Políticas

25/4/2026

Debates hacia el XXX Congreso del Partido Obrero

Cómo la izquierda revolucionaria aborda los nuevos desafíos

El FIT-U en Plaza de Mayo (foto de archivo)

Uno de los debates que más ha recorrido los plenarios precongresales del Partido Obrero ha sido cómo responder a la campaña política para que la izquierda integre un “frente anti-Milei” con el peronismo y, en directa relación con esto, cómo caracterizar el crecimiento en las encuestas que registra el FIT-U en la actualidad. Con seguridad estamos en presencia de un debate que trasciende las filas del PO y que envuelve por las cuestiones cruciales que aborda al conjunto de la izquierda y de los sectores populares que simpatizan con ella. De que encontremos la respuesta adecuada a estas cuestiones depende en buena medida el futuro de la izquierda revolucionaria en Argentina.

La crisis del peronismo

En el documento de actualización política presentado para el debate del proceso precongresal se caracteriza que la crisis que envuelve al gobierno de Milei en los últimos meses le ha dado al peronismo, que venía muy golpeado por las derrotas electorales del 2023 y 2025, la chance de pelear por una vuelta al gobierno. El PJ se ilusiona en poder ser la expresión política de los sectores de la burguesía nacional que chocan con Milei. Es también el planteo de Kicillof, que pretende emerger como el candidato de todo el peronismo. Para remover cualquier vestigio de resistencia de la burguesía, ha emprendido un giro abierto a sectores de la derecha del peronismo que en el pasado fueron parte de los armados políticos del macrismo. La reunión en La Plata con Emilio Monzó y Nicolás Massot, dos pesos pesados del macrismo en el Congreso, forma parte de este operativo político. El operativo podría incluir a Larreta, a quienes muchos lo ven como candidato a jefe de gobierno del panperonismo para el 2027 bajo la batuta de Juan Manuel Olmos, el capo del PJ porteño. Grabois, por su lado, incluyó en el frente a Pichetto y al gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, un defensor cerrado del capital agrario en la Argentina. El kirchnerismo, que está en franco retroceso, no es ajeno a este giro general. Lo quiso dejar en claro la propia Cristina Fernández de Kirchner al reunirse con Pichetto, que vuelve al peronismo después de ser candidato a vicepresidente de Macri.

En su Manual de Conducción Política Juan Domingo Perón aconsejaba que si se iba a girar a la derecha convenía poner el guiño a la izquierda. Este oportunismo convertido en doctrina es al que echan mano dirigentes, periodistas y streaming del ecosistema peronista para tratar de revertir el descrédito del PJ ante una amplia base popular. Es un descrédito profundo, que enlaza el fracaso del gobierno del Frente de Todos con el papel que va de la complicidad a la impotencia del peronismo ante el gobierno ultraderechista de Javier Milei. En los plenarios precongresales del PO muchos compañeros y compañeras brindaron testimonios directos de cómo las votaciones favorables de diputados y senadores del PJ a varias leyes impulsadas por el oficialismo, el colaboracionismo de los gobernadores pejotistas y la ausencia de la CGT en las luchas obreras y populares han agravado el descrédito del peronismo ante un sector muy amplio de su base. Y, por sobre todas las cosas, de cómo esa base popular ha visto en la izquierda y en sus referentes más conocidos la decisión de luchar contra Milei que hubiesen querido ver en sus propios dirigentes. “Nos gustaría que el peronismo tenga dirigentes como ustedes” es una frase común que varios compañeros registraron en sindicatos, barriadas y lugares de estudio, mostrando tanto un reconocimiento a la izquierda, así como también la ausencia de una compresión de clase que explique la actitud pusilánime del peronismo.   

Para tratar de recuperar la iniciativa y superar su crisis, desde sectores del peronismo han lanzado una campaña para formar un “frente anti-Milei”. Así, quienes allanaron el camino a Milei para que llegue al gobierno y luego fueron cómplices por acción u omisión para que avance con su motosierra, ahora quieren aparecer ante los trabajadores como los más consecuentes en enfrentar a Milei. La experiencia que suelen invocar es la de Brasil. Allí el PT de Lula armó un “frente anti-Bolsonaro” con fuerzas políticas y dirigentes de la derecha. Esto cobró forma en la propia fórmula presidencial, pues la fórmula con Lula la completó como vicepresidente Geraldo Alckmin, un derechista confeso que estuvo entre los principales impulsores del golpe contra Dilma Rousseff y del encarcelamiento y proscripción de Lula en las anteriores elecciones presidenciales.

