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15 de marzo de 2018 | #1494

[Editorial] La impotencia del pretendido “Frente antimacrista”

Por Marcelo Ramal

Agustín Rossi, uno de los voceros más caracterizados del kirchnerismo, ha insistido en los últimos días con el planteo de un “gran frente opositor”, que debería abarcar “desde el Pejota unificado hasta el FIT”. Rossi se ha largado a la “avenida ancha” sin poder resolver, ni por asomo, la enorme disgregación del peronismo. De todos modos, está claro quiénes son los que dictan el libreto de esta pretendida unidad: el principal socio de Rossi en estos afanes es el titular del PJ Nacional, José Luis Gioja, un reconocido agente de las mineras y de la Barrick Gold. Gioja es un lobbista de la liga de gobernadores pejotista, a quien Rossi pretende para la ‘gran unidad’. En un reportaje que brindó a Infobae días atrás, el diputado santafesino se dirigió en particular a los gobernadores ‘que no quieren a Cristina’, confiando en traerlos a su redil: “Cambiemos le va a armar un candidato. Y si quiere competir, (el gobernador) va a tener que competir… y ante la búsqueda de los votos opositores, nos va a encontrar en el mismo camino”. El ‘frente antimacrista’ corteja, por lo tanto, a los filomacristas Urtubey o Bordet. Pero ellos, y otros gobernadores opositores, traman la separación de sus elecciones locales de las presidenciales, para pelear por su reelección sin tener que pelearse con Macri. Así las cosas, la ‘gran unidad peronista’ está por verse. Pero incluso en grado de tentativa, la propuesta de Rossi es la confesión de que el kirchnerismo, después de la derrota electoral de octubre, busca un lugar bajo el sol del pejotismo -o sea, del gran aliado del macrismo en la aplicación del ajuste oficial. 

¿“Antimacrista”? 

Surge de lo anterior la mayor impostura de este planteo político, esto es, la de pretender constituirse como una ‘oposición real’ o ‘antimacrista’. Los gobernadores aplican hoy el ajuste más feroz en sus provincias en nombre del pacto fiscal que firmaron con el macrismo, y que condiciona la posibilidad de endeudarse a que apliquen miseria salarial y los despidos de sus trabajadores. En la primera línea de esta ofensiva está la Santa Cruz de Alicia Kirchner, que paga 13.000 pesos a sus estatales, después de más de un año de congelamiento salarial. La jefatura policial de Santa Cruz acaba de suscribir un convenio con la Gendarmería para “controlar incidentes” en Río Turbio, donde los mineros llevan adelante una lucha encarnizada. Los senadores y diputados que responden a los gobiernos provinciales le votaron al macrismo más de cien leyes antiobreras y antinacionales, desde el acuerdo con los fondos buitre -que abrió paso al megaendeudamiento macrista- hasta el reciente saqueo a los jubilados, el cual, como todo el mundo sabe, contribuyó a los rescates financieros acordados en el ‘pacto fiscal’. La ‘unidad opositora’ es un gran taparrabos -y blanqueo- de esta complicidad política, que involucra a pejotistas y kirchneristas por igual. 

2018 y 2019

Así las cosas, este incierto frente opositor (que tampoco es opositor) está más que en la nebulosa pensando en 2019. Pero mientras tanto, cumple una clara -y reaccionaria- función política: la de boicotear las urgentes y necesarias luchas que lleva adelante la clase obrera y el pueblo todo contra el ajuste oficial -los despidos en estatales y en privados; la pretensión de imponer paritarias con techo de un 15%, cuando la propia política oficial de devaluación y tarifazos empuja a la inflación muy por encima de este techo; una política represiva que incluye la reintroducción de las Fuerzas Armadas en la vida interior -o sea, la aplicación efectiva de la “ley antiterrorista” impulsada por el kirchnerismo en 2007. Para los partidarios de la ‘megaunidad opositora’, los preparativos de 2019 son la gran excusa para no enfrentar hoy los agravios del macrismo. Quien resumió como nadie esta orientación fue el propio Moyano en el palco del 21F cuando, después de no anunciar continuidad o medida de lucha alguna, llamó a ‘votar bien el año que viene’. Estos falsos antimacristas pretenden venderle a los trabajadores que el gobierno, incluso imponiendo su agenda antiobrera, podría ser derrotado en comicios el año que viene. Lo cierto es que, si el gobierno avanza efectivamente contra los trabajadores, Macri va firme por su reelección, y con el apoyo del gran capital. 

Frente impotente o frente único de la clase obrera

La fuerza de un frente no reposa en la mera suma de fuerzas, sino en la decisión y firmeza con la cual está dispuesto a luchar por sus propósitos, en este caso, por una agenda obrera y popular. Cuando la “unidad” nos junta con gobernadores ajustadores y con obispos, sólo podemos parir un frente impotente. Ello es lo que ocurrió, por caso, cuando la burocracia sindical opositora, siempre en nombre de la unidad, marchó el 8M sin decir una palabra del aborto legal -la principal reivindicación de la marcha- para no “molestar” a los aliados del papa Francisco. O cuando todo un sector de la izquierda y el centroizquierda, para confluir con el kirchnerismo y el pejotismo el próximo 24 de Marzo, retira de la consigna central de la marcha la denuncia a “los gobernadores” del ajuste. En cambio, el Frente de Izquierda defendió, a través de una declaración política, la concreción de una marcha independiente. 

Por su parte, un sector de la burocracia sindical de Santa Cruz -con ATE a la cabeza- ha frenado la lucha estatal en nombre de no confrontar con el gobierno provincial kirchnerista, al que presenta como víctima del macrismo. El frente opositor con los seudoopositores, como se ve, es un factor de división en la lucha contra el ajuste y por las reivindicaciones obreras y democráticas. 

En oposición a esta ‘unidad impotente’, luchamos por el frente único de la clase obrera y sus organizaciones, para derrotar el plan de guerra del gobierno macrista y sus cómplices provinciales. Esta unidad, la de quienes no tienen ataduras ni compromisos con el plan de ajuste oficial, debe abrirse paso a través de una gran batalla que tendrá su centro en los sindicatos. Después del 18D, que puso de manifiesto la enorme disposición de lucha de los trabajadores y de sectores medios a enfrentar el saqueo oficial, la burocracia sindical ha redoblado su política colaboracionista -ello, para impedir una irrupción mayor contra el gobierno. Los “gordos” de la CGT, por un lado, anticipando la firma de paritarias a la baja. Los pretendidos “opositores”, del otro, clausurando la lucha en nombre del “volveremos en 2019”. Ni unos ni otros pueden decidir por nosotros: por eso, reclamamos un Congreso de delegados de base de la CGT y todas las centrales, para discutir un programa de fondo en defensa del salario y del derecho al trabajo, y plantear una salida de los trabajadores frente al saqueo y el hipotecamiento nacional al que nos condenan el macrismo y sus aliados.

 

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Marcelo Ramal

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