Libertades democráticas
2/2/2026
Una policía atropelló impunemente a un asaltante en retirada
Un acto de empoderamiento represivo desprovisto de toda humanidad.

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Policía embiste a persona.
Una oficial de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires atropelló con su auto a una persona tras un robo frustrado, dejándole graves heridas y peligro de muerte, en lo que es otra muestra más del empoderamiento oficial de las fuerzas represivas, que actúan sin ningún miramiento, proporcionalidad, ni reparo sobre la vida de las personas. Una política avalada por la doctrina de (in)seguridad de la exministra Patricia Bullrich y los proyectos punitivistas de reforma del Código Penal y baja de edad de imputabilidad.
El hecho sucedió el pasado viernes 30 en el Acceso Sudeste, bajada Bernal (Quilmes), cuando dos personas ingresaron a pie a la autopista para intentar robar una motocicleta que se encontraba circulando por la misma. La motocicleta sorteó la amenaza con una maniobra evasiva, lo que dio lugar a la retirada de ambas personas, hasta que el Ford Ka negro, conducido por la oficial de policía, embistió directamente a uno de los jóvenes de 26, en una conducta que a las vistas parece claramente intencional.
La persona impactada resultó con fracturas en ambas piernas y fue trasladado de urgencia al hospital Isidoro Iriarte, donde su situación habría desmejorado, estando en peligro su vida.
Por estos hechos se abrió una investigación ante la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N° 5 de Quilmes, bajo la carátula de “lesiones culposas”: un tipo penal que omite la voluntad lesiva de quien incluso por fuera de servicio –la oficial se encontraba retornando a su casa del trabajo- procedió de forma imprudente y dirigió su auto directamente al asaltante en retirada.
La oficial de policía se presentó en una comisaría de Bernal cuando las imágenes del hecho circulaban por las redes sociales y se volvía inminente el reconocimiento del vehículo y su conductora.
Se trata de otra situación de impunidad y empoderamiento represivo, que se suma a las que ocurren a diario, donde los efectivos policial actúan bajo el amparo de una política gubernamental del gatillo fácil y el abuso de las libertades democráticas contra la población, con un efectivo policial utilizando su vehículo personal como un arma contra quien no le representaba ninguna amenaza y siguiendo su camino como si nada hubiera ocurrido.
Una orientación que se jacta de ser dura contra los pobres, pero que es flexible con los narcos y el crimen organizado, con delitos de guante blanco dentro de la propia esfera de poder del gobierno y estafas de todo tipo.
Estos hechos se dan, a su vez, en el marco donde el gobierno busca hacer pasar la baja de edad de imputabilidad a 13 años, apuntalando un chivo expiatorio recurrente que nada tiene que ver con el delito a gran escala, y que busca extender el control represivo contra la población de la mano de otras medidas como la reforma punitivista del Código Penal.
Desde el gobierno buscan darle rienda suelta a esta política de respaldo al accionar impune de las fuerzas represivas, aún fuera de servicio y bajo toda modalidad, que termina alentando la “justicia por mano propia”, replicando la conducta de este efectivo policial que siquiera requiere del uso de su arma de fuego, oponiendo a trabajadores entre sí mientras ellos intentan avanzar con las reformas antiobreras y encubren al crimen organizado y los grandes circuitos de delincuencia del país.
Terminemos con esta orientación represiva derrotando los proyectos reaccionarios del gobierno nacional y con la investigación de las verdaderas responsabilidades en este caso, con un hecho doloso que buscó terminar con la vida de una persona bajo el amparo de un discurso de empoderamiento represivo.




