Venezuela: los riesgos de la ocupación

Despliegue militar norteamericano.

Una ocupación está lejos de ser un paseo. La idea de que Estados Unidos “se haga cargo transitoriamente” de Venezuela no tiene una base sólida en experiencias anteriores. Las intervenciones pasadas muestran que, incluso cuando se les pretenda dar justificaciones estratégicas y militares, las consecuencias suelen ser costosas, prolongadas y desestabilizadoras.

No se trata solo de ingresar militarmente, sino de mantener en el tiempo un orden político funcional bajo tutela externa. Históricamente, esto exige una base política interna.

La experiencia más reciente de ocupaciones es aleccionadora. En Irak, la disolución del ejército y del partido Baaz destruyó el andamiaje estatal, creó un vacío de poder y precipitó una guerra sectaria. En Libia, la eliminación del régimen sin una élite nacional unificadora desembocó en una fragmentación tribal-miliciana. En Afganistán, los sectores urbanos dependientes del ocupante, sin arraigo social, no lograron pilotear el país que colapsó tras la retirada de las tropas yanquis

No nos podemos olvidar tampoco del costo material de ocupar. En Irak y Afganistán, Estados Unidos gastó billones de dólares sin lograr economías autosustentables. En el caso venezolano Trump y Rubio afirman que el petróleo –que piensan esquilmar a Venezuela- financiaría la ocupación. Los casos nombrados relativizan fuertemente esta idea: Irak tenía petróleo y aun así no financió su estabilización envuelta en actos de corrupción, sabotajes y caída productiva. En Libia, a su turno, el control del petróleo se convirtió en un factor de guerra civil, no de estabilidad.

En Venezuela, la industria petrolera está tecnológicamente degradada. Requiere inversiones multimillonarias y años para recuperar capacidad. Las corporaciones condicionarán su inversión en función de la evolución que tenga de la transición: “El regreso de empresas estadounidenses solo será posible si se establecen condiciones confiables y se flexibilizan las sanciones”, explicó David Goldwyn, presidente del grupo de energía del Atlantic Council. Y agregó que persiste la incertidumbre sobre el control de los ingresos petroleros y la administración de instituciones clave como el Banco Central y el Ministerio de Economía y Petróleo” (Infobae, 4/1). Analistas remarcan que la expectativa de un “autofinanciamiento rápido” es una ilusión recurrente en las intervenciones estadounidenses.

Existe, en definitiva, el riesgo cierto de convertir una ocupación en una carga fiscal y política prolongada para el ocupante. Esto podría convertirse en una pesadilla para Trump cuya campaña electoral justamente se basó en privilegiar el destino de recursos para el uso interno y no derivarlos al exterior. Una presencia permanente de tropas expone, además, a la Casa Blanca a bajas y a los ataúdes de soldados norteamericanos que participan de las operaciones. Las encuestas revelan que casi el 70 % de la población estadounidense, incluyendo una franja de los votantes de Trump, está en contra de la intervención en Venezuela. En Nueva York se prepara una gran movilización frente al juzgado en que está previsto que comparezca Maduro Esto puede terminar echando más leña al fuego al descontento que reina en el país con la gestión de Trump y precipitar un revés en las elecciones de medio término.

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