Políticas
20/7/2026
Lo que el Mundial nos dejó
Editorial de 14 Toneladas T3E22.

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El Mundial monopoliza el debate en Argentina y posiblemente en el mundo. En el caso de nuestro país, absorbió la agenda nacional porque la Selección llegó a la final nuevamente. El mundial refractó fenómenos políticos, sociales y económicos. Muchos de los debates que se generan a partir de otros ejes disparadores lo hicieron a partir del Mundial. Debemos reivindicar a la Selección Argentina; no es un hecho para nada menor que, de los últimos cuatro mundiales, haya llegado a tres finales. Una la ganó y las otras dos no. No ocurre lo mismo, por ejemplo, con Brasil, que es una gran potencia futbolística, ni tampoco con otros países.
Sin embargo, esto, que es extraordinario desde el punto de vista futbolístico, no se refleja en la competitividad que tiene la Liga Argentina en los campeonatos internacionales. ¿Por qué la Selección logra llegar a tres de las últimas cuatro finales mundiales y nuestro campeonato local no tiene lustre y no puede obtener copas internacionales? La última Copa Libertadores que ganó un equipo argentino (River) fue la de 2018. Ya pasaron ocho años. Las ganan los equipos brasileños. Esto está relacionado con la decadencia del país. El fútbol argentino da muy buenos jugadores, pero se van al exterior siendo demasiado jóvenes e incluso en su perjuicio, ya que a menudo no maduran lo suficiente como para dar todo lo que pueden dar. En Argentina se suele hablar del extractivismo, en relación al litio, el petróleo, el gas y otros minerales. Acá hay una especie de extractivismo en el fútbol.
Uno de los casos más conocidos es el de Mastantuono, de River, que quedó fuera del Mundial. Fue comprado a los 17 años por el Real Madrid. Este fenómeno se vio en los partidos, sobre todo ayer, cuando Argentina fue superada indudablemente por España. De los 26 jugadores de nuestra selección, solo dos juegan en la Liga Argentina: Montiel (River) y Paredes (Boca). De los 26 jugadores españoles, 18 juegan en la Liga Española y ocho en el Barcelona. O sea, tienen la posibilidad de jugar juntos durante más tiempo. Nuestro fútbol no puede competir con el brasileño y tampoco con el europeo. Y Argentina no tiene en su propia liga a buena parte de su seleccionado como sí tienen otros países.
Sin ánimos de justificar, ya que España tiene una mejor selección que Argentina, no pueden soslayarse los problemas físicos que tuvieron los jugadores argentinos. Esto condicionó los cambios que podía hacer Scaloni, en el sentido de remediar un juego que venía siendo contrario para la selección local. Hay que preguntarse por qué muchos jugadores estaban lesionados. No cabe duda de que los jugadores –y mucha gente lo destaca con cierta malicia- son millonarios. Pero incluso los jugadores millonarios tienen que soportar un rigor físico que es propio del negocio del fútbol, que se impone como una especie de reforma laboral contra ellos (calendarios cada vez más apretados, exigencia en partidos que es muy difícil de cumplir sin lesionarse). Naturalmente, cuando un obrero (que no es millonario) se lastima en una fábrica no tiene la posibilidad de tener el beneficio que tienen los jugadores.
Argentina jugó la semifinal contra Inglaterra el miércoles y la final este domingo. En el medio tuvieron que viajar. Las posibilidades de preparar el partido fueron nulas. Habría habido solamente un pequeño entrenamiento. Los negocios capitalistas, como se ve, no permiten que el fútbol se pueda desarrollar en todo su esplendor.
También se fueron colando problemas de la realidad política del país. El hecho más relevante quizás fue cuando los jugadores levantaron la bandera por Malvinas después del triunfo frente a Inglaterra. Los medios relataron que algunos hinchas argentinos la habían llevado y la policía quiso sacárselas haciendo cumplir la disposición de la Fifa que prohibía carteles políticos. Una enorme hipocresía, ya que la presencia de Trump ayer en la final habla de cómo se politiza el mundial. Es una doble vara. Pero finalmente una bandera entró clandestinamente y los jugadores la levantaron, dejando en offside al gobierno argentino.
Es que la ministra Monteoliva, que reemplazó a Bullrich en la cartera de Seguridad, fue vocera en la previa de esta disposición de la Fifa. "No se pueden llevar carteles provocadores", dijo. Y todo el mundo sabía que el único cartel político que podía existir en ese partido era el que aludía a las Malvinas. Eso para Monteoliva era una provocación. Esto colocó al gobierno en una situación contraria a un sentimiento popular generalizado. El gobierno, además, quedó a la defensiva, diciendo: "La bandera no estuvo mal, pero la diplomacia marcha por carriles distintos a un partido de fútbol".
Eso fue una especie de desautorización a los jugadores. Es cierto que la diplomacia argentina marcha en un sentido distinto a esa bandera. La diplomacia argentina, en relación a Malvinas, es una diplomacia colonialista. ¿Cuántas veces escuchamos a Milei decir que para recuperar la soberanía argentina sobre las Islas la clave era convencer a los kelpers, la población ocupante implantada por el Reino Unido, de que sean argentinos? Los kelpers pueden tener derecho a ser lo que quieran, pero si quieren ser británicos se tienen que tomar un avión a Inglaterra porque las Malvinas son parte del territorio argentino. Entonces esa política coloca la soberanía argentina, que es un mandato constitucional, en la decisión de los kelpers. Nefasto.
