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6 de abril de 2018

Caputo: un protegido… de la coalición del ajuste

Escribe Marcelo Ramal
Por Marcelo Ramal

La brusca interrupción de la interpelación a Luis Caputo en el Congreso ha dado lugar a diversas interpretaciones. Por lo pronto, el gobierno vivió como una victoria que el ministro de Finanzas haya podido zafar, con un escandalete menor, de las graves imputaciones que carga desde las revelaciones de los Paradise Papers. En efecto: Caputo fue socio y gerente de un fondo off shore que tuvo como clientes a fondos buitre, y que resultó uno de los compradores del leonino bono de deuda a 100 años emitido por él mismo. O sea que, como funcionario, auspició operaciones de deuda a la medida de los fondos especulativos que él mismo piloteó.

Semejante colusión de intereses no le ha movido las pestañas a la republicana Carrió ni, por supuesto, al propio Macri. Aunque la situación de Caputo continúa su curso en la justicia, el presidente ni siquiera le pidió una licencia transitoria, como ocurriera en su momento con el jefe de la Aduana Juan José Gómez Centurión. Otro funcionario del riñon oficial, Valentín Díaz Gilligan, tuvo que renunciar en medio de revelaciones sobre lavado de dinero y fondos en el exterior.

Las cosas fueron distintas con el ministro de Finanzas. Según relata un periodista de Ambito Financiero, desde los empresarios y el mercado financiero “sólo llegaron voces respaldatorias para Caputo, pidiéndole a Macri que acompañen al ministro en esta mala hora” (5/4). Entre los que hicieron este lobby, se sugiere a los CEOs de Techint y de Arcor, junto a la ´crema´ de los bancos privados nacionales y extranjeros.

La razón de este arco protector es clara: el “círculo rojo” temió que una destitución del ministro de Finanzas tire por el aire al armado financiero que permitiría solventar los 60.000 millones de dólares que Argentina debe conseguir en 2018 y 2019, en un escenario de déficit comercial creciente, de un déficit fiscal donde gravita con fuerza creciente el pago de los servicios de la deuda y, como consecuencia de lo anterior, una fuga de capitales también en alza. La decisión férrea de blindar a Caputo delata, contradictoriamente, la precariedad de la condición financiera del macrismo, ello, en medio de las turbulencias internacionales y de la aspiradora de capitales montada por Trump, con la reforma fiscal y la suba de las tasas de interés en el Norte.

En este escenario, la política oficial de deuda cruje bajo sus propias contradicciones. En estos días, se conoció que “grandes fondos de inversión extranjeros, como Templeton y Black Rock, desilusionados con la volatilidad cambiaria (argentina), empezaron a desarmar sus tenencias” en el país para trasladarse a Egipto, que pasó a ser “la estrella mundial del carry trade”, luego de observar que en Argentina “ni las ganancias ni el clima de confianza son los de antes” (Claudio Zlotnik, Iprofesional, 4/4). La recalibración/devaluación de comienzos de año dio por tierra con una premisa fundamental de la bicicleta financiera, donde los especuladores traen los dólares del exterior con la expectativa de retirarlos meses después al mismo precio.

La burguesía argentina, en este contexto, sueña con la reclasificación de Argentina como “mercado emergente”, en la expectativa que ello relance un ingreso de fondos especulativos y contribuya a refinanciar la acumulación de deudas, nacionales y provinciales. Pocos observaron, en estos días, que Chubut –que había amenazado con un defol meses atrás- acaba de emitir una suerte de ´cuasimoneda´ para pagarle a proveedores.

Pero este hipotecamiento a escala nacional explica otro de los hechos del operativo “cuidemos a Caputo”: la participación del pejotismo y de los representantes parlamentarios de sus gobernadores. El periodista Marcelo Bonelli acaba de revelar que los términos de la frustrada interpelación fueron pactados en el Senado entre el oficialismo y Miguel Pichetto. A partir de allí, el senador pejotista José Mayans “manejó la sesión a favor del ministro, mantuvo a senadores y diputados a raya y decidió terminar todo cuando comenzó el desborde” (Clarín, 6/4). El “desborde”, a todo esto, fue precipitado por una diputada kirchnerista. El pejotakirchnerismo, que participa de la coalición del ajuste –y ha apelado sin escrúpulos al endeudamiento provincial- no tiene ningún interés en soplar sobre el castillo de naipes del financiamiento internacional. Según el gobierno, es este socorro financiero el que sostiene al “gradualismo” oficial. Lo cierto es que el repago de esta hipoteca será cargado sobre las masas, como, por ejemplo, ya ocurre en Chubut.

Caputo es un “protegido”, sí, pero de todo un régimen, lo que incluye al gobierno y a los seudoopositores.

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Marcelo Ramal

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