Políticas
26/6/2026
Manifiesto del Partido obrero
Contribución para el desarrollo de la izquierda y el socialismo en la Argentina
Sumate a construir una alternativa de los trabajadores.
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Introducción
El manifiesto que presentamos a continuación constituye un aporte del Partido Obrero al debate que ha comenzado en el FIT-U y que involucra tanto al conjunto de la izquierda como a los sectores populares que buscan construir una alternativa política independiente, opuesta al gobierno de Milei y a la oposición patronal. Es un debate que se ha tornado urgente y necesario por el ascenso del reconocimiento popular al FIT-U y en particular por los registros que las encuestas le otorgan a la candidatura de Myriam Bregman. Millones de trabajadores, que en el pasado solo prestaban atención a las fuerzas capitalistas, ahora miran a la izquierda y quieren saber cuál es su estrategia y su programa. La pregunta acerca de qué haría la izquierda si llegara al poder ha dejado de ser una reflexión circunscripta a un círculo de militantes para convertirse en parte del debate político nacional.
Para los partidos que integran el FIT-U el desafío que se presenta es mayúsculo. Mostrar un programa y una estrategia precisa se ha convertido en condición necesaria para poder acelerar este giro político a la izquierda. La crítica radical a la sociedad capitalista debe combinarse con un programa socialista de salida a la crisis actual. Junto con el programa debemos abordar otro asunto crucial: qué fuerza política debemos construir y qué tipo de gobierno y de Estado necesitamos. Se trata de problemas estrechamente vinculados, que de ningún modo pueden abordarse por separado ni escindir, en su tratamiento, el plano nacional del internacional. Estas cuestiones de fondo tampoco pueden separarse de cómo enfrentamos al gobierno ultraderechista de Milei, que se presenta como la avanzada del trumpismo en Argentina y en América Latina. Nuestra lucha por el gobierno de los trabajadores y por el socialismo comienza con la lucha por terminar mediante una acción histórica de los trabajadores con el gobierno liberfacho de Milei. Los comités unitarios del FIT-U que venimos proponiendo desde el Partido Obrero tienen el desafío de combinar todas las tareas señaladas: impulsar la acción directa contra el gobierno y la clase capitalista; profundizar el debate sobre la estrategia y el programa; y avanzar en la construcción de una fuerza política de la clase obrera y de la izquierda que luche por un gobierno de los trabajadores.
El debate en curso es abierto y convocante. Llamamos a que lo hagan suyo los trabajadores y las trabajadoras, la juventud que lucha y los sectores de la intelectualidad y de la cultura que quieran construir una salida de izquierda y socialista ante la opresión y la barbarie del capital.
I. Abajo la guerra imperialista
El elemento que distingue a la actual situación internacional es el crecimiento de las guerras imperialistas y de los genocidios que éstas conllevan. Desde hace más de cuatro años en el corazón de Europa se desarrolla una guerra que enfrenta en territorio ucraniano a la OTAN con Rusia. En el campo de batalla los muertos se cuentan por cientos de miles y los heridos por millones. Trump prometió que detendría la guerra en el primer día de su mandato. Pero sucedió lo contrario: no solo continuó la guerra en Ucrania, sino que se extendió a nuevos territorios y países, adquiriendo una dimensión internacional. Desde octubre del 2023 el sionismo, con el apoyo del imperialismo yanqui y europeo, ha redoblado la agresión contra el pueblo palestino. El genocidio en Gaza ha llevado al exterminio de casi el 10% de su población. Las imágenes y videos distribuidos por las redes sociales han retratado en tiempo real un genocidio ejecutado con la complicidad de la llamada “comunidad internacional”. El expansionismo sionista no se ha limitado a Gaza. Persiguiendo el sueño del “gran Israel” el criminal de guerra Netanyahu atacó Cisjordania, Líbano, Siria, Yemen e Irán en conjunto con los Estados Unidos. El mesianismo sionista, sin embargo, no es más que el disfraz ideológico del intento del imperialismo yanqui de rediseñar Oriente Medio en función de sus planes de guerra contra China y Rusia y subordinar aun más a las potencias europeas. No estamos simplemente ante una sumatoria de conflictos regionales, sino ante distintas manifestaciones de una tendencia hacia una guerra mundial.
El crecimiento de las guerras no puede explicarse por los desvaríos personales de Trump. La expansión de las confrontaciones militares hunde sus raíces en el propio sistema capitalista. Por eso en Estados Unidos las guerras crecieron tanto con los gobiernos del Partido Demócrata como con los del Partido Republicano. Para el imperialismo yanqui el objetivo es revertir, apelando a su gigantesca maquinaria militar, su retroceso histórico cada vez más acentuado. Pero está lejos de cumplir sus objetivos. La agresión militar contra Irán hasta el momento ha fracasado. Trump no cumplió ninguno de los objetivos que proclamó y debió ceder ante el régimen de los ayatolas por temor a un agravamiento de la crisis dentro de los propios Estados Unidos. Incluso Israel, aún con toda la brutalidad de su maquinaria asesina, no ha logrado doblegar al pueblo palestino.
El militarismo se extiende como una mancha de aceite y abarca a la inmensa mayoría de los Estados. Las potencias europeas han resuelto incrementar su gasto militar acelerando su preparación para una guerra. Incluso las naciones periféricas han tomado el mismo rumbo, destinando cada vez más una porción mayor de su presupuesto a la compra de equipos militares. La contraparte de este militarismo, que alimenta las ganancias de la industria armamentista, es el crecimiento de los ajustes contra los pueblos del mundo. La compra de aviones, tanques, drones y misiles es a costa de las jubilaciones, de la asistencia social y el desfinanciamiento de los sistemas de salud y educación en todo el mundo.
La “guerra no es más que la continuidad de la política por otros medios”. Y la política no es otra cosa que “economía concentrada”. Sucede que el capitalismo, en su etapa imperialista, enfrenta crisis cada vez más agudas, de mayor duración y profundidad. Lo que está como telón de fondo es una crisis histórica del capital y su tendencia al colapso. Lo prueba el hecho que en la actualidad el capital no puede superar la crisis de 2008, aún cuando ya pasaron casi 20 años. La onda expansiva de esta crisis se extiende hasta el presente, condicionando a los gobiernos y a los Estados. Los gobiernos de las principales potencias, empezando por los Estados Unidos, recurrieron a rescates multimillonarios para salvar al capital en bancarrota, dejando a los Estados ultraendeudados. Ese endeudamiento colosal es la base del retroceso del dólar, de las crisis de los sistemas monetarios y de la inflación que convive con el estancamiento económico. La creciente devaluación del dólar y de los bonos de deuda norteamericana, base del sistema financiera mundial, coincide con la creciente crisis de las instituciones imperialistas de posguerra, desde la OTAN a la OMC. Asistimos a una crisis del orden imperialista imperante, incluyendo un retroceso importante de las potencias europeas y de Japón.
El retroceso de los Estados Unidos y del capital imperialista ha ido de la mano con el ascenso de potencias que le compiten por la hegemonía mundial. La principal de ellas, claro, es China. El ascenso del gigante asiático agravó la tendencia a la sobreproducción de capitales y mercancías a escala global, intensificó la competencia mundial entre los Estados y los monopolios y profundizó la competencia en el seno de la propia clase obrera. Pero el propio gigante asiático no ha permanecido inmune a la bancarrota capitalista, como lo demuestran su crisis inmobiliaria, la progresiva desaceleración de su crecimiento económico y su elevado nivel de endeudamiento. Este proceso ha ido acompañado de un aumento de la desigualdad y de los antagonismos sociales en China. Quienes se encuadran en un “campismo” que atribuye a China y a Rusia un carácter progresivo frente al imperialismo tradicional no solo pasan por alto la pretensión de ambos Estados de consolidarse como potencias imperialistas, sino que tampoco tienen en cuenta que el Partido Comunista de China ha sido un motor decisivo de la destrucción de las conquistas de la clase obrera a escala mundial.
La lucha contra la guerra imperialista sólo puede desarrollarse consecuentemente en tanto sea una lucha contra el capital, sus Estados y sus gobiernos. Nuestra consigna es “abajo los gobiernos de la guerra” y llamamos a los trabajadores del mundo a movilizarse con ese objetivo. Pero no somos pacifistas. A la vez que luchamos por terminar con las guerras imperialistas, defendemos el derecho de las naciones oprimidas a levantarse contra la agresión y la colonización imperialista. Nos colocamos en el campo de Irán contra el imperialismo yanqui, defendemos el derecho a la rebelión del pueblo palestino contra el sionismo y luchamos por el triunfo de todas las guerras nacionales contra el imperialismo mundial impulsando la movilización independiente de los trabajadores.

