Políticas

28/5/2026

El FMI exige un impuestazo a los trabajadores para atender la crisis del pago de deuda

Cuando Milei suma beneficios fiscales para las grandes empresas, el organismo plantea aumentar el monotributo y Ganancias sobre los salarios.

Javier Milei con Kristalina Georgieva (FMI).

El Fondo Monetario Internacional alertó al gobierno nacional respecto de los límites en la recaudación impositiva, en el marco de un festín de beneficios impositivos para los capitalistas (Ley Bases, Rigi, Super Rigi, exenciones, etc.), “recomendando” trasladarle la factura a los trabajadores por medio de modificaciones regresivas en el régimen e monotributistas y la ampliación y aumento de Ganancias sobre los salarios. La idea de fondo es que los trabajadores cubran el déficit ocasionado por los beneficios a las patronales, cuando se encuentra cuestionada la capacidad del gobierno para asegurar el pago de la deuda externa.

Las indicaciones del FMI fueron plasmadas en el staff report, documento en donde el organismo multilateral de crédito “sugiere” un camino para mejorar la recaudación fiscal en un 3.3% del PBI, ampliando la base de trabajadores que actualmente pagan Ganancias, asimilando el monotributo al régimen general –lo que implica mayores costos impositivos para los trabajadores- y eliminando alícuotas reducidas y exenciones en el IVA, particularmente las referentes a alimentos  y otros bienes de consumo masivo de la población.

Estos señalamientos vienen tras el desembolso de 1.000 millones de dólares del FMI, correspondientes a la aprobación de la segunda revisión del programa acordado con el gobierno de Javier Milei, lo que implica una hoja de ruta impuesta y convalidada por el Ejecutivo nacional.

El gobierno de Javier Milei viene promoviendo una serie de beneficios y privilegios para los capitalistas, con regímenes especiales como el Rigi –y ahora el Super Rigi-, que reducen la carga fiscal y las contribuciones de los grandes capitalistas, lo que termina afectando la recaudación impositiva, en un contexto signado por l caída del consumo y la actividad económica, que redunda en un deterioro más general de las cuentas fiscales.

Desde el Ejecutivo han venido “sobrellevando” esta situación con  un fuerte ajuste sobre el presupuesto destinado a garantizar servicios y derechos de la población trabajadora, afectando a Salud, Educación, Cultura, obras públicas y un largo etcétera, con la supresión de la cobertura de tratamientos médicos y provisión de medicamentos, el vaciamiento de hospitales y centros de salud y universidades públicas, la eliminación de programas asistenciales y provisión de alimentos, y la liquidación de decenas de conquistas y derechos adquiridos por la población. Una transferencia de recursos sin precedentes, desde los trabajadores a las manos de los capitalistas.

La idea de trasladar el peso de la carga impositiva a la población trabajadora profundiza esta orientación, partiendo de que una asimilación del monotributo al régimen general plantea una encarecimiento abusivo de impuestos, aumentando alícuotas y cargas sociales, sobre un sector de trabajadores que ha sido desplazado a modalidades de trabajo ultraprecarizadas. Se trata de un sector que pasó de los 300.000 adherentes en 1998 a actuales 4,7 millones, siendo la categoría de empleo que más creció bajo el gobierno de Milei. Ya el gobierno había explorado la idea de suprimir el monotributo y pasar a todos a tributar bajo el régimen de autónomos, más que duplicando la carga impositiva sobre los trabajadores.

Algo similar ocurre con el Impuesto a las Ganancias sobre los salarios, donde la propuesta del FMI es bajar el mínimo no imponible para aumentar la base de contribuyentes, confiscando a más trabajadores, con la aspiración de llegar al 20% de los trabajadores, o a unas 2,3 millones de personas pagando Ganancias, cuando actualmente son 1 millón los trabajadores alcanzados por este régimen regresivo. No solo esto, sino que el planteo alcanza a aumentar las cargas de este impuesto sobre monotributistas y autónomos. Milei no solo restableció el “Impuesto a los Salarios” –demostrando su vocación impositiva cuando se trata de gravar a los trabajadores- sino que ahora aspira a extenderlo a más trabajadores.

Por último, también se señalan modificaciones aún más regresivas en el IVA, eliminando alícuotas reducidas y exenciones, como el caso de los alimentos de la canasta alimentaria, a cambio de “subsidios directos” a las familias vulnerables: como se trata de una política de “ahorro fiscal” estamos hablando lisa y llanamente de un recorte que afecta a millones de trabajadores, con aumentos en los precios de alimentos y bienes de consumo masivo.

Toda esta presión impositiva sobre los trabajadores y ajuste fiscal –que solo afecta a la clase obrera- tiene como propósito pagarle la deuda al FMI y al capital financiero, y no así financiar las jubilaciones, el presupuesto y los derechos de la población trabajadora como se suele señalar. Algo que siquiera se encuentra garantizado, cuando persiste la amenaza de un default de la economía nacional, por la inviabilidad del plan económico del gobierno nacional y la dependencia de las erogaciones regulares del FMI y la subordinación a los Estados Unidos y a Donald Trump.

Hay que invertir la carga impositiva en el país, con impuestos a los grandes capitalistas y banqueros que se vienen beneficiando de los privilegios otorgados por el Estado nacional y los precios internacionales y desgravando a los trabajadores, con la eliminación del Impuesto a las Ganancias sobre la cuarta categoría, la supresión del IVA y la eliminación de impuestos a la vivienda única y todo lo que afecte a derechos fundamentales de los trabajadores.

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