Políticas
15/5/2026
Las enormes colas para conseguir un trabajo y la "nueva clase obrera"

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Más de diez cuadras de fila para ingresar a trabajar al frigorífico Cabaña Don Theo en Moreno.
Los noticieros del pasado 6 de mayo ocuparon la tarde entrevistando a trabajadores que acudieron a la convocatoria de un frigorífico para incorporar a 60 trabajadores; los que se presentaron fueron más de 4.000, según declaró la dueña del establecimiento. Las imágenes mostraban más de 12 cuadras de cola.
Ocurrió lo mismo hace un mes en Almirante Brown: miles de personas se congregaron frente a una empresa de Burzaco, al sur del conurbano bonaerense, para entregar su currículum en busca de un puesto en el sector logístico que necesitaba 30 operarios.
Es una excepción el pedido de algunos puestos de trabajo. En un mercado laboral caracterizado por la sustitución de producción local por importaciones, el IPyPP (Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas) expone cómo las grandes empresas líderes, ante la apertura importadora de Milei, abandonan la producción local para convertirse en importadoras. Mientras, despiden personal y cierran plantas, sostienen ganancias extraordinarias vendiendo productos con sobreprecios que "multiplican hasta por siete el costo de importación".
Se trata de todos modos de una reconversión desigual: mientras los capitalistas importan y triplican sus ganancias, los despedidos de las fábricas que cierran ingresan, con suerte, en algún trabajo por aplicaciones. Lo que no deja de ser una contradicción económica, que se agravará: para que haya compradores tiene que haber consumidores.
Los testimonios de los trabajadores que esperan conseguir un empleo en estas colas del hambre son una radiografía del desastre social que se profundiza enormemente con Milei, pero que viene de lejos: Crónica TV entrevistó a un obrero mecánico especializado y a su padre, que también hacía fila y que no encuentra trabajo desde hace más de 2 años. Familias sin un ingreso fijo que son también familias sin cobertura de salud ni aportes jubilatorios. Los entrevistadores llamaron la atención sobre la edad de los postulantes: mayores de 65 años, muchos jubilados con una mínima de $370 mil. Así mismo varias trabajadoras, las más golpeadas por la desocupación -un diez por ciento más que los hombres-, fueron entrevistadas expresando que para las mujeres es aún más difícil encontrar un puesto de trabajo, lo que se refleja en los datos oficiales: la desocupación en las mujeres jóvenes llega casi al 17% (16,9% de 14 a 29 años).
Varios de los entrevistados dijeron que trabajan en plataformas (Uber, Rapi, remises), pero remarcan que el trabajo ha caído en ese rubro por la abundancia de oferta y la caída de la demanda. Un circuito que comienza con los despidos, con indemnizaciones y la compra o alquiler de un vehículo, o bajos salarios que llevan a un segundo trabajo con el auto familiar, que se suma a la oferta de un mercado saturado, que decrece con la desocupación, la recesión y los bajos salarios. Un laberinto sin salida que destruye el capital de trabajo por desgaste y que aumenta la autoexplotación, y que aun así no logra cubrir las necesidades básicas de una familia. Es, dicen los especialistas, una "burbuja que se infla y que como toda burbuja, se infla hasta que explota" (Campos, CTA-A). ¿Si todos somos Uber o Rapi, quién consume?
La desocupación, subocupación y los "desalentados"
La desocupación no es medida correctamente por ningún gobierno hace ya muchos años. No se tienen en cuenta los que ya no buscan trabajo, aunque estén desocupados (los "desalentados"). Se considera ocupado a una persona que trabaja 1 hora por semana, lo que es un ocultamiento de la desocupación real.
La destrucción de empleo es brutal: más de 25.000 empresas han cerrado, dejando a 300.000 trabajadores sin trabajo. Entre ellas muchas de las grandes como Fate, que además generan un efecto dominó en los proveedores (Cabot Argentina) y las que seguirán cayendo por una economía en recesión, la caída del consumo y los bajos salarios.