II. América Latina
El retroceso de los Estados Unidos y el ascenso de China no llevarán a un mundo multipolar, como nos pretenden hacer creer los defensores del capital. El capitalismo es un sistema de competencia mundial. Las fuerzas productivas han adquirido una dimensión internacional y no pueden ceñirse al plano nacional. El proteccionismo de Trump no pretende encerrar al capital yanqui dentro de sus fronteras nacionales sino recrear una feroz ofensiva contra sus rivales. Es lo que vemos en América Latina con el intento del imperialismo norteamericano de retomar el control de su “patio trasero” amenazado por la competencia china. El gigante asiático se ha transformado en el principal socio comercial de la mayoría de los países de la región, incluidos aquellos que tienen gobiernos aliados al trumpismo.
El “escudo de las Américas”, firmado por los gobiernos derechistas de América Latina, ya se puso en práctica en Venezuela, convertida en un protectorado yanqui de la mano del chavismo residual. Mientras los gobiernos derechistas, abiertamente alineados con Trump, apoyaron el intervencionismo yanqui en Venezuela, los gobiernos centroizquierdistas y nacionalistas se limitaron a declararse “preocupados” y a reclamar por una “solución pacífica y negociada”. Ahora, el imperialismo asedia a Cuba con un bloqueo criminal y la amenaza con una posible intervención militar. Los gobiernos “progresistas”, como el de Lula en Brasil y el de Claudia Sheinbaum en México, aún sin sumarse al frente trumpista, acatan e imponen el bloqueo petrolero a Cuba. Y el gobierno cubano, por su parte, se allana a un aperturismo capitalista que prepara las condiciones para una semicolonización de la Isla.
El ascenso al poder de las fuerzas derechistas y ultraderechistas en América Latina ha sido pavimentado por las experiencias nacionalistas o centroizquierdistas, que, por enésima vez en la historia del continente, se han revelado incapaces de romper con la tutela del imperialismo, liderar un proceso de emancipación nacional y dar respuesta a las aspiraciones más elementales de las masas trabajadoras. Este balance aplica con especial fuerza para el chavismo, que fue la variante más radical de las experiencias nacionalistas y que durante un periodo buscó mimetizarse con el socialismo como sí éste pudiese ser obra de una camarilla militar y no de la clase obrera.
Los triunfos electorales de la derecha no cancelan la posibilidad de la irrupción combativa de los trabajadores en el proceso social y político. Las brutales medidas de ajuste contra los pueblos y la entrega descarada de los recursos nacionales pueden funcionar como detonantes de una intervención popular. Mientras el chileno Kast debutó enfrentando una gigantesca movilización estudiantil contra los ajustes a la educación pública, la extraordinaria rebelión de los obreros y campesinos de Bolivia volvió a colocar en la agenda latinoamericana el fantasma de la rebelión popular. Los piquetes y manifestaciones bolivianas combinaron las reivindicaciones urgentes de los obreros y campesinos con la exigencia de la caída del presidente Paz. La nueva traición de la Central Obrera Boliviana a la rebelión popular volvió a poner de manifiesto la importancia de la lucha por la recuperación de las organizaciones obreras y por direcciones clasistas.
El Partido Obrero apoya todas las luchas de los obreros y campesinos latinoamericanos y plantea la necesidad de librar una lucha mancomunada por la expulsión del imperialismo y por la unidad socialista de América Latina. Denunciamos el bloqueo criminal del imperialismo contra el pueblo cubano, nos sumamos a la convocatoria de los obreros petroleros de Río de Janeiro, que han lanzado una campaña para que Lula deje de vender petróleo a Israel y asista a Cuba de inmediato.

III. Milei y la ultraderecha
Las tendencias a la guerra imperialista tienen una traducción en el plano político con la proliferación de gobiernos de ultraderecha. Estamos en presencia de formaciones políticas reaccionarias cuya función estratégica es valerse de los recursos económicos, políticos y represivos del Estado para aplicar una ofensiva contra la clase obrera de cada país, en función de arrasar con sus conquistas e incrementar los beneficios del capital. Estos objetivos de clase están por encima de las envolturas ideológicas, que muchas veces cobran formas contradictorias. Es lo que sucede, por ejemplo, con Trump y Milei. Mientras el matón de la Casa Blanca hace alarde de un intervencionismo estatal y un proteccionismo económico, Milei se presenta como un “anti-Estado”. Sin embargo, otra vez, detrás de las diferencias ideológicas aparentes emerge una coherencia de intereses de clase. Entre el proteccionismo de Trump en un país imperialista y el liberalismo de Milei en un país semicolonial hay una relación directa, que conduce a la colonización de Argentina por el capital yanqui, convirtiendo al país en un eslabón de la cadena de suministros de los Estados Unidos y de su industria militar y de seguridad.
El gobierno de Milei no tiene solo el apoyo de Trump y la embajada norteamericana. Desde un punto de vista general, Milei viene a concretar la aspiración de la totalidad de las clases propietarias para modificar radicalmente la relación entre las clases sociales en la Argentina. La reforma laboral, que Milei se apresura a aplicar amenazando con eliminar de un plumazo 800 convenios colectivos de trabajo para imponer convenios flexibles y por empresa, representa el programa de guerra de la totalidad de los sectores capitalistas contra los trabajadores de la Argentina. De lograrlo Milei habrá ido más lejos que Videla y Massera en reducir a la clase obrera de nuestro país a una situación de semiesclavitud.
La burguesía nacional e incluso las llamadas Pymes se quejan de la política aperturista del gobierno con relación a las importaciones y porque el tipo de cambio está “atrasado”. Pero ni por un momento quieren perder la conquista que implica para el capital la eliminación de los convenios colectivos de trabajo y, más aún, el golpe a la organización sindical de los trabajadores, al derecho de huelga y de asamblea. En los últimos meses Techint y Milei tuvieron disputas públicas fuertes. Pero Paolo Rocca, el dueño de Techint, dejó frente a la Secretaría de Trabajo a Julio Cordero, quien fue uno de sus gerentes, para que pilotee la aplicación de la reforma laboral. No solo eso: a través de la Justicia, también lleva adelante la intervención de la UOM con el propósito de imponer un sindicato completamente subordinado a las patronales y de espaldas a los trabajadores, que sufren la precariedad laboral y la desvalorización de sus salarios. A su vez, con la reforma esclavista se abre paso a la conformación de sindicatos por empresa.
La política económica que lleva adelante Milei responde cabalmente a los intereses de sectores financieros que hacen fortunas en Argentina mientras avanza, simultáneamente, la crisis de la industria, la construcción y el comercio. Los RIGI y Súper RIGI otorgan beneficios extraordinarios a los monopolios mineros, petroleros y también de las nuevas tecnologías, orientando una matriz de país fuertemente desindustrializada y primarizada. Estos beneficios incluyen la reducción drástica a los grandes monopolios de aportes previsionales. De hecho, se aplica una reforma impositiva claramente regresiva. Los impuestos, caracterizados como “un robo” por los libertarios, siguen vigentes y hasta se incrementan para los trabajadores y sectores populares. En cambio, se reducen significativamente para los capitalistas. Toda la orientación libertaria va en esa dirección. Los grupos económicos que más ganaron lo hicieron por decisión del gobierno. Con el aumento de tarifas y servicios ganaron los concesionarios y empresarios de la energía. Con la baja de retenciones lo hicieron los sectores exportadores del agro. Con la tasa de interés por las nubes y el tipo de cambio pisado ganó el capital financiero metido en el carry trade. Con la habilitación del Fondo de Asistencia Laboral ganan las patronales, que pueden despedir gratuitamente utilizando los fondos de los jubilados. El intervencionismo libertario lo usufructúan los capitalistas y lo padecen los trabajadores, a quienes no se le homologan paritarias que superen o que empaten a la inflación.
Con el nefasto Sturzenegger a la cabeza, el gobierno de Milei invita a la burguesía nacional a reciclarse, metiéndose en el ciclo de negocios armado desde el Estado. Que los industriales reduzcan o cierren sus plantas y se reconviertan en importadores. Que los capitalistas con regímenes especiales en Tierra del Fuego se metan en el negocio de la energía. Que el capital aproveche la penetración de los monopolios mineros para asistirlos con algunos insumos, para una producción contaminante con destino de exportación y sin valor agregado. Pero esta reconversión, que le permite a la burguesía nacional mantener sus privilegios, opera de un modo muy diferente para los trabajadores. Un obrero de la industria, con obra social y aporte jubilatorio, pasa a una plataforma de aplicación con un régimen de monotributo. Este tipo de reconversión tiene límites precisos. Solo en marzo de este año se cerraron más de 2.000 empresas, que se suman a las 26.000 que cerraron desde que Milei llegó a la presidencia en diciembre del 2023. Lejos de revertirse esta tendencia, marzo de este año es el peor mes desde que asumió Milei. Junto con ello se perdieron miles de puestos de trabajo y dejó de crecer el monotributo. Ya no solo cae el trabajo registrado, también cae el no registrado.
