Sociedad
13/10/2026
Blaquier, Arrieta y la colección de arte de mil millones de dólares
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Hace unas semanas nos enteramos por La Nación del 30 de septiembre que la Familia Blaquier, de las más ricas de este país, pondría en venta una parte de su colección de arte. Resulta que esta colección, acuñada en gran parte durante los años setenta y ochenta, estaría valuada en mil millones de dólares, o más, dependiendo de los valores finales de subasta.
Entre las obras que se subastarían hay dos de particular importancia: Arlequín, de Paul Cézanne, y una pintura de Van Gogh que fue realizada en Auvers-sur-Oise, en los últimos meses de su vida. La primera tendría un valor estimado de 120 millones de dólares y la segunda alcanzaría los 180 millones. Las obras subastadas se completan con artistas de la talla de Camille Pissarro, Pierre-Auguste Renoir, Edgar Degas, Claude Monet, Paul Gauguin, Alfred Sisley, André Derain, Henri de Toulouse-Lautrec y Maurice de Vlaminck. Está claro que la colección de los Blaquier está a la altura de cualquier jeque árabe o dictador de algún país africano. La importancia de la subasta es que obras de los grandes maestros del impresionismo ya casi no salen a la venta, están en manos de museos o grandes coleccionistas privados.
No está claro cuáles son las otras piezas que componen la colección de los dueños del Ingenio Ledesma, pero lo que sí es concreto es que se trata de una compilación digna de cualquier museo. Nelly Arrieta de Blaquier fue una importante mecenas del arte argentino y fundadora de la asociación de amigos del Museo Nacional de Bellas Artes.
La asociación siempre estuvo dirigida por grandes empresarios para lavarse la cara del saqueo constante que producen sobre nuestro país; hoy componen la comisión directiva Crivelli, ex titular de la Cámara de la Construcción; Escasany, del Banco Galicia; o Gabriela Grobocopatel, del conocido grupo sojero.
Durante la dictadura militar genocida de los setenta, los Blaquier tuvieron amplia colaboración con los genocidas. La Noche del Apagón en Ledesma fue solo un episodio de su colaboración; siempre pegados al poder político, ya sea militar o civil, la familia intervino en el control y censura impuesta por la dictadura al arte independiente y contestatario.
Por otro lado, hay una clara coincidencia temporal entre la presidencia de Nelly Arrieta de Blaquier en la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, que comenzó en 1977, y el crecimiento de la colección de arte y la dictadura militar. Esto no significa que las obras se compraron con dinero de la asociación, sino simplemente que los Blaquier amasaron fortunas al calor de la dictadura militar y las invirtieron en arte, entre otras cosas. Los Amigos del Museo son buenos amigos de la dictadura genocida.
Los hijos del matrimonio Blaquier se están desprendiendo de algunas obras de arte para invertir ese dinero en otros negocios; en el último año compraron tres ingenios en Tucumán, con lo que pasarían a controlar entre el 40% y el 50% de la producción azucarera argentina, esto dependiendo del funcionamiento y rendimiento de las fábricas. Todavía no se trata de un monopolio, pero están en la dirección de controlar precios y distribución de azúcar y biocombustibles derivados de la caña de azúcar, justo ahora que, por la modificación de la ley, los cortes de alcohol y naftas aumentaron considerablemente.
El arte sin dudas está condicionado por el estado de la sociedad y la lucha de clases; el disfrute del arte en todas sus formas está ligado a las condiciones materiales de la sociedad. Un arte independiente no puede estar condicionado a los vaivenes del lucro capitalista; las obras fantásticas que contiene la colección Blaquier debieran poder ser parte del regocijo de cualquier trabajador que las quiera ver y no el coto cerrado de un grupo de ricachones capitalistas que las compraron con el sudor y la sangre de nuestro pueblo.




