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8 de marzo de 2018

Los varones y el 8M

Por Plenario de Trabajadoras

La propuesta de que exclusivamente mujeres participemos del paro y la marcha del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el 8M, no fue presentada para el debate en ninguna de las multitudinarias asambleas que sesionaron en la Mutual Sentimientos. Sin embargo, estamos frente a una campaña frenética en las redes sociales para evitar la presencia de los hombres que apoyan las reivindicaciones de sus compañeras.

Es curioso. Desde esas mismas voces no se ve el mismo furor sino más bien un silencio de radio ante la declaración de las CTAs, CGT, CCC, Ctep y hasta del Sipreba. Ellos sí que pasaron por encima de las decisiones de la asamblea de mujeres. Convocan a la marcha pero no le dieron cobertura al paro y se olvidaron nada más y nada menos que incluir la consigna central de este 8M: la legalidad y gratuidad del aborto.

Las mujeres somos muchas y bien diversas. Quienes se oponen a la participación de los luchadores se expresan como si fueran voceras del colectivo: “las mujeres decidimos”. Enuncian una representación que nadie les confirió. Cuando alguien habla en nombre propio, o de un grupo determinado, podría empezar por aclararlo y no arrogarse representaciones imaginarias.  

El paro es de las mujeres, dicen. Sí, el paro fue convocado por mujeres y levanta reivindicaciones que nos afectan especialmente a las mujeres. ¿Eso significa que solo podemos participar nosotras? En absoluto. Alcanza con mirar las fotos de las marchas en Estados Unidos, Polonia, Islandia para ver hombres y mujeres codo a codo.

Pero, además, desde que los explotados y las explotadas se levantan contra el capital, existen las huelgas de solidaridad. Pararon las fosforeras en 1903 y pararon en su apoyo sastres, carreros, sombrereras, encimadoras, ebanistas. Estalló en 1907 la huelga de los conventillos –¨las conventilleras”-  y paró toda la clase obrera contra la represión. Pararon las docentes mendocinas en 1919 y se desató la primera huelga general de Mendoza contra el gobernador radical Lencinas, que las había despedido por luchar por su salario. 

Después de los años 30, la burocracia sindical trató de borrar las huelgas de solidaridad de nuestra memoria. Como –por su sometimiento al clero- trató de borrar de los programas sindicales la defensa de los derechos de las mujeres.

Algunas compañeras le hacen paro solo al patriarcado. Podemos luchar juntas en las calles y avanzar en la construcción de acuerdos y explicitación de diferencias. Pero nosotras hacemos  paro al patrón, al gobierno capitalista y a la burocracia sindical. Y también, miren qué cosa, a las mujeres que están integradas a la clase patronal, al capitalismo y a la burocracia sindical. Nada nos une a ellas y no nos importa el sexo ni el género de nuestros verdugos.

A principios del siglo XX, la lucha contra la trata, por el aborto, por el divorcio, por la igualdad salarial entre hombres y mujeres, estaba incluida en los programas “generales” de la FORA y la UGT. En todo el mundo los trabajadores consideraban propia esa lucha.  El 8 de marzo fue votado a propuesta de Clara Zetkin por una conferencia de mujeres socialistas en honor a la insurrección de las 20.000, la huelga de las camiseras de Manchester –jóvenes, precarizadas, migrantes-. Y no en vano fue un estado obrero –el de la Revolución de Octubre- el primero en reconocer el aborto legal y el casamiento entre personas del mismo sexo. En 1920. 

En esa tradición nos apoyamos orgullosamente. Las direcciones clasistas, como lo hizo desde su génesis el movimiento piquetero, no hacen distingos entre las reivindicaciones de hombres y mujeres trabajadoras. 
Garantizaremos un lugar para nuestros compañeros el jueves 8M.

Convocamos a los trabajadores a que intervengan y se comprometan en la lucha por las reivindicaciones de las mujeres explotadas. De las otras, de las explotadoras, y de sus hermanos de clase ya nos ocuparemos cuando podamos.
 

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