La “motosierra” libertaria contra el pueblo está lejos de haber creado un cuadro de estabilidad. Milei logró sobrevivir gracias a los salvatajes ejecutados por el FMI primero y por el Tesoro yanqui después. Sin ellos su gobierno hubiese volado por los aires. Para zafar de la crisis el ministro Caputo, un agente de los fondos de inversión, echó mano a una emisión de deuda en pesos explosiva, que no contabiliza al momento de medir el déficit fiscal debido a que se capitalizan los intereses. Además, con la caída de la actividad sumado a la reducción de impuestos al capital, la recaudación impositiva sigue cayendo, afectando a los gastos del Estado nacional y las provincias ajustan aún más a la salud y a la educación públicas. Las contradicciones acumuladas por la política económica del gobierno son explosivas. Si Trump resulta derrotado en las elecciones de noviembre en los EEUU y Milei se queda sin su rescatista de última instancia, no podemos descartar una crisis financiera de profundidad.
Más allá del escenario que se termine imponiendo, lo cierto es que la permanencia del gobierno de Milei representa una amenaza para los trabajadores. Quienes se niegan a enfrentarlo ahora, profetizando una derrota segura de los libertarios en las elecciones del año próximo, no solo dejan pasar la reforma laboral, el ajuste salarial y todo el plan de guerra de Milei, sino que además le dan una nueva oportunidad a Milei para que se fortalezca y pueda lograr su reelección. Es a partir de estas consideraciones que el Partido Obrero plantea “Fuera Milei - Huelga general”. La lucha por terminar con el gobierno de Milei por medio de una acción histórica independiente de los trabajadores es también una delimitación con todas las fracciones de los partidos capitalistas que se dicen opositores y que en la práctica colaboran con el gobierno libertario, sea votando sus leyes en el Congreso, aplicando sus políticas en las provincias y municipios donde gobiernan o paralizando a los trabajadores con la burocracia sindical alineada en el PJ.

IV. El papel del peronismo
Desde diciembre del 2023 hemos denunciado en múltiples oportunidades que Milei no gobierna solo. Para avanzar con las leyes en el Congreso contó con la colaboración del peronismo, el radicalismo y los partidos provinciales que responden a las oligarquías locales. Los gobernadores de estas fuerzas políticas presionaron a sus diputados y senadores para que voten leyes clave del gobierno, como ser la ley Bases y la modificación de la ley de Glaciares. Al hacerlo, fueron fieles a sus partidos que desde hace décadas gobiernan los Estados provinciales aliados a los grandes pulpos mineros y petroleros internacionales. Esto vale sobre todo para el peronismo, que ha transformado a provincias enteras en territorio libre para el saqueo minero. No hay fracción del peronismo que no esté alineado a esta política. Desde el kirchnerismo en Santa Cruz hasta los peronismos del norte argentino.
El descrédito que arrastraba el peronismo por el fracaso del gobierno del Frente de Todos se incrementó por su complicidad con el gobierno de Milei. A los gobernadores del peronismo no les ha temblado la mano para votar las leyes libertarias en el Congreso y ofrecerse como socios de Milei en sus respectivas gobernaciones. Los Jaldo de Tucumán y los Jalil de Catamarca han sido la expresión más brutal de este colaboracionismo. Pero el kirchnerismo, que posa de opositor, no ha sido ajeno a esta política. De manera directa, los senadores peronistas -tanto los que responden a CFK como el resto- pactaron con el mileísmo la integración de la Corte Suprema al aportar las firmas requeridas para el ingreso del pliego de Ariel Lijo. También votaron junto con Milei el blanqueo de capitales de 2024, el presupuesto de la Side administrado por Caputo y utilizado para el espionaje político, y las leyes de reincidencia y reiterancia impulsadas por Patricia Bullrich para perseguir a los militantes, entre otros actos concretos de colaboración política. Por lo pronto, en las últimas elecciones han ido en listas unificadas con los gobernadores. Esta unidad no ha sido sólo electoral. En sus últimas cartas Cristina Fernández de Kirchner se pronunció en favor de la “modernización laboral”, que fue el nombre que Milei le tomó prestado para denominar su ley de flexibilidad laboral antiobrera. La expresidenta también se allanó al discurso libertario al cuestionar el llamado “Estado presente” en favor de un “Estado eficiente” y sumarse al ataque contra los docentes, a quienes desde el poder se responsabiliza por la crisis educativa.
La acción de complicidad e impotencia del peronismo ante Milei tiene sus raíces en los intereses de clase que representó históricamente y que quiere seguir representando. Como partido de la llamada “burguesía nacional” el peronismo actúa en función de la defensa de una clase explotadora y opresora. Por eso no cuestiona la reforma laboral ni llama a luchar por su anulación. No lo hace la burocracia sindical oficial que no luchó ni lucha contra la reforma esclavista, tampoco lo hace el Fresu que en su programa no plantea la derogación. La política de la burocracia es otra manifestación del colaboracionismo del peronismo. El capo del Smata, Ricardo Pignanelli, quien también es uno de los dirigentes máximos de la conducción del PJ, acaba de convertirse en el primer dirigente sindical en aceptar la adaptación de su convenio a los lineamientos de la reforma laboral de Milei. En un partido que defienda los intereses de los trabajadores un dirigente así debería ser expulsado de inmediato. Pero en el peronismo sigue siendo parte de su conducción nacional promovido a ese lugar por la propia Cristina Fernández de Kirchner.
Esta complicidad del peronismo con el gobierno de Milei hunde sus raíces en los intereses de clase de la burguesía para la que siempre gobernó. Kicillof, por ejemplo, se llena la boca hablando de “industricidio”, pero no ha sido capaz de aprobar el proyecto presentado por los trabajadores de Fate para asegurar la continuidad de la planta y de sus puestos de trabajo. Entre Madanes Quintanilla y los trabajadores de Fate, Kicillof elige a Madanes Quintanilla. Para eludir toda confusión, Aníbal Fernández dejó en claro que un eventual gobierno del peronismo dejaría en pie la mayoría de las medidas tomadas por Milei. Solo lo criticó Guillermo Moreno, aunque de un modo muy curioso. Dijo que el peronismo debe copiar a Trump, que es el principal aliado y sostén de Milei. Por vías distintas, los dos dirigentes del peronismo llegan a la misma conclusión.
Solo para tratar de reubicarse, el peronismo ha lanzado una campaña para poner en pie un frente “anti-Milei”. Demagógicamente llaman al Frente de Izquierda, ante la evidencia de su creciente apoyo popular, tal como registran las encuestas. El modelo que nos proponen es el de Brasil. Allí Lula encabezó un frente “anti-Bolsonaro” con la derecha que había realizado un golpe contra el gobierno del PT. Con ese frente Lula logró ganar las elecciones. Pero cuando ya estamos en su cuarto año de gobierno siguen vigentes la reforma laboral del golpista Temer y la reforma previsional del facho de Bolsonaro. La desmoralización que esta política produce en las bases populares ha colocado otra vez a la familia Bolsonaro en carrera para pelear la presidencia.
El Partido Obrero rechaza el planteo de un “frente anti-Milei” y denuncia la hipocresía de quienes han sido cómplices del gobierno libertario y ahora pretenden presentarse como opositores. La colaboración de clases que pregona el peronismo inexorablemente lleva a la sumisión de la clase obrera a la clase capitalista. Siempre debemos recordar que cuando esta colaboración de clases fue superada por una acción independiente de la vanguardia obrera el peronismo no dudó en crear la Triple A para aplicar un terrorismo de Estado que fue reforzado luego por la dictadura militar. En oposición al colaboracionismo de clase planteamos la necesidad imperiosa y fundamental de “construir una alternativa de la izquierda y los trabajadores”.

V. Balance de la democracia capitalista
El fracaso del peronismo se enlaza con el fracaso de la democracia capitalista. Desde la vuelta de los gobiernos constitucionales en 1983 se han sucedido en el poder gobiernos de todas las fuerzas políticas defensores del orden capitalista. Tuvimos gobiernos del peronismo en sus distintas fracciones (menemismo, duhaldismo, kirchnerismo, etc.), del radicalismo y de la UCR en alianza con la centroizquierda, del PRO aliado a otros partidos de derecha y de centro. Más allá de las diferencias entre ellos, en general diferencias dictadas por coyunturas internacionales, el saldo es claro: el país está quebrado, con crisis económicas recurrentes y un retroceso social muy acentuado. La promesa enunciada por Alfonsín, cuando prometía que “con la democracia se come, se cura y se educa” se transformó en su contrario. La democracia ha sido un régimen propicio para que el capital acentúe la explotación de los trabajadores y el imperialismo avance nítidamente con la opresión nacional.
