Políticas
16/7/2026
Editorial
Por una remontada para que los trabajadores demos vuelta el partido

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Las remontadas de la selección nacional de fútbol, que arrasaron con rivales en los últimos partidos, se han convertido en “el” tema del Mundial. La última, que dejó a Inglaterra fuera de la final condenándola a pelear un tercer puesto cuando la mayoría la daba como favorita, sacó lo mejor de un equipo y su capitán, Messi, que asombran al mundo. Más que una hazaña deportiva pasaron a ser un símbolo y el reflejo de un grupo de jugadores, su técnico y una hinchada profundamente consustanciada con ellos capaz de no rendirse nunca.
Para el pueblo argentino, como lo dijeron ante las cámaras los miles de entrevistados por los noteros, es una alegría impensada en medio de la malaria que está viviendo, de una realidad dominada por la caída del empleo, los despidos, el cierre de empresas, la depreciación creciente del salario y jubilaciones, el agobio por las tarifas que crecen a porcentajes que duplican –y más- el índice inflacionario, de familias endeudadas sin salida, etc. Lo dicho: una alegría frente a tantos infortunios cotidianos.
Para Milei, las “remontadas” son la confirmación de que “Argentina no se rinde”, una ironía en el presidente de un gobierno que en combinación con la Fifa y, a través de Monteoliva, su ministra de Seguridad, se metieron en la campaña de no “politizar” el partido con la prohibición de que en el estadio de Atlanta (Estados Unidos) apareciera alguna bandera referida a Malvinas, que según Monteoliva sería un “mensaje de odio”; del presidente de un gobierno cuyos ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores –hasta hace unas horas, más de 10 días después- nada dijeron de la incursión sin aviso del HMS Medway, un buque de guerra británico, por aguas argentinas. Además de permitir los negocios petroleros con base en Malvinas, la injerencia imperialista en el extremo sur del país, sin contar que Milei es un admirador de Thatcher la responsable de la muerte de 323 argentinos en el hundimiento del Belgrano, a la que admira entre otras cosas por haber derrotado a los mineros ingleses en una histórica lucha.
Mientras, el pueblo argentino y su selección no se rendían y burlaron el control policial metiendo una bandera que reivindica que “Las Malvinas son argentinas” que los jugadores agitaron ante el mundo entero mientras festejaban el triunfo deportivo.
Las diferencias son abismales, los intereses enfrentados. Es por eso que todos los gobiernos se “pusieron la gorra” y vienen reprimiendo los festejos populares después de cada remontada; lo hace Macri en CABA, Llaryora en Córdoba, Jaldo en Tucumán, y Milei con la Gendarmería lista. Imposibilitados de capitalizar los triunfos deportivos ven a la alegría popular como un peligro.
Milei no remonta
Milei es consciente que su principal dificultad es remontar el repudio popular a él y a su gobierno que según casi todas las encuestas supera al 60%. Y, tal como citó Gabriel Solano en su editorial en 14 Toneladas, una encuesta del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Universidad de Buenos Aires indica que el 40% de la población dice que la situación social es muy mala, el 20% mala y el 17% regular, sumando lo muy malo, malo y regular estamos en el 77%. Todo esto cuestiona la pretensión de que el camino hacia la reelección de Milei está allanado. Es más, muchos analistas coinciden que la mayor preocupación del gobierno es no llegar a un balotaje porque tiene un techo del 40%, y esto parece irremontable.
No es la única preocupación del gobierno y de Milei, los índices macroeconómicos que parecen sonreírles esconden una precariedad económica. La compra de dólares que agita el Banco Central no ofrece estabilidad, en principio porque responde a situaciones coyunturales como una balanza comercial favorable que es el resultado de un aumento de los ingresos por exportaciones, basados en el alza del petróleo por la guerra en Irán, de la liquidación de la cosecha gruesa en el primer semestre –pero que no estará en el segundo- y por las caídas de las importaciones que indican que el parate de la industria se profundizará. El problema es que lo que entra rápido sale rápido, para pagar a los deudores privados (¡U$S 4.300 millones a los bonistas el 9 de julio!), para la fuga de capitales y el giro de utilidades y dividendos.
El anuncio de Caputo de su “plan financiero” por el cual dispondría de los recursos para afrontar los vencimientos de deuda en 2027 es en realidad el rescate del capital financiero, más deuda y más cara, o sea el más parasitario de todos los endeudamientos. Pero tampoco depende de la “buena voluntad” del gobierno, el panorama internacional no muestra vientos de cola, sino de frente porque la guerra está tensando la economía internacional, se perfila una suba de las tasas de interés internacionales y el aliado clave de Milei, Trump, puede perder las elecciones de medio término, mientras el presidente de la Argentina sale de gira por Latinoamérica para fortalecer el “escudo trumpista de las Américas”.