Y esa es la línea dominante que ha establecido el gobierno de Milei, que tiene preparada además una "Argentina Week" en Londres para los próximos meses. Busca un acuerdo con el Reino Unido en función de negocios muy de fondo. Por un lado, el negocio petrolero de las Islas. Ahora mismo hay una explotación petrolera que se está llevando en las Islas Malvinas entre una empresa israelí y una empresa inglesa. Un robo directo de los recursos naturales de Argentina. El intento del gobierno de un acercamiento a Inglaterra es para darle a eso una estabilidad jurídica, y para que Argentina sea parte de ese negocio. "Nosotros estamos trabajando sigilosamente para lograr la soberanía en acuerdo con Estados Unidos", dijo Milei hace poco, repitiendo una orientación que en el pasado siguió la dictadura militar.
La dictadura militar decide la invasión de Malvinas el 2 de abril de 1982 con la expectativa de que Estados Unidos se ponga del lado de Argentina frente a Inglaterra. No sucedió. Tenía esa expectativa porque colaboró con Estados Unidos activamente en la represión no solo en Argentina, sino en todo el Plan Cóndor, e incluso miembros de la dictadura argentina formaban a los escuadrones de tortura en Nicaragua y en El Salvador. Trataban de aplicar en Centroamérica lo que habían hecho en la Esma en Argentina.
Uno puede decir que lo de Milei es infundado, como lo de la dictadura. En principio es válido ese tipo de razonamiento. Pero razonemos un momento si es fundado. Si finalmente se logra algún tipo de acuerdo sobre Malvinas a partir del amparo del imperialismo norteamericano… ¿Tendría un efecto de soberanía? No. Es que el imperialismo norteamericano lograría en todo el Cono Sur, y especialmente en una zona tan importante como Malvinas –donde hay un pasaje hacia el Canal de Magallanes y está el acceso a la Antártida-, un dominio que le impondría a un imperialismo más o menos de su bando (el inglés). Es una subordinación para un acuerdo con el cual Estados Unidos pueda penetrar no solo en Malvinas, sino también más profundamente en el conjunto del territorio continental de Argentina.
El Mundial puso de manifiesto un sentimiento nacional antiimperialista en Argentina, que abarca incluso a los jugadores millonarios que tiene nuestra selección y que pelearon y le ganaron a Inglaterra. No fue un partido más, como muchos creen. Pusieron en evidencia la complicidad del gobierno argentino con el Reino Unido, empezando por su ministra de Seguridad. Y también pusieron de manifiesto que la orientación de todo el gobierno de Milei, empezando por el propio presidente de la Nación, es colonialista.
También fue importante cuando Messi, con la simplicidad que lo caracteriza, dijo que "esto es una alegría para un pueblo que no llega a fin de mes". El nuevo vocero que reemplazó a Adorni salió a contradecirlo, diciendo que el gobierno argentino no estaba de acuerdo con sus declaraciones. Obviamente no tiene la capacidad de ser vocero porque el gobierno tuvo que sacar inmediatamente un comunicado desmintiendo a su vocero. ¿Por qué? Porque esa declaración, dicha por Messi, era un golpe al gobierno argentino. Y lo peor que podía hacer el gobierno era contradecirlo a Messi; hubiese sido derrotado políticamente de una manera abrumadora. Entonces tuvo que reconocer que Messi tenía razón, señalando que "está trabajando para mejorar la situación". Las declaraciones de un gran jugador como Messi, posiblemente el mejor de la historia del fútbol mundial –eso creo, es mi opinión al respecto-, que no suele involucrarse en cuestiones de tipo políticas, tuvieron lugar porque a él también le llega la situación social que vive Argentina.
Y en el medio de este sentimiento nacional, de choque con Inglaterra y por la cuestión Malvinas, el gobierno se aprestaba en el Senado a aprobar una ley llamada "Inviolabilidad de la Propiedad Privada". En realidad, su principal objetivo era modificar la Ley de Tierras para poder darle al capital extranjero una capacidad de enajenar tierra argentina casi sin ningún tipo de restricciones. Y eso, para un Senado en el cual el gobierno de La Libertad Avanza no tiene mayoría (necesita acuerdos con muchos aliados), exponía a esos aliados a una situación muy difícil: mientras todo el pueblo argentino estaba orgulloso de su selección porque estaba reclamando la soberanía sobre Malvinas, ellos iban a votar una ley para vender, ya no Malvinas, sino tierra dentro del país. Por eso postergaron la sesión. Esto plantea que en un futuro este sentimiento nacional que se puso de manifiesto en relación a Malvinas se extienda para enfrentar lo que viene: una entrega terrible de tierras a partir de la ley mencionada. El gobierno quiere llevarla adelante con el acuerdo de gobernadores. Un dato clave de esta ley es que le entrega a los gobernadores la posibilidad de ser quienes ejecuten esta enajenación de tierras, incluso procediendo a desalojos masivos de distintas poblaciones originarias que hoy ocupan tierras que no tienen regularizadas como deberían tenerlo.
El Mundial puso de manifiesto toda esta situación social nacional. Es preciso remarcarlo porque hay mucha gente que piensa que el fútbol es una especie de opio de los pueblos, como la religión, que nos distrae de la lucha de clases. Este breve análisis demuestra que el deporte más popular del mundo puede ser entendido también como un impulso para la lucha.