La democracia capitalista es un régimen de clase. Con el sufragio universal crean la ilusión de que se trata de un gobierno representante de los intereses generales de la población laboriosa. Sin embargo, la participación popular en una democracia capitalista se limita solo al voto, que a su vez se limita solo a una parte de los funcionarios del Estado. Los ministros, jueces, fiscales, generales, presidentes de empresas del Estado, entre muchos otros, están por fuera del voto popular. Además, el derecho al voto no va acompañado del derecho a la revocatoria popular, con lo cual se convierte en un cheque en blanco para los funcionarios de turno. Esta situación tiende a agravarse con una concentración de la riqueza que llega a niveles nunca vistos. La aparición de los superricos -un puñado de personas que concentran riquezas superiores a decenas y decenas de países juntos- convierte en papel mojado la soberanía popular. La única forma de asegurar la preeminencia de los intereses mayoritarios de la población es mediante una revolución social que instaure un gobierno de los trabajadores que expropie al capital.
La defraudación popular con la democracia capitalista está en la base del crecimiento de la ultraderecha. Los Milei y compañía explotan demagógicamente la incapacidad de la democracia para satisfacer los intereses populares, con el objetivo de lograr un consenso en torno a sus discursos derechistas, xenófobos y macartistas. A poco de andar, sin embargo, ellos mismos quedan envueltos en los escándalos de corrupción típicos de la casta que decían combatir. Ahí está Adorni, por si hiciera falta, para comprobarlo. Para la izquierda revolucionaria la lucha contra la ultraderecha no puede hacerse en nombre de la defensa de la democracia capitalista, sino en nombre de un régimen político, económico y social dirigido por los trabajadores.
VI. El ascenso del Frente de Izquierda
Pero en la marea de gobiernos ultraderechistas que se instalan en distintas partes del globo emerge el fantasma de la izquierda y el socialismo. En nuestro país, las encuestas registran un descomunal salto de la imagen positiva de la izquierda en general y de Myriam Bregman en particular. La izquierda, que se destaca por el papel que juega en las luchas obreras y populares y por su oposición consecuente al gobierno libertario, aparece como el principal fenómeno político. Se destaca por su contraste con el peronismo, que colabora abiertamente con Milei y que carga con el fracaso reciente del gobierno del Frente de Todos.
Estamos en presencia de un giro altamente progresivo que permite llevar la lucha política y programática de la izquierda a una fase superior, disputando con el peronismo sectores amplios de las masas populares. Pero la posibilidad de darle más consistencia a este giro reclama una intensa lucha política y programática, que desnude los intereses de clase del peronismo y destaque la estrategia socialista. Como parte de esa lucha, es necesario combatir la idea de que las capitulaciones del peronismo ante Milei se deben a la presencia de traidores que deben ser expulsados o depurados. Detrás de planteos de este tipo, históricamente defendidos por la izquierda peronista, se deduce una orientación de rescate del nacionalismo burgués. Las llamadas capitulaciones son, en realidad, el resultado directo de los intereses de clase que el peronismo representa.
Contradictoriamente, este ascenso de la izquierda se produce en un momento de reflujo de la lucha de clases en el país. Esto no equivale a desconocer la existencia de luchas. No hay duda que las peleas de los obreros de Fate, de los trabajadores del Garrahan, de la comunidad universitaria, de los docentes en las provincias y de los jubilados, entre otras, han conmovido al país y han ganado la simpatía de millones. Lo mismo ocurre con las grandes convocatorias del 24 de marzo, de las mujeres el 3J o la reacción de masas contra el discurso fascistoide de Milei en Davos. Sin embargo, estas luchas no han logrado revertir el cuadro general de reflujo ni han podido derrotar la ofensiva del gobierno y la clase capitalista. Por eso, la lucha política y programática debe estar al servicio de cambiar la correlación de fuerzas entre el capital y el trabajo. Se trata de un problema de primer orden para la izquierda. Es que si este giro político no entronca con un ascenso de la lucha de los trabajadores y con una vanguardia obrera y juvenil que haga propias las posiciones de independencia de clase, el giro habrá encontrado un límite infranqueable pues el programa de la izquierda no es posible ser realizado sin la participación activa y consciente de los trabajadores.
El Frente de Izquierda, con sus contradicciones y límites, ha sido el instrumento político de independencia de clase que permitió, desde 2011 a la actualidad, concentrar las energías electorales de la izquierda obrera y socialista en una lucha política contra los partidos del sistema. Sin esa trayectoria, el actual ascenso político de la izquierda no sería posible. En la lucha por imprimirle una orientación estratégica al giro político hacia la izquierda y por crear una nueva correlación de fuerzas entre las clases, el Partido Obrero plantea que es necesario poner en acción al propio Frente de Izquierda, impulsando comités unitarios y, a su turno, una asamblea nacional del FIT-U. Ambas instancias deben servir para organizar a una nueva camada de trabajadores y jóvenes con el programa de la izquierda y el socialismo y para sumarlos a la intervención activa en la lucha de clases. La acción de frente único es la más adecuada para que se desarrollen en toda su potencialidad las tendencias de apoyo a la izquierda. Por eso insistimos en la necesidad de impulsar en común los comités de base y su coordinación en una asamblea nacional. Todo rechazo a una acción unitaria debe ser considerado pernicioso para el crecimiento de una alternativa de izquierda y de los trabajadores. El rechazo del PTS a comités comunes constituye un error político severo. Los intereses de aparato nunca deben estar por encima de los intereses generales de la clase, más cuando esos intereses ponen en riesgo la oportunidad histórica que se les presenta a la izquierda y a los trabajadores. Es lo que nos enseñan Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista. Allí explican que los comunistas no tenemos intereses propios, sino que defendemos los intereses generales de la clase obrera. En la Argentina de 2026 esto significa extender y organizar la simpatía conquistada por el Frente de Izquierda e imprimirle una orientación estratégica y combativa.

VII. Las organizaciones de masas
En la lucha contra la ofensiva capitalista que desató el triunfo de Milei, incluidas especialmente sus expresiones fascitizante, el Partido Obrero impulsa el frente único de todas las organizaciones obreras, para golpear como un solo puño al capital y su Estado manteniendo siempre su independencia política. El profundo colaboracionismo de las distintas alas de la burocracia sindical ha puesto en evidencia, como nunca antes, que no son más que agentes del capital al interior de las organizaciones de los trabajadores. Adquiere una completa actualidad la exigencia de que las organizaciones obreras rompan con la burguesía, el Estado y los partidos patronales, como método para defender la independencia política de las organizaciones obreras. Este planteo se diferencia por el vértice del reclamo o la expectativa de cambio de rumbo de los partidos burgueses que juegan un papel dirigente en esas organizaciones. La pelea por la independencia política de las organizaciones obreras es, ante todo, un método para acelerar el proceso de separación de las bases obreras de su dirección burocrática y burguesa, no para corregir el rumbo patronal de esa dirección.
El Partido Obrero impulsa la ocupación de todas las fábricas que cierran. Reivindicamos el accionar del Sutna y su impulso de la ocupación de Fate. Su accionar contrasta con la política de las burocracias sindicales, que aislaron todas las experiencias de este tipo, como en Morvillo o en las metalúrgicas de Tierra del Fuego. Impulsamos la asamblea general sin distinción de afiliación gremial, la herramienta central en la victoria de los trabajadores del Hospital Garrahan. El Partido Obrero plantea la necesidad de impulsar frentes únicos antiburocráticos en todos los gremios, centros y federaciones de estudiantes, con el objetivo de expulsar a las burocracias sindicales y estudiantiles y recuperar esas organizaciones para transformarlas en escuelas de organización y de lucha clasista de los trabajadores y la juventud. Esta es la política que nuestra organización impulsa en el Sutna, en el Suteba La Matanza y demás seccionales recuperadas, en la AGD-UBA como cabeza del clasismo universitario, en la UEPC Córdoba, en Adosac, en Ademys o en las seccionales combativas de Aten, entre otras organizaciones sindicales que han sido recuperadas y se han erigido en vanguardia del movimiento obrero argentino. Defendemos el Plenario del Sindicalismo Combativo, los movimientos piqueteros independientes y las organizaciones de jubilados como un reagrupamiento de los sectores combativos en base a un programa de independencia política de los trabajadores.
