Editorial
La visita de León XIV: Milei y la oposición quieren la foto con el Papa
El problema de la visita papal no está en lo que se dice, sino en lo que se calla.
La visita de Robert Prevost, el papa León XIV, llega en un momento de debilidad del gobierno de Milei, golpeado por las derrotas de Bolsonaro y, mucho más importante, la de Donald Trump, sus dos aliados estratégicos. Esto profundiza la orientación del oficialismo de evitar confrontar con el poder vaticano. La visita fue calificada de “acontecimiento de enorme trascendencia espiritual e institucional”, y el canciller Quirno afirmó que se trata de una visita estrictamente pastoral y que se inventan confrontaciones. Por su parte, la “oposición” busca usar la presencia del Papa para esmerilar al leoncito herido en favor de un recambio del poder del Estado, pero no en favor de un cambio de los dueños del poder que sostienen aún a Milei.
El Papa y el amo de Milei
Prevost tuvo en abril un cruce directo con Trump, que lo calificó de “débil y terrible para la política exterior” después de que el Papa criticara, con la “delicadeza” propia de los papas, guerras como la de Irán. Los analistas coinciden en que esa guerra fue el principal motivo del hundimiento republicano, por más que Trump atribuya la derrota a la ausencia de su cara en las boletas.
Pero la danza del poder es sigilosa. Apenas 48 horas antes de las elecciones del 3 de noviembre, la Santa Sede encabezó una acción de “ayuda humanitaria” en Ucrania de la mano de Melania Trump, reivindicada en la misa papal del 1 de noviembre. Trump buscaba atenuar el costo electoral de su permanente acción bélica con una modesta “operación humanitaria”, y el Papa se la dio. Días antes, obispos católicos se habían reunido con él para rezar por liberarlo “de toda influencia del mal”. Las palabras van y vienen. Lo que queda es el poder económico, que gobierna todas las relaciones políticas, religiosas y sociales.
Un Estado dentro del Estado
El poder clerical está tan normalizado y naturalizado que cuesta encontrar reflexión política, académica o periodística profunda sobre la visita papal. No se habla ni se reflexiona sobre el poder económico que maneja, recordar la complicidad clerical con la dictadura es cosa del pasado y ni qué hablar del tema más tabú de todos: la violencia contra las infancias y adolescencias dentro del sistema eclesiástico. Como señaló el sobreviviente del abuso sexual en las infancias dentro de la Iglesia católica chilena Eneas Espinoza Gallardo, la progresía condena a quienes hablan de estos temas y se niega a admitir las complicidades primero de Bergoglio y luego de Prevost con el entramado de pederastia que recorre a toda la institución en el mundo.
La visita papal está financiada por los mismos empresarios que sostienen a Milei y se benefician de sus políticas que promueven el sufrimiento popular. Eurnekian, Rocca, Bulgheroni, Manzano, Brito o Filiberti (Letra P) son aportantes regulares de la Iglesia y financistas de la visita. Mario Montoto, empresario sionista ligado a todos los gobiernos, financió entre otras cosas las reformas en la Nunciatura Apostólica situada en Recoleta junto a su amigo Alejandro Roemmers, empresario recientemente absuelto por el juez Ariel Lijo de una demanda por trata de personas.
El Papa que besará los pies de los pobres del sistema penitenciario o que abrazará la misión del Cottolengo Don Orione es el mismo cuya visita pagan los empresarios que impulsan la reforma laboral y el empobrecimiento popular. Desde el peronismo recurren a frases vacías y religiosas para ilustrar su ilusión con la visita papal. Es que en el plano de la política pretenden lo mismo para sí mismos: que los financistas de la crueldad actual pasen a tenerlos a ellos como principales custodios de sus intereses para cuando el recambio de Milei así lo disponga. No podrían criticar del Vaticano aquello que buscan para sí mismos.
El crecimiento evangélico de los últimos 30 años en América Latina, en detrimento del católico, que impulsa en parte la visita papal, se explica en parte por el poder económico que desde Estados Unidos impulsó el crecimiento del sector pentecostal. Con él no solo impulsan el uso de la fe para sus emprendimientos políticos, sino que lo usan de puente con el poder sionista cristiano, funcional a los objetivos imperialistas en Medio Oriente. La fe cristiana no crece sino como fruto de una enorme financiación, estatal y privada, vinculada al poder empresarial de financistas, capitalistas del extractivismo y del desarrollo tecnológico. De la misma manera que se ha desarrollado el culto católico a través de la historia y hoy.
La principal apuesta de extensión territorial católica de Bergoglio fue hecha sobre el territorio africano, arrasado por el extractivismo al servicio de los magnates tecnológicos que asesoran a León XIV en encíclicas como Magnifica Humanitas sobre el desarrollo de la IA. La pretendida preocupación vaticana al respecto de este tema no toca ni un poco las bases del sistema actual, basado en el extractivismo feroz y en el asesoramiento de los magnates, para no permitir que los intentos de regulación ocurran sin la propia fiscalización de los que no quieren ser regulados.
La disputa de poder que representa la llegada de León XIV está totalmente enmarcada dentro de los márgenes de un capitalismo depredador, empobrecedor y genocida.
