Sindicales

28/5/2026

Las elecciones de Apungs y la crisis del sindicalismo nodocente en la Universidad de General Sarmiento

Trabajadora no docente UNGS

Trabajadores nodocentes saliendo a la 4ta marcha educativa

Durante este mes se realizaron las elecciones de Apungs, el sindicato nodocente de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Se presentaron dos listas: la oficialista Verde, que conduce el sindicato desde hace más de diez años alineada con la CGT y la Fatun (federación nacional nodocente), y la Celeste y Blanca, que reunió distintos sectores opositores aunque sin delimitarse políticamente de la conducción actual.

A un día de la marcha masiva por la defensa de la universidad se realizó la elección y el recuento de votos. La lista Verde se mantiene con los seis puestos de la comisión directiva con 156 votos y la Celeste y Blanca obtuvo 93 votos. Las elecciones no tienen un sistema de representación de minorías, por lo que la lista más votada se queda con todos los puestos, renovándose así seis de los puestos de la comisión directiva del gremio.

La elección se desarrolló en medio de una profundización del ajuste contra las universidades nacionales impulsado por el gobierno de Milei: salarios pulverizados, presupuesto de miseria, vaciamiento de las obras sociales y creciente precarización laboral. En este escenario, las conducciones sindicales universitarias vienen actuando como un factor de contención frente a la enorme bronca de docentes y nodocentes.

Este cuadro también expresa el profundo fraccionamiento que atraviesa al claustro nodocente de la UNGS, producto de años de rivalidades fomentadas por diversos factores, en parte por la propia conducción gremial y por la ausencia sistemática de verdaderos espacios asamblearios.

Recientemente, y como resultado de la presión desde las bases, logramos que reuniones que la conducción pretendía limitar a encuentros meramente informativos terminaran transformándose en asambleas de nodocentes. Esto ocurre pese a las maniobras sistemáticas de vaciamiento impulsadas por el sindicato mediante convocatorias con escaso aviso, información confusa y criterios excluyentes, llegando incluso a presentarlas como simples “reuniones de afiliadxs” cuando los temas discutidos involucran al conjunto de las y los trabajadores nodocentes.

Una campaña sin balance ni alternativa

La conducción Verde buscó apoyarse durante toda la campaña en una fuerte presencia institucional y en el uso de las redes oficiales del sindicato, evitando cualquier balance serio sobre la falta de acción de las federaciones frente al derrumbe salarial sufrido por las y los trabajadores nodocentes en los últimos años. Estuvieron centrados en reivindicar la continuidad de la gestión, adjudicándose como logro propio los concursos recientemente sustanciados y destacando su supuesta capacidad de negociación paritaria.

Sin embargo, esta situación expresa una problemática histórica en la universidad. Que la regularización laboral y el pase a planta queden sujetos a negociaciones alrededor de los concursos provoca que una enorme cantidad de nodocentes permanezca durante años en condiciones de precarización e inestabilidad laboral.

Los concursos no deberían funcionar como un mecanismo del cual dependa la estabilidad laboral, sino como una herramienta orientada a la formación permanente, el desarrollo de la carrera nodocente y la mejora de las condiciones de trabajo. Su utilización como moneda de negociación por parte de las conducciones sindicales y las gestiones universitarias termina reforzando relaciones de dependencia y disciplinamiento sobre el conjunto del claustro.

Por su parte, la Lista Celeste y Blanca expresó parcialmente el descontento existente entre amplios sectores nodocentes, aunque mostró importantes limitaciones políticas. Si bien cuestionó aspectos de la conducción actual, evitó levantar un programa claramente diferenciado y una perspectiva de independencia política respecto de las autoridades universitarias y de la burocracia sindical de Fatun.

Su propia plataforma de campaña reflejó esta indefinición: predominó un planteo centrado en el “recambio” y la “participación”, sin desarrollar una caracterización del rol de la burocracia sindical ni una propuesta concreta para organizar la lucha contra el ajuste universitario. De esta manera, la elección terminó canalizando parte del malestar existente sin transformarlo en una alternativa clasista y combativa.

La crisis universitaria y el rol de las burocracias

El cuadro que atraviesa hoy a la universidad pública exige otra orientación. Las enormes movilizaciones universitarias del último período mostraron la disposición de lucha de estudiantes y trabajadores para enfrentar el vaciamiento educativo y defender la universidad pública. Pero también dejaron expuesto el papel de las conducciones sindicales y de las autoridades universitarias, que buscaron limitar ese proceso a reclamos testimoniales y negociaciones parlamentarias impotentes frente al gobierno nacional.

Esta orientación no es un fenómeno aislado de la UNGS. En todas las universidades nacionales, las burocracias sindicales funcionan como engranajes de las políticas de contención de la CGT. Mientras docentes y nodocentes perdimos más de la mitad del salario frente a la inflación, estas conducciones se negaron sistemáticamente a impulsar asambleas generales, plenarios de delegados y un verdadero plan de lucha nacional para derrotar el ajuste.

En la UNGS esto se vio con claridad en las distintas acciones realizadas durante el año, donde fueron los propios trabajadores y estudiantes quienes empujaron las iniciativas de movilización mientras las conducciones gremiales actuaban como freno. La participación de nodocentes en las movilizaciones de jubilados y otros sectores en lucha mostró el camino de una necesaria unidad obrera frente al ajuste generalizado.

La experiencia de estas elecciones deja planteada la necesidad de construir una verdadera alternativa clasista en el gremio nodocente de la UNGS: independiente de las autoridades, de la CGT y de la Fatun; que impulse asambleas resolutivas, cuerpos de delegados con mandato y un plan de lucha común junto a docentes y estudiantes para enfrentar el ajuste de Milei y los rectores.

La defensa de la universidad pública no puede quedar en manos de quienes administran el ajuste. Hace falta desarrollar una organización antiburocrática y de lucha que recupere los sindicatos para ponerlos al servicio de las y los trabajadores.

¿Cómo seguimos?

La tarea que tenemos por delante las y los nodocentes es desenvolver una verdadera organización desde las bases, independiente de las autoridades universitarias y de la burocracia sindical. Para eso, es fundamental exigir la inmediata implementación de cuerpos de delegados por área y seguir impulsando asambleas resolutivas que permitan canalizar el enorme descontento existente entre las y los trabajadores.

Frente a una conducción que limita la acción gremial a paros aislados y medidas testimoniales desligadas de la vida cotidiana de la universidad, necesitamos poner en pie un verdadero plan de lucha, coordinado con docentes y nodocentes de otras universidades nacionales.

La próxima renovación parcial de la comisión directiva de Apungs debe servir para fortalecer una perspectiva antiburocrática y de lucha, que recupere las herramientas gremiales para ponerlas al servicio de la organización de las y los trabajadores y de todos nuestros reclamos: salario, estabilidad laboral, pase a planta, presupuesto y financiamiento universitario.

Defender la universidad pública exige derrotar el ajuste de Milei, los rectores y las burocracias sindicales que actúan como factor de contención. Huelga universitaria hasta ganar.

Intervención de la UOM: un salto en la ofensiva antisindical
-
prensaobrera.com