El Partido Obrero reivindica la lucha de los desocupados y subocupados de la Argentina que, nucleados en el movimiento piquetero, ganaron un lugar inusitado en la lucha de clases de nuestro país. La estigmatización, la persecución y el ensañamiento del gobierno libertario y la justicia contra el movimiento piquetero, en particular contra el Polo Obrero, se explican por ese rol de vanguardia. El objetivo fundamental de esos ataques ha sido desactivar a un gigantesco movimiento de lucha e impulsar una lucha fratricida al interior de la propia clase obrera. El rechazo del PTS y otras fuerzas de izquierda a tomar en sus manos la organización y el impulso de un movimiento realmente de masas y combativo, de los sectores más empobrecidos de la clase trabajadora argentina, es una posición conservadora. Es una obligación de todos los luchadores populares apoyar al movimiento piquetero ante la feroz persecución estatal. Sólo se podrá hablar de un verdadero progreso de la conciencia de clase cuando la vanguardia de los trabajadores defienda incondicionalmente a cualquier estrato de la clase trabajadora - con independencia de su procedencia, nacionalidad o condición- frente a los atropellos del Estado capitalista.
La lucha contra el capital integra a la totalidad de los antagonismos que crea o que refuerzan la dominación capitalista mundial. El Partido Obrero impulsa y participa de la lucha de las mujeres, que padecen la violencia de la cultura misógina y machista que el capital y su Estado reproducen; de los migrantes sin papeles, que enfrentan la xenofobia fascistoide; de los jóvenes que reclaman el pleno derecho a la educación; de las comunidades que enfrentan la depredación ambiental; de las diversidades de género y sexuales; de los pueblos originarios y de los campesinos que son despojados de sus tierras. Impulsamos la intervención en estas luchas no en defensa de salidas de orden particular, sino para producir un único movimiento por la victoria de la revolución socialista, es decir, para enterrar al capitalismo, el edificio social que engendra y reproduce todas las lacras de la humanidad.

VIII. La importancia del “Fuera Milei”
Junto al apoyo y el impulso decidido a todas las luchas de los trabajadores y la juventud por sus reivindicaciones urgentes, el Frente de Izquierda debe señalar la incompatibilidad de esas demandas con la continuidad de este gobierno y, más de conjunto, con el régimen capitalista. Es, en definitiva, el método fundamental del programa transicional. Una campaña unificada del Frente de Izquierda en torno a las consignas “Fuera Milei - Huelga General” captaría la atención y la simpatía de los sectores más radicalizados de los trabajadores, muchos de los cuales aún mantienen expectativas en el nacionalismo.
Las consignas “Fuera Milei - Huelga General” permiten imprimirles a las luchas parciales una perspectiva estratégica, al asociar los reclamos inmediatos de los trabajadores con la necesidad de derrocar al gobierno mediante la acción directa de la clase obrera y las masas. Es el camino que señalan la rebelión obrera y campesina de Bolivia y las distintas rebeliones populares que se desarrollaron en América Latina contra gobiernos derechistas durante 2019 y 2021.
La omisión de estas consignas por parte del peronismo, a pesar del descrédito creciente del gobierno de Milei y de la losa insoportable que representa para el pueblo argentino, expresa su defensa incondicional del régimen capitalista y su institucionalidad, el altar donde sacrifican todas las reivindicaciones y derechos de las masas. En el campo de la izquierda, esa omisión refleja una adaptación, más o menos solapada, al democratismo burgués. Pero de lo que se trata es de socavar las ilusiones que la propia población trabajadora aún guarda en las instituciones del Estado capitalista como instrumento capaz de dar salida a las aspiraciones sociales y políticas de las masas. En definitiva, se trata de esclarecer entre los trabajadores cuál es la tarea histórica que, como clase, está llamada a asumir.
En el actual escenario de relativo reflujo del movimiento de masas, el planteo del PTS de una Asamblea Constituyente solo puede generar una mayor expectativa en las instituciones del régimen. Más aún si la consigna no está precedida por la consigna Fuera Milei. Es que bajo la tutela de los gobiernos capitalistas de turno no puede haber nunca una Constituyente libre y soberana. El proceso abierto por la gran rebelión popular chilena iniciada en octubre de 2019, donde el reclamo de una Asamblea Constituyente jugó un papel destacadísimo, puso nuevamente en evidencia a la Constituyente como “un arma de doble filo”. El proceso constituyente chileno, tutelado primero por el derechista Piñera y luego por el centroizquierdista Boric, mostró su impotencia para dar curso a las reivindicaciones motoras de la rebelión popular y, por el contrario, una gran efectividad para contener la rebelión popular.
Por otra parte, cuando los voceros del PTS plantean la convocatoria a una Asamblea Constituyente como primera medida de un eventual gobierno de izquierda surgido del proceso electoral, incurren en un desatino. En lugar de apoyarse en el triunfo electoral para construir el poder de los trabajadores, le otorgarían a la burguesía una revancha inmediata en su propio terreno mediante la convocatoria a nuevas elecciones. La transición de un eventual gobierno de la izquierda hacia un gobierno de los trabajadores debe partir de impulsar la movilización independiente de los trabajadores para defender la satisfacción inmediata de las necesidades populares más imperiosas. Una Asamblea Constituyente basada en el sufragio universal diluiría el carácter de clase que se le debe imprimir a esa transición, no solo porque les otorga los mismos derechos políticos a los trabajadores que a la burguesía, sino porque atomiza a la propia clase obrera en ciudadanos individuales.

IX. Gobierno de trabajadores y programa
La instauración de un gobierno de los trabajadores no equivale, de ningún modo, a la administración del actual Estado capitalista por parte de una fuerza política de izquierda. Desde el punto de vista del Partido Obrero, el gobierno de los trabajadores significa la instauración de un “nuevo tipo de Estado”, a saber: un Estado obrero, basado en la democracia de los trabajadores y bajo la dirección política del partido obrero revolucionario. Este nuevo tipo de Estado debe crearse a partir de la destrucción de la máquina represiva del Estado capitalista, como lo marca la experiencia histórica de todas las revoluciones triunfantes.
El gobierno de los trabajadores es, desde sus inicios, un régimen mil veces más democrático que cualquier república burguesa, que siempre será una dictadura de una minoría propietaria. Sin embargo, ese carácter democrático superior de un gobierno de los trabajadores no anula su carácter represivo, pues deberá enfrentar y derrotar la resistencia de la clase capitalista nacional e internacional.
Las “instituciones” del nuevo Estado, situadas en las antípodas de las actuales instituciones estatales, surgirán de la propia experiencia de lucha de las masas. Los órganos de frente único que se forjen entre los trabajadores de todos los estratos, y que logren convertirse en el canal organizativo de las masas en su lucha contra los opresores, terminarán por constituirse en los órganos del nuevo Estado. El gobierno del nuevo Estado estará a cargo de representantes de las organizaciones obreras y populares, con cargos electos y revocables, que cobrarán lo mismo que un trabajador calificado. Su forma concreta será precisada por intermedio de un congreso de delegados o representantes, electos y revocables, de todas las organizaciones obreras del sector público y privado, de trabajadores ocupados y desocupados
Por eso, una eventual victoria electoral del Frente de Izquierda no equivaldría a un gobierno de los trabajadores. Afirmar livianamente que la “izquierda puede gobernar” como lo hacen IS y el MST, omitiendo la necesidad de que los trabajadores emerjan como protagonistas del proceso social y político, significa desconocer el boicot abierto que emprenderían los verdaderos dueños del poder -la burguesía y el imperialismo- o, directamente, concebir a la izquierda como una mera etiqueta electoral. Esto equivale a su renuncia como fuerza revolucionaria y su pasaje directo al campo de las fuerzas del régimen.
Justamente, la tarea principal de un eventual gobierno de la izquierda sería construir el poder de la clase obrera. De no hacerlo, sería susceptible a ser desplazada antes de asumir o, en su defecto, cooptada por el poder real. La izquierda debe plantearse, desde el minuto uno, fisonomizarse como un gobierno de los trabajadores, convocando a la propia clase obrera a tomar en sus manos la lucha en defensa del siguiente programa:
1. Recomposición general e inmediata de salarios y jubilaciones. Otorgamiento de poder de policía de trabajo a las comisiones internas y cuerpos de delegados, para que velen por el cumplimiento de la nueva normativa. Contra lo que afirman los voceros de las fuerzas capitalistas, el aumento de salarios no conlleva necesariamente mayor inflación. En el sector privado, el aumento salarial se logra reduciendo la tasa de beneficio de los capitalistas. En el sector público, reduciendo los subsidios y las exenciones impositivas a los grupos empresariales. Contra la intención del gobierno de desviar los aportes jubilatorios al subsidio del pago de indemnizaciones, con el FAL, planteamos la restitución de las contribuciones patronales a la Anses y el blanqueo de los trabajadores que se encuentran en la informalidad. Una mejora sustancial del poder adquisitivo de la clase trabajadora dejará en claro, desde el inicio, el contenido de clase específico del nuevo gobierno. Asimismo, redundará en una moralización general de las masas explotadas, condición fundamental para avanzar y sacar a la Argentina de la miseria, el atraso y el sometimiento.
