Internacionales
21/9/2026
Elecciones regionales alemanas: la ultraderecha crece, en Berlín se encienden focos de resistencia
Los fachos de la AfD ganaron en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Sajonia-Anhalt. Die Linke (La Izquierda) en Berlín, con el 25,7%. Notorio retroceso de los partidos políticos gobernantes.
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Las elecciones alemanas de los domingos 20 y 6 de septiembre se concentraron en dos regiones (Länder) ubicadas en el antiguo territorio de Alemania Oriental y en la ciudad de Berlín. El dato central es el crecimiento voraz de los fachos de la AfD, que ganan en Mecklemburgo-Pomerania Occidental (38,2%) y en Sajonia-Anhalt (43,8%) con más del doble de votos que en las elecciones anteriores. Además, llegan al 16% en Berlín, creciendo en un 70% de las preferencias.
Como contrapartida, un sector importante de trabajadores de Berlín resisten esta ola y es aquí Die Linke (La Izquierda) quien duplica y realiza su mejor performance con el 25,7% del electorado. Vale decir que se calcula que un cuarto de los residentes de la ciudad no están habilitados para votar por su condición de migrantes, una base social que se inclinaría mayoritariamente por Die Linke. En las tres elecciones, la participación sube a sus niveles más altos.
Los resultados determinan la conformación del parlamento regional, quien tiene la potestad de constituir gobierno por mayoría simple, además de aprobar o rechazar proyectos de ley venidos del Ejecutivo. Este mecanismo, sumado a otras peculiaridades (como la votación separada de partidos a nivel regional y candidatos individuales por circunscripción) dificulta las mayorías y favorece la emergencia de gobiernos de coalición. Luego, este ejecutivo será quien coloque sus representantes directos en el Bundesrat (cámara alta-senado).
Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Sajonia-Anhalt
En estas dos regiones orientales la AfD ha logrado utilizar una retórica ultra nacionalista y conservadora para colocarse como alternativa de gobierno frente a la terrible austeridad llevados adelante por la CDU (democracia cristiana, el partido de gobierno histórico de Alemania y pilar de la derecha tradicional europea), la SPD (socialdemocracia) y los Verdes, que gobiernan en coaliciones y distintos grados de acuerdo.
Ambas regiones, aunque disímiles entre sí por estructura productiva, están entre las más pobres de un país muy rico, cargando en sus hombros el peso de la herencia stalinista y de la anexión por parte de Alemania Occidental. Los salarios son casi un 20% inferiores a la media alemana, mientras que el PIB per cápita se ubica en un 25 a 30% por debajo del conjunto nacional. Han sufrido una migración interna de casi un cuarto de su población.
Su campaña consistió en dejar de lado las diatribas opositoras y presentarse como una alternativa real de gobierno, indicando salidas a los grandes problemas sociales de ambas regiones que no pueden ni deben reducirse al endurecimiento de las políticas contra migrantes (deportaciones masivas), a sus líneas conservadoras en lo social, ni en su identificación/reivindicación de un pasado nazi.
Su campaña contuvo expresiones abiertamente antimigrantes y contra la diversidad de las minorías, ultranacionalistas, y de exoneración del pasado nazi. Son posiciones que están siendo naturalizadas y tomadas como propias por un sector creciente del electorado alemán. La AfD propone una línea de “remigración”, o sea la expulsión masiva de migrantes y de población alemana de origen migrante a cargo de una fuerza de choque creada con este fin, la clausura de espacios y prácticas de memoria histórica sobre el genocidio nazi, la limitación del aborto legal y otras medidas de salud reproductiva, la quita de prestaciones a la infancia, medidas contrarias a la inclusión de personas con discapacidad en el ámbito educativo, entre muchas otras brutalidades oscurantistas y fascistizantes.
De manera complementaria, han realizado una campaña demagógica que dialoga con el restablecimiento de las condiciones económicas de crecimiento identificables con el periodo anterior, y más específicamente el contraste con la catástrofe que significó el corte de suministro energético barato proveniente de Rusia desde 2022 -uno de los pilares industriales durante el extenso mandato de la ex canciller Ángela Merkel.
