capitalización que es equivalente a la tercera parte de las 500 empresas del  Standard and Poor's (15/8).

Nvidia tiene la mayor capitalización y vende productos que son demandados para inteligencia artificial y para diseños gráficos. Pero no son producidos en Estados Unidos: un conglomerado de empresas distribuidas en varios países como Taiwán, Corea del Sur, China y Vietnam participan en su elaboración. Fábricas en construcción en Estados Unidos -financiadas en parte por el Estado- han tenido dificultades que han retrasado su puesta en marcha. Y cuando lo hagan solo producirán una fracción de los productos que comercializan.

La creciente intervención de Trump: ahora cobrará impuestos por exportar a China

A Nvidia, el gobierno de Trump le prohibió la exportación a China de un semiconducor diseñado especialmente bajo requisitos gubernamentales de menor capacidad que los más avanzados. Esto produjo un impacto en las acciones de Nvidia y AMD. Luego de una reunión de directivos de Nvidia con Trump, este aprobó la venta a condición que paguen un impuesto a la exportación del 15%.

Como mencionamos al comienzo de este artículo, el gobierno ha decidido adquirir aproximadamente un 10% de las acciones de Intel, financiado con fondos no asignados del “Chips and Science Act”, con posibilidad de expandirse en ciertas condiciones. Esto representa una inversión directa y sin precedentes en una empresa privada.

La creciente intervención del Estado no frena la declinación del imperialismo de Estados Unidos

Los aranceles discriminados por países y productos impulsados por Trump no han generado una avalancha de inversiones hacia Estados Unidos. Lo que sigue dominando es la incertidumbre entre las mismas empresas de Estados Unidos, que enfrentan crecientes costos por la importación de partes de su producción fabricadas en terceros países, como es el caso de las automotrices. Además de agregar una creciente oleada de subas de precios de consumos básicos, como informan Walmart y Home Depot.

La intervención del Estado se extiende en una creciente participación en la fabricación de “chips”; es el mayor avance en la actividad de las empresas. Iniciada por Biden a través de fuertes subsidios, ahora se profundiza con una mayor presencia y continuidad del gobierno de Trump interviniendo directamente en una participación accionaria en Intel. Muchos observadores consideran que se puede extender a presionar a las empresas productoras de “chips” a que produzcan en sus fundiciones, lo que reduciría la calidad de los productos (Wall Street Journal, 15/8).

La última novedad ha sido cobrar impuestos a Nvidia y AMD por las exportaciones a China. China dio instrucciones a las empresas chinas de no comprar los chips H20 de Nvidia al considerar que tienen sospechas fundadas de seguridad, lo que se llama una “puerta trasera”, o sea, “preocupaciones de seguridad sobre las capacidades de “rastreo y posicionamiento” y “apagado remoto” (CNN en Español, 11/8).

Trump, continuando con la política iniciada por Biden, intenta por varios medios de intervención del Estado poner en pie una industria que no produce los semiconductores de alta calidad en Estados Unidos (Apple, Nvidia, AMD, etc.), son producidos en terceros países. Y tampoco producen productos esenciales para la industria (acero, aluminio, cobre, tierras raras, etc) o lo hacen en cantidades insuficientes para sus necesidades, ya que han caído a los menores niveles de producción en décadas.

La decadencia sigue su curso, y la utilización de los mecanismos del Estado como soporte no muestra resultados a la vista.

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