Medidas:
- Aumento de emergencia de salarios, para colocarlos por encima del costo de la canasta familiar, y su indexación mensual automática por inflación.
- 82% móvil para los jubilados, restitución de las contribuciones patronales y control de la Anses por parte de trabajadores activos y pasivos electos y revocables. Abajo el FAL.
2. Anulación de la reforma laboral y defensa de los convenios colectivos de trabajo contra la ofensiva del gobierno y el capital. Fin de la informalidad y la tercerización laboral, efectivización y el pase a planta permanente de todos los trabajadores precarizados del sector público y privado. Contra las extorsiones patronales planteamos la prohibición de despidos y suspensiones, y promover la ocupación y puesta en funcionamiento, por parte de sus trabajadores, de toda empresa que cierre o despida. La recomposición de los ingresos de los trabajadores y los enormes avances técnicos sientan las bases para poder proceder a una reducción y reparto general de las horas de trabajo, sin rebajar el salario, para generar empleos de calidad.
Medidas:
- Prohibición de despidos y suspensiones. Estatización sin pago y bajo control obrero de toda empresa que cierre o despida. Reapertura de todas las empresas cerradas bajo control de los trabajadores y en base a una economía planificada que ponga prioridad en las necesidades populares.
- Seguro universal al desocupado, equivalente a la canasta básica. Reducción y reparto general de las horas de trabajo sin rebajar el salario.
- Anulación de la reforma laboral. Defensa de los convenios colectivos de trabajo, fin de la informalidad y la tercerización laboral. Pase a planta permanente encuadrados en el mejor convenio del establecimiento. Vigencia del Estatuto del Periodista y de la ley de teletrabajo.
3. La tutela del Fondo Monetario Internacional no solo apunta a expoliar los recursos del país, sino también a preservar el alineamiento de la Argentina detrás de los intereses del imperialismo norteamericano. Sin una ruptura con el FMI, Argentina no tiene posibilidades de ponerse en pie y desenvolverse como un país soberano. Argentina ha pagado en numerosas ocasiones su deuda externa, es víctima del cobro de intereses sobre los intereses, una medida a la que el gobierno de Milei recurre sistemáticamente capitalizando los intereses de la deuda en pesos y multiplicándola. La deuda externa es un método de expoliación de la riqueza nacional por parte de los capitalistas extranjeros y nacionales. La contracara del peso de la deuda es el ajuste insoportable en educación, salud y obra pública. Su repudio es una condición primordial para poner fin al saqueo nacional. Solo a través de una banca estatal única y el monopolio del comercio exterior, bajo control de los trabajadores, se puede poner fin a la sistemática fuga de capitales, que alcanza los 400 mil millones de dólares. La fuga es la contracara de la bicicleta financiera con la deuda en pesos y en dólares. La nacionalización de los puertos y la renacionalización de la Hidrovía, recientemente concesionada, son cruciales para un verdadero monopolio del comercio exterior. Concentrar el ahorro nacional, para destinarlo a un plan de obras públicas, de viviendas y a la industrialización del país, es la clave de una planificación económica, la que solo se puede concertar bajo la dirección de los trabajadores.
Medidas:
- Ruptura con el Fondo Monetario Internacional y repudio de la deuda externa.
- Nacionalización de todo el comercio exterior, estableciendo un monopolio bajo control de los trabajadores.
- Nacionalización del sistema bancario, estableciendo una banca estatal única bajo control de los trabajadores.
- Nacionalización de la Hidrovía y los puertos privados.
4. Con su enorme ajuste contra el pueblo, Milei no consiguió terminar con la inflación. Es que continúa con tarifazos en todos los servicios públicos que son un golpe al salario mes a mes. Planteamos la apertura de cuentas de todas las privatizadas y su nacionalización bajo control obrero para terminar con esta estafa. Además, la Argentina cuenta con un régimen impositivo completamente regresivo. Es decir, los gravámenes recaen sobre los trabajadores y consumidores, no sobre los capitalistas y las grandes fortunas. De lo que se trata es de proceder en el sentido contrario: desgravar a los trabajadores y gravar a los capitalistas, para que el peso de sostener al Estado deje de recaer sobre el pueblo.
Medidas:
- Eliminación del IVA, de todos los impuestos al consumo y a la vivienda única.
- Eliminación del impuesto a las ganancias implementado al salario.
- Impuestos progresivos al gran capital.
5. El saqueo capitalista de la Argentina tiene una expresión muy aguda en el proceso de enajenación de los recursos estratégicos del país. El proceso de primarización de la economía argentina profundiza el saqueo nacional, con los monopolios petroleros internacionales secando las reservas hidrocarburíferas de Vaca Muerta y apropiándose de los dólares resultantes del comercio exterior y el gobierno armando concesiones mineras a decenas de años sin pagar un solo peso de impuestos con el RIGI. Una situación de características similares o peores se perfila con la industria del litio, que ha adquirido un carácter estratégico en la puja tecnológica internacional. Para poner los recursos estratégicos al servicio de un desarrollo nacional y de los intereses de las mayorías trabajadoras, es fundamental avanzar en la nacionalización integral, sin indemnización y bajo control obrero, del petróleo, el gas, el litio, la gran propiedad terrateniente y los grandes pooles de siembra. La nacionalización del comercio exterior debe estar al servicio de la adquisición de tecnología que permita desarrollar una industrialización en el país de los recursos estratégicos.
Medidas:
- Anulación del RIGI, no al Súper RIGI. Nacionalización integral, sin indemnización y bajo control obrero, de la industria hidrocarburífera, del litio, la gran propiedad terrateniente y los grandes pooles de siembra.
- Valernos de las codiciadas materias primas producidas en el país para adquirir, en el mercado internacional, tecnología que permita desarrollar un plan de industrialización.
6. Estas medidas sientan las premisas para la concentración, en manos del nuevo Estado, de un gran ahorro nacional. Esto sería fundamental para dar impulso a un gran plan de obras públicas, que dé respuesta a necesidades imperiosas de la población trabajadora, como la construcción de viviendas, escuelas y hospitales. El déficit habitacional, por ejemplo, asciende a los cuatro millones. Junto con él, se disparan los precios de los alquileres, que se vuelven cada vez más prohibitivos. El ahorro nacional serviría también para la restauración de una vía férrea a escala nacional, tanto para el transporte de carga como de pasajeros. Estas iniciativas serían un factor de enorme impulso económico para el país, reactivando el mercado interno e industrias complementarias y generando millones de puestos de trabajo.
Medidas:
- Asignación del suelo urbano ocioso a la vivienda popular. Plan de construcción de cuatro millones de viviendas populares. Urbanización de los barrios populares bajo control de los vecinos.
- Restauración de una vía ferroviaria nacional, destinada al transporte de cargas y de pasajeros, en articulación con la industria metalúrgica y automotriz.
- Desarrollo de una flota mercante nacional.
7. El gobierno de Milei se plantea llevar a fondo la depredación extractivista propia de todos los gobiernos capitalistas de nuestro país. Esta depredación es una característica intrínseca del sistema capitalista, que busca aumentar la tasa de beneficio acelerando el ciclo de rotación del capital o la apertura de nuevos negocios a costa de la destrucción del planeta. Un ejemplo lo tenemos en la reforma de la ley de glaciares para permitir su destrucción por la megaminería. O en los cambios que se promueven en las leyes de tierras para permitir la especulación inmobiliaria luego de los incendios. Hay que frenar esta sangría. La preservación del agua es un objetivo central, contra la política de Milei que ahora quiere entregar inclusive AySA al gran capital. Promovemos medidas de emergencia para frenar los incendios que asolan toda la cordillera. Es necesario abrir paso a una transición energética, evaluando el impacto ambiental de emprendimientos económicos, controlado por trabajadores y organizaciones ambientales, y defendiendo el derecho a veto de las comunidades.
Medidas:
- Defensa de los glaciares, derogación de las modificaciones a la Ley, prohibición de la megaminería, manteniendo las fuentes de trabajo en tareas de remediación a cargo de las empresas. Saneamiento de los ríos y suelos contaminados bajo supervisión de organizaciones ambientales y de vecinos. Abajo la privatización del agua. Fuera Mekorot.
- Cese inmediato de las quemas y desmontes, medidas de emergencia frente a los incendios, y recuperación de las áreas devastadas. Impulso a las energías renovables y limpias.
