Juventud

9/9/2026

CABA

Los estudiantes toman el CNBA por la aplicación de la ESI

Ante la inacción de las autoridades, los estudiantes enfrentan la violencia de género.

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Foto: corresponsal.

Cientos de estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA), en CABA, resolvieron en asamblea tomar la institución sin continuidad de clases ante la falta de respuesta de las autoridades frente a un caso de violencia de género. Exigen la efectiva implementación de la Educación Sexual Integral (ESI), la reforma del protocolo de género y la restitución permanente del gabinete interdisciplinario.

La gota que rebalsó el vaso fue un caso de violencia de género ocurrido la semana pasada que no fue atendido por las autoridades. O, mejor dicho, ante la denuncia de la estudiante, la respuesta institucional fue revictimizarla y responsabilizarla por lo sucedido. Son numerosos los casos de violencia que se vienen denunciando en el CNBA. Este año, incluso, tomaron estado público a nivel nacional los casos de deepfakes, entre otros episodios.

Un protocolo que desprotege a las estudiantes

En relación con el caso actual, el protocolo de género de la institución establece que, ante una situación de violencia, las autoridades deben citar a los padres, quienes cuentan con un plazo de 48 horas para presentarse personalmente o mediante una carta y prestar su consentimiento para la intervención del gabinete interdisciplinario. Si las autoridades consideran que el caso no reviste gravedad, ese plazo puede extenderse hasta cinco días.

¿Puede haber mayor descreimiento hacia una estudiante y mayor sometimiento a los criterios particulares de cada familia para abordar una denuncia de violencia de género? El protocolo no parte de la necesidad de proteger a la estudiante, sino de poner en duda su denuncia y trasladar la decisión a su familia. Ante la sola denuncia de una alumna, la intervención del gabinete debería ser inmediata.

Se trata de un protocolo de género condicionado por el limitado artículo 5 de la Ley de ESI de 2006, que permite que cada institución adapte la normativa a su supuesto "ideario institucional". El resultado es que cientos de miles de estudiantes de escuelas privadas y religiosas reciben una formación condicionada por esos criterios. En el CNBA, esta lógica llega al extremo de supeditar la intervención frente a una situación de violencia al "ideario" de cada familia.

Mientras Milei promueve abiertamente discursos de odio contra las mujeres y aplica una motosierra contra las condiciones de vida del pueblo -algo que se conoce muy bien en la escuela, dependiente del presupuesto universitario-, las autoridades del CNBA ejecutan esos recortes. En el medio están los estudiantes, que sufren cotidianamente situaciones de violencia y vemos cómo se degrada la educación pública.

La ESI en el CNBA es prácticamente inexistente. No existe una formación específica, mucho menos una educación laica, científica e integral: todo queda librado a la buena voluntad de algunos docentes. ¿Será que para quienes ajustan y destruyen la escuela resulta conveniente dejar avanzar los discursos violentos y que la formación en educación sexual quede en manos de internet o de cada familia? ¿Será que dividir a varones y mujeres facilita su subordinación? Creemos que sí. Esto no es una simple omisión: las autoridades hacen y dejan hacer conscientemente.

La toma, una tradición de lucha

La respuesta estudiantil recupera una larga tradición de lucha del CNBA frente a las situaciones de violencia encubiertas por las autoridades. En 2018, un grupo de estudiantes denunció una trama de violencias dentro de la institución, que tuvo entre sus protagonistas a Roberto Rodríguez, entonces vicerrector del turno mañana. Rodríguez había sido denunciado por mirar pornografía infantil y amenazar a un estudiante. La movilización estudiantil, en el marco de la Ola Verde, logró su separación de la institución. Sin embargo, las autoridades volvieron a rehabilitarlo, lo que provocó un nuevo conflicto y desembocó en las tomas de 2022.

Ese año, los estudiantes también se movilizaron contra el encubrimiento de José Sebastián Báez, trabajador no docente del Colegio, condenado por abuso sexual contra una menor y protegido durante años por sus vínculos con la burocracia de Apuba. Rodríguez, por su parte, mantiene vínculos con la rectora Bergman y continúa al frente del Departamento de Educación Física del Nacional y el Pellegrini.

La experiencia demuestra que de las autoridades no puede esperarse una solución: cuando los estudiantes no se organizan y luchan, las situaciones de violencia se encubren y los derechos se pisotean. Los estudiantes del CNBA fueron protagonistas este mismo año de tomas en defensa del presupuesto universitario. Esta experiencia expresa una creciente disposición a organizarse y enfrentar el ajuste, y marca un camino para todo el movimiento secundario.

La organización colectiva, las asambleas y la acción directa, expresadas hoy en la toma, son el camino para conquistar una ESI laica, científica e integral, un protocolo que proteja efectivamente a las estudiantes y la restitución permanente del gabinete interdisciplinario.

¡Viva la toma del CNBA!

Rodeemos de solidaridad esta lucha ejemplar para todo el movimiento de mujeres y diversidades, para los secundarios y para el conjunto del pueblo.

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