¿Qué hacer?

¿Cómo enfrentamos esta situación? Esta pregunta fue motivo de debates en muchos plenarios. Muchos compañeros y compañeras problematización el análisis, desarrollando un aspecto central: que más allá de la maniobra que lleven adelante una parte de los dirigentes del peronismo, el planteo recoge apoyo en una base popular ante las ganas de sacarse de encima a este gobierno. Incluso sectores que tienen una valoración muy positiva de la izquierda ven favorablemente que el FIT-U se integre a un “frente anti-Milei” no solo para evitar una división electoral ante la lista libertaria, sino porque consideran que la presencia de la izquierda contrabalancea las tendencias de derecha al interior de un frente de este tipo.

Aparecen acá varias cuestiones que surgieron en el debate precongresal. El punto de partida para el debate es que todas estas maniobras tienen como horizonte exclusivo las elecciones presidenciales del 2027. Nuestra consigna sin embargo apunta en un sentido contrario: “fuera Milei” es para luchar ahora contra el gobierno y derrotar su plan de guerra contra los trabajadores. Nos sobran pruebas para ilustrar que no se trata de un debate menor. Los que decimos “fuera Milei” impulsamos la ocupación de Fate contra los despidos masivos, luchamos contra las paritarias a la baja que destruyen el salario, enfrentamos la reforma de la ley de glaciares que le entrega la Cordillera de los Andes a los monopolios mineros y enfrentamos en las provincias los ajustes de los gobernadores. En cambio, los que rechazan el “fuera Milei” en nombre de un “frente anti-Milei” para las elecciones no son capaces -como Kicillof- de garantizar la continuidad operativa de Fate tal como reclaman sus trabajadores. Son, también, quienes firman paritarias a la baja con la burocracia sindical, votan a favor de la reforma de la ley de glaciares y aplican en las provincias la motosierra de Milei. Como puede verse, no se trata de un problema de consignas vacías sino de acción política concreta. Es fundamental advertir que quienes dejan pasar el plan de guerra de Milei trabajan aun cuando no lo quieran por su reelección. Esto por un tema muy simple: si el gobierno impone sus objetivos, gana autoridad ante la clase capitalista y doblega la capacidad de resistencia popular tiene muchas mas chances de imponerse en las elecciones. Un pueblo que fue derrotado “vota mal”, porque no puede reconocer colectivamente sus intereses de clase. Es lo que no logran entender los que pregonan una especie de “fetichismo electoral”, que presentan las elecciones como la expresión del libre albedrío de los ciudadanos y no como un campo condicionado por la relación de fuerzas que se estableció mediante la lucha de clases.

En muchos plenarios precongresales también se insistió en la necesidad de someter a crítica a la experiencia brasilera para alumbrar adónde conduce el frente “anti-Milei” del peronismo. Sucede que en Brasil el “frente anti-Bolsonaro” con la derecha permitió que Lula gane la presidencia, pero no abrir paso a los reclamos populares. Es más, en Brasil siguen vigentes la reforma laboral de Temer, que asumió el gobierno luego del golpe contra Dilma Rousseff, y la reforma previsional de Bolsonaro. Ante las críticas a esta situación dirigentes del PT responden que “no da la relación de fuerzas” y que es el precio que debemos pagar para ganarle a Bolsonaro. Pero ni siquiera eso es seguro si ven las encuestas actuales para las próximas elecciones presidenciales, donde marcha primero por poco margen Bolsonaro hijo. ¿Y por qué pasa eso? Desde Argentina podríamos darle nuestra experiencia a nuestro hermano pueblo brasilero. ¿O acaso Milei no es el resultado de la enorme desilusión del gobierno del Frente de Todos? ¿Por qué si en Brasil Lula en un cogobierno con la derecha deja intacta lo esencial de la política bolsonarista no permitirá la vuelta al gobierno de la familia Bolsonaro? Conclusión: en Argentina el Frente de Todos del 2019 fue un “frente antimacrista” que nos llevó a Milei. En Brasil el “frente anti-Bolsonaro” deja indemne sus principales medidas y le otorga una viabilidad electoral a Bolsonaro hijo. Por lo tanto, no se trata de armar un “frente anti-Milei” para el año que viene si no de luchar ahora contra el gobierno y en el fragor de esa lucha construir una alternativa política de los trabajadores.