En el país hay 20 millones de trabajadores considerados "ocupados", de los cuales 8 millones y medio son informales, es decir precarizados, y 5 millones son monotributistas, que figuran como cuentapropistas porque sus patrones ocultan una relación laboral de dependencia. Incluso un millón y medio no llega a cubrir la jornada laboral semanal. Es un mar de subocupación con salarios habitualmente más bajos que los salarios registrados, en el que muchos son temporales que ora trabajan ora no.
La falta de una acción colectiva contra los despidos, por la traición de la CGT, ha llevado a las masas laboriosas a la búsqueda desesperada de un sustento. No hay un registro oficial, pero en los barrios más empobrecidos son multitudinarias las ferias donde se ofrece ropa usada, alimentos caseros elaborados por las familias, y la vuelta del trueque -sobre todo virtual- que vuelve a colocar el problema del remate del poco capital de los trabajadores, donde se cambian herramientas o una bicicleta o un par de zapatillas por comida o ropa.
Las reacciones de algunos sectores nos muestran cómo enfrentar este desastre laboral: Fate y Morvillo ocupando la fábrica y reclamando su fuente de trabajo y defendiendo una unidad productiva. En el caso de Fate, los trabajadores y el Sutna (su sindicato) señalan que es un sector estratégico en el marco de la crisis capitalista mundial. En el sur del país, en Las Heras, un puñado de obreros mineros organizaron una asamblea y un piquete en la boca de la mina exigiendo trabajo; empadronaron más de 400 trabajadores y reclaman trabajar. Como en los '90 nos enseñaron los piqueteros y fogoneros, los viejos métodos siguen teniendo plena vigencia.
Recuperar los sindicatos
No hay, como sostienen algunos, "una nueva clase obrera". Hay nuevas formas de explotación en el marco de la crisis del capitalismo, que pasó de la madurez a la descomposición. Ya ocurrió a fines de los '90 con los remises, parripollos y los kioscos por todos lados. El problema sigue siendo cómo recuperamos los sindicatos (como acaban de hacer los compañeros del Suteba o los de Santa Cruz de Adosac, Uepc o el Sutna), organizamos instancias de reagrupamiento como los plenarios sindicales combativos, cómo organizamos a los trabajadores de aplicaciones en un sindicato propio como hicieron los 50 mil trabajadores de Nueva York, "los deliveristas", en frentes únicos de las corrientes antiburocráticas. Los capitalistas, en el marco de su crisis, lanzan una ofensiva contra los derechos de los trabajadores y quieren utilizar la masa de desocupados y precarizados contra el salario y la estabilidad laboral. Esto es lo que nos presentan como un cambio en las formas del trabajo, pero no hay ningún nuevo sujeto histórico. Las nuevas formas de abordarlo deben incluir a los desocupados y precarizados y sus organizaciones.
Desde ya necesitamos una acción histórica de la clase obrera que unifique las fuerzas dispersas por la burocracia sindical, en una huelga general para barrer a Milei y la mafia corrupta que gobierna, y abra paso a una alternativa política de la izquierda y de los trabajadores.
La crisis laboral y económica tiene que ser abordada con un programa para los desocupados y para los trabajadores en su conjunto. Debe partir de la unidad de ocupados y desocupados, de reclamar un seguro al parado del 82% de la canasta familiar para todo mayor de 18 años, el reparto de las horas de trabajo entre la masa de trabajadores disponible sin afectar el salario, apoyar todas las luchas en curso y llamar a coordinarlas. En lo inmediato, rechazar la baja del programa Volver al Trabajo como lo está haciendo el movimiento piquetero mediante la acción directa con piquetes y bloqueos, que también reclama el aumento del programa al salario mínimo, la devolución de los alimentos a los comedores populares que pelean contra el hambre, para que la crisis capitalista la paguen los capitalistas.




