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16 de noviembre de 2017 | #1482

La actualidad de la Revolución de Octubre

Seminario por los 100 años
Por Christian Rath

Durante cinco días, desde el martes 7 hasta el sábado 11, en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, se desarrollaron las Jornadas: “A 100 años, vigencia de la Revolución de Octubre”. Hubo 26 mesas de debate con 72 expositores (incluyendo aquéllas y aquéllos que las coordinaron) y más de cuatro mil asistentes. En cuanto a las reproducciones vistas por internet, los números llaman la atención. El conjunto de las charlas-debate tenían 17.445 usuarios que vieron más de 30 segundos al menos un video, según un control hecho al fin del lunes 13, una semana después del inicio del seminario. El evento fue organizado por la revista “En Defensa del Marxismo” con el apoyo de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
 
Por la repercusión obtenida, por la calidad de los debates y su diversidad, por la destacadísima participación de hombres y mujeres de diferentes edades que se acercaron por fuera de los convocantes y de la propia izquierda (lo que se reveló en preguntas que se abismaban por primera vez en las razones del hundimiento del Estado nacido de la primera revolución obrera victoriosa), el seminario puede ser considerado un hecho político significativo, incluso a escala de otras conmemoraciones hechas a escala mundial. Desde ya, y claramente, fue el mayor evento que haya protagonizado la izquierda en el país enarbolando la bandera de la vigencia de la Revolución de Octubre.
 
De la calificada presencia de investigadores que participaron del seminario -unos doce, procedentes de Alemania, Brasil y Estados Unidos- nos quedan varias postales. Una, común de Bernard Bayerlein -alemán, reconocido estudioso de la revolución en su país- y Kevin Murphy -norteamericano, autor de Revolución y Contrarrevolución - Lucha de clases en una fábrica metalúrgica de Moscú, con el que ganó el premio a la Memoria de Isaac y Tamara Deutscheren 2005 -se mostraron conmovidos por el grado de convocatoria del seminario en relación con los auditorios pequeños en los que les toca intervenir (revelador, a su vez, de las rémoras que ha dejado la contrarrevolución estalinista).
 
Un método
 
El seminario fue concebido en base a un método que procuró unir tres vertientes.
 
Por un lado, tomar un momento de apertura de un nuevo ciclo histórico, de victoria de un gobierno de trabajadores por primera vez en la historia y, a partir de allí, analizar, reflexionar y debatir sobre su vigencia y actualidad. De otro modo, el seminario se habría limitado a analizar una pieza arqueológica. No por casualidad, el tema de la construcción del partido revolucionario y la reconstrucción revolucionaria de la IV Internacional, el eslabón débil de un enorme reguero de revoluciones frustradas o traicionadas, recorrió todo el seminario. La mesa sobre la formación del partido bolchevique puso en claro que el programa inicial fue alterado radicalmente en el curso mismo de la revolución. El imperialismo, las Tesis de Abril y El Estado y la revolución fueron manifestaciones significativas de un giro estratégico en la comprensión del período abierto en 1914 y de las tareas planteadas a la clase obrera. En Rusia, el partido bolchevique giró hacia la dictadura del proletariado, con la consigna de "Todo el poder a los soviets" y abandonó la consigna histórica precedente: dictadura democrática de obreros y campesinos.
El método del seminario significó, además, convocar un abanico de opiniones, sin limitarnos a los de los organizadores de este evento. Considerar aportes de experiencias diferentes. Se logró así un encuentro que pudo combinar la variedad y la coherencia, la academia y la militancia.
 
Una tercera vertiente fue evitar la exégesis para concentrarse en los problemas que se le plantean hoy a la revolución socialista internacional. Abordar la Revolución de Octubre como depositarios de una continuidad histórica y, a la vez, considerarla críticamente, a la luz de la experiencia de un siglo.
 