El desafío de la izquierda

Como no podía ser de otro modo, este debate entre la militancia del PO se hizo en conexión directa con el papel que tiene la izquierda en nuestro país. El crecimiento del reconocimiento popular al Frente de Izquierda y la imagen positiva que recoge en encuestas Myriam Bregman fue abordado por muchos compañeros y compañeras con el propósito de establecer una caracterización concreta y darnos una política. En el documento ya mencionado de actualización política se arrima una posición política que en general fue aprobada en los plenarios. Esta consiste en señalar que este crecimiento en las encuestas en un fenómeno progresivo que expresa tanto la crisis y la desilusión con el peronismo como un reconocimiento a la izquierda por su lucha consecuente contra el gobierno de Milei y a favor de todas las causas populares. Este reconocimiento es una base muy importante, pues valora la acción directa en las calles, lugares de trabajo y estudio sin limitar la comprensión de la “política” a las elecciones.

Es probable que esta caracterización que tenemos nosotros también la tengan los dirigentes del peronismo. Ellos pueden razonar así: “si la izquierda gana popularidad por su lucha contra Milei, propongámosle un frente anti-Milei que seguro rechazarán para acusarlos de dividir el campo popular y favorecer a la derecha”. Más allá de la maniobra, que debemos enfrentarla con los planteos desarrollados más arriba, la situación expone un problema que debemos abordar: debemos desarrollar un tenaz trabajo de lucha político-programática para ganar a los sectores obreros y populares que simpatizan con la izquierda al programa socialista de la izquierda revolucionaria. Dicho de otro modo: “fidelizar” lo que marcan las encuestas solo puede hacerse conquistando a una vanguardia popular para una perspectiva socialista. Este trabajo político enorme deberá desarrollarse en un cuadro político convulsivo nacional e internacional, cruzados por guerras, bancarrotas económicas e irrupciones populares. Las tácticas de intervención serán imprescindibles, pero no hay atajos que eludan una construcción sólida sobre bases socialistas.

Para la izquierda que se reclama revolucionaria la tarea planteada aparece como realmente apasionante. La condición para superarla exitosamente es reconocer el desafío y no eludirlo. En la batalla programática hay que mostrar que el oportunismo de los Grabois, que ya declaró su disposición a un frente con Pichetto y Llaryora, tiene bases programáticas claras. Después de todo, las diferencias entre ellos en el mejor de los casos son de grado y no de calidad. Con un gobierno de cualquiera de ellos (incluimos en la lista a Kicillof, Massa, etc.) Paolo Rocca seguirá siendo el dueño del acero, Madanes Quintanilla del aluminio, Pérez Compac de la fabricación de alimentos y se seguirá pagando la deuda al FMI y al capital financiero internacional. En cambio, un gobierno de los trabajadores y la izquierda establecerá la propiedad colectiva de estos medios de producción y una planificación de la economía que permita simultáneamente una mejora sustancial de las condiciones de vida de la mayoría trabajadora y un crecimiento de las fuerzas productivas del país. Este debate programático tiene otras derivaciones, ya que abarca al conjunto de la realidad social. Incluye a los sindicatos, donde todas las fracciones del peronismo son defensores del control y sometimiento de las organizaciones obreras al Estado por medio de una burocracia sindical corrompida y patotera. En cambio, la izquierda plantea la expulsión de la burocracia y la recuperación de los sindicatos como órganos de lucha de los trabajadores.

