Yemen y la ofensiva hutí

La conquista de la costa del mar Rojo extiende la guerra regional

Agregar Prensa Obrera como
medio preferido en Google
Los hutíes lanzaron un boicot naval contra Arabia Saudita

La ofensiva de Ansar Allah —el movimiento hutí— modificó en pocos días la relación de fuerzas en Yemen. Sus combatientes ocuparon Moca (una importante ciudad portuaria), Dhubab (otra ciudad costera), la isla de Perim (en el Estrecho de Bab el-Mandeb) y las últimas posiciones gubernamentales sobre el mar Rojo. Hacia el 17 de septiembre controlaban toda la costa yemení y puntos decisivos sobre Bab el-Mandeb (Reuters, 17/9).

El avance no  impide totalmente de la navegación: las potencias occidentales conservan una  superioridad naval. Pero permite emplazar misiles y drones junto a una vía por la que circula alrededor del 12 por ciento del comercio mundial y amenaza las exportaciones sauditas (Associated Press, 18/9).

Arabia Saudita respondió con bombardeos sobre Hajjah y Taiz, sin recuperar las posiciones perdidas. Ansar Allah llevó la guerra al interior del reino. Los restos de un dron interceptado mataron en Taif a un residente yemení e hirieron a una saudita y a un paquistaní. Los hutíes también afirmaron haber derribado un F-15 (Associated Press, ídem).

Arabia Saudita acusó a Ansar Allah de dirigir otro dron contra La Meca. Abdul Malik al-Hutí respondió: “Es una mentira atroz” (Abdul Malik al-Hutí, Al Jazeera, 17/9). La denuncia procura presentar a los hutíes como agresores de la ciudad sagrada y aislarlos en el mundo musulmán.

La monarquía saudita vuelve al pantano del que intentaba salir. La intervención iniciada en 2015 no derrotó a los hutíes, pese a los bombardeos y el bloqueo. La tregua de 2022 y las negociaciones directas expresaron ese fracaso. Arabia Saudita enfrenta una guerra que no puede ganar fácilmente ni abandonar sin sufrir un retroceso estratégico.

La crisis alcanza su dispositivo petrolero. El oleoducto Este-Oeste debía permitirle eludir Ormuz. Un ataque procedente de Irak dañó tres estaciones de bombeo y paralizó temporalmente una infraestructura que transportaba entre cuatro y cinco millones de barriles diarios. El avance hutí amenaza ahora la salida alternativa por el mar Rojo.

El costo recae sobre la población. La Organización Internacional para las Migraciones estimó en más de 100.000 los desplazados (Reuters, ídem). Otra evaluación elevó la cifra a por lo menos 125.000, entre ellos más de 57.000 niños (Associated Press, ídem). Familias enteras cruzaron en pequeñas embarcaciones hacia Yibuti.

La guerra regional

Irán es el principal aliado internacional de los hutíes y les suministró armas, tecnología y asesoramiento. Ansar Allah, sin embargo, no es una pieza que Teherán pueda mover a voluntad. Posee una historia propia, una base social, un aparato militar y objetivos nacionales. Esa autonomía no elimina la alianza: el control de la costa aumenta la capacidad de presión iraní cuando Ormuz también está afectado por la confrontación con Estados Unidos.

Washington respalda a Arabia Saudita y bombardeó posiciones hutíes durante dos meses en 2025. Donald Trump rechazó, sin embargo, los pedidos sauditas de apoyo militar directo: teme otro conflicto sin desenlace. La autorización de una posible venta de hasta 48 aviones F-35 por 24.300 millones de dólares confirma que el sostén militar continúa por otra vía (Financial Times, 18/9).

China abandonó el silencio. A pedido de Arabia Saudita, reclamó privadamente a Irán que utilizara su influencia sobre los hutíes. Pekín compró en 2025 más del 80 por ciento del petróleo iraní transportado por mar, pero mantiene a la vez una relación estratégica con Arabia Saudita. Su intervención busca proteger el abastecimiento energético y las rutas de su comercio exterior. El gigante asiático  aboga por una estabilización  del Medio Oriente: no pretende  erigirse en un polo antiimperialista  en la región.