Así, la AfD impulsa la soberanía energética y el retorno a la energía nuclear, la reapertura del gasoducto Nord Stream y la normalización de relaciones con Rusia, una política de reindustrialización (en Sajonia), el fin del “derroche” en ayudas a Ucrania, la “deregulación” y el estímulo a las pymes, créditos masivos de 300 mil euros para comprar viviendas, el recorte del gasto público combinado con nuevas prioridades expansivas en salud y educación, entre otras.
De este modo, han logrado una penetración en las capas de trabajadores que los han votado en más del 60% y ya no solo entre sectores medios como en el pasado. Su victoria se extiende a todas las franjas poblacionales con la excepción de los mayores de 70 años.
A pesar del enorme crecimiento, su llegada al Ejecutivo puede verse bloqueado por una coalición del resto de los partidos. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental (elecciones del 20/9), polarizaron la elección con la socialdemocracia, terminando 38 a 35, mientras que la CDU (Democracia Cristiana) se derrumbó por debajo del umbral electoral del 5%. Un gobierno de la AfD en minoría es posible, aunque una coalición de socialdemócratas con los Verdes y Die Linke, tal como existe en otras regiones, también podría formar gobierno.
En Sajonia-Anhalt, con comicios hace dos semanas, su primer desembarco en un Ejecutivo regional puede hacerse realidad con la abstención del grupo reaccionario escindido de Die Linke, la Alianza Sahra Wagenknecht - BSW. No obstante, los números finales no están resueltos y un frente de todos sin límite a la derecha, incluyendo a la CDU y a Die Linke, tiene posibilidad de cerrarles el paso.
Berlín
En la capital alemana, las fuerzas que se reclaman dentro de un espectro izquierdista o progresista en todas sus acepciones, mantienen una mayoría que es liderada por Die Linke con el 25,7% de los votos. Así, se come de manera directa el retroceso de sus aliados nacionales más moderados: la socialdemocracia (SPD) y los Verdes, que en el caso de Berlín están asociados a la austeridad por detentar el gobierno ejecutivo regional.
Se trata de una victoria muy importante que muestra que un sector de trabajadores ha optado por la opción que les aparece a mano como representativa de sus intereses en términos ciudadanos. Debe señalarse, asimismo, que es una de las versiones más conservadoras y contrarias a los derechos de las naciones oprimidas por el imperialismo dentro de las izquierdas institucionales europeas: refractaria a denunciar a la Otan en Ucrania, defensora del derecho de Israel a “defenderse”, neutral ante la confrontación de Estados Unidos-Israel contra Irán.
Berlín, como muchas grandes ciudades europeas, no mantiene un perfil homogéneo. Esto se expresa en múltiples matices al analizar las preferencias por candidatos individuales en cada distrito o circunscripción. Die Linke encabeza con 28 de los 78 diputados electos con esta modalidad, un batacazo respecto a sus 4 mandatos previos. Concentra por arriba de la media en sectores de educación universitaria y superior, penetrando como novedad en sectores obreros más tradicionales, territorio histórico de la socialdemocracia que consigue solo 1 mandato. Conserva, además, un peso en los viejos barrios de la Alemania Oriental.
La CDU, que queda en segundo lugar general con el 18%, gana 27 candidatos directos, a solo uno de Die Linke. Su fuerza está en sectores de mayor poder adquisitivo y empleados de altos ingresos. Los Verdes caen de 20 a 10 candidatos, con fuerza aún en capas medias y profesionales. La AfD, que había salido tercera en la elección general con 16 puntos -a poca distancia de la CDU- pasa de 2 mandatos individuales a 12. Es la fuerza de mayor implantación en los barrios obreros tradicionales y llega al 30% entre quienes tienen secundario completo.
Die Linke ha hecho de la recuperación de las condiciones de vida el eje central de su intervención. Plantea que, de llegar al Ejecutivo, aplicaría una ley de 2021 por la expropiación de un conglomerado urbano para destinarlo a vivienda social. Con medidas de esta índole, que de manera tangencial recrea puntos de contacto con la campaña de Mamdani en Nueva York, la hija de migrantes turcos Elif Eralp busca convertirse en alcaldesa. Para ello, debe lograr un acuerdo con los Verdes y la socialdemocracia, que no parece del todo dispuesta a aceptar la expropiación votada. Una medida que en todas las variantes propuestas se enmarca dentro de la democracia capitalista, es decir, con pago e indemnización.