Abusos y encubrimiento
Prevost nació en Chicago, es agustino y pasó buena parte de su vida en Perú, cuya nacionalidad tiene. Francisco lo puso en Chiclayo en 2014 y lo hizo administrador del Callao en 2020. El 30 de enero de 2023 lo puso al frente del Dicasterio para los Obispos, el organismo que elige obispos en todo el mundo, en lugar del cardenal Marc Ouellet, denunciado por más de una persona por abuso, situación que Bergoglio no encontró necesario investigar. En septiembre lo designó cardenal. Prevost integraba siete dicasterios.
Toda la cúpula clerical está envuelta en escandalosos casos de encubrimiento de abusos sexuales contra menores y Prevost no está ajeno a esto. Los sobrevivientes del abuso eclesiástico lo acusan de haber encubierto casos muy concretos de la misma manera que lo han hecho con Bergoglio. Se trata de personas totalmente silenciadas que denuncian que el Vaticano fue señalado por el Comité contra la Tortura como “responsable por los abusos cometidos por su clero en todo el mundo, desestimando el argumento de que carece de jurisdicción fuera de su territorio, y señaló que el derecho canónico no contempla la protección, apoyo o compensación a las víctimas”. Ningún medio ni espacio político trae a la luz esta batalla política que libran contra estos abusos.
El presidente de Chile acaba de reunirse con León XIV. La reciente disposición para liberar por decreto a 56 responsables de violaciones, tomada por Kast, no fue tema de discusión y mucho menos el reclamo de las víctimas del cura Karadima y otros abusadores y encubridores para que se abran los archivos de la curia. Negocios son negocios y en ese mundo violar chicos se silencia en el altar de la preservación de una institución central que cumple el rol de contener a los sectores populares.
La continuidad con Bergoglio
Con los derechos, León XIV da continuidad a la doctrina oficial de la Iglesia. Descartó cambiar la doctrina sobre sexualidad y el matrimonio y repitió que la familia es padre, madre e hijos (ACI Prensa, 2025). Sobre las bendiciones a parejas del mismo sexo planteó que se bendice a personas, no se ritualizan uniones, eludiendo así profundizar sobre el parecer vaticano al respecto de la homosexualidad. Frente a Trump, los cardenales estadounidenses reformularon el mensaje papal para que la crítica a Washington no sonara antiamericana. Sobre Gaza pidió alto el fuego, liberación de rehenes y ayuda humanitaria. Pero en una entrevista de julio de 2025 dijo que el Vaticano no puede pronunciarse sobre si hay genocidio (AFP, 9/25).
En muchas definiciones elementales la continuidad con Bergoglio es total. En 2010 el entonces cardenal le escribió a las carmelitas de Buenos Aires que el proyecto de matrimonio igualitario era una guerra de Dios. Encabezó las campañas contra esa ley y la de identidad de género. En 2012 cuestionó el protocolo porteño de abortos no punibles. En 2018 su Iglesia presionó a senadores contra la legalización del aborto, de la mano de los mismos curas y la misma línea vaticana que hoy es ensalzada como un poder contrapuesto a la ideología que sostiene Milei. Antes, desde la presidencia del Episcopado argentino, Bergoglio había operado fuertemente en el encubrimiento del cura Grassi, condenado a 15 años de prisión por abuso de menores, y de muchos otros violadores de niños y adolescentes, como fue el escandaloso caso del obispo de Orán, Zanchetta, ya bajo su gestión como Papa. Y en Córdoba, León XIV será recibido por una Iglesia que encubre al cura Alejandro Nicola, denunciado por 13 familias por abusos sexuales a niños en un jardín de infantes de Villa Carlos Paz, y que hasta lo mostró concelebrando misa en la catedral.
Con la ESI pasa lo mismo. La ley 26150 es de 2006. En 2008 la Comisión Episcopal de Educación Católica rechazó los contenidos mínimos que acordaron los ministros de Educación. El arzobispo Héctor Aguer encabezó las críticas eclesiales en el plano nacional. En 2018 la Iglesia presionó en Diputados contra los cambios a la ley, y en 2019 el Episcopado volvió a rechazarlos con el argumento de la “ideología de género”. Eleonor Faur ubica a Bergoglio, ya en 2004, enfrentando desde la catedral el proyecto de ESI porteño. Ocultar este decálogo reaccionario no puede hacerse en nombre de algo progresivo.
El problema de la visita papal no está en lo que se dice, sino en lo que se calla. Se calla quién la financia: los mismos empresarios que sostienen a Milei y que lucran con el empobrecimiento popular. Se calla el encubrimiento sistemático de los abusos clericales, que alcanza a Bergoglio y a Prevost y que ningún gobierno se atreve a mencionar. Y se calla que esta Iglesia es, desde lo social, una fuerza que ataca los derechos de las mujeres y las diversidades, de la ley de matrimonio igualitario a la ESI. Quienes acompañan esa visita sin decir nada de esto definen con su silencio qué política van a seguir. Callar es elegir, y eligen del lado de los financistas, de los encubridores y del ajuste.



Vanina Biasi Legisladora por CABA del Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Dirigente nacional del Partido Obrero y del Plenario de Trabajadoras. Delegada del gremio no docente universitario APUBA.
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