Políticas
13/3/2026
Editorial
La guerra en Irán y la crisis de Argentina

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A Argentina la guerra la toca de cerca.
Cuando se cumplen dos semanas del inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, la incertidumbre comienza a ser el factor dominante. Ya involucra a 20 países y es parte de un desarrollo belicista mucho más amplio que incluye la guerra en Ucrania, entre Pakistán y Afganistán, contra el pueblo palestino, entre otros episodios que ilustran las tendencias crecientes a una conflagración mundial como resultado de la crisis capitalista y el enfrentamiento entre las principales potencias.
La incertidumbre surge porque ha quedado descartado un cierre rápido del conflicto, como había prometido Trump. Irán demostró una capacidad de respuesta que ha llevado a Trump a pasar de dar por cumplida la misión a ser más prudente en los pronósticos en solo cuestión de horas. A la par viene fracasando en su intento de una salida “a lo Venezuela”, es decir negociar con un sector del régimen iraní -algo que no comparte Netanyahu-; por el contrario, Irán bombardeó dos barcos petroleros en el estrecho de Ormuz y el nuevo líder iraní, Mojtaba Khamenei, en su primer mensaje planteó el cierre del estrecho y “pidió a los países árabes del Golfo que cierren las bases norteamericanas”. Es decir que se dispone a resistir, y en esa resistencia le está provocando daños a Estados Unidos e Israel. Algo parecido sucede con la respuesta de Hezbollah a los ataques israelíes al sur del Líbano.
La prolongación de la guerra juega en contra de los agresores, sobre todo de Estados Unidos, porque se agravan las condiciones económicas y políticas previas que Trump trató de resolver con esta incursión, que sostuvo iba a ser rápida y exitosa, al estilo Venezuela. Sin embargo, las consecuencias se están haciendo sentir y así lo reflejaron las bolsas. Los problemas centrales de la crisis capitalista se hacen presentes incentivados por la incertidumbre en la guerra: “las acciones de los grupos de crédito privados estadounidenses cayeron bruscamente el jueves, prolongando una caída que ya duraba meses. Ares cayó un 6%, KKR un 3,6% y Blue Owl un 3%. Blackstone cayó un 4% y Apollo un 4,4%” (Financial Times, 12/3). Se disparó el precio del petróleo (arriba de U$S 100) lo cual es una fuerte presión a la inflación en Estados Unidos y a nivel global, agudizando la competencia capitalista por el traslado de los costos, afectando las tasas de interés y por lo tanto apuntalando las tendencias recesivas (el último índice de empleo de Estados Unidos dio cuenta de que se perdieron miles de puestos de trabajo en el último mes). Es una combinación de inflación y recesión -estanflación-, la peor de las variantes, como lo que hoy vive Argentina.
Los medios internacionales se hacen eco del rechazo y las preocupaciones que aparecen en los sostenedores de Trump. Voceros, comunicadores e influencers del Maga que han salido sin tapujos a criticar la decisión de atacar Irán. Tucker Carlson, uno de los gurúes de la ultraderecha estadounidense, expresentador estrella de la cadena Fox, amigo del presidente, ha calificado el ataque estadounidense e israelí a Irán de “absolutamente repugnante y perverso". El jueves 12, en su canal de YouTube, Carlson señaló que “lo que sería una victoria iraní es realmente muy simple: controlar el estrecho de Ormuz”. No es una apreciación caprichosa, Trump no cuenta con medios suficientes para frenar una disparada mayor del barril de petróleo y por lo tanto la repercusión sobre su propio frente interno.
En la derecha norteamericana vislumbran el peligro que entraña la aventura trumpista, a la cual le critican la ausencia de una “estrategia clara”, e incluso más “la ausencia de un plan de salida” si la situación se agrava. Prevén que las elecciones de medio término van a terminar con una derrota del Partido Republicano, como ya viene sucediendo en los últimos meses en todas las que se efectuaron, fundamentalmente por la situación económica. El rechazo a la guerra es muy grande, supera el 65% según algunas encuestas, y toca al electorado que llevó a Trump al gobierno con la promesa -entre otras- de no se iba a meter en ninguna guerra.
La incertidumbre se trasmite a los países de la Unión Europea, que a pesar de las vacilaciones se han alineado con el ataque a Irán. Pedro Sánchez se negó a autorizar el uso de las bases militares norteamericanas, y la derechista Meloni declaró que la guerra viola el derecho internacional, pero ambos enviaron fragatas para realizar operaciones conjuntas con el portaviones nuclear enviado por Macron. Todos, además, ofrecieron su ayuda a las reaccionarias monarquías de los país del Golfo que fueron atacados por Irán. Con sus crisis y choques internos, agravada incluso por el aval de Trump a las exportaciones petroleras rusas, los gobiernos de la Unión Europea cierran con filas con la aventura del imperialismo yanqui.