La universalidad de la Revolución de Octubre
 
Muchos se interrogaron sobre la variedad de temas que se abrían al debate en conexión con la revolución soviética. Es más, entre las cinco mesas de mayores audiencias, dos refieren a esta diversidad: “El psicoanálisis en la Revolución de Octubre” y “La Revolución Rusa y el arte”. Es que, para tomar sólo dos casos, ¿puede analizarse la evolución del cine sin tomar el aporte de Eisenstein u otros cineastas de su época? ¿Puede ignorarse uno de los períodos más excepcionales de la historia de la arquitectura o de las artes visuales, representado por los Rodchenko, Malévich y tantos otros?
 
Que no haya área de la vida humana que no haya sido impactada por la Revolución de Octubre es un signo inconfundible de su universalidad concreta. Finalmente, frente a los enterradores tempranos del ciclo histórico de la Revolución de Octubre, lo que aparece es una desmentida rotunda. El triunfo del capitalismo global se probó efímero y fue sucedido por la peor crisis sistémica global en la historia del capitalismo. El predominio de la globalización fue seguido por la crisis de 2007 -sin resolución al día de hoy- el retorno del proteccionismo y el nacionalismo económico en el mundo y en el propio centro del capital globalizado. La democracia liberal burguesa está siendo desplazada, fruto de su disolución y del retorno de la derecha, aún extrema y fascista. La promesa de la paz eterna luego de la guerra fría ha sido sucedida por una serie interminable de contiendas promovidas por los países imperialistas.
 
El seminario pretendió traer al debate la universalidad de la crisis, lo que está en la base de la revolución socialista, que es, por otra parte, un planteo de emancipación universal. Integrando en esta universalidad, a la vez, todas las fracturas que en los cimientos del régimen social y en la disciplina que fuese, trajo consigo la Revolución de Octubre.
 
Estas fracturas -en el arte, en la cultura- no han podido ser enterradas desde el momento que el quinquenio revolucionario parido en Rusia fue expresión de una revolución proletaria victoriosa, que demostró la posibilidad de derrotar al capital y a los ejércitos del capital y, al mismo tiempo, de edificar una nueva organización social sobre sus ruinas. El seminario pudo instalar el debate sobre El Capital, a 150 años de su primera edición, como un capítulo de la Revolución de Octubre y no como la exhumación del Marx “economista” desgajado de la práctica revolucionaria.
 
IV Internacional
 
En varias mesas estuvo presente la lucha política contra las (importantes) corrientes políticas que hoy cuestionan la tendencia al colapso del capitalismo y se asocian en algunos casos a la tesis planteadas por representantes del gran capital, en el sentido de que el capitalismo habría entrado en un estancamiento de largo aliento. Un planteo que imagina una crisis que se prolonga indefinidamente y no una sucesión de giros, rupturas, choques políticos, sociales, situaciones revolucionarias, que son parte constitutiva de una crisis terminal.
 
No por casualidad, la mesa final estuvo reservada a “La reconstrucción de una internacional socialista revolucionaria”. Allí se planteó la importancia de poner en pie la IV Internacional no para conciliar el agua y el aceite, sino para clarificar el panorama y las tareas de la construcción de una imprescindible nueva dirección para el proletariado, en un momento que la izquierda busca combinaciones de distinto tipo. Allí se planteó, también, una propuesta de programa para esa reconstrucción basada en cinco consignas: ¡Abajo las guerras imperialistas! ¡Que la crisis la paguen los capitalistas! ¡Partidos obreros y socialistas! ¡Por la IV Internacional! ¡Por la Revolución Mundial!
Cerramos el seminario retomando una elocuente frase de Lenin, al cumplirse el cuarto aniversario de la Revolución de Octubre (1921): “Tenemos derecho a enorgullecernos de que nos haya tocado en suerte iniciar la construcción del Estado soviético, iniciar así una nueva época de la historia universal, la época de la dominación de una nueva clase oprimida en todos los países capitalistas y que en cada lugar se avance hacia una vida nueva, hacia la victoria sobre la burguesía, hacia la dictadura del proletariado y la liberación de la humanidad del yugo del capital y de las guerras imperialistas”. Es nuestro mandato.
 
En septiembre se cumplieron dos años de la muerte de Pablo Rieznik, propagandista tenaz, constructor del PO y de la IV. A él dedicamos esta tarea.
 
 
Foto: Fede Imas

 

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