Frente de Izquierda

Esta disputa política coloca al Frente de Izquierda ante un desafío mayor al del pasado. Esta comprensión estuvo presente en todos los plenarios realizados en el PO. También la conclusión elemental que una acción de frente único amplía las posibilidades de abordarlo exitosamente, pues coloca en el centro una delimitación de clase con el peronismo y con todas las expresiones políticas capitalistas. Nuestra propuesta de realizar un acto unitario del FIT-U en Plaza de Mayo parte de esta caracterización de conjunto. De ahí que también entendemos lo dañino de la decisión rupturista adoptada por el PTS que los lleva a rechazar un acto unitario en Plaza de Mayo para refugiarse en una acción solitaria y de aparato en el microestadio de Ferro. Un acto en Plaza de Mayo permite una convocatoria general a los sectores que luchan contra el gobierno de Milei a movilizare para construir una salida política propia de los trabajadores. Un acto divisionista, en cambio, es una versión degradada de “hacer grande al PTS” -en un microestadio.

Tan grave como la acción divisionista están los argumentos esgrimidos para justificarlos. La invocación realizada por el Comité Ejecutivo del PTS de que su acto propio se justifica porque el resto de los partidos del FIT-U rechazan su planteo de construir una “fuerza política de los trabajadores que supere al peronismo” es antes que todo desconcertante. Sucede que el Frente de Izquierda se conformó en el 2011 para enfrentar al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en su máximo momento de apogeo. O sea que en su ADN está la delimitación de clases con el peronismo. Bien visto, el Frente de Izquierda pretende ser no la “superación” del peronismo sino su negación. La diferencia no es menor. La superación puede ser entendido como una expresión más perfeccionada de una determinada construcción política. En cambio, el Frente de de Izquierda le opone a la conciliación de clases del peronismo y a su defensa del capitalismo un método de lucha de clases y un programa anticapitalista y socialista.

Aún dentro de la formulación confusa realizada por el PTS de “una fuerza política de los trabajadores que supere al peronismo” no debe pasarse por alto el “contexto” en el que se la formula. Pues adquiere un determinado contenido si se lo plantea en un acto del FIT-U en Plaza de Mayo y otro si es en oposición a una acción independiente del FIT-U. De más está decir que cualquier militante de la izquierda o luchador popular que se referencia en el FIT-U no puede menos que rechazar la idea de fundar un acto divisionista en nombre de defender aquello que no existe para dividir aquello que sí existe. Más aun cuando lo que no existe (el “PT”) es programáticamente regresivo a lo que sí existe (el FIT-U). Es que el planteo histórico de un PT siempre fue formulado como una expresión incipiente de independencia de clase sin un programa revolucionario acabado. Es la idea básica de que los trabajadores tengan su partido propio, delimitado de los partidos de la clase capitalista. Pero esos partidos de trabajadores pueden tener un programa reformista o, en un país atrasado, nacionalista. El FIT-U, en cambio, plantea un programa basado en la estrategia del gobierno de la clase obrera.

Esta lucha programática es insoslayable para lo que se viene en Argentina. Solo por esa vía es posible traducir el reconocimiento bien ganado del FIT-U y sus principales referentes en la lucha contra Milei en una poderosa clase obrera con conciencia de clase. El acto unitario en Plaza de Mayo se corresponde con esta estrategia. Se trata de un paso muy necesario, pero aun no suficiente. El FIT-U debe encarar una deliberación programática de fondo convocando a la vanguardia obrera y popular a debatir una salida política propia ante esta crisis capitalista. El Congreso del Partido Obrero que se realizará el fin de semana del 23, 24 y 25 de mayo debatirá a fondo esta situación y las propuestas que se desprendan para conquistar los objetivos estratégicos por los que luchamos.

Entre el 23 y el 25 de mayo de este año el Partido Obrero realizará su XXX Congreso. Para el mismo el Comité Nacional ha producido documentos que son abordados por los plenarios precongresales que se están desarrollando desde el mes de marzo. En la Revista En Defensa del Marxismo hemos hecho pública la Resolución Política aprobada por el Comité Nacional para una deliberación política de nuestras tesis, caracterizaciones y tareas, no solo entre los militantes de nuestra propia organización, sino también entre la militancia del PO con el conjunto de la vanguardia obrera y juvenil. Para continuar con ese propósito publicamos el artículo precedente.

1° de Mayo: el valor de los actos del FIT-U
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