Políticas
14/1/2026
Editorial
2026: vuelve la inflación que nunca se fue

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Javier Milei.
Por más que el gobierno eche mano a todos sus recursos comunicacionales no puede ocultar que la inflación en Argentina ha vuelto a crecer. El 2.8% de diciembre representa un nuevo avance, consolidando 7 meses consecutivos de crecimiento de los precios. Si se lo compara con mayo del 2025, cuando el gobierno festejaba un índice mensual del 1.5%, el incremento es cercano al 100%. Una forma muy utilizada por Milei en el pasado era anualizar la tasa mensual. Si aplicamos esta metodología tenemos que la inflación anualizada de diciembre es del 39.28%, una de las más altas del mundo e incluso por encima del promedio de los gobiernos kirchneristas.
Lo más grave, sin embargo, es lo que viene. Como todas las proyecciones anticipan que en enero y febrero el porcentaje de la inflación no bajará, sino que incluso puede aumentar, en parte por la dinámica de precios y en parte por el cambio de metodología que aplicará el Indec, tenemos asegurado un 2026 con alta inflación. Todas las consultoras ya han corregido sus proyecciones, estableciendo un piso del 30% anual. Se trata de un porcentaje que triplica las metas establecidas en el Presupuesto 2026, convirtiéndolo en un papel mojado. Como la recaudación impositiva depende en buena medida del índice inflación, un salto del 10% al 30% le permitirá al gobierno disponer de fondos sin control y por sobre todas las cosas de continuar la licuación de los salarios de los trabajadores del Estado y de las partidas para gastos sociales. Ya en el 2025, luego del enorme ajuste del 2024, los salarios del sector público nacional cayeron 14%. El ajuste salarial también afectó a los trabajadores del sector privado, cuyas paritarias marchan en promedio al 1% mensual. De fondo esto explica la caída del consumo, que en diciembre se derrumbó en un 5.2% en una comparación interanual. No puede soslayarse, además, que del mismo modo que el gobierno interviene para bajar los salarios lo hace para incrementar la inflación. Es que el aumento de la inflación se concentra en los servicios, cuyas tarifas dependen de la autorización del propio gobierno. El “Estado libertario” interviene para acelerar una distribución negativa del ingreso para los trabajadores.
Pero esto no agota las malas noticias. Sucede que con el cambio del año entra en vigor una nueva política monetaria, que consiste en el ajuste de las bandas cambiarias según el índice de inflación. Así se abre una dinámica peligrosa que amenaza con una espiralización de precios y tipo de cambio. Nada, digamos, que no hayamos visto de manera ininterrumpida en los último años e incluso décadas. Pero si esta espiralización no se diera, tendríamos un mayor atraso cambiario por la vía de que la tasa de inflación supera la tasa de devaluación. En tales circunstancias solo queda esperar un agravamiento de la crisis industrial sumada a la crisis comercial por la caída del consumo. Como ya está sucediendo, esta crisis combinada golpearía duramente al empleo, que viene en franca caída. Para que tengamos dimensión de la situación alcanza con reseñar que solo en octubre del 2025 se perdieron 33.100 puestos de trabajo. Estamos ante el combo explosivo de aumento de precios, recesión y crecimiento del desempleo.
Por la cornisa
El crecimiento de la inflación se da en momentos donde al gobierno “le costó un Perú” reunir los fondos necesarios para cancelar los vencimientos de deuda del mes de enero. Para pagar los 4.300 millones de dólares el gobierno no pudo apelar a la tan prometida vuelta a los mercados, que siguieron tan cerrados como siempre. Resultó falsa la especie de que el triunfo electoral de octubre abriría la llave del endeudamiento para el gobierno libertario. Por eso debió recurrir al salvataje de un Repo, que no es otra cosa que un préstamo garantizado de corto plazo dado por un consorcio de bancos. En el relato libertario se festejó la tasa acordada del 7.4%, pero ocultando deliberadamente que Caputo debió entregar bonos en garantía por 5.000 millones de dólares para recibir solo 3.000 millones de préstamo. Esto, claro, porque los bonos cotizan con fuertes descuentos dado el estado de semi-default del Estado nacional.
Lo cierto es que si el gobierno debió apelar a este mecanismo de emergencia es porque la dupla Trump-Bessent prefirió no usar los fondos del Tesoro yanqui para ayudar a su amigo libertario. Detrás de esta decisión está la presión para que el gobierno argentino arregle con el FMI, que sigue presionando por una devaluación más amplia que permita la acumulación de reservas que haga viable el pago de la deuda externa. Milei-Caputo se siguen resistiendo a esa presión, más aún cuando la inflación está en ascenso. Saben que en este cuadro una devaluación más amplia agravaría aun más el salto de los precios, quitándole al gobierno el único activo que tiene ante la población.
