Mujer
5/4/2026
Otra vez el rugby: denuncias de abusos sexuales en el Club Regatas de Bella Vista
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Denuncias de abuso y violencia de género
En los últimos días se difundió la noticia de graves denuncias de abusos sexuales y difusión de videos sin consentimiento en el marco de un “tercer tiempo” de rugby, una comida posterior a los partidos donde participan jugadores de ambos equipos y personas allegadas del Club Regatas en Bella Vista, San Miguel. Según la mayoría de los medios, los hechos habrían ocurrido el 24 de marzo. El diario deportivo Olé, en cambio, sostiene que sucedieron durante la noche del 28 de marzo, en el marco de una fiesta. Más allá de la fecha exacta, lo que se conoce hasta ahora da cuenta de una trama de violencia machista organizada.
El chat que se viralizó en redes sociales y que dio a conocer el caso es brutal. Allí se relata que una joven, hermana de uno de los propios amigos del grupo, habría sido abusada sexualmente tres veces en una misma noche. Además aparece que les habrían “pinchado los vasos” con drogas.
Actualmente existe una denuncia radicada en la UFI N°14 de San Martín por la filmación y difusión de videos sin autorización. Pero la dimensión de los hechos que se desprende de los testimonios conocidos públicamente excede ampliamente ese aspecto judicial: estamos ante denuncias de abusos sexuales, violencia de género y una práctica grupal organizada.
El silencio del club protege a los violentos
Frente a la viralización del caso, el club involucrado intentó lavarse las manos con un comunicado dirigido a los socios. Allí habla de “conductas impropias” y de dar tratamiento al asunto “por los canales institucionales correspondientes”. Pero no explica cuáles son esos canales, ni informa ninguna medida concreta. Tampoco hay declaraciones públicas en sus propias redes sociales, de hecho los comentarios están cerrados. No hay en ese comunicado ninguna condena específica a la violencia machista, a los abusos denunciados ni a la difusión de videos. Tampoco existe, hasta el momento, noticia alguna sobre sanciones a los rugbiers involucrados o sobre algún tipo de asistencia y acompañamiento a las víctimas.
El club actúa como tantas otras instituciones: solo se pronuncia cuando el escándalo estalla públicamente y cuando los chats ya circulan por todas las redes. Mientras tanto, preserva el pacto de silencio y la impunidad.
No es un hecho aislado: la violencia machista en el rugby tiene antecedentes
Los abusos sexuales grupales, las filmaciones sin consentimiento y la humillación de las mujeres no son una excepción ni un “exceso” de algunos individuos. Son prácticas que se reproducen en ámbitos donde imperan códigos de masculinidad violenta, misoginia y encubrimiento. Si las jóvenes fueron drogadas, como denuncian distintos testimonios, estamos ante una práctica planificada.
Se trata de una violencia organizada, ejercida en grupo y sostenida por un entorno que naturaliza el sometimiento de las mujeres.Los antecedentes sobran. En 2020, una joven denunció que rugbiers del Club Universitario de Rugby de La Plata compartían en un grupo de WhatsApp fotos y videos sexuales filmados sin consentimiento de conocidas, amigas, novias y compañeras.
En 2016, una mujer denunció una violación grupal, o “en manada”, por parte de jugadores de Unión Rugby de Cuyo y de su manager, durante una fiesta privada. Todos los imputados terminaron sobreseídos porque la Justicia consideró que no podía “probarse” que la denunciante hubiera estado inconsciente.
La impunidad judicial, el encubrimiento institucional y el pacto corporativo de los clubes son parte del problema. Los hechos se conocen por filtraciones, viralizaciones y denuncias públicas, no porque las instituciones actúen para prevenir la violencia o proteger a las víctimas.
Milei, Kicillof y el vaciamiento de las políticas contra la violencia
La violencia machista no se reproduce en el vacío. Tiene un contexto político y social que la habilita. El gobierno de Javier Milei impulsa un discurso abiertamente misógino y negacionista de la violencia de género. Desde el poder se ataca a las mujeres, a las diversidades y a cualquier política pública que busque prevenir abusos o brindar herramientas para identificarlos. Por eso el gobierno nacional apunta contra la Educación Sexual Integral (ESI), una herramienta fundamental para detectar situaciones de abuso, cuestionar los mandatos de género y prevenir las violencias.
Pero el problema no se limita al gobierno nacional. En la provincia de Buenos Aires, el gobierno de Axel Kicillof mantiene un vaciamiento de la formación docente en ESI. Su aplicación depende muchas veces de la voluntad individual de cada docente y de las herramientas que haya podido conseguir por su cuenta. A su vez, en escuelas atravesadas por ideologías clericales y conservadoras, como lo son muchas en el partido de San Miguel, la ESI termina siendo papel mojado. En su lugar, se reproducen contenidos oscurantistas y anticientíficos que naturalizan la subordinación de las mujeres y diversidades y legitiman vínculos violentos y desiguales.
Volvamos a poner en pie una ola verde
Frente a estos hechos, hace falta volver a poner en pie una gran ola verde que cuestione de raíz la violencia patriarcal y misógina que tiene al Estado y las Iglesias como los primeros responsables: negando recursos, vaciando programas, encubriendo abusadores y atentando contra herramientas de prevención como la ESI.Es necesaria una política integral de asistencia psicológica, legal y económica para las víctimas de violencia de género, con equipos interdisciplinarios, que estén bajo la gestión de las organizaciones de mujeres y profesionales especializadas y dispongan de los recursos necesarios para actuar. También es fundamental defender una ESI obligatoria, científica y laica, que enseñe a cuestionar los vínculos de poder, la desigualdad y la violencia con la que somos socializades desde niñes. Frente al avance de la crisis económica y el ajuste, volver a las calles en esta perspectiva es más que necesario para hacerle frente a la violencia creciente contra mujeres y diversidades.



