Libertades democráticas
26/3/2026
El peronismo, la izquierda y el 24 de marzo

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Foto: Juan Diez @ojoobrerofotografia
Este 24 de marzo el MST e IS se jugaron a fondo a promover el acto con los organismos oficiales y el peronismo como “acto único”. Fue un operativo destinado a encubrir que en la enorme movilización en Plaza de Mayo hubo dos políticas bien diferenciadas. Es que ningún documento común puede encubrir las posiciones reales que viene levantando el peronismo en relación con la dictadura militar y las lecciones que saca de la década de los ‘70.
Un protagonista central del peronismo en la movilización fue Axel Kicillof, quien dio una conferencia de prensa en la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Kicillof sentenció que la plaza llena mostró que Milei fracasó en su intento de inocular el negacionismo en la sociedad argentina. Sin embargo, el mismo gobernador participó en octubre del año pasado de un homenaje a Rucci, el secretario general de la CGT asesinado en el año ‘73 por Montoneros, por haber sido uno de los organizadores de la masacre de Ezeiza, acto del cual fue organizador junto a Lopez Rega y Norma Kennedy. En aquel tiroteo contra la izquierda peronista y la multitud que concurrió a Ezeiza participó su custodia personal. Y ese día fue el primero que la futura Triple A pondría en marcha el secuestro y la tortura de activistas, nada menos que en las habitaciones del Hotel Internacional de Ezeiza. Para Kicillof, en cambio, Rucci es un dirigente del movimiento obrero que hay que reivindicar.
Para que no queden dudas de que se trata de una orientación, nada menos que Juan Cabandié, hijo de desaparecidos, acaba de publicar un artículo donde sostiene: “Crecí políticamente alrededor de buenos compañeros, hoy mayores, que repetían sin argumentos que Rucci era un traidor, hasta que algunas bibliografías me llevaron a cuestionar esa estúpida frase tantas veces escuchada. ¿Traidor a quién? Los trabajadores lo amaron y lo reivindican hoy en día”. También niega su probada participación en la masacre de Ezeiza. Nunca podría negar que el conjunto de la burocracia sindical de la calaña de los Rucci fue la que armó la Triple A, promovió los golpes como el Navarrazo y encabezó la represión contra el activismo obrero y popular previa al golpe del ‘76.

¿Por qué salir a hablar ahora de Rucci? Es que detrás de la reivindicación de Rucci hay una política: la defensa cerrada del rol de la burocracia de la CGT, en un momento en el que viene de entregar la reforma laboral con un paro aislado y sin continuidad y sin ningún plan de lucha para enfrentar a Milei. Por eso, la cuestión de Rucci se transforma en un punto central de debate. Y hay que decir que al documento oficial leído en el palco del 24 no se le oyó una crítica a esta burocracia entreguista sin cuya colaboración Milei jamás hubiera podido hacer aprobar la reforma laboral. ¿Fracasó Milei, como dijo Kicillof, o para que Milei fracase hay que sacarse de encima a los Rucci y la CGT que le entregan en bandeja los derechos laborales? Es una lección de todos los procesos históricos que no alcanza con que el pueblo llene plazas para triunfar en una lucha política; igualmente determinante es la naturaleza de la dirección que orienta esta acción, y en este caso, el peronismo actuando en forma cómplice está esterilizando la voluntad de lucha que expresan estas plazas llenas para golpear al gobierno.
Rucci no es el único puente que une al peronismo con el negacionismo. El peronismo criticó fuertemente a los gobernadores que pactaron con Milei, pero nada dijo sobre su propio jefe de bloque del Senado, José Mayans, quien compartió junto a su jefe político Gildo Insfrán, un acto con Victoria Villarruel, defensora de genocidas para denunciar el copamiento del regimiento de infantería del Monte 29. “Memoria completa” pero no de parte de los “traidores” como Jaldo y Jalil, sino de parte del riñón del peronismo kirchnerista. La misma Victoria Villarruel que es elogiada y hasta convocada a un frente por Guillermo Moreno.
Bien mirado, no debe sorprender, porque el kirchnerismo que sacó el cuadro de Videla de la Esma fue el mismo que colocó al represor Milani como Jefe del Ejército. Todo tiene una lógica, en tanto la política de derechos humanos como la reconciliación con el ejército estuvieron al servicio de reconstruir la autoridad del estado golpeada por la crisis del 2001, y la movilización popular. Una autoridad del estado “democrático” de la que hoy se vale Milei para aplicar, justamente, la reforma laboral, el plan de Martínez de Hoz "new age" y todas sus medidas reaccionarias y antiobreras. Una autoridad del Estado en la cual se apoyan los gobernadores para aplicar en sus provincias todas las medidas de ajuste que complementan las de Milei en el plano nacional.
Por eso estuvo muy bien haber hecho un acto independiente en la Plaza de Mayo. No es una cuestión de cambios o retoques en un documento que se pueda abordar con maniobras, sino que es una cuestión de fondo: con qué política se aborda la lucha contra Milei. Si de la mano de los Rucci y la CGT, de la mano de Mayans y Villarruel, o levantando una perspectiva de independencia política. El ataque del MST e IS a un acto independiente en la plaza, que finalmente realizamos el PO y el PTS junto con organizaciones del encuentro Memoria Verdad y Justicia, hizo el trabajo sucio de intentar acallar esta posición crítica.
Nuestro acto, masivo a pesar del horario y de las horas de aguante en la plaza, fue consecuente con nuestra historia de haber enfrentado a la dictadura y a todos los gobiernos que aplicaron el ajuste, saquearon el país y reprimieron gobernando para la clase social que puso a los militares en el poder, y planteó una política y una perspectiva para terminar con el engendro negacionista y fascistoide de Milei.




