Sociedad
15/4/2026
Línea 25 de CABA, una radiografía de una crisis del transporte público
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Línea 25.
La Línea 25 de colectivos, que recorre desde la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires hasta el oeste del conurbano bonaerense, acumula innumerables reclamos de sus usuarios por las malas condiciones del servicio.
Las unidades de color azul y blanco, que transitan las calles del barrio porteño de La Boca, Barracas, Parque Patricios, Boedo, Caballito, Flores, Floresta, hasta la estación ferroviaria de Sáenz Peña, son viejas y la mugre acumulada es visible. Asientos rotos, luces que no funcionan, y en muchos casos sin aire acondicionado.
“Viajo todos los días con este colectivo. Cuando llueve, entra agua por todos lados. En verano nos ahogamos, cuando funciona el aire acondicionado cae agua por los costados. Para cuando hace frío, es una heladera”, relata María, una usuaria frecuente.
Otra de las denuncia y malestares es la frecuencia. De día puede llegar a demorar entre veinte y treinta minutos. Pasadas las 20 hs se reduce la cantidad de coches en la calle, llegando a tardar más de una hora. Y en ocasiones, a media noche, deja de funcionar por cuatro o cinco horas.
“Salgo del laburo a las diez y media de la noche, por la zona del Hospital Argerich (La Boca). Para volver a casa me tomo el 25. Pero hay noches que le espero entre hora y media o dos. Laburo nueve horas por días, pero termino estando en casa más de doce”, explica Gustavo, otro usuario.
Mientras esto sucede, desde la empresa Tomas Guido, a cargo de la 25, como así también de la 9, 84, 271, 299, 373, 384, 505 y 507, reclama aumento de los subsidios o incremento del valor del boleto. Alzas que ya han conseguido, y que siguen obtenido, cuando para mayo se dará un tarifazo con la excusa del aumento del petróleo, causal de la guerra en Medio Oriente. Aumenta y aumenta el boleto, empeoran y empeoran las condiciones de viaje.
En 2012, trabajadores de la 25 realizaron un paro total por más de un mes, reclamando nuevas unidades, mostrando que los viejos coches no cumplían con las condiciones exigidas por el Estado. La victoria de la lucha de los laburantes consiguió nuevos coches. A catorce años, siguen circulando las mismas unidades. Una amenaza de siniestros constantes.
Por su parte, desde el Estado y la Secretaría de Transporte y la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) no se genera ningún tipo de inspección.
La baja de colectivos en la calle no solo es un problema para los pasajeros, sino también para los trabajadores de la line 25, al igual que todas las empresas, poniendo en serio riesgo la estabilidad laboral. “Antes hacíamos cuatros vueltas, ahora hacemos dos. Por ahora no hay despidos, pero la amenaza está. En vestuario el tema de charla es cuando nos llega el telegrama de raje o suspensiones”, relata un chofer.
En defensa de mejores condiciones de transporte y por los puestos de trabajo es necesario un sindicato activo. El silencio de la UTA juega un papel de contención, en beneficio de las patronales. Mientras los laburantes se bajan de conducir el colectivo y se suben a un auto de aplicación, para intentar de llegar a fin de mes. Sin tener horas de descanso, muy necesarias en su labor.
Es necesario la conformación de asambleas por línea que definan planes de lucha en defensa de los puestos de trabajo y aumento salarial. Fuera las burocracias sindicales. Como así también la implementación de comisiones de control, seguridad e higiene de las unidades, a cargo de sus trabajadores y pasajeros. Abajo los tarifazos. Que las patronales abran los libros de las empresas, y muestren cómo fueron utilizados las millonarias ganancias.




