Mujer
14/3/2026
Un balance de la masiva jornada del 9M
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La movilización a Plaza de Mayo
Este último 9M, en un nuevo aniversario del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, miles salimos a las calles en distintos puntos del país para pronunciarnos contra Milei, Trump y el FMI. La movilización central, que marchó de Congreso a Plaza de Mayo, estuvo encabezada por las trabajadoras que hoy están al frente de las luchas más importantes: la comisión de mujeres de Fate, las trabajadoras del Garrahan y la docencia combativa.
La enorme movilización puso de manifiesto que las ganas de luchar y de ganar las calles están intactas. Lo que falta no es voluntad de lucha, sino una dirección que impulse esa fuerza. El peronismo y la burocracia sindical, lejos de organizar un verdadero plan de lucha, siguen apostando a sus propias negociaciones mientras el gobierno avanza contra los trabajadores.
Por eso esta jornada fue también una bocanada de aire fresco. Desde el Plenario de Trabajadoras planteamos con claridad que a Milei se lo enfrenta con la movilización independiente y con la lucha en las calles para imponer una salida de los trabajadores.
Una lucha internacional
Las columnas estuvieron atravesadas por consignas antiimperialistas y contra la guerra que impulsan Trump y Netanyahu en Medio Oriente y contra Irán. También contra la injerencia yanqui en Cuba y Venezuela y en repudio al genocidio contra el pueblo palestino. Esto es muy significativo porque expresa la solidaridad de amplios sectores con los pueblos que hoy se encuentran asediados por el imperialismo.
Las mujeres y las niñas y niños son las principales víctimas de estas guerras, como quedó brutalmente demostrado en Gaza. El reciente ataque a una escuela en Irán, que se cobró la vida de más 150 niñas, vuelve a poner de manifiesto el carácter criminal de esta ofensiva. Para las potencias imperialistas estas vidas no valen nada: los discursos sobre “defensa de la democracia” o los “derechos humanos” no son más que una impostura para justificar la avanzada bélica. También se destacó una fuerte presencia de comunidades migrantes, que salieron a repudiar las políticas fascistas que recorren el mundo. Tienen una expresión particularmente brutal en el accionar del ICE en Estados Unidos, pero también encuentra su correlato en distintos países, como Argentina.
La situación de las mujeres en la era Milei
Para nada sorprende que la movilización haya tenido tal envergadura. Hoy atravesamos un verdadero mazazo para las familias obreras, agobiadas por una inflación que no da tregua y por la amansadora de miles de despidos que engrosan cada vez más las filas de los desocupados en el país. La política económica que impulsa el gobierno, que motiva el cierre de empresas y el despido de miles de trabajadores, constituye un claro ataque a las condiciones de vida de las familias obreras. Para el gobierno, es un “mal necesario” que, para garantizar sus ganancias, los capitalistas dejen a miles y miles de familias en la calle.
A contramano de lo que intenta instalar el relato oficial, para las familias trabajadoras llegar a fin de mes es cada vez más difícil. Y somos las mujeres quienes, en muchísimos casos, sostenemos los hogares y nos hacemos cargo de nuestras familias mientras cierran miles de fábricas, incluyendo a la gigante del neumático Fate, que dejó a casi mil familias en la calle.
Uno de los principales puntos de denuncia de la jornada fue la reforma laboral esclavista que logró aprobar el gobierno con los votos del PRO, UCR y el PJ. Se trata de una reforma que golpea particularmente a las mujeres, históricamente el sector más precarizado y con peores salarios. Las trabajadoras, muchas veces con familias a cargo, quedan aún más a merced de las patronales. Se pone el tiempo, vida y familias a disposición absoluta de lo que pretenden las patronales. Impulsan una legislación que pone cada vez más obstáculos para que una mujer, que lo desee, pueda ser madre y, al mismo tiempo, cumplir con las exigencias de sus patrones.
Lo mismo ocurre con la violencia hacia las mujeres y diversidades. El gobierno difundió recientemente un video nefasto que buscaba responsabilizar al propio movimiento de mujeres por la existencia de esta violencia. Ya el año pasado, Patricia Bullrich había declarado que las responsables del crecimiento de la violencia eran las feministas “radicalizadas” que habían empoderado a las mujeres, y que eso tenía costos. Se intentan montar sobre el fracaso del gobierno de Alberto Fernández que, mientras proclamaba el “fin del patriarcado”, creó un Ministerio de Mujeres poblado de funcionarias completamente alejadas de las necesidades de las trabajadoras. Pero ese fracaso no puede ocultar que bajo el actual gobierno la violencia se ha agravado.
El año pasado tuvimos hechos terribles, como el narcofemicidio de Lara, Brenda y Morena, cuyos familiares se hicieron presentes en la cabecera de la movilización. Mientras en los gobiernos florecen los vínculos con el narcotráfico, las pibas quedan completamente desprotegidas en los barrios. También se inscribe en este clima el crimen de Luna y Mariel en manos de Pablo Laurta, militante del grupo de misóginos que encabeza Agustín Laje. Se fogonea un discurso de odio y misoginia que termina habilitando estas violencias.
