Sindicales
5/5/2026
Ilva: despidos, acampe y una muerte que expone la situación de los despedidos
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Imagen: archivo
El cierre de la fábrica en Pilar dejó a 300 familias sin ingresos desde hace ocho meses. En medio del acampe y la falta de respuestas, el suicidio de un trabajador profundizó el reclamo y expuso el impacto social del conflicto.
En el asfalto de Pilar, donde el frío se cuela por los huesos y la esperanza se mide en el humo de una olla popular, el tiempo dejó de ser reloj para volverse herida. Hace ocho meses que en la puerta de la fábrica Ilva el aire pesa como el cemento. No es solo el olor a fábrica cerrada; es el vaho de 300 familias que quedaron a la intemperie de un país que les soltó la mano. Y en esa espera de veredas rotas y promesas que no llegan, la desesperación se cobró la vida más cara. El suicidio de Javier López no fue una decisión individual; fue el grito final de un cuerpo que ya no aguantó el despojo.
Marcelo Adrián Barrionuevo, con la voz curtida por la vigilia y la tristeza, lo pone en palabras que duelen: "Lo de Javier es una especie de síntesis muy dolorosa de todo lo que han tenido que atravesar en estos 8 meses”. Es el punto final que nadie quería escribir en una historia de laburantes que dedicaron su vida entera, con entre 23 y 31 años de servicio, a una empresa que, de un día para el otro, bajó la persiana.
“Nos destruyó mentalmente, físicamente y económicamente; nos dejó en la calle, nos dejó en la pobreza absoluta”, dijo.
"Las y los trabajadores de Ilva son 300 familias que quedaron en la calle y que acaba de arrebatarle la vida a uno de los trabajadores, Javier López, que no vio salida frente a las injusticias y atropellos. Javier López presente, toda nuestra solidaridad con las familias de Ilva"… https://t.co/XvbNgidQhY pic.twitter.com/4kGcJyxM3e
— Prensa Obrera (@prensaobrera) May 5, 2026
Para el patrón son solo números en un concurso preventivo frente al juez Hernán Papa. Para la calle, son hombres y mujeres de "mano de obra calificada" que hoy sobreviven con "changas" o manejando aplicaciones.
La prosa de la calle no entiende de tecnicismos legales. Entiende de mesas vacías y de esa soledad que asalta cuando se apagan las luces. “La cabeza no juega, no juega”, repite Marcelo como un mantra de la salud mental herida. “Hay algunos que nos apoyamos en nuestra familia, otros que por ahí no... Nos vamos a la pieza y lloramos”.
En ese marco, los trabajadores denuncian un plan de "depuración" ejecutado por los responsables de la firma, Francisco Zanon y Franco Bochi. Una política de descarte que Marcelo enmarca en un contexto mayor: “La situación en el país ya es bastante devastadora con lo que está haciendo este gobierno de derecha, que lo que quiere hacer es destruir a la clase obrera argentina”.
Lo de Javier López es el espejo roto donde hoy se miran todos. “Lo que pasó con Javi López nos puede pasar a cualquiera de nosotros porque, encima de que nos destrozaron como nos destrozaron, estamos solos”. Se sienten solos a pesar de haber golpeado las puertas del intendente Achával y del gobernador Kicillof; solos frente a un "efecto dominó" que ellos mismos vaticinaron aquel 29 de agosto, cuando empezó el conflicto.
Pero, entre tanta muerte y abandono, quedan el parche del bombo y el calor de quienes seguimos peleando. El acampe, esa trinchera de lona y fe, se volvió una nueva forma de parentesco.
“El acampe también llegó a hacer que esto sea una familia, más de lo que éramos”.
Javier ya no está para el próximo turno, pero su ausencia hoy es la bandera más alta en la puerta de Ilva. Lo que queda, en esa vereda, no es solo un reclamo: es la evidencia de hasta dónde puede empujar el abandono.