- Defensa de los humedales. Prohibición inmediata de fumigación con agrotóxicos en zonas pobladas y sobre cursos de agua, abriendo camino a una transición para terminar con su uso.
8. El sistema de salud en Argentina, fuertemente golpeado por décadas de vaciamiento y privatización impulsada por todos los gobiernos, ha entrado en terapia intensiva de la mano del gobierno libertario. Se puso en evidencia que es imposible resguardar la salud de la población si el sistema sanitario se organiza en función de la búsqueda del lucro privado. Las obras sociales están colapsando por los despidos y el desfinanciamiento del gobierno. Al igual que lo que sucede con la educación, la motosierra de Milei y la tutela del FMI agravaron en forma sustancial el ajuste en salud. La triplicación del presupuesto y la centralización del sistema de salud bajo control de sus trabajadores son medidas elementales para gestionar los recursos en función de criterios sanitarios y no empresariales. Asimismo, es necesario proceder a la nacionalización de los laboratorios farmacéuticos, medida fundamental para poner la producción al servicio de la salud de la población y no del lucro empresarial.
Medidas:
- Triplicación del presupuesto sanitario.
- Control de las obras sociales por sus trabajadores.
- Nacionalización y centralización del sistema de salud.
- Nacionalización sin pago de los laboratorios farmacéuticos.
- Políticas integrales para atender todo el espectro de los padecimientos mentales y en particular los “consumos problemáticos”.
9. El desfinanciamiento y la degradación de la educación pública ha dado un salto cualitativo con el gobierno de Milei. Esta política, sin embargo, ha sido preparada por todos los gobiernos de las últimas décadas, en tanto el desfinanciamiento educativo es la vía por la cual se alienta un proceso de privatización. La crisis de la educación pública es producto de las políticas de ajuste y privatización, del avance sobre el estatuto y las conquistas de la docencia, del desguace de la escuela media, del avance sobre los institutos de formación docente y del desfinanciamiento de las universidades. Es necesario emprender una cruzada contra esta decadencia educativa y por la elevación cultural generalizada del pueblo argentino, triplicando el presupuesto, nacionalizando todo el sistema educativo y anulando todas las reformas y leyes heredadas de las dictaduras y los gobiernos capitalistas de las últimas décadas, para impulsar la participación activa de docentes y estudiantes en la reorganización del sistema educativo. Los planes educativos deben estar fuertemente asociados al plan económico impulsado por los trabajadores en el poder.
Medidas:
- Triplicación del presupuesto, bajo control de docentes y estudiantes. Sistema educativo único nacional, a cargo del Estado. Congreso pedagógico nacional para reorganizar el sistema educativo.
- Anulación de las reformas y leyes antieducativas (Ley Federal, LEN, LES). Defensa irrestricta del Estatuto del Docente.
- Democratización del cogobierno universitario. Expulsión de las camarillas universitarias que ofician como correa de transmisión de los intereses capitalistas al interior de las universidades.
10. Solo un gobierno de la izquierda y la clase trabajadora puede conquistar la igualdad de derechos para las mujeres, iniciando el proceso histórico que le pondrá fin a las relaciones de explotación capitalista, que son el edificio social donde se monta la cultura patriarcal y machista. El gobierno de la izquierda y la clase trabajadora establecerá el principio de “a igual trabajo, igual salario”, superando definitivamente la discriminación y superexplotación que sufren las mujeres trabajadoras. Impulsará la socialización de las tareas domésticas, para liberar a las mujeres de la esclavitud hogareña. Defenderá el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, y su implementación efectiva en cada provincia y municipio del país. Establecerá la educación sexual integral, laica, científica y respetuosa de las diversidades en cada establecimiento escolar, con programas debatidos y resueltos por las organizaciones de mujeres, centros de estudiantes y organizaciones populares. Contra la violencia hacia la mujer, el gobierno de la izquierda y la clase trabajadora garantizará la asistencia en materia de vivienda, trabajo y salud física y psicológica para las mujeres violentadas. Impulsará la lucha mancomunada de las mujeres y los hombres de la clase obrera contra todo tipo de opresión.
Medidas:
- Implementación del principio “a igual trabajo, igual salario”. Socialización de las tareas domésticas.
- Implementación efectiva de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Implementación de la educación sexual integral, laica, científica y respetuosa de las diversidades en cada establecimiento escolar.
- Asistencia en materia de vivienda, trabajo y salud física y psicológica para las mujeres violentadas
11. El gobierno de la izquierda y los trabajadores procederá al desmantelamiento de las fuerzas represivas, impulsará el armamento popular y constituirá una nueva fuerza de seguridad, reclutada y formada por las organizaciones obreras y de derechos humanos. Creará una Comisión Investigadora Independiente para abordar todas las denuncias de corruptela del funcionariado político y sus vínculos con la clase capitalista. La comisión contará con plenos poderes para acceder a todo tipo de archivos, documentos y pruebas. El gobierno de la izquierda y los trabajadores establecerá la revocabilidad y elección popular de jueces y fiscales, desmantelando la entente mafiosa de Comodoro Py, que persigue opositores y luchadores populares mientras garantiza la impunidad para los corruptos del poder. Se establecerá la separación de la Iglesia del Estado, confiscando todos los bienes y terminando con todos los beneficios económicos que han sido históricamente otorgados a las iglesias de distinta índole. Se pondrá fin a la influencia de la Iglesia en el Estado, especialmente en el terreno de la salud, la educación y la asistencia social.
12. El gobierno de la izquierda y los trabajadores establecerá sus relaciones internacionales en base a la defensa del nuevo Estado, representante general de los intereses del pueblo trabajador argentino. Propiciará iguales derechos sociales y políticos para los trabajadores migrantes que habitan nuestro país. El principal aliado del nuevo Estado serán los trabajadores y pueblos del mundo. Proclamará, abiertamente, su rechazo a la guerra imperialista y a la injerencia de las potencias extranjeras en los asuntos internos, sean económicos o políticos, de nuestro país como de cualquier otro país del mundo. Desde esa comprensión, reafirmará su rechazo a la ocupación de las Islas Malvinas por parte del imperialismo británico y la OTAN, a la Base Espacial China instalada en Neuquén y la injerencia norteamericana en los asuntos argentinos y latinoamericanos. A diferencia del Mercosur, que ha servido para cobijar los intereses de los grandes monopolios internacionales y de las burguesías nacionales, priorizaremos la unidad socialista de América Latina, a través de una Federación de Repúblicas obreras y campesinas de América Latina.
X. Debate en el FIT-U: partido obrero revolucionario y partido de trabajadores
La estrategia política del Partido Obrero se basa en la lucha por construir el partido revolucionario de la clase obrera. Un partido de este tipo necesariamente debe tener un programa basado en la lucha de clases, en el gobierno de los trabajadores (expresión popular de la dictadura del proletariado) y en el internacionalismo proletario. La organización que se deriva de esta estrategia es el centralismo democrático, pues un partido que aspira a erigirse como el estado mayor de la clase obrera debe poder debatir ampliamente a su interior mientras asegura la unidad de acción en la práctica. El liberalismo organizativo siempre ha sido un hermano siamés del colaboracionismo de clases. Por su propia naturaleza se trata de un partido de la vanguardia obrera, lo cual no debe confundirse con el vanguardismo foquista. Una vanguardia obrera organizada en un partido es la palanca para movilizar a las masas. En cambio, el foquismo vanguardista se distingue por acciones petardistas ajenas o de espaldas a las masas. Un partido revolucionario tampoco debe confundirse con el “instrumento político” de movimientos sociales o sindicales. “Elevar lo sindical a lo político” conduce en el mejor de los casos al reformismo. En cambio, el programa de un partido revolucionario debe condensar una comprensión de la etapa histórica y las lecciones de los triunfos y las derrotas del proletariado a nivel internacional.