La Unión Europea tomó partido por Arabia Saudita. Su vocero de política exterior reclamó que “los hutíes cesen toda acción militar” y expresó “plena solidaridad con Arabia Saudita” (Anouar El Anouni, Al Jazeera, 17/9). Italia anunció, además, la preparación de una misión naval para proteger sus barcos mercantes y la infraestructura submarina. La llamada libertad de navegación vuelve a servir de cobertura para el despliegue militar de las potencias

La ofensiva no puede separarse de la masacre palestina ni de la confrontación entre Estados Unidos e Irán. Ormuz y Bab el-Mandeb son frentes de una misma crisis. No existen bloques cerrados: China procura contener a un aliado de Irán a pedido de Arabia Saudita, mientras Washington evita  escalar el conflicto.

El régimen hutí y la salida política

Ansar Allah surgió como un movimiento de recuperación del zaidismo, una rama del islam chiita arraigada en el norte de Yemen y diferente del chiismo iraní (este último, junto al sunismo, son las dos grandes ramas del islam). Bajo la dirección de Abdul Malik al-Hutí conquistó Saná en 2014 y se convirtió en una fuerza nacional. Al-Hutí, hermano del fundador Hussein al-Hutí, no preside formalmente el gobierno, pero ejerce la autoridad efectiva mediante un círculo de familiares y dirigentes que controla las instituciones, las fuerzas armadas y la administración territorial (Reuters, 15/10/2025).

El régimen ejerce una fuerte regimentación social y política sobre la población y es crecientemente confesional. Convirtió la identidad zaidí en un instrumento de legitimación y disciplinamiento, modificó programas escolares e impuso cursos ideológicos a empleados públicos. También reglamentó el khums, un gravamen del 20 por ciento sobre ciertos recursos, cuya recaudación privilegia a los sayyids, familias que reivindican descender del profeta Mahoma (Sana’a Center for Strategic Studies, 6/10/2020).

Human Rights Watch documentó detenciones arbitrarias, desapariciones, restricciones contra las mujeres, persecución de minorías e interferencias en la ayuda humanitaria (Human Rights Watch, 16/1/2025). Otra investigación reunió denuncias de torturas, adoctrinamiento, reclutamiento infantil, impuestos asfixiantes y apropiación de recursos. Ansar Allah negó las acusaciones (Reuters, 15/10/2025). Por supuesto,  sus rivales las fuerzas apoyadas por Arabia Saudita  y Emiratos Arabes no se han quedado atrás en atrocidades y  graves violaciones a los derechos humanos.

La resistencia a la invasión saudita y las acciones contra Israel dieron a los hutíes un respaldo real entre sectores golpeados por la guerra. Pero los obreros y empleados públicos siguen padeciendo salarios impagos, inflación y hambre, mientras la economía queda subordinada al esfuerzo militar.

La derrota sufrida por Arabia Saudita vuelve a mostrar los límites de una intervención que devastó Yemen sin imponer sus objetivos. Corresponde combatir toda injerencia de Estados Unidos, Israel, Arabia Saudita y las demás potencias, y defender el derecho del pueblo yemení a decidir su destino. Esa lucha no implica un aval  político a la teocracia  iraní ni al régimen político huti.

Defendemos el bloqueo del Mar Rojo, así como el de Ormuz, como unas herramientas legítimas de defensa de las naciones que soportan el asedio de EEUU e Israel en la región. Una derrota de Arabia Saudita y sus aliados internos en Yemen es un factor de impulso a la lucha de los pueblos de la región para enfrentar al imperialismo y al sionismo y desembarazarse de las monarquías y regímenes árabes reaccionarios cómplices de ambos y abrir paso a una transformación integral de la región sobre nuevas bases sociales, que ponga fin a la guerra y el hambre. Esta salida depende de la acción independiente de los trabajadores y los pueblos de Medio Oriente, que debe apuntar a una lucha estratégica por gobiernos de trabajadores y a la unidad socialista del Medio Oriente.

Estados Unidos: tasas más altas, bonos y dólar en caída y una deuda fuera de control
Estados Unidos: tasas más altas, bonos y dólar en caída y una deuda fuera de control
La Fed sube la tasa mientras el Tesoro procura sostener sus bonos. La contradicción expone una economía atravesada por guerra y deuda. -
prensaobrera.com