Sociedad

11/3/2026

Messi, Trump y "Chiqui" Tapia: política y geopolítica de la pelota

La puesta en escena del jueves pasado esconde elementos importantes para pensar en el mundo y en el Mundial que se viene.

La pelota, como siempre, es (geo)política.

El fútbol es un vehículo de mensajes políticos muy poderosos. Lo es desde hace mucho tiempo, a pesar de convivir con un plantea cuyas coordenadas sociales, culturales, políticas y económicas conocen mucho más la tensión y la crisis que la previsibilidad. Lo es por portación de dos características absolutamente valiosas, que lo transforman en un apreciado botín por parte de líderes mundiales y portavoces de negociados: masividad (gran alcance) y enormes pasiones (posibilidad de afectividad y empatía).

La imagen de Donald Trump dándole la mano a Messi esconde detrás de sí un entramado que combina poder, guerra, mundial y crisis política. Los elementos que trae consigo la disputa entre el gobierno y la AFA ponen al desnudo intereses privados y de camarilla. Desatar algunos de esos puntos puede significar un aporte a los amantes del fútbol y de las grandes transformaciones de fondo.

Messi es el mensaje

El show del pasado jueves en el que los jugadores del Inter Miami, último campeón de la Major League Soccer (MLS) visitaron el Salón Oval fue una puesta en escena para lograr lo obvio: una foto de Donald Trump, en uno de sus más controversiales momentos políticos, con Lionel Messi, convertido en un ícono embellecido de la corrección, por ser campeón del mundo, por ser infinitamente ganador, por no desarrollar pensamientos o conductas políticas o culturales que le generan enemistades, por haber siempre mostrado un entorno familiar admirable, por haberse consagrado como embajador de ONGs que se preocupan en afiches digitales por los niños del mundo. Messi es el mensaje.

Una imagen puede intentar trasladar eso al guerrerista más grande del mundo, en medio de sus cruzadas en las que secuestra o asesina líderes de otros países, hace sobrevolar misiles sin ningún interés en la precaución de víctimas civiles, amenaza por cadena nacional e incluso se toma el trabajo de jamás justificar su accionar, teniendo las manos libres para decir que lo suyo es por el petróleo o por ciertos intereses regionales. Messi América Great Again.

¿Qué puede querer decir una foto de ese tipo? Primero que nada, por si había alguna duda, el Mundial se hace y los avatares geopolíticos jamás se interpondrán en el andar de la pelota que rueda. No importará mucho que Irán se haya bajado por obvias razones. ¿Se pondrá en pie una campaña de boicot o al menos de denuncia? El fútbol, como se dijo, es un buen vehículo para mensajes políticos.

En segundo lugar, el presidente de los Estados Unidos tendrá un lugar preponderante en el certamen más significativo, quizás el que no pudo obtener cuando buscaba su Premio Nobel de la Paz. Trump se prepara para estar en el centro de la escena por su geopolítica de guerra y por el fútbol, y le avisa al mundo y a sus mayores críticos que tendrán que soportar que un día apriete un botón para lanzar un misil hacia Medio Oriente y el otro se apreste en la platea del estadio Metlife señalando con el dedo para delinear si Mbappé o Lamine Yamal gambetean bien hacia dentro o si tendrían que desbordar y tirar el centro.

Trump busca y buscará sentirse ganador, una suerte de Messi de la geopolítica bélica mundial, en un contexto en el que pierde más elecciones de las que gana puertas adentro, y se mete en una guerra sin apoyo popular y sin fecha de vencimiento puertas afuera. Como Mussolini en el 34, Videla en el 78, Putin en el 18 y tantos otros ejemplos: geopolítica de la pelota. Pura y dura.

Pero el mensaje no es sólo del tío Donald. Messi también comunica: es un embajador de la liga norteamericana y de la Copa del Mundo que se jugará en Estados Unidos, que recuperó la iniciativa del balompié luego del FIFAGate y de las tertulias mundialistas en Rusia y Qatar. Que Messi podría haber evitado la foto con Trump es obvio, no sólo por su poder de acción, sino también por la capacidad de lectura de saber dónde se metía.

Sería una subestimación muy grande endilgarle ese nivel de ingenuidad: la elección estuvo al servicio de la empresa fútbol, de su propio rol empresarial.

Messi volvió a traer una disyuntiva que parecía terminada: la comparación permanente entre él y Maradona, esa que ordenó el debate futbolero hasta que Messi ganó la Copa América del 2021. El capitán de la selección cometió un pecado difícil de digerir para los admiradores que lo aman a él pero también tienen preocupaciones en las causas populares: era antipolítico para los problemas de las mayorías sociales y fue demasiado político para estrechar la mano del jefe de la pólvora mundial. Las fotos de Maradona pidiendo la expulsión de George Bush del país en 2005, que sobrevolaron las redes sociales, hicieron grande el contraste, que se agiganta más aún con los videos en donde niños iraníes prenden fuego remeras de del Barcelona y de la Selección Argentina que dicen “Messi -10”.

