Sindicales
13/6/2026
Abajo el despido persecutorio y antisindical en Atucha
Solidaridad con Mariano Saleh, delegado despedido por participar de las asambleas y movilizaciones contra la privatización.

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Una persecución político sindical.
La empresa Nasa, encargada de la administración de Atucha, despidió a un delegado en funciones con una maniobra judicial. Expresamos toda nuestra solidaridad con el compañero Mariano Saleh, delegado despedido por participar de las asambleas y movilizaciones contra la privatización impulsada por el gobierno de Javier Milei y a quien se prohíbe el ingreso a la planta a pesar de sus fueros. Su despido es “con causa”, pero la verdadera causa no es laboral: se trata claramente de una persecución político sindical por impulsar la lucha contra el desguace y privatización de Atucha y por ser un activista por las reafiliaciones a ATE para fortalecer esa organización y resistencia obrera.
El despido, avalado además por una cautelar judicial al servicio de la empresa, constituye un ataque directo a la organización sindical, al derecho de huelga y a la libertad de expresión de los trabajadores. No se trata de un hecho aislado ni de una simple decisión “administrativa”: forma parte de una ofensiva consciente para disciplinar a quienes se organizan y enfrentan el vaciamiento, los despidos y la destrucción salarial.
Las patronales, junto a los gobiernos y sectores de la Justicia, buscan imponer el miedo para impedir toda resistencia. Primero vacían empresas, destruyen salarios y condiciones laborales; luego avanzan contra quienes denuncian y luchan. El objetivo es claro: que nadie levante la voz mientras se ejecutan planes de privatización, ajuste y cierre de sectores enteros de producción y servicios, como ocurre también en el Inti y otros organismos estatales.
Esta situación guarda un profundo paralelismo con mi propio despido, en UOM Siderca, atravesado también por cuestiones persecutorias, discriminatorias y políticas. Detrás de distintos argumentos o mecanismos legales, el método es el mismo: aislar, castigar y expulsar a trabajadores que cuestionan el rumbo patronal o participan de procesos de organización colectiva. Ya sea en empresas privadas o en organismos del Estado -como sucede en el Inti, el Garrahan y tantos otros lugares- el plan es similar: reducir salarios, flexibilizar, desmantelar estructuras y atacar toda forma de organización obrera independiente.
No estamos frente a conflictos individuales. Cada despido persecutorio busca enviar un mensaje al conjunto de los trabajadores: aceptar en silencio la pérdida de derechos, la precarización y el deterioro de las condiciones de vida. Por eso la respuesta no puede ser individual ni aislada.
Frente a este avance es necesario reforzar la solidaridad activa, la organización desde los lugares de trabajo y la coordinación de todas las luchas en curso. Las acciones impulsadas por el gremio del neumático muestran que hay alternativa y un camino: asambleas, movilización, deliberación colectiva y defensa incondicional de cada puesto de trabajo y de cada compañero perseguido. Solo la intervención activa de los trabajadores puede frenar los despidos, el cierre de empresas y el intento de destruir nuestras organizaciones.
La defensa del salario, del trabajo y de las libertades sindicales es una causa común. Ningún despido persecutorio debe pasar sin respuesta.