Unir las luchas: no puede ser solo una consigna
Es toda una conquista de las organizaciones de la izquierda e independientes haber logrado que la cabecera de la movilización estuviera encabezada por las compañeras que hoy protagonizan las luchas que ponen en jaque la política de ajuste del gobierno. Luego de cinco reuniones y asambleas, conseguimos arrancarle a las direcciones sindicales de las centrales que estas compañeras encabezaran la marcha, frente a su pretensión inicial de ocupar ellas mismas ese lugar.
Hoy, frente a la actitud absolutamente entreguista que vienen demostrando, sentándose a negociar la reforma laboral y desmovilizando a los trabajadores que quieren enfrentarla, las direcciones sindicales aparecen profundamente desprestigiadas ante los ojos de amplios sectores populares.
El ánimo de las mujeres movilizadas lo dejó en claro: cuando las columnas pasaban frente a la cabecera y veían a la comisión de mujeres de Fate, estallaban los aplausos y el canto de “¡Fate no se cierra!”. Fue un acierto que la movilización se transformara en un canal de expresión de las luchas más importantes que hoy enfrentan al gobierno de Milei.
Lo mismo ocurrió con las trabajadoras del Garrahan y familiares, que marcharon en la cabecera. Su lucha quedó grabada en la memoria popular como un ejemplo de cómo, con sindicatos combativos, organización y una enorme solidaridad, se puede quebrar la política de ajuste salarial del gobierno. También, la presencia de la docencia universitaria y de otros niveles de la Ciudad de Buenos Aires, nucleada en Ademys, que vienen de protagonizar importantes medidas de lucha, incluyendo paros por el no inicio de clases o la huelga por tiempo indefinido frente a la miseria salarial y el incumplimiento de la ley de financiamiento universitario.
El reclamo de un paro nacional y plan de lucha
No es casual que, cuando hablamos de los “sectores en lucha”, aparezca un rasgo transversal: la presencia de direcciones clasistas y antiburocráticas que impulsan hasta el final la organización y la lucha de los trabajadores. La pelea de Fate se ha transformado hoy en un verdadero faro para las miles de empresas que están cerrando en el país, que ya superan las 20 mil, y para todos los trabajadores que enfrentan despidos y ataques patronales. A esto se suman los jubilados, que todos los miércoles se bancan los palos, o el movimiento piquetero perseguido judicialmente por este gobierno por atender las necesidades de los más empobrecidos por este sistema.
Esto se opone por el vértice a la actitud de la burocracia sindical, que ha tenido un papel más que lamentable y que permitió que el gobierno avance con su reforma laboral tal como lo exigían las patronales. Primero negociaron; luego convocaron a una movilización sin paro; más tarde a un paro sin movilización; y finalmente la reforma se votó prácticamente sin obstáculos. Toda una política de contención y desmovilización frente a un ataque histórico contra los derechos de los trabajadores.
En las instancias preparatorias de la movilización este debate estuvo muy presente. Bajo el eufemismo de “paro feminista” se encubre que numerosos sindicatos ni siquiera llamaron a un paro real. Incluso en los casos en que se convocó, se habilitó que solo las trabajadoras se ausentaran mientras los trabajadores varones cubrían sus tareas, dando otro carácter a la jornada. Desde el Plenario de Trabajadoras dimos la pelea para que el 8M se transformara en lo que debe ser: un verdadero paro general de toda la clase trabajadora, enmarcado en un plan de lucha para derrotar el ajuste y terminar con este régimen que descarga la crisis sobre las espaldas de las y los trabajadores.
Necesitamos volver a las calles con la ola verde
Otro punto a destacar de la movilización fueron las importantes columnas juveniles que se hicieron presentes, encolumnadas con sus compañeras y compañeros secundarios o sueltas. Las estudiantes secundarias han sabido ser uno de los sectores más dinámicos del movimiento de mujeres en los últimos años, protagonistas de la ola verde, uniformadas con sus pañuelos en los colegios públicos y privados y participando de un movimiento profundamente disruptivo que ha marcado la historia.
En la actualidad, las condiciones de vida para la juventud se vuelven cada vez más graves. Avanzan reformas educativas de carácter represivo, hechas a imagen y semejanza de lo que reclaman las iglesias y los sectores más reaccionarios. A esto se suma la reforma laboral, que golpea particularmente a los jóvenes, profundizando la precarización en los trabajos con condiciones paupérrimas en los que ya se insertaban.
Frente a una juventud sin perspectivas, atravesada por la precarización, el desempleo y la pobreza, la única respuesta del gobierno es avanzar con la baja de la edad de imputabilidad. Quieren una juventud disciplinada que no salga a combatir los embates de un régimen que nada tiene para ofrecerles.
Un marzo de luchas contra Milei
La movilización del 9M deja una conclusión contundente. La posibilidad de salir masivamente a las calles está plenamente planteada en esta etapa, pero no podrá expresarse de la mano de quienes se empeñan en boicotear la lucha y desmovilizar a los trabajadores.
La próxima parada es el 24 de marzo, cuando se cumplen 50 años del golpe de la dictadura genocida. Por eso defendemos la necesidad de un 24 de marzo independiente de los gobiernos, del Estado y de la burocracia sindical, denunciando su colaboración con el ajuste y con las políticas represivas, ayer y hoy. Transformemos esa movilización en una verdadera instancia de lucha contra el gobierno y sus cómplices, retomando la tradición del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia de marchar con una orientación política propia.
Los trabajadores podemos derrotar a Milei y sus reformas reaccionarias. Las luchas de Fate y del Garrahan marcan el camino.

