Políticas

8/1/2026

Editorial

Una causa de todos los trabajadores, ¡abajo la intervención de Trump en Venezuela!

Por un paro continental.

Fuera yanquis de América Latina. Fuera Milei.

La invasión de Trump a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, mediante el asesinato de al menos 49 militares y casi 60 civiles, han golpeado fuertemente en la situación política mundial. Su impacto supera abiertamente a la propia Venezuela e incluso a América Latina.

El ataque busca, a través de una posición de fuerza, recuperar la iniciativa para el imperialismo norteamericano en declinación y es en ese sentido un acicate a las tendencias cada vez más fuertes hacia una nueva conflagración mundial, es decir, a la guerra. La crisis mundial, dominada ya por la guerra comercial, ha pegado un salto cuyas consecuencias se extienden mucho más allá del conflicto con el chavismo, el control de las reservas petroleras o, por supuesto, la lucha contra el narcotráfico.

La incursión yanqui en Venezuela está inserta en el corolario Trump a la Doctrina Monroe que considera la “legitimidad” de la intervención de Estados Unidos en lo que considera su “patio trasero”, o sea su área de dominación. En las recientes elecciones de octubre en nuestro país Trump no dudó en intervenir a través de su secretario del Tesoro para impedir que una corrida cambiara sepultara a Milei, y además amenazó al pueblo argentino con que si no votaba por La Libertad Acaba se acababa la “ayuda” y Argentina entraría en el caos.

El objetivo central de Trump es desalojar del continente americano la influencia exterior (comercial, financiera y militar). El problema central es China, cuya presencia en América ha venido creciendo en forma exponencial en la última década. Una muestra de ello está en Venezuela, donde China brindó una asistencia superior a los U$S 60.000 millones a cambio de petróleo (el 80% de las exportaciones de petróleo venezolano iban a China), asesores militares y provisión de “escudos de defensa”. También en la Argentina: Milei salió a apoyar fervientemente la invasión y se puso a la cabeza del grupo de 10 países de Latinoamérica que tuvieron la misma posición, pero a renglón seguido ratificó que Argentina seguirá sosteniendo relaciones comerciales con el gigante asiático, lo que incluye la asistencia financiera (swap) y varias incursiones en el negocio minero además de un crecimiento de las importaciones de ese país y, lógicamente, las exportaciones argentinas de cereales.

Que el objetivo no es solo asegurarse el control del “patio trasero”, sino que tiene alcances globales, lo revela que la incursión en Venezuela vino acompañada de amenazas a México, Canadá, Cuba, Colombia y Panamá; pero lo que más repercusión tuvo fueron las declaraciones y reclamos de soberanía sobre Groenlandia, que está bajo el control de Dinamarca, lo cual abrió el conflicto con Europa y en el seno de la propia Otan. Es una de las razones por la cual 26 de 27 países de la Unión Europea salieron a cuestionar los términos de la invasión a Venezuela, sobre todo por desconocer a la oposición de María Corina Machado y por el acuerdo con Delcy Rodríguez. A esto se agrega la incautación este martes 6 de enero de dos buques petroleros rusos, ratificando el bloqueo naval que ha impuesto Estados Unidos en el Caribe.

Que frente a los reclamos y las críticas a la violación de las “reglas de convivencia pacífica”, a los “tratados vigentes”, a la “necesidad de diálogo” por parte de la mayor parte de los gobiernos, Trump proclame la legitimidad del uso de la fuerza y la alteración del orden mundial en función de una salida a la declinación norteamericana es una confesión del agravamiento de la crisis capitalista.

El pantano venezolano

Con la invasión a Venezuela Trump también busca revertir la caída de la aceptación en su propio país hasta uno de sus puntos más bajos: hace tres semanas el apoyo estaba en el 39%, lejos del casi 50 que tubo al inicio de este segundo mandato. Este año se producen las elecciones de medio término que pueden quebrar el dominio que hoy tiene en ambas cámaras, y en todas las elecciones que hubo el año pasado (municipales, estaduales) el Partido Republicano perdió, incluso en la Florida (donde no ganaban los demócratas desde hace 30 años) y con el triunfo del “demócrata socialista” Mamdani en Nueva York. El problema central está planteado en la situación económica por el alza de la inflación, la caída de la confianza de los consumidores, las tendencias de moderación del crecimiento del PBI, etc. De conjunto, por el fracaso en las medidas arancelarias con las cuales pensaba reanimar la economía, tuvo que renegociar y volver atrás con el aumento de los aranceles por exigencias de la propia burguesía yanqui.

La invasión puso de manifiesto las inconsistencias del propio Trump, que tuvo que desdecirse más de una vez mientras los argumentos con los cuales se justificaba la intromisión fueron cayendo. El propio Departamento de Justicia reconoció la inexistencia del Cartel de los Soles y el papel de Maduro en el narcotráfico.

También rápidamente cayó el planteo de que se colocaría en el gobierno a González Urrutia -ganador de las elecciones del año pasado-, luego el de que Estados Unidos (y Trump en persona) administrarían Venezuela, para terminar dando paso a la continuidad del régimen actual en un acuerdo con Delcy Rodríguez que venía ejerciendo la vicepresidencia.