Una “gambeta” reaccionaria
En este cuadro Milei profundiza el ajuste: privatizaciones, más despidos y cierres en el Estado –como lo de Ciencia y Técnica-, la actualización permanente de las tarifas superando los índices –tramposos- de inflación, la quita del pago a 1.000.000 de trabajadores del Volver al Trabajo, los recortes en la salud, las jubilaciones de miseria. Ni Messi podría remontar el repudio a Milei con semejante ataque.
El gobierno busca ir para adelante con nuevas concesiones a los capitalistas. Quedó pospuesto el objetivo de dar media sanción del Senado a llamada la ley de propiedad privada que en esencia decreta la inviolabilidad de los negocios capitalistas, no solo permitiendo una mayor extranjerización de tierra, sino además legalizando los incendios en zonas protegidas para que esas tierras destruidas por el fuego se sumen a la oferta inmobiliaria, o que acelera los desalojos, cuando miles de familias se enfrentan a la imposibilidad de sostener alquileres que se comen hasta el 100% de sus ingresos.
Milei se monta en el apoyo de los capitalistas a sus ataques y en la desarticulación de la oposición que no tiene mandato de los capitalistas para oponerse a Milei y que acompaña sus medidas. Busca, más que remontar, gambetear el repudio popular con una nueva ley electoral hecha para sortear la debilidad a que parece encaminado, por eso pretende eliminar o suspender las Paso para que el peronismo no tenga una vía de resolución de la división en la que está metido sobre todo por la disputa entre el kirchnerismo “puro” y Kicillof. Los gobernadores, sobre todo los peronistas del NOA, gestores junto al gobierno nacional de los negocios saqueadores de las mineras multinacionales, buscan un acuerdo con Milei a cambio de que este no interfiera en las elecciones en sus provincias.
La ley de Milei no es solo el tema de las Paso y las maniobras para asegurar su reelección (como las colectoras, etc.) es un ataque profundo a las libertades políticas, porque establece una serie de medidas –que merecen un análisis detallado- que dejarán afuera a muchos partidos pero cuyo objetivo central es la proscripción “legal” de la izquierda que empieza a tallar en las encuestas, que habilitará la injerencia del capital privado en forma directa, entre otras cosas. Milei no está solo en esta tendencia, el adelantado (después de Insfrán) es Sáenz de Salta que impuso una reforma que “vulnera derechos y garantías consagrados en la Constitución Nacional, la Constitución de la provincia de Salta y los tratados internacionales de derechos humanos con jerarquía constitucional, al imponer requisitos arbitrarios que restringen el derecho de los partidos políticos a participar de las elecciones” como denunció el Partido Obrero de Salta al presentar una acción de inconstitucionalidad ante el Tribunal Superior de Justicia.
Aunque para las elecciones falta mucho, el proceso electoral se adelanta al calor de todas estas maniobras y ataques que condicionarán el panorama electoral de aquí al año que viene y que hay que combatir como parte de los ataques que está recibiendo el pueblo trabajador a manos de Milei, de los gobernadores de todas las fuerzas políticas, es decir, de los partidos de los capitalistas, beneficiados por la política oficial.
Comités unitarios del FIT-U para una remontada triunfante
Tenemos que luchar por la derrota del gobierno y con él sus socios por acción u omisión. Las remontadas que necesitamos que triunfen son las de los trabajadores de Fate que convirtieron un cierre de fábrica dejando a casi 1.000 trabajadores en la calle en una lucha que lleva 5 meses, con una permanencia en la fábrica que no decae y que se sostiene con la solidaridad popular. Las de los docentes de las provincias, como Buenos Aires, que la pelean para impedir que les descuarticen aún más el salario, que enfrentan las “reformas” que destruyen y deterioran la educación pública; las de los trabajadores del Inti y el Conicet contra los despidos; la de las organizaciones piqueteras que el 22 irán a las calles con cortes y asambleas contra el recorte de los planes Volver al Trabajo; o la de los del Garrahan.
Hay que potenciar la remontada del FIT-U y Myriam Bregman en la consideración popular, que es el resultado de estar y actuar en defensa de todas las luchas y reclamos de los trabajadores contra los gobiernos e independientes de los partidos de los capitalistas. Para ello queremos comités unitarios en todo el país –algo a lo que el PTS sigue oponiéndose en aras de su autoconstrucción- para que el activismo se organice y actúe sobre la comprensión de un programa obrero y socialista y la necesidad de derrotar al gobierno con la lucha de clases e imponer un gobierno de los trabajadores.
Una remontada final.




