Sindicales
1/6/2026
El paro en la línea C del subte es una defensa de la vida de trabajadores y usuarios
Sobre la campaña mediática para enemistar a pasajeros con quienes sostienen el servicio.

Seguir
Imagen: archivo
Desde la mañana del lunes 1 de junio, los trabajadores de la Línea C del subte llevaron adelante un paro reclamando el cumplimiento de los compromisos para reemplazar las formaciones con presencia de asbesto, prohibido por ser un material cancerígeno. Lo que voceros del gobierno y medios de comunicación patronales presentaron como un estorbo a la vida de la población es una lucha elemental en defensa de la salud.
Los metrodelegados denunciaron que Emova –la empresa de Benito Roggio que tiene la concesión de la red de subte- no cumple con un acuerdo firmado en 2024 que implica la retirada de circulación de las formaciones Nagoya 5000 que tienen asbesto.
El paro se levantó por la tarde, y durante la jornada los medios de comunicación patronales y el gobierno se dedicaron a atacar a los trabajadores acusándolos de entorpecer la vida de los “usuarios” que tuvieron que viajar por vías alternativas, colocándose del lado de Roggio.
El asbesto fue prohibido hace más de veinte años por tratarse de un material considerado cancerígeno que puede tener consecuencias mortales sobre las personas. Este se desintegra en microfibras invisibles que se depositan en los pulmones y tejidos humanos.
Hay aproximadamente 3.000 trabajadores bajo vigilancia médica y seis muertes confirmadas –habría 140 contaminados actualmente (Página 12, 1/6).
Los trenes que deberían cambiarse, denuncian los trabajadores, fueron fabricados en las décadas del '40, '50, '60 y '70 y ya se encuentran obsoletos. El cóctel, entonces, es explosivo: servicio deteriorado y carísimo por los sucesivos tarifazos, y riesgos de que los trabajadores y los usuarios que los utilizan a diario contraigan cáncer.
La medida, además de suponer una pelea por mejores condiciones de trabajo, también implica la defensa de la vida y la salud de los trabajadores en general. Por eso resulta pérfida la campaña impulsada por el poder político y los medios adictos. Los trabajadores del subte vienen impulsando una lucha hace años debido a la presencia de asbesto, a menudo con paros escalonados y apertura de molinetes.
Los trabajadores advirtieron que el asbesto también se encuentra en las estaciones, los talleres, los cuartos técnicos, los túneles y en estructuras internas de toda la red. “Las denuncias comenzaron en el año 2018 con la llegada de formaciones CAF 5000 usadas que se compraron en España, lo que destapó una realidad que se había acumulado en silencio: autopartes, techos, fusibles, cuartos técnicos y sistemas eléctricos que contenían amianto y que habían funcionado así durante más de cuarenta años” (El Grito del Sur, 1/6).
Asimismo, los trabajadores señalan que no hay un plan de desabestización y han advertido por la ausencia de medidas de protección, de higiene, la presencia de ratas y alacranes, y el deterioro general de la infraestructura básica. De acuerdo con los informes gremiales, todavía quedan 400 cuartos técnicos contaminados, varias subestaciones y partes de talleres sin intervenir, 2.900 fusibles con presencia confirmada de asbesto y trabajadores con diagnósticos irreversibles (ídem).
A esto se suman los reclamos por aumento de salarios, contra la flexibilización laboral –que va en aumento- y en rechazo al intento de eliminar la jornada de 6 horas de trabajo. A principios de mayo, Emova impulsó una denuncia penal contra 171 trabajadores de AGTSYP por ejercer el derecho a huelga, en lo que fue un rechazo a las reivindicaciones mencionadas.
Emova cuenta con la complicidad de Jorge Macri, que también persigue trabajadores al igual que Milei. Hay todo un plan de las patronales para reventar las condiciones de trabajo en función de aumentar su tasa de beneficio.
Todo el apoyo a los trabajadores del subte.




