Albania: sigue la rebelión a pesar del reforzamiento represivo
Rechazo al gobierno de Rama y al régimen político.
Se cumplen tres semanas del inicio de la rebelión albanesa, que como continuidad de la revolución de los flamencos mantiene en jaque al gobierno pro yanqui de Edi Rama. Se trata de un auténtico asedio político, en donde se rechaza el llamado al diálogo que el gobierno planteó en diferentes ocasiones, y se insiste en su renuncia.
Recordemos que estas movilizaciones, que son diarias desde el 13 de octubre, tienen como principal protagonista al movimiento estudiantil y juvenil que estalló frente a las condiciones educativas y el ajuste del gobierno aspirante a ingresar en la Unión Europea. Los estudiantes se apoyaron en el descontento general que latía en el país luego del escándalo de ventas de islas y tierras protegidas al yerno de Trump, que motivó una reacción popular masiva, durante la primera mitad del año.
Con el pasar de los días, la lucha estudiantil se reveló como un cuestionamiento general a un régimen político corrupto y con fuertes lazos con el narcotráfico, levantó como consigna central la renuncia del Primer Ministro y fue sumando sectores de trabajadores como el sindicato docente y ahora el de los trabajadores de la salud. Estos últimos publicaron el 22 un comunicado donde exigen “medidas concretas inmediatas, la dimisión del primer ministro Edi Rama como acto de responsabilidad política por la crisis y su escalada, así como la creación de un gobierno de transición con composición técnica”.
La respuesta represiva
La semana pasada el gobierno, que se presenta como dialoguista, respondió a la continuidad de las movilizaciones con represión y apuntando a una limitación de las libertades democráticas. El “Consejo de Ministros” aprobó el 28 de octubre una serie de medidas que involucran multas por “permanecer en multitudes que realicen daños u oculten su identidad” que van desde 110 hasta 5.500 euros (9 millones de pesos)! Se le otorga a la policía la posibilidad de prohibir y disolver concentraciones en un perímetro no especificado alrededor de instituciones públicas.
Algo interesante es que una parte de las medidas apuntan al terreno de las redes sociales. Se va a crear un “registro electrónico especial” a cargo de la Dirección General de la Policía del Estado donde ficharía a todas las personas bajo investigación o remitidas a la fiscalía en el marco de las movilizaciones. Estar en el registro implica la prohibición de salir del país, además de quedar marcado en el marco de la escalada de multas y procesamientos. También la policía podría exigir la eliminación de “mensajes que inciten a la violencia” en las redes.
Junto a estas medidas, están los números de la represión: casi 400 heridos, 269 menores detenidos (según el ministerio del interior). Es la respuesta represiva de un gobierno acorralado por movilizaciones que no cesan, y que si bien fluctúan en número, no lo hacen en combatividad, y conquistan nuevas adhesiones entre colectivos de trabajadores.
El que se vayan todos albanés
El dato político más interesante de estas últimas semanas fue el intento frustrado del Partido Demócrata de Berisha (presidente entre 1992 y 1997 y primer ministro entre 2005 y 2013), el principal partido opositor, de ponerse al frente de las protestas. El ex primer ministro convocó para el sábado 31 una concentración planteando la necesidad defender y participar de las protestas: “La revuelta estudiantil constituye, de hecho, el enfrentamiento más duro y exitoso de la juventud albanesa con el narcoestado, el narcorégimen, liderado por Edi Rama”. De esta forma, buscaba canalizar la rebelión un partido que tiene dirigentes juzgados y condenados tanto por corrupción como por narcotráfico, incluyendo al propio Berisha.
Sucede que el Partido Demócrata no es bien visto sólo por ser el opositor a Edi Rama. En junio, en el marco de la revolución de los flamencos, hubo protestas directamente en la sede del PD. Y el 17 de octubre, en una movilización, el diputado de ese partido Klevis Balliu acabó arrojado al río Lana, que atraviesa la capital albanesa.
El 31 de octubre, entonces, la concentración del PD intentó confluir con la movilización estudiantil caracterizada por Halloween con vampiros con la cara de Edi Rama y Berisha, entre otros políticos. Esto terminó en que un sector de la movilización realizó un bloqueo para evitar que los militantes del PD se sumen a la convocatoria general, y las tensiones se extendieron hasta que un sector de estudiantes comenzó la habitual batalla contra la policía. El movimiento albanés tiene su propia versión del “que se vayan todos”: el canto que más se repite es “Rama a prisión, Berisha a prisión”.
La vanguardia juvenil de Albania lucha contra un régimen y lo tiene claro. La generación Z acaudilla en este país, como en cada vez más países europeos, a masas de jóvenes que enfrentan regímenes políticos desautorizados y desgastados por la crisis económica y el camino hacia la guerra, pavimentado por los "planes de austeridad" y el militarismo.
Mientras crecen las luchas y se preparan huelgas generales en Francia y España, nos encaminamos al 20/11, una convocatoria internacional de jóvenes contra la guerra. Desde la conferencia organizada el 25 de octubre nos sumamos a esa convocatoria y, en Argentina, impulsamos para el 28 de noviembre un plenario nacional abierto de la UJS bajo una consigna clara: sumemos a la juventud argentina a las rebeliones del mundo.

Fede Picca
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