Trump y Netanyahu, en este cuadro, están obligados a redoblar sus ataques. El propio Trump deslizó en una declaración la posibilidad de que haya más víctimas norteamericanas dando la idea de un posible envío de tropas.
La guerra es el resultado de la crisis capitalista y de la necesidad del imperialismo yanqui de recuperar su hegemonía, pero está actuando como un acelerador de la misma. Una derrota de Estados Unidos e Israel a manos de Irán sería un paso enorme, incluso si es a manos de un gobierno como el régimen iraní al que repudiamos por su carácter teocrático, reaccionario y represor de su pueblo: la derrota quebraría la expresión más representativa de la barbarie capitalista. Una acción de la clase trabajadora contra la incursión yanqui sionista en Irán la proyecta para impulsar una salida obrera la crisis capitalista.
¿Y por casa?
A Argentina la guerra la toca de cerca. En parte porque Milei decidió sumar a nuestro país como peón servil de Estados Unidos, comprometiendo la provisión de recursos para asistir las necesidades del imperialismo en su “Furia Épica”. Además proclamó su adhesión a la acción de EE.UU. e Israel sin reparos y se sumó a los dos emprendimientos, carentes de cualquier de legalidad internacional, de Trump como son la Junta por la Paz, para avanzar y legalizar el copamiento de Gaza y de Cisjordania por Israel, y el Escudo de las Américas que es un conglomerado de presidentes incondicionales al facho yanqui.
Caputo se jacta de que gracias al brutal ajuste que hicieron, a las leyes antiobreras, a toda su política económica Argentina podrá sortear los efectos negativos de la guerra. Todo lo contrario. Argentina es un eslabón débil. En estos días el gobierno está viviendo las consecuencias de su política que la guerra agrava.
Por un lado el aumento del precio de los combustibles como resultado de la guerra impulsa aun más la inflación, que ya en febrero repitió el 2,9% de enero -con mayor peso sobre comestibles- y tiende agravarse en marzo con los aumentos de la nafta y su repercusión en la logística comercial e industrial. Y esto cuando la recaudación lleva siete meses consecutivos de caída, lo mismo que el consumo y la morosidad va del 30 al 38%, es decir, que revela que no hay cómo reactivar el consumo mientras sigan hundiendo los salarios.
Pero no es el único problema. Argentina Week fue un fiasco, lo único que dejó fue un tembladeral al interior del gobierno por los viajes de Adorni y esposa, y varios reclamos. Nada que no se pudiera prever: el gobierno antes de atraer inversionistas tendría que saber por qué se van los que están, en Argentina hay desinversión, no inversión. Las multinacionales se siguen yendo, otras no terminan de hacerlo porque no encuentran ofertas aceptables (Carrefour, Raizen).
Los pulpos mineros internacionales, la niña mimada del plan estratégico de Milei, le hicieron saber en Argentina Week que no alcanza con la modificación de la Ley de Glaciares, que reclaman infraestructura (sobre todo electricidad y agua) que las provincias no están en condiciones de ofrecer, y que determinadas exigencias del Rigi no están en condiciones de cumplirlas, o sea, que hay mucho por resolver antes que venga el proclamado auge de inversiones mineras que supuestamente pondría a la economía nacional en carrera.
El Banco Central tiene reservas negativas y los vencimientos de deuda suman 20.000 millones de dólares. El acceso al mercado de capitales es oneroso, y llevó a Milei a descartar un endeudamiento con tasas superiores al 9%. Ahora todo indica que se posterga la baja de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal, lo que convierte la búsqueda de préstamos en un viaje por el desierto. Esto lo están viviendo las provincias y las empresas que no aprovecharon la primavera después de las elecciones de octubre.
Argentina “entra a la guerra” con un desarrollo de la crisis avanzado, a lo que suma el cierre de empresas, los despidos y los enfrentamientos del gobierno con los “capitanes de la industria” por la apertura a las importaciones con la clase capitalista.
Las tareas
El gobierno de Milei y los gobernadores profundizarán el ataque a las masas trabajadoras para hacer pasar los costos de esta situación. Por eso impulsar y defender las luchas es decisivo; es lo que sucede con la lucha de Fate contra los 920 despidos que se ha llenado de solidaridad y golpeado al gobierno por la acción decidida de sus trabajadores y su sindicato que enfrentan los despidos con lucha, con las luchas docentes que sacuden a Catamarca y otras provincias, con los docentes universitarios que declararon el paro del 16 al 21. Hay que pararse sobre la acción independiente los trabajadores para impulsar la huelga general contra la miseria salarial, los despidos, la entrega de los recursos y el saqueo del país por la derrota de Milei, el aliado incondicional de Trump y Netanyahu, el enemigo de los jubilados, los trabajadores, los discapacitados, la educación y la salud.
Abajo la guerra imperialista en Irán. Movilicémonos por la derrota de Trump y Netanyahu.
Fuera Trump de América Latina
Por el triunfo de Fate y todas las luchas populares. Por la huelga general para derrotar a Milei.




