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Nuevo salto en la escalada bélica

Estados Unidos rompe el acuerdo nuclear con Irán

La salida de Estados Unidos del pacto nuclear con Irán es un salto en el escenario bélico del Medio Oriente. Trump ni siquiera pudo apelar a la excusa, como hizo en el pasado frente a otros conflictos, de que el pacto nuclear haya sido violado. Todas las potencias firmantes, incluido Estados Unidos, reconocen que el acuerdo venía siendo respetado por Irán, con lo cual el abandono del mismo pone más al descubierto la provocación en marcha.

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La Casa Blanca reprocha que el pacto no limita el desarrollo misilístico y de otras armas del país persa. Pero el eje de la movida apunta en otra dirección: forzar al retiro de Irán de Siria y un repliegue en su injerencia en la región. Importa señalar que Hezbollah acaba de obtener un triunfo resonante en el Líbano y las elecciones inminentes en Irak anticipan la consolidación en el poder de los proiraníes.

La guerra contra Isis culminó con un fortalecimiento del régimen de Al Assad y una consolidación de la presencia de Rusia, Irán y, en menor medida, de Turquía. El mapa de la posguerra lo diseñan hoy Teherán, Moscú y parcialmente Ankara, sin la intervención de Estados Unidos y sus aliados. Este escenario pretende ser alterado por Trump.

Por lo pronto, la decisión norteamericana es el guiño que venían esperando Israel y Arabia Saudita, países respaldados por Occidente que disputan con Irán la hegemonía en la región para poner en marcha una escalada militar. Un anticipo de esta amenaza se produjo a fines de abril, con un bombardeo presuntamente israelí a dos bases de ese país. La acción fue mucho más grave que el reciente bombardeo que hizo Estados Unidos con Gran Bretaña y Francia. El ataque causó la muerte de al menos dos docenas de oficiales iraníes y, en estas horas, trascendió otra operación israelí en territorio sirio. Esto se combina con un recrudecimiento de la ofensiva contra la población palestina, concentrada, en primer lugar, en la Franja de Gaza que viene siendo blanco de un hostigamiento implacable por parte de las tropas israelíes.

La ruptura del acuerdo va unida a la puesta en marcha de sanciones económicas. La asfixia económica pretende asestar un fuerte golpe al régimen iraní, cuya economía ya está deteriorada.

La expectativa de que la aproximación a Occidente como resultado del pacto permitiría un florecimiento económico se ha visto desmentida y la declinación de las condiciones de vida ha continuado hasta un punto tal que ha terminado provocando un estallido popular, a finales del año pasado. Una suerte de embargo sería el preludio de una intervención militar. Las sanciones anunciadas contra Irán se complementan con las que la Casa Blanca viene aplicando contra Rusia. Las represalias económicas tienden a forzar al régimen de Putin a un reparto en nuevos términos de Siria y de la región.

Europa

Pero el anuncio de sanciones, asimismo, es un tiro por elevación contra la Unión Europea. Trump hizo caso omiso a las peticiones de Macron y de Merkel, que viajaron hace pocos días a Washington, de que no se retirara del pacto. A este pedido se sumó también la premier británica Theresa May. Los tres países europeos ratificaron la firma y su participación en el acuerdo nuclear. Esto sube un peldaño más la tensión internacional en el marco de la guerra comercial que enfrenta Estados Unidos con Europa.

Importa destacar que Washington impondrá sanciones a las empresas europeas que no abandonen sus negocios en Irán. Este hecho podría precipitar una huida de ese país. Eso incluye no sólo a las petroleras sino también a las compañías de buques, aseguradoras y bancos. Esto comprometería seriamente la producción y la exportación petrolera del país persa, cuyo principal destinatario son precisamente los países europeos.

La Unión Europea estudia desde hace meses cómo puede hacer que las sanciones estadounidenses no afecten a sus empresas. Se trataría de usar algún procedimiento legal que evite que las empresas europeas sufran sanciones extraterritoriales estadounidenses y de abrir líneas de crédito en euros desde el Banco Europeo de Inversiones para apoyar a las empresas europeas con actividades en Irán.

Hay una coincidencia entre los analistas de que la imposición de sanciones a las empresas europeas crearía “la mayor división entre Europa y Estados Unidos desde que el ex presidente estadounidense George W. Bush declaró la guerra a Irak en 2003” (Clarín, 3/5).

La decisión norteamericana en torno de Irán ha puesto a Europa a la defensiva, que es, por otra parte, lo que viene ocurriendo en otros planos, como ha sucedido con el aumento de las tarifas del acero y del aluminio, la reforma tributaria o el abandono de los acuerdos climáticos de París. Los europeos advierten que una crisis ascendente en Medio Oriente no sólo los expone a las represalias y a un guerra comercial de consecuencias imprevisibles sino que, entre otras cosas, podría terminar provocando un nuevo aluvión de refugiados de alcance explosivo.

Irán

En las próximas semanas habrá que estar atentos también a la evolución interna en Irán. El presidente iraní, Rohani, pretende contrarrestar la presión norteamericana recostándose en las potencias europeas. Ha señalado que se seguirá respetando el acuerdo. Pero esta política puede terminar siendo un arma de doble filo. La Unión Europea apunta a una negociación con Irán, cuyo núcleo consistiría en “restaurar las vías de inversión a cambio de una adenda en el pacto original” (ídem). Aunque Trump rechazó esta opción, el núcleo de ese “agregado” está en sintonía con las demandas del magnate yanqui y estribaría en poner un límite en el programa de misiles balísticos de Irán y a su accionar en la región, en particular en Siria, Irak y Yemen. Por lo pronto, los líderes europeos pidieron a Irán que muestre “contención en su respuesta a la decisión estadounidense”.

Esta tentativa por salvar el pacto puede terminar en un fiasco. Si esto ocurre, sería un golpe para el ala moderada del régimen (que es la que gobierna), que ha sido uno de los artífices de estos acuerdos y, como contrapartida, podría levantar cabeza el sector ultranacionalista desplazado del poder. Por supuesto, no se puede descartar que, colocado entre la espada y la pared, el propio Rohani pegue un giro. Por lo pronto, la ofensiva de Trump podría reavivar un sentimiento antiimperialista y/o “quizás un nuevo deterioro de la economía, podría multiplicar las protestas situando el país al borde de la confrontación civil” (La Nación, 9/5).

Conclusión

La decisión de Trump de mandar al tacho de basura el pacto con Irán muestra el carácter efímero de estos compromisos. Estamos ante equilibrios precarios, que son la antesala de nuevos ataques. 

Nos encontramos frente a un escenario convulsivo dominado por grandes crisis internacionales, rivalidades, guerras comerciales y tendencias a la guerra, golpes y rebeliones populares, que tienen como telón de fondo la bancarrota capitalista que hace su trabajo implacable de topo.

Este escenario coloca al rojo vivo la necesidad de una campaña internacional común de la clase obrera contra la guerra y poner en pie una Internacional revolucionaria, la IV Internacional.

¡Abajo el imperialismo y las guerras imperialistas!

Por la autonomía nacional de Siria y de todos los Estados del Medio Oriente. Por una Federación de Repúblicas Socialistas.

Abajo el Estado sionista, por el derecho al retorno del pueblo palestino.

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