Políticas

16/3/2026

Las petroleras siguen yendo a la escuela

Arman el Instituto Vaca Muerta en Neuquén.

El capital transfiere a la educación su propia decadencia.

La injerencia de la petroleras en las escuelas estatales de Neuquén es de larga data. Desde su intervención en refacciones, programas de salud estudiantil, donaciones de material didáctico, hasta la orientación de planes de estudio, en especial en las escuelas técnicas y a través de las llamadas prácticas profesionalizantes. Desde que Vaca Muerta se ha transformado en el eje y sustento de la economía provincial, esa injerencia se ha profundizado.

Ahora el programa de becas estudiantiles se implementa con fondos de las petroleras, como forma de ligarlas a una primera selección de mano de obra. Y acaban de dar otro paso: han montado su propia “escuela”, el llamado Instituto Vaca Muerta, que funciona en el edificio del Polo Tecnológico en el Parque Industrial de la ciudad de Neuquén, donde también funcionan instalaciones de cuatro universidades: la del Comahue, la Patagónica, la UTN y la Universidad de Flores.

El instituto nació de un convenio entre el gobierno de la provincia, el municipio de la capital e YPF de la mano de su Fundación (o sea que la petrolera lo usa para desgravar impuestos). Otras empresas que integran el IVM son Shell, Pluspetrol, Chevron, Total, PAE, Vista, Pampa Energía, Tecpetrol, CGC, y las empresas de servicios como Halliburton, Astra Evangelista, San Antonio, o Pecom. A su vez, son aliados estratégicos del IVM los dos sindicatos del sector hidrocarburífero, el de obreras/os y el de jerárquicas/os.

El IVM se define como “una asociación civil sin fines de lucro creada por las principales empresas operadoras y de servicios de la industria energética” (según su sitio web). Con semejante sustento financiero y académico se podría pensar que el IVM pretende dar un salto en el nivel del conocimiento y de una educación científica para la mano de obra del sector. Nada de eso.

¿Planes de estudio y programas curriculares?

Su propia propaganda dice que ofrece “una propuesta educativa innovadora basada en prácticas”.
Una educación basada en la práctica sin el conocimiento científico del proceso que genera y explica cómo funciona no tiene nada de excelencia académica.

Brindar “competencias” o “habilidades” sin educar en el conocimiento científico que le da sustento es una escuela de oficios, aunque se dicte en un Polo Tecnológico en conjunto con universidades. Se le propone a quienes concurran al IVM que sepan hacer, mientras los por qué quedan en manos de un reducido grupo del staff empresario. El capital solo necesita mano de obra.

Las empresas sostienen esta formación práctica en “habilidades” como respuesta al vaciamiento de la educación técnica en la provincia, donde los talleres carecen de las herramientas e insumos necesarios o directamente no se dictan, por más nuevos edificios y creación de escuelas técnicas provinciales que el gobierno se ufane.

Sin embargo, el IVM y las escuelas técnicas tienen algo en común: la fraseología conceptual utilizada en las llamadas reformas curriculares que se han impuesto en las escuelas del nivel medio en la provincia: “trayectorias formativas”, “cursos híbridos”, “competencias profesionales”, “habilidades”, “evaluación continua”, etcétera.

Esas reformas curriculares, defendidas por la burocracia sindical de Aten con el argumento que se trata de una educación “emancipatoria” y “decolonial”, son parte del bagaje “educativo” del capital más colonialista y opresor del mundo.

El IVM en realidad dicta cursos, no carreras (ni terciarias ni universitarias),de una duración de 12 a 16 semanas. Esa es toda la “formación de excelencia” que brinda.

Ante la creciente desocupación, el IVM ha despertado expectativas masivas entre la juventud egresada de las escuelas del nivel medio, al punto que se inscribieron más de 13.000 para el trimestre que inicia el mes que viene. De los ellos solo haránlos cursos una parte a lo largo del año.

La ligazón que debe existir entre la educación y la producción sufre la degradación del conocimiento científico de un capitalismo en debacle, que ya no puede jugar un papel progresivo y solo puede ofrecer como oportunidad educativa la formación de mano de obra barata que solo sepa “hacer”, pero no conocer.

El capital transfiere a la educación su propia decadencia, y el IVM lo sintetiza muy bien.

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