Pero habrá que ver hasta donde tienen margen Milei y Caputo de zafar de esa presión. Según un estudio de Morgan Stanley, se estima que Argentina tiene necesidades brutas de reservas del orden de los 38.700 millones de dólares. Casi la mitad, unos 18.900 millones, corresponden a bonos duales que se ajustan por el dólar, pero se pagan en pesos. Si bien aquí no se necesitan divisas, una devaluación incrementa los pesos a pagar. Pero lo que sí requiere dólares billete son los 19.900 millones restantes. En un cálculo favorable al gobierno, Morgan Stanley prevé que para afrontar estos vencimientos el gobierno podría contar con 5.000 millones de organismos multilaterales y otros 6.000 millones con emisión de deuda en moneda extranjera. Pero aun así queda un bache de 5.000 millones muy difícil de cubrir.
En este cuadro de grandes necesidades de financiamiento, el FMI tiene gran capacidad de presión, más cuando es uno de los principales acreedores en el 2026, con vencimientos del orden de los 4.400 millones de dólares. El único recurso del gobierno para neutralizar estas presiones es apelar nuevamente a la intervención de Trump y su secretario del Tesoro, Scott Bessent. Pero este salvataje, de darse, no será gratis. Lo sabe Milei que se apuró a apoyar la agresión militar yanqui contra Venezuela y ahora quiere armarle a Trump un bloque de 10 gobiernos de derecha de América Latina alineados con las aventuras bélicas y coloniales de la Casa Blanca.
Esta sumisión humillante solo muestra que el destino de Milei está atado directamente a la suerte de Trump y de sus aventuras bélicas. Quien se proclamaba “experto en crecimiento económico con o sin dinero” muestra un fracaso económico manifiesto que solo puede revertir transitoriamente mediante salidas de fuerzas de los Estados a esto se redujo el relato libertario-. Pero para Milei puede ser una mala noticia que su suerte dependa de la de Trump, que ha perdido todas las elecciones que enfrentó en estos meses y todo anticipa que ocurrirá otro tanto con las intermedias de fines del 2026. Los trabajadores de los EE.UU sufren lo mismo que los de nuestras pampas: sus ingresos caen y los precios aumentan. La desesperación de Trump ante el peligro de una derrota lo está llevando a amenazar con un golpe contra la Reserva Federal para que baje la tasa y avanzar más en Venezuela, con la expectativa de que, robándole el petróleo, podrá reducir el costo de la energía dentro de los EE.UU. Se tratan de apuestas arriesgadas que Trump busca imponer con métodos represivos extremos, como lo vemos ahora con los asesinatos en Minneapolis y la movilización de la Guardia Nacional.
Preparar la respuesta popular
En este cuadro el gobierno de Milei se apresta avanzar en su agenda reaccionaria en el Congreso. Mediante la iniciativa política pretende superar, o al menos compensar, las condiciones de precariedad que deja a la vista. Para ello se vale de la debilidad de la oposición patronal, que se debate entre la complicidad y la impotencia, y especialmente de la ausencia de una respuesta popular de conjunto que cambie la relación de fuerzas entre las clases en la Argentina.
Sin embargo, no está dicho que esto no pueda modificarse. La reforma laboral que Milei quiere aprobar en las extraordinarias de febrero es sin duda un elemento convulsivo entre los trabajadores y sectores populares. Ya en el pasado el intento de aprobar este tipo de legislación terminó provocando luchas y enfrentamientos callejeros. La burocracia sindical patea en contra, aun cuando convoque un paro aislado para el mes de febrero. Pero también pateó en contra en el pasado. Con Macri como presidente había llegado a pactar varias leyes de reforma laboral y eso no impidió que se generen las jornadas del 14 y 18 de diciembre del 2017. La clave pasa entonces por organizarse en los lugares de trabajo, convocar reuniones y autoconvocatorias para ponerse en movimiento. Es lo que debe tomar en sus manos el sindicalismo combativo, el movimiento piquetero independiente, las organizaciones de jubilados y todo el arco obrero y popular que protagonizó un importante plenario el 16 de agosto pasado. Quienes el último 18 de diciembre encabezaron la columna independiente con la línea del paro activo y el plan de lucha hasta la huelga general para derrotar la reforma esclavista y todo el paquete de Milei. Una autoconvocatoria que parta de las organizaciones obreras y populares debe agitarse en todos los sindicatos, para recabar mandatos y organizar a los compañeros y compañeras.
Vamos a la lucha con la convicción que se puede ganar.