Die Linke declara su intención de levantar “faros rojos” en sus lugares fuertes, por ejemplo una eventual alcaldía en Berlín, como contrapeso a la ultraderecha. Un objetivo importante, pero que no es entendido por esta organización como la movilización de las fuerzas trabajadoras y populares para realizar el frente obrero contra los fachos, ni tampoco como recurso para imponer las conquistas inmediatas más sentidas. Por el contrario, estamos ante un aliento de efecto electoral, que disipa la energía del movimiento, con nuevos ímpetus en sus luchas parciales, hacia la conquista de bancas y otros puestos parlamentarios o gubernamentales, sin un norte estratégico de confrontación con el Estado burgués ni sus instituciones.
La dirección de Die Linke ha recibido fuertes críticas por parte de distintas minorías internas o que orbitan en torno suyo sobre su línea de formar gobiernos con sectores de la burguesía (Verdes y SPD). También, a su perspectiva de avalar o integrar frentes sin límites a la derecha para que sean los partidos tradicionales quienes mantengan el control gubernamental, o sea un compromiso en preservar el llamado “cordón sanitario” que impida el desembarco en el Ejecutivo de los fachos de la AfD.
Es un tema candente, porque Die Linke se opone, en los papeles, a brindar apoyo, formar coaliciones o votar a la derecha del CDU, a quienes responsabiliza de la austeridad y de abrirle el camino a los fachos. No obstante, han avalado una presentación conjunta en Turingia donde encabezaron el Ejecutivo hasta 2024. Ahora, vuelve a estar en debate en la elección de Sajonia-Anhalt. Die Linke es parte constitutiva del sistema partidario alemán, no una organización que nace a su sombra. No cuestiona las líneas centrales de la burguesía que oprime y domina al resto de los pueblos de Europa por medio de la Unión Europea, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Esto no le ha privado de una intervención muy activa contra el rearme y contra el servicio militar obligatorio, uno de los grandes motores de su afluencia militante, que se ha duplicado en los últimos años, reportando unos 100 mil afiliados.
Como cogobierno en Mecklemburgo-Pomerania y Bremen, Die Linke ha dado su apoyo “crítico” a las medidas de austeridad. Su línea excluye la necesidad de intervención obrera para luchar por sus reivindicaciones, concentrando todo en salidas electorales que permitan mejores condiciones dentro del estatuto democrático-formal. Tampoco reporta exigencias o delimitaciones duras con la central sindical DGB capitaneada por la socialdemocracia, cuya integración al Estado imperialista del rearme y la austeridad es total.
Estos puntos hablan de una realidad contradictoria. El crecimiento electoral y militante de Die Linke en Berlín y en las grandes ciudades es un índice del giro hacia la izquierda de un sector importante de las masas, pero esto no es equivalente a la emergencia de un partido que estaría en disputa a ser “radicalizado” en términos revolucionarios, ni tampoco de un auge desde abajo que desborde, de momento, a una conducción conservadora. Die Linke, a la vez que receptáculo de procesos políticos progresivos, también actúa como contención y punto de tope a las luchas obreras, juveniles, migrantes.
Estas elecciones regionales son una muestra del derrumbe del cual no puede escapar el sistema alemán. Los golpes recibidos por la CDU y otros partidos tradicionales arrastran también a las alas izquierdas del régimen por su participación gubernamental y responsabilidad en las medidas contra el pueblo. El cuestionamiento a los partidos es una expresión del estancamiento económico y el retroceso industrial. Alemania se encuentra inmersa en una guerra comercial con un fuerte episodio de ruptura con Rusia, pero también la competencia cruzada con China y Estados Unidos, de la cual no logra encontrar la salida a pesar de las promesas del canciller Merz al respecto.
Para enfrentar a la ultraderecha, y a la derecha tradicional que cercena las conquistas obreras mientras alienta la economía de guerra, es necesario movilizar en las calles, romper todos los lazos de colaboración, reclamar un plan de lucha y la huelga general, oponerse a la guerra imperialista que tiene a Alemania como uno de sus impulsores. Ni un euro, ni un soldado, ni un arma para la guerra. El enemigo principal está en el propio país.



