Universidad

14/5/2026

Masiva movilización en defensa de la universidad: ¿Cómo la seguimos?

Marcha universitaria del martes 12 de mayo.

Este martes se realizó una movilización masiva en defensa de la universidad pública. La convocatoria expresó no solo una profunda adhesión política a esta lucha, sino también un canal de denuncia contra el gobierno nacional. Sin embargo, el desafío de poner en pie un verdadero movimiento estudiantil sigue planteado, así como la necesidad de delimitarse políticamente de las autoridades universitarias mediante una orientación y un método claro.

La movilización fue contundente porque la situación no se aguanta más: durante el primer cuatrimestre el presupuesto universitario cayó un 7,9%, profundizando el deterioro respecto de 2025. Otro punto crítico es el vaciamiento de los hospitales universitarios: el gobierno ejecutó apenas el 9,3% de una partida de $114.000 millones. Esto se enmarca en una política más general de ofensiva. Horas antes de la marcha, la Fundación Huésped denunciaba el recorte de $63.000 millones a programas de prevención de enfermedades graves que hoy tienen tratamiento gratuito.

La situación es insostenible. El éxodo docente alcanza niveles altísimos: desde la asunción de Milei renunciaron más de 10.000 docentes universitarios. A esto se agrega que solo 23 de cada 100 estudiantes logran graduarse. La deserción continúa creciendo y está directamente vinculada al desfinanciamiento general, pero también a problemas concretos como la falta de becas y el avance del pluriempleo, que empujan a miles de jóvenes a priorizar la supervivencia económica por sobre sus estudios.

La movilización fue masiva, pero las columnas de los centros de la UBA fueron raquíticas: ¿Qué pasa con el movimiento estudiantil?

Aunque la marcha fue multitudinaria, quedó en evidencia que tuvo un carácter más autodeterminado que organizado. Esto se expresó de manera desigual: hubo mayor cohesión en las movilizaciones de los centros de estudiantes de la provincia de Buenos Aires, mientras que en la UBA las columnas de la mayoría de los centros de estudiantes fueron débiles y reducidas, con la excepción de la Facultad de Exactas, cuya movilización fue desbordante.

¿Qué pasó? La política de desmovilización e institucionalización del conflicto impulsada por las autoridades de la UBA y ejecutada por los centros de estudiantes que responden a ellas tiene consecuencias gravísimas para la organización estudiantil. El resultado es que muchos estudiantes se movilizan, pero lo hacen de manera dispersa, sin estructuras organizadas que canalicen esa fuerza.

La principal excepción fue Exactas. Allí confluyó una enorme columna de docentes, estudiantes, no docentes, investigadores y activistas que desbordó a su propia conducción. Esto deja una primera conclusión: allí donde priman la lucha y la organización, y donde surgen expresiones que desbordan a las conducciones burocráticas, el movimiento estudiantil logra actuar como sujeto político.

El ejemplo de Exactas es clave porque muestra que, con la organización mediante asambleas, las acciones de visibilización y una organización genuina, el movimiento estudiantil se pone de pie. Por eso es central discutir el método, en contraposición a la orientación de radicales y peronistas, que utilizan estas movilizaciones como capital político para negociar con el gobierno o con distintas camarillas universitarias cargos y convenios.

Eso también explica por qué la Ley de Financiamiento Universitario no llega a ningún puerto: no hay Congreso ni Justicia que alcancen sin un movimiento popular organizado que ejerza presión de manera sostenida.

Sobre el debate de la independencia política

Semanas atrás publicamos un artículo sobre las elecciones universitarias, donde señalamos cómo el rectorado logró reforzarse políticamente a partir de una conclusión distorsionada de amplios sectores del estudiantado: identificar a Yacobitti con la defensa de la universidad por su supuesta “confrontación” con el gobierno, basada en realidad en la negociación y la judicialización de la ley.

Esto se vio reforzado por la primacía de los aparatos sobre las agrupaciones independientes y por la política de los “centros de servicios”, que resultan atractivos en un contexto de crisis, ajuste y creciente alienación.

Frente a este escenario, desde la UJS reafirmamos nuestra orientación: desarrollar una política de independencia y oposición respecto de las autoridades universitarias del régimen.

No hace falta ir muy atrás en el tiempo. En 2024, fue la UJS la que, luego de una agitación política sistemática, acciones de lucha y movilizaciones, planteó que frente al veto la respuesta debía ser la toma de facultades. Ese proceso terminó con más de 100 facultades tomadas en todo el país, en una confrontación política y física con el régimen universitario. Otras corrientes, entre ellas el PTS, caracterizaron esas tomas como un fenómeno “espontáneo” y previo a eso que “no daba la correlación de fuerzas para tomar las facultades”.

La primera nota publicada por La Izquierda Diario luego de la marcha buscó cuestionar a un sector de la izquierda por compartir un mismo escenario con federaciones docentes, no docentes y estudiantiles -de las que formamos parte- junto a las autoridades universitarias. En tanto no haya una acción independiente y un impulso de abajo para arriba, la movilización es convocada por estos sectores. No obstante, tratándose de un movimiento de lucha genuino queremos disputar esa dirección y no se lo queremos regalar. En el camino, impulsamos una agitación política para separar a los estudiantes de esas direcciones.

No se puede negar que la política de autoexclusión del PTS responde a una tradición histórica: se autoexcluyeron de la construcción de la Fuba piquetera, de los frentes unitarios de la izquierda en las facultades y, en general, de toda instancia de construcción común. Hoy profundizan esa orientación planteando de manera superficial el problema de las autoridades, sin desarrollar una política concreta para enfrentarlas. Al punto de que su campaña en las elecciones universitarias giró alrededor de instalar la figura de Myriam Bregman, en lugar de desarrollar un debate de fondo sobre el régimen universitario y las autoridades, como sí lo hizo la UJS con su consigna de campaña: “Pongamos de pie la universidad para derrotar a Milei. La unidad es con los docentes y no docentes. Fate y el Garrahan marcan el camino” incorporando el concepto de la unidad con los que luchan de forma metodológica. Por último, si realmente quieren confrontar al rectorado, podrían empezar por no impulsar listas divisionistas donde están en juego representaciones fundamentales para organizar esta pelea.

¿Qué hacer?

La forma de delimitarse de las autoridades es impulsando la continuidad de la lucha. Para el rectorado, las marchas funcionan como un plafón de negociación con el gobierno. Es necesario impulsar asambleas en todas las facultades para discutir cómo seguir, desarrollar una política sistemática de agitación que explique el rol de entrega de las autoridades y sus centros de estudiantes, y plantear la recuperación de todas las herramientas gremiales para ponerlas al servicio de la organización y la lucha por todas nuestras reivindicaciones.

Defender la universidad es derrotar a Milei. Plan de lucha hasta ganar.

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