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22 de febrero de 2018

Las conclusiones políticas del campamento de la UJS

Por Julián Asiner

El domingo 18 centenares de compañeros levantaron sus carpas y tomaron los micros para volver del campamento de la Unión de Juventudes por el Socialismo. Antes, el sábado, se había realizado un balance de las intensas ocho jornadas vividas en Nueva Atlantis, Mar de Ajó, con la participación de Marcelo Ramal.

Marcelo comenzó destacando que la UJS siempre realizó sus campamentos y cursos de verano, desde su fundación en 1972, tanto sea bajo gobiernos democráticos como dictatoriales. El corazón de un partido revolucionario, dijo, es lograr, a través de la formación y la acción política, que los trabajadores y jóvenes den el salto y se transformen en militantes socialistas.

Reforma Universitaria

Uno de los ejes del campamento fue el curso sobre la Reforma Universitaria. El balance que arroja es muy positivo, ya que partiendo de la historia del movimiento estudiantil logramos desentrañar aspectos centrales de la lucha de clases en la Argentina y sus grandes batallas en el último siglo, desde 1918 a la fecha. Pusimos a la lucha del estudiantado y su recorrido político en relación con la situación más general del país y en particular en su vínculo con la clase obrera. El curso puede resumirse en tres momentos políticos fundamentales.

Un primer momento es el de la Reforma, que se dio en la época de la Revolución Rusa y de los episodios que, al calor de esa revolución, vivían los trabajadores argentinos, como la Semana Trágica y las grandes luchas en la Patagonia. Ese fue el contexto de la gran rebelión estudiantil contra el régimen oligárquico de las universidades, que logró en poco tiempo un alcance continental. La Reforma colocó en América Latina una agenda democrática (cogobierno, ingreso irrestricto, cátedra libre) que las burguesías nacionales se habían demostrado incapaces de cumplir. Luego, el nacionalismo burgués llevaría a ese movimiento a una vía muerta. Como resultado de esa experiencia, se desenvuelve un ala izquierda de la Reforma, que tiene su máxima expresión con Mella en Cuba, y saca conclusiones de fondo en torno a la necesidad de luchar por una revolución social.

Un segundo momento es el del Cordobazo, donde el estudiantado irrumpe junto a la clase obrera en un episodio de características históricas. Si tenemos en cuenta que la dirección nacionalista del movimiento obrero había pactado con Onganía “desensillar hasta que aclare”, el Cordobazo representa la gran desobediencia de la clase obrera argentina al peronismo –con el movimiento estudiantil como principal aliado. Este proceso provoca una verdadera revolución política en la juventud, con el surgimiento de nuevas corrientes, en particular de una izquierda que disputa con el viejo estalinismo. Ese movimiento, sin embargo, en el tiempo termina cooptado por el nacionalismo, con una mediación política: el foquismo. La experiencia política del Cordobazo concluye estrangulada por el foquismo y, en última instancia, por el golpe y la dictadura militar.

El tercer momento del curso se refiere a la otra gran irrupción de la juventud, la asociada al Argentinazo y a la rebelión popular del 2001. De esta nueva irrupción, la izquierda revolucionaria emerge con un liderazgo sobre el movimiento estudiantil. Un liderazgo que sigue peleado y defendido hasta hoy, al cabo de quince años. Se trata de una gran progresión histórica: en la Reforma, la izquierda independiente de la burguesía era una extrema minoría; en el Cordobazo, hay una izquierda que rápidamente es cooptada por el nacionalismo; en cambio, en el Argentinazo hay una izquierda que se delimita con conciencia del nacionalismo, y que lucha luego desde la dirección de la Fuba contra el nacionalismo en el poder, el kirchnerismo. Este proceso tiene nombre y apellido: es el Partido Obrero en la Fuba, como eje aglutinante de frentes y reagrupamientos que lograron defender a la federación frente a los agentes del Estado y las camarillas que gobiernan la universidad.     

Crisis mundial y mujer

La situación política de nuestro país tiene esa peculiaridad: la existencia de una izquierda revolucionaria, retratada en el Partido Obrero y el Frente de Izquierda, que ocupa un lugar, todavía modesto pero significativo, inocultable, en el movimiento obrero, en el movimiento estudiantil y en los barrios. Esta peculiaridad condiciona una transición marcada por el fracaso de la experiencia nacionalista del kirchnerismo, y su relevo por parte de un macrismo que apela como salida al socorro del capital internacional. El primer límite que encuentra esta tentativa es la propia crisis mundial, que da cuenta de una declinación histórica de la sociedad capitalista cuyo alcance pudimos desmenuzar, largamente, en la charla que brindó Jorge Altamira.

Otra marca de esta época, donde se agudizan la crisis y los antagonismos sociales, es la emergencia de la lucha de la mujer. En el curso sobre el tema, que fue el otro gran eje del campamento, pudimos ver cómo el movimiento que hoy sacude a buena parte de nuestra juventud recoge sus raíces en el extraordinario movimiento de mujeres que, a fines del siglo XIX, emerge fusionado con las organizaciones socialistas e internacionalistas de la clase obrera. El actual movimiento de la mujer –lejos del carácter “espontáneo” que se le asigna- es la reconstrucción positiva de aquel hilo histórico (una manifestación de esto será el próximo paro internacional de mujeres, poniendo en práctica los métodos de la clase obrera). Nuestra intervención apunta a incitar este “reencuentro” entre el movimiento de mujeres y el programa revolucionario.

Manos a la obra

El regreso de Nueva Atlantis plantea el desafío de llevar todas las conclusiones debatidas en los cursos a la práctica. Vamos por una gran campaña de la UJS en la juventud por un frente único de todos los que quieren luchar contra los planes privatistas, de arancelamiento, de destrucción de los profesorados y la secundaria, para realizar un congreso de todo el movimiento estudiantil y votar un plan de lucha. Vamos por un gran 8 de marzo, precedido por asambleas de mujeres en todos los colegios, institutos y facultades. Vamos por una marcha multitudinaria el 24 de marzo, para quebrar la escalada represiva del gobierno del gatillo fácil, por el desprocesamiento de César Arakaki y Dimas Ponce y para defender el derecho a luchar. Vamos por una organización socialista de masas de la juventud, unida a la clase obrera.

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