FPT: Fútbol Para Tapia

La misma imagen de Messi antes descripta suele usufructuarla el presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, a quien también se le conocen intentos por buscar y lograr apoyo internacional en eventos y fotos con Gianni Infantino (presidente de la FIFA) en el rol que le dieron dentro del Consejo más importante del fútbol mundial.

El ex enclave de la calle Viamonte, hoy radicado en una casa fantasma de Pilar por miedo a la influencia de la IGJ, necesita defender su fisonomía (camarillesca) frente a los embates de los últimos meses de la justicia y del gobierno nacional. Las causas de corrupción rebalsaron: desde Sur Finanzas hasta las mansiones de Pablo Toviggino y compañía.

La ola de denuncias se hizo muy grande cuando quedaron al desnudos manejos de conveniencia deportiva por parte del grupo de Tapia: desde evidentes arreglos en beneficio de clubes cercanos al poder como Barracas Central. Algunas de esas manifestaciones pasaron por mucho el límite de lo grotesco: el tesorero de la AFA (Toviggino), que es un funcionario oficial, le pronosticó un mal augurio con los árbitros a un presidente de fútbol (Juan Sebastián Verón) para el año entrante. La manifestación más rotunda del poder.

Los argumentos de “defender al fútbol contra las SAD de Milei” son válidos si hay intenciones lúcidas: no es el caso de la AFA. Los intereses de camarilla priman por sobre cualquier otra cosa. El ejemplo más reciente así lo muestra: la AFA lanzó un sitio web para ver los partidos de la Primera Nacional, el fútbol femenino y algunas otras competiciones. Hizo saber a través de sus medios e influencers amigos el rumor de que la se cobrarían $10.000 mensuales para ver la segunda división. Ante la evidencia rotunda de que ese camino iba al fracaso (algo que podría afectar el dinero desembolsado por los anunciantes) decidieron poner todo gratis (algo más rentable en términos de publicidad), pero siempre con una salvedad: la única excepción es la división más vista (la Primera), ya que el gobierno tiene contrato con Turner y Disney hasta 2030 y 2031, algo arreglado por AFA desde 2017. De promesa de Fútbol para Todos a Fútbol para Tapia.

Los manejos de este tipo y la disputa de intereses políticos le hacen menear a Tapia con sus rupturas. La salida de River del Comité Ejecutivo, por iniciativa de su presidente Stefano Di Carlo, va en ese sentido. Los rumores de acercamiento del ex mandamás del equipo de Nuñez, Rodolfo D´Onofrio, con el gobierno nacional, podrían sugerir un accionar influenciado desde la Casa Rosada, aunque al mismo tiempo crecieron las versiones de que Jorge Brito, del mismo armado, se acercó al peronismo (Corta, 9/3). Lo cierto es que la grieta está.

El gobierno aprovecha la fehaciente intención del gobierno de privatizar al fútbol como un sambenito que sirva a los fines de defender lo propio. Nada progresivo puede salir de allí. Tanto es así que pareciera que el gobierno dio un gesto a favor de la AFA: la designación de Juan Bautista Mahiques, amigo de Daniel Ancelici (cercano a Tapia) como ministro de Justicia así lo indicaría. Mahiques expulsó a los funcionarios de la gestión anterior, entre ellos Ernesto Gaspari, titular de la Unidad de Información Financiera, y Daniel Vítilo, jefe de la Inspección General de Justicia, organismo activo en la disputa con Tapia (LPO, 5/3). Mahiques tuvo que salir a aclarar que mantiene a los veedores de la AFA. Si hay demasiadas palabras es porque no hay buenos entendedores.

La pregunta es, ¿por qué? Tapia tiene ese vehículo de mensajes políticos: el fútbol. No solamente el argentino, sino su selección. Si Messi es el mensaje, el que toma mates con el astro del Inter Miami es Tapia, no Milei. ¿Influirá el papel de Argentina en el Mundial? Imposible saberlo, igual de imposible es negarlo.

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Siempre

¿Hay salida? La defensa del deporte más popular de todos los tiempos no saldrá de intereses cruzados del capital privado o de una camarilla puntual, enquistada en las cúpulas de poder. Saldrá de quienes verdaderamente lo defienden: los socios, hinchas, los que defienden los clubes de barrio, los que hacen un trabajo titánico para lograr que el pide que esté en una cancha y no entregado a las mafias en los barrios populares.

Construir una masa crítica que ponga el foco en cuáles son los intereses propios y extraños es una primera tarea. Que el fútbol y el pueblo sean el mensaje.

La pelota, como siempre, es (geo)política. Sólo queda distinguir para qué arco uno patea.

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