Tampoco está claro cuál es el plan de Trump para Venezuela: “La confusión se agrava por las diferencias entre Trump y Rubio. Empecemos por la pregunta básica: ¿quién gobierna Venezuela? ¿Es Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro, quien ha jurado como presidenta interina? ¿O es un comité de altos funcionarios estadounidenses liderado por Marco Rubio, secretario de Estado y asesor de seguridad nacional? ¿O soy, como dijo Trump en una entrevista con NBC, ‘yo’?” (The Economist, 6/12). Sostener un gobierno propio en Venezuela está descartado por ahora, porque implicaría un desembarco de tropas, el involucramiento en una guerra interna ya que las fuerzas armadas y los grupos parapoliciales son quienes controlan la situación y han agudizado la represión y persecución a los opositores. Todo podría terminar mal como todas las ocupaciones que hizo en las últimas décadas.

Las encuestas en Estados Unidos revelan un rechazo muy fuerte a una instalación en Venezuela. Lo cierto es que hasta ahora el “plan” trazado está montado en amenazas a una nueva intervención militar resultado de las cuales, y de una presión fenomenal, Delcy Rodríguez (de estrecha relación con los pulpos petroleros, en particular Chevron), afirmó que las medidas que toma (negociar petróleo, liberar presos políticos, etc.) son independientes -lo cual es un acto de subestimación política total. El gobierno se sostiene con un acuerdo precario de Rodríguez con Diosdado Cabello, ministro de Interior, y Vladimir Padrino, el ministro de Defensa.

A esto se suma que a pesar de tener la mayor reserva de petróleo en el mundo, la posibilidad de reactivar la economía venezolana encuentra enormes dificultades. Para volver a los mayores niveles históricos (unos 3.700.000 de barriles diarios) se necesitan inversiones superiores a los 130.000 millones de dólares. Las empresas tienen reticencia a invertir porque el panorama no está claro, además varias de ellas (Exxon, Conoco) mantienen reclamos de casi 40.000 millones de dólares en tribunales internacionales. Por ahora la pretensión de Trump y Chevron es sacar lo que se pueda y quedarse con ello como un crédito para que Venezuela acceda a los productos del mercado norteamericano, como en las viejas almacenes de La Forestal.

En síntesis, Venezuela puede terminar agravando la situación de Trump. Una primera manifestación es que afronte una derrota electoral que lo muestre sin condiciones para ir a fondo con su salida “de fuerza”.

Lecciones

La “democracia occidental” –que tanto defiende Milei- celebró el secuestro de Maduro, aunque algunos protestaron por la salida a través de la continuidad del personal del régimen chavista en el poder. Otros como Milei lo apoyaron fervientemente, una contradicción del “libertario” que hizo del rechazo a la intromisión del Estado (¡incluso para prevenir las cardiopatías congénitas!) su principal bandera y termina apoyando la intervención de un Estado en otro país.

El nacionalismo burgués –de peso en América Latina- ha demostrado una vez más su hundimiento como expresión de las reivindicaciones antiimperialistas y nacionales. En la propia Venezuela la descomposición del régimen (nacionalista) chavista se expresa en el acuerdo de cooperación con Trump. Muy lejos de impulsar la movilización continental contra la invasión, el secuestro de Maduro y su esposa, y el saqueo de las riquezas, buscan convertirse en socios menores de los supuestos inversores en la industria petrolera.

En Argentina el peronismo (otrora socio del régimen venezolano) se dividió entre el apoyo fervoroso (¡Jaldo de Tucumán! y más disimuladamente Massa) a las “reflexiones” críticas y anodinas como la de Cristina sobre “la violación a la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional” o de Kicillof que en la línea de Lula llaman al diálogo, la paz y la intervención de las Naciones Unidas, una vía muerta para dejar que el imperialismo haga “lo suyo”, lo mismo que en Gaza, lo mismo que en cada lugar que ocupó o atacó. La expresión más elocuente de adónde conduce esto es la ausencia del peronismo y de su ala de “izquierda” (el kirchnerismo, La Cámpora) de las movilizaciones contra la invasión que se desarrollaron en todo el país. No extraña, de parte de quienes comparten con Milei la necesidad de una reforma laboral que elimine derechos elementales de los trabajadores, o que sostienen el congelamiento de los salarios como Kicillof en Buenos Aires, o que “honran” la deuda usuraria que ahoga a la Nación.

Venezuela somos todos: por un paro continental

Venezuela ha quedado en el centro de la situación mundial porque al ser invadida condensó todos los elementos de la crisis capitalista y las tendencias a un agravamiento de la misma ya en el marco de la guerra.

Una salida a la crisis solo puede venir de la intervención independiente de la clase trabajadora de Venezuela y de toda América Latina, que deberá tomar en sus manos los destinos y la conducción política de sus países y proceder a una reorganización integral de la región sobre nuevas bases sociales

Hay que unir a los trabajadores latinoamericanos en una acción común que muestre la fuerza y capacidad de los trabajadores. Llamamos a los sindicatos y centrales obreras de nuestro país y de toda la región a decretar un inmediato paro general en repudio a la invasión norteamericana para poner en pie de lucha al conjunto del movimiento obrero. Hagamos una gran campaña ganando las calles por ello.

Fuera yanquis de Venezuela. Basta de amenazas, bombardeos y agresiones.

Libertad a Maduro y Cilia Flores.

Fuera Trump de América Latina. Fuera Milei.

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