Políticas
8/10/2026
Le venden Aysa a la casta para pagar la deuda externa
El agua y la salubridad pública como negocio de los que lucran desde hace décadas con el Estado.

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Un conglomerado empresarial constituido por cuatro empresas, ligado a los empresarios Walter Román y Mauricio Filiberti, se quedó con el 90% de las acciones de la empresa estatal de agua Aysa. Los negocios involucrados son varios y serán costeados por millones de trabajadores con tarifas altísimas y un mayor vaciamiento de la infraestructura en el AMBA.
La compra se cerró en 340 millones de dólares, cuando el gobierno esperaba aproximadamente 500, e implica una concesión de 30 años. Esos dólares que ingresaron se irán, como informó el propio Ministerio de Economía, por la ventanilla del pago de la deuda externa.
El grupo está liderado por Rowing, de Walter Román, que presta servicios de infraestructura hace más de 30 años en ciudades estratégicas del país. Román financió con millones de dólares la campaña electoral de Milei hacia la presidencia. Dos compañías vinculadas a él, Servimagnus y Urbano Express, ganaron la licitación de la Hidrovía y la de provisión de pañales para adultos mayores en Pami, respectivamente.
Arcos, otra de las empresas, opera los servicios de agua potable y alcantarillado en Río de Janeiro, Brasil, y pertenece a la familia Setúbal –uno de sus integrantes, Roberto Setúbal, es el presidente de Itaú Unibanco- y al fondo de inversión soberano de Singapur –que participa en Vercel, una plataforma de infraestructura cloud usada por empresas como OpenAI. Del conglomerado también es parte PHX, un fondo de inversión holandés.
"El rey del cloro"
Otra compañía participante del conglomerado es Transclor, principal proveedor de policloruro de aluminio para la potabilización en Aysa. Pertenece a Mauricio Filiberti, que también es accionista de Edenor y Metrogas en una sociedad con José Luis Manzano y Daniel Vila; todos ellos amigos de Sergio Massa y protagonistas, en el caso de Manzano y Vila, del entramado offshore de los Pandora Papers.
Gracias a Milei, Filiberti pasará a beneficiarse por varias vías. El Congreso habilitó la extensión por 20 años de la concesión de Metrogas y perdonó la deuda millonaria que Edenor mantiene con Cammesa. Y hay más: la empresa suiza Mercuria compró la refinería de Shell y sus casi 900 estaciones de servicio, en un negocio del que Edenor participará con una parte de su paquete accionario –del cual Manzano ya es parte.
Milei ha dado rienda suelta a un proceso de concentración capitalista que está gestando poderosos empresarios que lucran con las necesidades elementales del pueblo trabajador.
Tarifazos, vaciamiento
Luis Caputo defendió la privatización alegando que “un tercio del área concesionada todavía no cuenta con acceso a agua potable y cloacas, las pérdidas de agua no contabilizada se mantienen en 42%, la morosidad pasó del 4% al 16% y los costos operativos aumentaron 80%”. Lo que no dice es que el gobierno del cual es ministro profundizó ese vaciamiento.
Milei hizo recortes en materia de inversión y dio luz verde a tarifazos: desde que asumió el precio de la factura de Aysa más que duplicó la inflación acumulada. Así allanó el camino para la privatización.
El contrato que beneficia al conglomerado incluye el ajuste de las tarifas al ritmo de la inflación, en un cuadro donde los salarios corren por detrás de ella. Las privatizaciones han venido de la mano de fuertes procesos de vaciamiento y ataques contra los trabajadores, como ocurrió con los ferrocarriles o con Aerolíneas Argentinas.
De hecho, la francesa Lyonnaise des Eaux, que ganó con la privatización de Obras Sanitarias dispuesta por Menem, incumplió los contratos y fue responsable de la presencia de nitrato y de falta de presión en varias regiones.
El agua es un bien esencial. Aysa debe estar en manos de los trabajadores. Abajo la privatización y los tarifazos, apertura de los libros al control popular.