En algunas ocasiones, en la lucha por construir un partido revolucionario, los socialistas adoptaron tácticamente la propuesta de proponer la construcción de un Partido de los Trabajadores. Aunque las coyunturas en las que se hicieron estas propuestas fueron variadas, tuvieron como elementos comunes, por un lado, la ausencia de un partido revolucionario de peso significativo, y del otro la existencia de una tendencia incipiente a la independencia de clase en sectores relativamente significativos de los trabajadores o del movimiento sindical. En tanto tendencia incipiente, el programa de un partido de este tipo difícilmente podría ser realmente revolucionario. Pero aún así podría ser un paso adelante en tanto plantea la organización de la clase obrera en un partido propio, generando mejores condiciones para la lucha por construir un verdadero partido revolucionario de los trabajadores. Los socialistas, históricamente, han alentado esos procesos uniendo la necesidad de una organización autónoma de la clase obrera con la adopción de un programa revolucionario. Las experiencias históricas donde se aplicó esta política arrojaron resultados variados. Pero una de las lecciones que dejaron es la necesidad de que los revolucionarios luchen por su programa en el seno de estos partidos y combatan cualquier adaptación a las presiones democratizantes entre sus propias filas. De otro modo, estos partidos de los trabajadores terminan siendo el vehículo para la integración al Estado de las burocracias sindicales o los parlamentarios de izquierda. La evolución del PT de Brasil es elocuente en este sentido. No solo porque el llamado “partido de los trabajadores” terminó siendo el instrumento de una porción significativa de la burguesía brasileña e incluso de parte del imperialismo, sino porque, además, como colateral del PT, se formó un “partido de tendencias” denominado PSOL que sirvió para contener a la izquierda dentro de la órbita del lulismo. Su máximo dirigente, Guilherme Boulos, terminó integrado como funcionario del gabinete de Lula junto con políticos abiertamente derechistas. Esta deriva del PSOL estaba inscripta en su programa y en su método organizativo. Desde su propia formación el PSOL rechazó el centralismo democrático en nombre de la existencia de tendencias que operaban en la práctica como fuerzas políticas autónomas. Así no solo se resignaba la unidad de acción que debe tener un partido revolucionario sino también la cohesión programática necesaria para luchar contra la influencia de la burguesía. Así el “partido de tendencias” terminó siendo el medio para el carrerismo de elementos pequeñoburgueses.
El análisis de la situación de Argentina muestra que hoy no existe esa tendencia incipiente a la independencia clase en el movimiento sindical, por fuera de las fronteras del clasismo y la izquierda; tampoco sectores burocráticos que se relacionen con su base a partir de planteos de este tipo. Esto vale desde ya para el Fresu, que quiere presentarse de manera diferenciada de la cúpula de la CGT, pero que no saca los pies del plato del pejotismo. Las últimas incorporaciones al Fresu, como ser el burócrata macartista Maturano de La Fraternidad, han acentuado esta posición conservadora. Esto vale también para las CTAs, que han abandonado los armados centroizquierdistas para refugiarse en la interna del PJ. El PTS, ignorando esta caracterización elemental, ha llamado a dirigentes del Fresu a formar un Partido de los Trabajadores. Se trata de un embellecimiento de fuerzas burocráticas consolidadas.
En la Argentina, las tendencias a la independencia de clase existentes se han expresado a través del Frente de Izquierda y por el activismo obrero y popular influenciado por él. El FIT-U tiene por estrategia definida el rechazo a la colaboración de clases y la lucha por un gobierno de los trabajadores. En ese sentido el Frente de Izquierda se diferencia cualitativamente del PSOL y de otras experiencias políticas del frentismo de izquierda. Si bien los partidos que integran el FIT-U son todavía relativamente pequeños con relación a la clase obrera de nuestro país, tienen un reconocimiento político que está en ascenso. Y por su programa representa un fenómeno más progresivo que un Partido de Trabajadores sin definiciones estratégicas.
Tomando integralmente todos los elementos de la situación política, debemos concluir que la lucha por construir un partido revolucionario debe apoyarse en primer lugar en la experiencia del Frente de Izquierda y en la conquista política que éste representa. Esto porque frente al FIT-U la construcción de un partido revolucionario sería un avance significativo, pero, en cambio, el planteo genérico de un PT dirigido a elementos de la burocracia sindical sería un retroceso. La dialéctica del proceso político plantea entonces que la lucha por construir un partido revolucionario debe partir de defender al FIT-U para superar sus límites mediante una acción permanente de intervención en la lucha de clases. La formación de comités comunes, que debatan el programa y voten medidas de acción directa y lucha política, sería un paso significativo en esa dirección. Lo mismo que una asamblea nacional del FIT-U para que participen quienes integran los comités de base en todo el país. Esta praxis común mostraría en qué medida podemos avanzar en la construcción de un partido revolucionario común, que, de lograrlo, representaría un salto cualitativo a nivel nacional e internacional.

XI. La internacional
En la actualidad, la lucha por un reagrupamiento internacionalista no puede abstraerse del problema político y estratégico fundamental de la situación internacional: la guerra. Como la expresión más aguda de las contradicciones insalvables del capitalismo mundial, la guerra constituye un factor ordenador de la política revolucionaria. Las guerras en Ucrania y Medio Oriente se han transformado en una prueba ácida para las organizaciones que se reclaman del socialismo revolucionario. Los acuerdos ideológicos que puedan existir entre distintas fuerzas que se reclaman de la IV Internacional están completamente subordinados a la ubicación que esas fuerzas adopten frente a las guerras entre potencias imperialistas y a las guerras de agresión nacional, como así también ante la lucha de clases en cada país.
Una parte mayoritaria de la izquierda occidental se ha alineado con Ucrania, es decir, con el peón de la OTAN, en la guerra contra Rusia. Otro sector, por el contrario, no ha condenado la invasión reaccionaria de Rusia a Ucrania y se ha alineado, en los hechos, con la Federación Rusa. Se trata de dos posiciones reaccionarias que ubican a la izquierda, de un lado, en línea con el expansionismo de la OTAN, que procura un cambio de régimen en Rusia para avanzar en su semicolonización, y, del otro, en línea con el expansionismo militarista ruso. En particular, los partidos que se reivindican del mandelismo y el morenismo otorgan un apoyo abierto a la denominada “resistencia ucraniana”. Se abstraen del lugar concreto y objetivo que ocupa el Estado ucraniano - estratégicamente imbricado con los intereses del imperialismo- en su enfrentamiento con Rusia. Es la consecuencia lógica de haber apoyado las “revoluciones de colores”, es decir, los movimientos tutelados por el imperialismo para avanzar en la semicolonización de las ex repúblicas soviéticas. La CRP-CI del PTS, aunque señala el carácter reaccionario de la guerra en Ucrania, reivindica la necesidad de impulsar una “resistencia independiente”, sin reclamar tampoco la caída del gobierno ucraniano. Se ubica así como el ala de extrema izquierda de un planteo igualmente tributario de la OTAN.
La guerra en Ucrania, en tanto conflagración interimperialista, ha puesto en el tope de la agenda las consignas “guerra a la guerra” y el “enemigo principal está en casa”, es decir, la táctica del derrotismo revolucionario: transformar la guerra interimperialista en una guerra civil de los trabajadores de cada país contra sus propias burguesías y gobiernos. En las guerras de liberación nacional, como la que libra Irán o el pueblo palestino, el Partido Obrero, en la tradición de la IV Internacional, lucha con todas sus fuerzas por la derrota del imperialismo y brinda su apoyo incondicional a la nación oprimida -a pesar de la orientación nacionalista, burguesa, reaccionaria y clerical de su dirección- aunque preservando siempre su independencia política.
En la lucha por el reagrupamiento internacional de las fuerzas revolucionarias, reivindicamos las conferencias internacionalistas contra la guerra realizadas en Buenos Aires en 2024, en Nápoles en 2025 y la que tendrá lugar en Atenas en julio próximo. Estas han agrupado a distintas organizaciones -el KA de Grecia, la TIR de Italia y el SEP de Turquía, entre otras- sobre importantes bases políticas: una posición revolucionaria frente a la guerra y sus gobiernos, el rechazo a la colaboración de clases y la defensa de la independencia política de los trabajadores. Los importantes acuerdos alcanzados con estas organizaciones, que cuentan con un verdadero enraizamiento en la lucha de clases de sus respectivos países, tienen lugar a pesar de que algunas de ellas no se inscriban en la tradición trotskista. El reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias en base a una posición consecuente frente a la guerra imperialista es el método seguido por el bolchevismo con el impulso de las conferencias socialistas internacionales de Zimmerwald y Kiental.
De todas formas, para nuestro partido, la lucha por una internacional revolucionaria encuentra en la IV Internacional una referencia ineludible. Su vigencia histórica está dada por la actualidad de la lucha por gobierno de trabajadores y el socialismo internacional; por la vigencia del programa transicional para el desarrollo de esa lucha; por la denuncia de los frentes populares como una política de colaboración de clases, que coloca a los trabajadores como furgón de cola de la burguesía; por la importancia de contar con una explicación científica de la deriva reaccionaria de los ex Estados obreros burocratizados; por la vigencia de la tesis permanentista, que señala en los países semicoloniales a la clase obrera como el sujeto histórico capaz liderar un verdadero proceso de emancipación nacional y social; y por la construcción de partidos obreros revolucionarios en cada país.
En definitiva, para el Partido Obrero, la lucha por la construcción de una organización internacional de clase obrera, socialista y revolucionaria, representa la lucha por la refundación de la IV Internacional.



